domingo, 13 de diciembre de 2015

ANTONIO MATEA CALDERÓN [17.754]


Antonio Matea Calderón

Poeta. Nació en 1931 y falleció el 14 de mayo de 2008. 

Nació en Albacete, donde ejerció el oficio de barbero y dio sus primeros pasos literarios antes de emigrar a Cerdanyola del Vallés, lugar donde se produjo su muerte.

Una extensa obra literaria queda como legado suyo. Antonio Matea Calderón ha sido uno de los más prolíficos poetas albaceteños de las últimas décadas, aunque fue cultivador en su amplio currículo de todos los géneros literarios. Autor de más de medio centenar de libros de poesía, novelista y cronista en diversas publicaciones, estuvo muy vinculado con el realismo social de los años sesenta. Su obra ha sido traducida al francés, inglés, italiano y sueco. Inició sus publicaciones con Versos a mi ciudad y No busques el porqué, en 1954 y 1957, respectivamente. Este mismo año 1957 consiguió el primer premio de poesía de la Diputación Provincial de Albacete por su poemario Sonetos en gris mayor, y en 1986 le fue concedido el premio Graciano Atienza por su artículo Los Abortos.

A Cerdanyola del Vallés, la patria de su diáspora particular, le dedicó en 2007 su obra Tiempos evaporados. Su firma apareció en alguna ocasión como narrador junto a autores como Camilo José Cela, Max Aub, Juan Perucho y Ana María Matute, en concreto en Relato de lo real y lo fantástico. Dentro de la prosa editó La Soga, Relatos Apócrifos y Reales, Indalecio, Tal cual lo vi, Epístolas a Bonal, Cartas a Emilio Núñez, Andanzas y desventuras del llamado Raspa de las Santanas y Memorias de la Muerte. Incluso se atrevió con una obra de teatro titulada Dios. Otras obras suyas son Desterrado, Viaje a la ingle de una señora, La pirámide, Poeta en Albacete, La muñeca que perdió el apetito, Historia del Silencio, Cándalo, Cuando vuelvan los ángeles o Solo ante el mar, que apenas son una pequeña muestra de su amplio repertorio literario.

Lápida para Antonio Matea Calderón

Ante la muerte todos habitamos una ciudad sin murallas. En la noche del 13 al 14 de mayo perdió la vida vencido por la enfermedad un hombre bueno. Escritor, y editor, acelerado porque estaba amotinado contra la muerte. Al que se le pasó la vida en un suspiro. ¿Y a quién no?.

Hacedor de libros que regalaba como el que reparte munición en un asedio. Al que escuché muchos sucedidos recontados con gracia, pero al que nunca oí hablar mal de nadie, incluso errando a sabiendas alguna vez al salir a defender a necios, con banda, notorios.

Lo acordamos más de una vez, la vida es un tránsito fugaz entre dos nadas eternizadas. La obra, las letras juntas, un frágil parapeto para mantenernos unos pocos años más entre nuestros semejantes. Escribió muchos libros, las “Andanzas y desventuras del llamado Raspa de las Santanas”, las “Cartas a Emilio Nuñez del Hoyo”, el “Desterrado”, el “Formulario”, “Íbamos por la tierra”, entre los últimos.

Desahuciado de su ciudad, teniendo que coger carretera y manta, tren y maleta en su caso, luego, aquellos con los que se reunió voluntariamente, engañado por su fachada, nunca pasaron de saludarlo muy de lejos. Fue un hombre cabal, amarrado a la honradez que comienza por no callarse.
Atado a la vida, insistiendo en la igualdad de todos, semejante a todos, decía que con dificultad nos verían distintos desde otra especie, la modestia fue siempre su actitud. Que la tierra o el aire del nicho le sea leve.

http://escritoresenalbacete.blogspot.com.es/2011_03_13_archive.html


Estamos acostumbrados a la poesía "comprometida" creada por intelectuales con inquietudes políticas, con conciencia social; pero la poesía de Antonio es la de un obrero que nos habla de primera mano de sus problemas cotidianos, de la opresión que sufre por parte de un "Sistema" que busca exprimirle hasta la última gota de vida, de la dificultad del emigrante para encontrar su lugar en una tierra extraña... 

La tremenda noticia

Yo camino de noche en la calle
buscando un sendero
y todo el horizonte se llena
de caballos negros;
yo me miro de dentro hacia afuera
una vez... y ciento...
y me palpo por pecho y espalda
caracoles muertos
y me tumbo, cansado en la arena,
sin saber si acierto,
esperando la tremenda noticia:
Ha muerto.
"En el alda de Santa María
ha muerto un barbero".
"De rodillas",
con el puño cerrado
ha muerto:
lo hirieron
esos hombres que forman estadio
con horas y precios,
esos hombres que ignoran, sin duda,
que en la cruz de los muertos
se pasean de noche las sombras
por los cruces sin forma del tiempo...
y vendrá la tremenda noticia:
"Ha muerto".
Y esto es lo tremendo.

(De Desterrados)



LA JAULA 

Yo despierto un domingo, 
encerrado en mi jaula, 
a las siete y un cuarto... 
con los brazos cansados 
de las doce diarias 
de trabajo. 

Esa moto que pasa... 
El latir del reloj... 
La manada que cruza 
ensayando borregos... 
Un alud de motores 
me sostienen en vilo... 
el temblor del tranvía, 
el zumbido del Metro... 
Todo el sucio murmullo 
me circula por dentro, 
encerrado en mi jaula 
mientras pienso... 



A VECES NOS OCURRE 

A veces nos ocurre 
que vamos por la calle 
mirando los vestidos 
de cosas con zapatos, 
liando la tramoya 
del circo del cerebro, 
siguiendo la garrucha 
del trole del tranvía, 
leyendo las portadas 
de pésimos poemas... 
El viejo - ya sin prisa -, 
el necio que vocea, 
el niño que se emboba 
mirando golosinas... 

A veces nos ocurre, 
-ya digo-, nos ocurre 
que vamos por la calle; 
a veces nos ocurre 
que, sin salir de casa, 
tiramos del cerebro, 
cerramos la ventana 
y vemos ese film 
del mundo de la calle: 
La nalga por el Metro, 
el guardia con su pito, 
el ruido de la moto, 
que llega por la esquina... 

Todo lo vemos, todo, 
y sin salir de casa. 



DISCRIMINACIÓN 

Cuando del alma escupe su veneno 
y salen sus disparos como flechas 
buscando el corazón de los sin patria, 
el ojo llora triste y condolido, 
bajo este cielo gris de Cataluña. 

Cuando tuviste que dejar la madre 
y la tierra que supo de tu peso, 
como un reo; como un perro rabioso 
te acogieron brazos egoístas 
y te dijeron.- Ven, aquí trabaja 
hasta exhalar el jugo de tus huesos; 
a cambio te daremos la limosna 
de poderte comprar unos zapatos. 

Te miraremos hoscos, con miradas 
recargadas de odios y desprecios, 
nacidos de ancestrales espejismos, 
de prejuicios perdidos en los tiempos. 

Mandatarios, daremos las consignas 
por las que habéis de ser como rebaños, 
y orgullosos, creyendo ser espléndidos, 
os daremos el pan de vuestros hijos 
a cambio del sudor de vuestra frente, 
mientras pensamos que nos estáis robando 
la tradición caduca y desfasada 
en que ciframos nuestra hegemonía. 

Dejaremos que estéis entre nosotros; 
pero habéis de aceptar nuestro desprecio 
y el código que dicte nuestra casa... 
Y si aceptáis todo esto y otras cosas 
os daremos entrada en nuestro mundo. 








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