martes, 15 de diciembre de 2015

VIOLETA OROZCO BARRERA [17.772] Poeta de México


Violeta Orozco Barrera 

(México  DF, 1989).  Poeta. Traductora. Primer Lugar en el Premio Nacional Universitario de Poesía José Emilio Pacheco, 2014. Segundo lugar en el concurso de Poesía en voz alta de la UNAM y Casa del Lago 2014. Candidata aceptada a la Maestría en Escritura Creativa de Poesía por las universidades de Kent y Edimburgo. Bianualmente imparte talleres de lectura y creación literaria para niños y jóvenes en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Además de escribir poesía, se dedica al ensayo y a la reseña. Su formación académica fue tanto científica como humanística, estudiando en la UNAM las carreras de física y filosofía. Algunos de sus trabajos han sido publicados en revistas digitales internacionales como Literariedad, La torre de Montaigne,  La poesía alcanza para todos, Scriggler; e impresas mexicanas como La palabra y el hombre y Murmullos Filosóficos.


CÓMO DESTRUIR UNA CIUDAD

I

Recorreré la ciudad entera llamándote y tú no vendrás. Yo lo sabré antes de que existas y nazca el dios de la ciudad que vuela y barre con sus ojos las anchas calles, abarcando en su carrera las leguas que nos separan, las lenguas que nos confunden. Porque yo, como él, soy tu ciudad, tu pérdida y tu encuentro, tu alegoría, tu babel y tu cárcel, tu ardor suicida. Soy el lindero, la muralla china. Mi ciudad muerta y viva todavía, mi herida antigua, mi espera demolida en olvidos y distancias, mi guarida temporal, mi energía latente de temporada nueva, mi amor que convalece siempre.


II

Y anduve contigo la ciudad desierta, buscando vaciar mi corazón en ti o en la noche o en cualquier otro contenedor enorme, insaciable, sin memoria.
Y anduve contigo la ciudad de piedra, tratando de ablandar al cemento con mi paso intermitente, tratando de tocarte con el pensamiento, camuflándome en las sombras soñolientas para que nada me pensara.
Y anduve contigo la ciudad despierta en la noche amueblada de luces y ventanas, anduve contigo las distancias que separaban las esquinas sin lustre de la belleza enterrada en el fondo de sus grietas.
Y anduve contigo ciudades desiertas, inventadas por nuestra ignorancia desesperada, por nuestra sed de rastros y significados.
Anduve contigo las sendas y las banquetas que nos iban encontrando. Caminamos sin ver, sin vernos, especulando al otro en su silencio. Con la ciudad muerta alrededor de nosotros, marchábamos infatigables para reconstruir algo que nunca había sido edificado. En la era de los derrumbes y las demoliciones, caminábamos para revivirla, imaginando que podíamos pavimentar el mundo con nuestros pasos, emparejar la tierra con nuestra persistencia. Con la ciudad muerta alrededor de nosotros, caminamos la carretera sin fin como quien tiene un destino.



VENTANA ABIERTA

La ronda de la lenta onda
destila su amielada salvia
el viento del otoño tibio
busca su templo en la ronca magia
y el bajo de la sombra se maquilla
para parecer profundo a pesar de su furia.
La noche se estira entera
para parecer más larga
para ser suave marea
el tiempo recrea la danza
de la primavera.
En la ciudad abierta
florecen las luces del alba
a la angustia y a la espera
a la muerte y al deseo
a las flores de cemento
a la altura, el aislamiento
de las noches sin voz ni cimiento
a los vacuos departamentos
esperando un habitante, un momento
de constancia en los patios desiertos
de relleno en los cuencos sin lluvia
o de luna en los charcos repletos.



COMO LEER UNA CIUDAD

Aquél que no sabe caminar sin mapas
debe aprender a leer ciudades.
Sentir antes que nada,
el llamado de ciertas avenidas
la mirada fija de ciertos callejones,
el imán extraño
de ciertas esquinas escondidas.
Porque la ciudad no es una sola
no es un sitio ni una zona
la ciudad es un espacio
que no cabe en cualquier mano,
se ajusta apenas
a ciertas premoniciones
a ciertas penas, ciertas horas
atardeceres ahogados en las nubes
impreciso hundimiento de ardores,
augurios húmedos, lluvias apagadas
que sienten los que esperan
y la llevan a cuestas
(pues aquél que sabe caminar sin mapas
necesita una ciudad para extraviarse.)



Simulación de un paisaje nevado

Como si la niebla no fuera este correr de viento sobre el lago
esta dulce perturbación en el cuerpo,
como si el silencio no ensordeciera.
Nada tenía ya tiempo,
como si el nombre de las cosas se hubiera diluido
a fuerza de tanto olvidarlo.
Como si sólo hubiera una ruta de peregrinaje,
como si la calma y la violencia
fueran dos bellezas hermanas.
Como si hubiera una sola pregunta,
una sola piedra lanzada al aire
hasta tomar la forma de un pájaro.
Como si la soledad fuera una palabra,
la vida una costa lejana
sobre la que caminan paraísos encintos de luz
el primer y último día de su vida,
el mar hinchándose para romper
su propia imagen devastada.
Como si la distancia hubiera sido grito,
las laderas, infinito
resbalando por la eternidad:
un lago sin boca ni fondo.
Como si el silencio fuera
una propiedad furtiva del espacio,
como si todos los que lo vieron
siguieran mirándolo
desde las horas y las eras.
Como si la niebla fuera apenas un correr de viento sobre el lago.
Como si hubiera un hoyo en la palabra eternidad y pudieras mirar a través de él.
Como si la lluvia fuera una promesa de tiempos venideros, el preludio de una esperanza.
Como si la noche fuera un zócalo de sombras tejidas en forma de carrusel.
Como si el tiempo fuera una pócima lista para vaciarse
en cualquier alquiler de eternidad.
Como si la sed fuera purga de nostalgias que lava el tiempo,
como si hubiera una razón para la sed.
Como si el viento fuera parte de una sinfonía irreconocible
que las manos de un niño hubieran desbaratado.
Como si la luz abriera puertas,
como si el polvo abriera danza.
Como si toda simulación no fuera sino el principio de una derrota no confesada.
Como si cada hoja fuera un árbol, cada silencio una caída, cada melodía un símbolo, cada sonido un fragmento de variaciones sobre una lluvia impertinente.
Como si la lluvia fuera una ventana que azotara en el silencio,
abriste la ventana y dejaste caer una pluma,
una nota blanca en medio de la noche.
Porque tal vez la música es como la oscuridad
que hace más real lo que sucede entre sus sombras.



Dentro de un cráter desierto

En ese momento el frío,
el hambre y el deseo
el sol y la sed
eran un mismo dolor fundamental.
La casa de la luna estaba repleta
de piedras hechas del caer de las cascadas
y la sombra de las paredes del volcán.
La piedra hecha regazo
recibía en su piel
todo lo que en ella quería entrar.
El lago era una sola franja de luz blanca,
de arena plateada vibrando bajo la roca.
La lluvia caía
en esa precipitación de millas
mientras la lava fraguaba su siesta en la ceniza.




Desde siempre

Me tendí sobre mi muerte
como si fuera el manto
envolvente de la higuera.
Me tendí sobre mi sombra
pensando que el vacío
no existía.
Y todas las imágenes
cayeron sobre mí como un meteoro.
Estaba todo tan lejos
que no podía tocarlo.
Todo era tan amplio
que no me alcanzaban los ojos
para mirar.
Sueños desterrados hemos sido.
sueños cayendo hacia su hoguera
de estrellas extenuadas.
Pero yo me tendí sobre mi muerte
como si fuera una piel abrigadora
porque pensé que mi muerte era un refugio
o una gran habitación sin muros
tan alta que las enredaderas llegarían a la nube más próxima
y podrían colgarse ahí como un columpio,
como un puente entre el estar y estar ausente.
Pero cuando me tendí sobre mi muerte
supe que era más grande que mi vida
y entonces tendí mi vida al pie de mi muerte
para volver a ganarla
y así pude atestiguar cómo mi muerte
rendida de ser ofrendada
se levantó del suelo y me dejó tendida
mirando la lluvia
desde el polvo constelado.



Desde una plataforma petrolera

Yo vi su soledad frente a la muerte.
y sus manos jugaban con las olas
como si fueran cartas
que supiera de memoria
y sus manos jugaban con la muerte
porque así se ganaba la vida.
y me pregunté cómo pude amar a alguien tan sólo
tan lleno de espacios
mordidos de silencios
igual que amar al mar
desierto de fatigas
abstractas e inasibles
igual que amar al viento
sin nombre y sin idioma
como si creyera que la ausencia
puede convertirse en memoria.
Yo vi su soledad frente a la muerte
y unas ganas de cantar inmensurables
se abrieron paso entre arenas movedizas
porque todo lo vacío tiene alma,
porque todo lo invidente tiene penas.
Cayó en sus ojos
el dolor del tiempo
y se fue el dolor
y quedó el tiempo
la playa mirándose desde un acantilado
como una vasta ruina iluminada por su hallazgo.



Aquí no tocó vivir

La dureza de este suelo
la pesadez de este aire
la indiferencia de esta gente
lo inhóspito de esta calle.

Lo infinito de este duelo
lo inacabable.
¿De quién es esta tierra,
esta tierra de nadie?
¿de dónde este desierto
con oasis culpables?
¿de dónde este silencio
insoportable?

¡Que de una vez reviente
el tímpano de atrofia!,
la voz llena de angustia
denuncie  lo imperdonable:
en este estado de sitio
la vida no tiene cabida,
en este estado de coma
sólo llega la carcoma
a comer ansias de pobre.

¡Tierra de nieblas perpetuas,
precaria aridez de leguas
se ve que de ti nada nace!

¿Quién dice que mi madre
me ha parido aquí?
¿en esta casa escasa
que nunca hogar será?

¿Quién afirma
que esta raza
de sequías es la mía
que estos hombres sin amor
habrán de amarme?

¿Qué defensa,
qué protección,
qué impermeable
puede tener nadie,
contra la nada abierta
la muerta que celebra
su avidez de niebla,  
su gusto de anular
lo que despuebla?

¡Que en balde hayas nacido
terreno baldío!
cobarde abandono
de agobio y de frío
que tu ruina expandes
como un denso río.
Tierra yerma, estéril, muerta:
¿qué culpa tienes de ser infértil?

Hierbas que espigan pronto
con pocas lluvias y en poco tiempo
matando a la belleza de otras
plantas que quieren ser flores
en un terreno incierto.

Aquí no le toca vivir
a nadie, solo queda
emigrar hacia otra tierra
para respirar otro aire.









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