miércoles, 23 de diciembre de 2015

MONTSERRAT MORALES [17.802]


Montserrat Morales

Nacida el 31 de enero de 1987 en Puebla de Zaragoza, México. Estudiante de Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Algunos de sus poemas aparecen en la antología Moebius: Memoria del encuentro 2010, poetas nacidos en los ochentas, además ha publicado en periódicos de circulación estatal. Coordinó los números 5, 6 y 7 de la Revista de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras Cuatro patios de la BUAP.



Reloj de arena

I

estos vicios no son míos,
son de aquéllos que han pasado por aquí
y de otros que detuvieron mi mirada y mi aliento,
estos vicios no son míos, lo juro,
pero han aguzado mi oído
he descubierto el chasquido
el instante del instante

este no ser yo y buscarme en todos lados no es cosa mía,
me han vaciado de mí
como agua que cae de un jarrón tan lleno

estos vicios no son míos
alguien los ha puesto aquí
ahora soy un péndulo
y mezo estas noches sin sueño


II

una danza evoca silencios

silencios que de tanto pensar
combinamos con llanto, con whisky
y acariciamos las heridas,
gatos mansos y malditos


III

la noche ya no es la noche
es la otra orilla del mundo donde vemos con calma los arañazos del destierro
del abandono
de la muerte injusta

el tiempo -para entonces- se ha llenado de polvo y el mundo gira la llave
en un rato intentarás recordarlo todo
de nueva cuenta lo destruyes



Silenciosa marcha

Uno está a la orilla del mar
salándose los ojos
No hay otro modo de estar.
Uno es el perro ciego ladrándole a la luna
entre el garrote y la mofa.
No hay otro modo de ser.
Uno grita hasta reventarse el cuerpo
y no hay sostén posible,
ni cielo para crecer
ni luz para beber
sólo este oscuro destino de isla sorda
donde la sal relame los bordes de su orilla

Enriqueta Ochoa


Digamos que me pierdo como manglar herido
cuántas veces he huido y regreso a casa siempre más rendida
cuántas veces he querido sembrarme un hijo en las entrañas
y sembrarme en el agua para callar

me desvisto como río
vivo sobre la tierra
y mi isla se desliza sin remedio a la tarde donde estrené mis ojos

cuántas noches solas te escupí en la cara
la negra estepa

                         cuántas veces estuve a tus pies para decirte todo lo que no te dirán

cuántas el agua no me alcanza y el desierto vuelve a mi boca

mis raíces las eché desde el vientre de mi madre
nadie me miró sirena
mi llanto no pudo desprenderte de una loca
ni una loca pudo desprender el llanto seco

cuánto río se acopló en estos mares
en la piel joven de una cascada anciana

cuántas veces caminé sobre tu calle
para toparte de frente
encontrarte
salvarte

pero me has clavado en el altar pequeño
donde siempre vuelves para pedir perdón

No tengo hábitos sanos
ni he aprendido a reír ni a conversar con nadie

Jaime Sabines


Digamos que desperté de mí hace unas horas
encontré un cuerpo de mujer con manos desbaratadas

digamos que la mañana me cubrió con su frío y las calles se llenaron de polvo
que antes de hoy no he amado
que mi sueño fue ayer y su entierro es de falsas luces

hoy me veo desnuda
                                             sin anteojos
digamos que la noche me convida el mar en gotas últimas y sagradas

uno se mira ante el reflejo de lo opaco
uno se mira
se rechaza
en cada esquina se busca

son bramidos mis manos
vengo arrastrando los siglos en las pestañas
la maldición dictada por todos y por nadie
la ceguera de mi última cena

digamos que mis padres son otros
que mi tiempo es este tiempo
donde las estaciones pasan dejando marchitos frutos con olor a brisa fresca

este dolor no es el final
este dolor acomodado en el respaldo de la silla
me levanta a beber el humo de la madrugada

esta soy yo
con la vida entre las piernas
con el deseo entre las piernas
y entre las piernas el corazón

Me detengo herida
desnudo el camino angosto que llega a ningún sitio

hay que quitarnos la ropa
vernos completos

-aunque esté mutilada
aunque la tarde me quite los años
aunque el silencio me quite la boca-

                                                       escucha la silenciosa marcha de mi cama a tu isla

digamos que esta soy yo
la que despierta con un hueco de entierro en la cara

los manglares se mueren en mis ojos
al mar llega oscuro el rostro de la muerte
y digamos
que camino sin cansancio

ya les dije que desperté hace unas horas
no disculpen mi somnolencia
no lo voy a repetir

sólo desnudos somos nosotros

por eso en el cuartito de hotel me besas toda
ahí donde no me oculto ni un centímetro
donde el amor es más honesto
aunque sea amor de tarde contagiada de lujuria

                                                       escucha el orgasmo silencioso de mi cama a tu isla

mi nombre es agua y viento
lengua envenenada de sacrificios

(vivo acostumbrada a lo mundano
a los albures
al café barato
vivo callada
callada
no muero
no soy árbol

no soy tuya)


digamos que soy tú
que aparezco en las pesadillas mordiendo tu boca
        destrozando tu casa
                                            y habito contigo desnuda y sin ojos
                                                                    escucho silencio de tu boca a mi cama

caminaré por las calles escupiendo veneno
la lengua me arde de tanta soledad seca
el viento me deletrea la terrible ausencia que crece

entonces me miro tan mujer de tierra como mi madre
y en la sombra de alas batiéndose por encima nuestro
nos volvemos miserables

soy tan terrenal como ninguna
vengo arrastrando siglos en las pestañas
una maldición dictada por todos
una ceguera para cantar mi dulce saeta
para limpiar el rostro con mi lluvia nueva
para despertar
cuando decline el sol






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