lunes, 21 de diciembre de 2015

CARLOS MANUEL ARÍZAGA [17.794]

Carlos Manuel Arízaga, Enrique Mosquera y Nilo Yépez


Carlos Manuel Arízaga

Nació  en  Cañar,  Ecuador,  en  1938. Ha  publicado  los  poemarios: Sobresalto, Las  ocupaciones salomónicas, Abreviatura, Valija  del  desterrado, El  espejo negro, La  cabeza alborotada, La rama  del verano, Maizalmente  David.  
Integra  selecciones  y  antologías  poéticas  nacionales  y extranjeras. En certámenes  de  poesía  y  cuento  ha merecido  52  distinciones  dentro  y fuera del país. Es miembro de varias instituciones culturales. Radica en la ciudad de Quito.


BALANCE SOMETIDO A VOLUNTAD DEL VIENTO 

El apuro
de escaparme con mi bulto
por la bahía de sal de una lágrima, 
la urgencia de exiliarme
en la fuga de un venado, 
da fe de lo que tengo 
derecho a soñar sobre la almohada, 
pies denunciando que el exilio
no es de pocos, ira
que no permanece como vitral 
en los oficios religiosos.

Esto de tragarme los auxilios
la llave de una puerta sin salida, 
es meterme en mí mismo, 
oscuro barrendero
de la última ceniza airada al viento. 



DICIEMBRE Y UNA FECHA SIN PAZ 

Por adánicas y turbias maldiciones 
los años acaban
de un modo igual. Diciembre 
es soga para el ahorcamiento, 
empujón para el derrumbe.

Nadie deja de comprometer una moneda 
autodedicándose potajes
de codicia.

Nadie, para entonces, 
escribe loas al desprecio: 
la mano que da recibe 
y la reciprocidad
es una fiesta de bengalas en el aire. 




EL CÍRCULO SILENCIOSO
A ENRIQUE LEÓN PALACIOS 

Dios tiene una barbera
en la palabra
y no importa adonde voy,
buscando un vaso para el envenenamiento 
me ofrece un cigarrillo
y bebemos.

Dios posee una sonrisa
que me enferma. Si juego a los dados 
me gana la suela de mis zapatos
y caminamos. 
Es alto
en la medida de mi inconformidad. 

No tenemos casa
pero nos gusta las lavanderas 
por ello ostentamos la camisa 
como una de tantas heridas 
incurables.





OTRA VEZ LA CIUDAD 

En las esquinas del gusano, 
en el lindero
del sudor pateado, en la axila 
del albañil
y la plomada de sangre de su oficio, 
en el tímpano ensordecido
del hombre manipuleador 
de máquinas,
en la flor del parque, 
la calle sin rayuela, 
esta ciudad se viste de mujer 
y siempre hay una sábana 
para el ceremonial del pecado.

Esta ciudad tiene el gesto de una flor 
luego de la tempestad.



RUDA CABEZA EN LA CRUZ 

No es conmigo
el muñeco bautizado de caídas
que dio fe de cristiandad a la infancia. 
Y no importa este Diciembre
sin testigos alfabetizados de alegría. 

Hay dolor en lo que palpo,
frío de recién nacido
en lo que intuyo, gangrena de maleficio 
en lo que respiro.

Pude ser Pastor
pero inventaron cuchillos
para el garabato de inaugurar mataderos 
en los predios de la Fe.

Juzguen este decir 
y dénme clavos
para la rudeza de morir cabeza en la cruz. 



I

"Amargamente llora en la noche y sus lágrimas están 
en sus mejillas... Todos sus amigos le faltaron, se 
le volvieron enemigos". - (Jeremías 7-10)

Si preguntan por ese
que se enjuaga la boca con el bostezo 
hambreado de los hijos.
Si se inquietan por ese

que ensucia el sol con su figura 
y camina de sur a norte 
desprovisto de brújulas, 
sabedme vuestro.
Si inquieren por ese que a toda hora 
recuenta las abejas de su poesía, 
por ese que a propósito de versos 
recoge en la mirada el vuelo de los pájaros
y a su compañera gusta llamar 
por el nombre de una flor, 
aseguradme vuestro.
Si encuentran a un hombre, 
camisa gris, irreverente, 
soy yo, retrato vivo
de un libro muerto a culatazos. 


II

"Con peligro de nuestras vidas traíamos nuestro pan 
ante la espada del desierto". - (Jeremías 5-9)

Como golpear una puerta que no existe 
y decir son cuatro
los dedos de la mano, igual 
a cercenarse un dedo
y dar anticipo de sangre a los buitres, 
como preguntar con cuál mejilla
se sonríe, con cuál ojo se llora, 
igual a tener sed
y beber del látigo su castigo, 
irrumpe el hombre,
pateador de estómagos hambreados 
rifador de vírgenes y dioses.
Ese otro
que bombardea rosas y crucifica lirios, 
ese que nos sigue siendo para nada.




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