lunes, 7 de diciembre de 2015

PABLO LORENTE MUÑOZ [17.714]


PABLO LORENTE MUÑOZ 

(España, Aragón, Zaragoza, 1979) es Licenciado en Filología Hispánica, Filología Francesa y Diploma de Estudios Avanzados en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Trabaja como profesor de Lengua Castellana y Literatura en la Enseñanza Secundaria. 

En el ámbito de la poesía ha publicado los libros Informativos Tele Nada (Fundación Cultural Bajo Martín-Comuniter, 2013), En tierra de nadie (Sabara Editorial, 2014) y su obra se ha recogido en las obras colectivas Ocultación transitoria (Rolde de Estudios Aragoneses, 2008) y Haciendo amigos (Eclipsados, 2013). 

En el campo de la prosa, es autor del libro Relatos desde ninguna parte (Eclipsados, Zaragoza, 2010), Espejismos de la muerte (Certeza, Zaragoza, 2015) y ha participado en obras colectivas, como El viento dormido (Eclipsados, Zaragoza, 2006). 

Como investigador y curioso es autor del manual Ser profesor de Lengua castellana y Literatura. Didáctica de la Lengua y la Literatura (Editorial Académica Española, 2012) y del ensayo Series de televisión y Literatura. El poder de la ficción (Comuniter, Zaragoza, 2015).  

Colabora habitualmente como crítico literario en diversos medios como es_Cultura, www.revistanarrativas.com o la revista Crisis. Es columnista en el periódico www.bajoaragondigital.com.

Ha sido ganador del concurso de relato breve #Maestrazgocreativo; finalista en el Concurso de Relatos Cortos Luis del Val, finalista del II Concurso Javier Tomeo, accésit del Concurso de Relato Breve San Isidoro de la Universidad de Zaragoza, 4º premio en el concurso www.turismodevino.com y relato seleccionado en el Concurso Internacional de Relato Torrelongares.






Del libro: En tierra de nadie, Sabara editorial (ebook), Zaragoza, 2014.



TERRENO DESESPERANZA

De sus lágrimas de pez
descendía la profundidad del océano,
el frío de los icebergs
y la imposibilidad del perdón.
De su incapacidad de sirena alada,
colgaban algas que descendían
en lugar de cuerdas vocales,
hilos de nácar en su interior.
Su esqueleto convertido
en ramas de sauce derretido,
del color de muerte de grafiosis.
Sus palabras perdidas, ora en perlas,
ora en corales azul infinito,
en palabras sin receptor y sin sonido.
En sus lágrimas de pez,
se leía la incapacidad,
la impotencia
y la frustración negro primavera.
A cada lágrima,
un resquicio desesperanza,
a cada paso,
un anclaje más en el limo del río,
así era su tristeza.



LA FUERZA DEL AMOR

Se dice, se cuenta, se rumorea
que María Leticia Ramolino
besaba todas las noches a su hijo,
Napoleón Bonaparte,
y la furia de su estrategia
no conoció más que el confín del frío.
Se dice que Klara Pölzl arropaba cada noche
a todos sus niños, Adolf Hitler entre ellos,
el mayor creador de imágenes de la Historia,
no las olvidaremos por los siglos de los siglos.
Se cuenta que fue tiernamente criado
en palacio con mimos infinitos,
Vlad III de Valaquia,
durante años y mientras tuvo fuerzas,
bosques kilométricos de empalados
se alzaban en el horizonte.
Se rumorea que el niño soldado
con ojos de selvas impenetrables
y matanzas propias y ajenas,
tras plantar un bosque de minas,
recuerda todavía las caricias paternas,
mientras limpia su AK-47.
Cuánta fuerza el amor.



A Iñaki Ochoa de Olza, Francisco Salgado
Rivera, Antonio Galea Gordillo, José María de
Miguel Renedo, Miriam García Pascual,
Leandro Arbedo, Xavier Ormazábal, Rafael
Guillén, Pablo de Miguel Renedo, Guillermo
Mateo Yeste, Antonio Miranda, Atxo Apellániz,
Félix Iñurrategui, Javier Iturriaga, Manuel
Álvarez, Javier Escartín, Lorenzo Ortiz, Javier
Olivar, Pepe Garcés y tantos otros que murieron
en las alturas mientras intentaban resolver todo
este desbarajuste.

“He visto los mejores cerebros de mi generación
destruidos
por la locura, famélicos, histéricos, desnudos”.
Allen Ginsberg

YO HE VISTO

Yo he visto,
salir humo de los campos,
lluvia de cenizas blancas sobre campos
negros,
mientras todo el mundo miraba hacia otro
lado,
donde el dolor gritaba sin saber lo que le
esperaba.
He visto que la luz todopoderosa
de la bomba nuclear, sólo ha servido
para llenar los arsenales de todo el mundo
y gastar más y más de nuestra frustración,
en prepararnos a conciencia para destruirnos.
He visto caer bombas de todo tipo sobre
Sarajevo,
y los efectos en los hospitales, en los
mercados,
en las almas que intentaban salir de su cuerpo
y correr en busca de refugio con suerte
dispar.
He visto destruido el compromiso, destruido el
honor y olvidada la palabra.
He visto una ocupación tras otra,
a los tanques de juguete disparar, destruir,
atropellar,
y la leve resistencia de un alma armada con
nada
y por ello, temiblemente poderosa.
He visto tratados de paz
olvidados antes incluso de firmarse,
como si la foto trajeada de rigor,
pudiera devolver a los hijos la sangre a su
morada,
las lágrimas a los ojos
y detener los ríos rojos con banda sonora de
kalashnikov.
He visto a miles de niños morir de
hambre,
mientras los mayores apostaban sus pieles en
los mercados,
mientras sus gobernantes robaban a manos
llenas
para llenar la cueva de Alí Baba,
y no ser nunca cogido con las manos vacías.
He visto fabricar más y mejores
perfectas herramientas del olvido,
en forma de pastillas, de polvos blancos o
supuestas medicinas,
para facilitar la labor, para hacerlo todo aún
más fácil
y seguir ajeno a toda la existencia del
fracaso.
He visto destruido el compromiso, destruido el
honor y olvidada la palabra.
He visto un asesinato, uno más,
un tiro en la nuca, un fusilamiento
sumarísimo,
un degüello sin gloria y con pena,
un coche bomba hacer añicos una vez más la
esperanza.
Una y otra vez, he visto
a los mejores cerebros de mi generación
fracasar,
una y otra vez,
y levantarse tantas veces como hiciera falta,
cada vez con un golpe en la frente y una
cicatriz en el alma.
He visto a mi pueblo convertido en
hordas de almas en pena,
ilusionados con unas zapatillas,
una televisión gigante o un móvil de última
generación,
buscando elementos que los dignificaran entre
tanto caos,
y equivocándose al desdeñar el caos y no
nombrarlo.
He visto destruido el compromiso, destruido el
honor y olvidada la palabra.
He visto a la mujer más bella del mundo,
envejecida, ajada y desolada por el fracaso,
pensando en sus ancestros, y en sus fracasos
y como tantas otras veces y otras tantas
causas,
no ha importado nada.
He visto, al fin, el final de la luz y la era
sin energía,
iluminada tan sólo por la esperanza de la
palabra.



TRIUNFO DEL SISTEMA

No robas, no te drogas o sólo lo justo,
no engañas, no timas, no escatimas esfuerzo.
De niño: “tienes que estudiar”,
letanía de la obligación de otros tiempos,
“tienes que sacar buenas notas”, “tienes que…”.
De joven: “tienes que estudiar para ser algo en la
vida”,
“tienes que hablar inglés”, “tienes que…”
letanía del si no, si no… NO…
De niño y de joven,
materias como oraciones en el huerto,
tantas y tantas que han llenado
estantes cuadernos carpetas hojas cajones cajas
baúles desvanes sótanos con rótulos que rezan
impertinencias como sociales, mates, física,
química, lengua, latín, historia, geografía…
De mayor y solo en teoría no tienes que estudiar,
hay que pagar los infinitos impuestos de la Renta
de matriculación de circulación de la vivienda de
basuras de…
y entre uno y otro ya no tienes que estudiar.
Como mucho tienes que hacer cursos y cursillos y
asistir a charlas
y, por supuesto, pagar hipoteca letras préstamos
facturas vacaciones coches colegios y hasta
las putas actividades extraescolares de los
niños que los han metido ahora y para
siempre en nuestra rueda.
Eres un éxito del sistema
¿y qué?









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