martes, 8 de diciembre de 2015

LORENZO PÉREZ TUELLS [17.721] Poeta de Filipinas


Lorenzo Pérez Tuells 

Nació en Madrid en 1898 y llegó a Filipinas cuando sólo tenía cuatro años. Estudió en el Ateneo de Manila donde se graduó como perito mercantil. Ganó varios premios en concursos poéticos, y sus poesías aparecieron en publicaciones importantes en España y Latinoamérica. Dirigió la revista Excelsior, y en 1938, dedicó a la producción de películas. En 1947, fue elegido como miembro de la Academia Filipina y en 1956, formó parte de la Delegación Filipina al II Congreso de Academia de la Lengua. Falleció en Manila en 1956.



A RIZAL

El ave de recuerdo bate sus alas reales,
--¡oh, apóstol!,¡oh, profeta!--sobre tu blanca tumba
Tu nombre, entre una música de liras celestiales,
en el eco profundo de la historia retumba.
A pesar de la insidia del Tiempo del Olvido,
te yergues soberano--¡oh, apóstol!, ¡oh, profeta!--
en la mano una palma, pues que mártir has sido,
y un laurel en la frente, pues que fuiste poeta.

Y la Patria, esa madre de todos tus afanes,
que se envuelve en el oro lustral de sus Estíos,
te invoca con el rudo vibrar de sus volcanes,
te reza con el dulce sollozo de sus ríos...
Y es que guarda en el fondo de su pecho, latente,
la llama de tu noble, libertadora, tea.
¡Puede un trozo de plomo destrozar una frente,
pero no puede nunca destrozar una idea...!




ÍNTIMA

A ISIDRO MARFORI

No importa que la vida traidoramente hiera
nuestras huérfanas almas con su terso puñal
mientras haya en el mundo rosas de primavera
y brille en los espacios el sol de un ideal.

Si hay bárbaros de bronce que ignoran la preciosa
tarea del poeta que parte su alma en dos,
dejadlos que devoren la paja de su prosa:
no se hicieron para ellos los reinados de Dios.

Yo seguiré regando mis dulces pasionarias,
a tiempo que musite las místicas plegarias
que son como incensarios de mi azul religión;

y en las horas de tedio que una a una desfibro
reposaré en las hojas de tu mágico libro
donde pone un latido vital tu corazón.

1917.




EN LA HUELLA LUNAR...

En la huella lunar de sus encajes
puso, al pasar su sombra bizantina,
un perfume de rosa alejandrina
el extasis azul de los celajes.

Languidecer de sedas y plumajes,
en un vuelo de ciega golondrina,
fué su marcha, de muerta y peregrina,
hacia un sueño de místicos paisajes.

Envanecidos sus gloriosos velos,
cayó la noche tras su blanca sombra,
con un dolor de exhaustos terciopelos;

Y desde entonces--inconsciente y mudo--
busca mi labio en la enlutada alfombra
el tibio rastro de su pié desnudo...

Octubre, 1921




SALMOS
LAS ÁGUILAS BLANCAS

I

¡Son las águilas blancas! Son las águilas blancas y fuertes,
cuyo vuelo se expande bajo el palio divino del cielo,
y en el largo vibrar de sus alas rampantes
se adivinan las notas que componen los himnos de gloria.

Un deshoje de soles heraldiza la aurora que llega
para hacer que germinen las semillas dispersas en un polvo de siglos,
las semillas dispersas con la sangre y la carne de los Conquistadores
que sirvieron de abono a la idea suprema de fundir continentes.

Son las águilas blancas que decoran sus picos con el ramo de oliva,
las libérrimas águilas que con un aletazo desafían al trueno,
pero que al presentir el deshielo constante de las nieves del Norte,
abandonan los Andes por el nido que España les conserva caliente
en la cumbre soberbia del natal Pirineo.


II

Ha caído Cartago. Ha caído la Roma de los cónsules, Grecia
se anquilosa en la vida de sus piedras heladas.
Toda gloria mundana se sepulta en la sima del Espacio infinito
por la acción corrosiva de las Horas en pos de las Horas.
Pese al Tiempo que roe y a la Envidia que seca,
y a los odios terrenos que al olvido condenan fraternales abrazos,
en el noble plumón de las águilas blancas
hay el sello latino de una estirpe por algo elegida,
que ni es Roma ni es Grecia; ni es Cartago ni es Nínive,
es Iberia... y es Dios!


III

Es el tiempo propicio de segar las espigas doradas
que en ya próximos días, formarán las hogazas del mortal sacrificio.
En la áurea patena, y formado con trigos de América,
yazga el pan de la Misa sobre el cáliz teñido con la sangre de España.

Pueblos fuertes, robustos, hincarán las rodillas en tierra,
ante el hondo milagro del amor que las almas aúna
en la elíptica curva de la breve existencia.
Es el tiempo oportuno de coger y exprimir los racimos
cosechados enmedio del fragor de sociales contiendas,
en el dulce sosiego de la huerta nativa,
al amparo solícito de la madre Esperanza.

Esto anuncian las águilas con su ramo de paz en el pico
y la Muerte--su presa--en las garras.


IV

Nítidas cláusulas épicas: fúlgidas ondas triunfales,
todo un himno glorioso van trazando las águilas,
a golpes de huracán, al cruzar los espacios suspensos
en un éxtasis único. Viejas trompas se limpian de su herrumbre de siglos,
viejas arcas se abren, donde el tiempo juntara en revueltas marañas,
con provectos armiños las guedejas doradas de infantiles cabezas;
los aceros de guerra, en el ignoto crisol del Amor, hoy se funden
para hacer los arados que abrirán las entrañas de la fértil llanura,
y al llover el sudor de las frentes hermanas,
granarán las espigas de los trigos del Mundo
que serán los de Hispania...!


V

¡Salve fraternas repúblicas! ¡Pueblos de América, Salve!
porque cerca está el tiempo en que el sol no se ponga en los vastos dominios
que a través de milenios aún perciben la voz del gentil Romancero
y muelen su grano de ensueños e ideas en los rudos Molinos de Cervantes.
Porque cerca está el día de borrar horizontes, la Distancia y el Tiempo,
y el espíritu libre de opresores cadenas y ergástulas,
ya podrá remontarse en idéntico azul bajo todos los cielos,
que serán uno solo para todo el Imperio y los mares,
y los pechos unidos en un grito que escuchen las edades remotas
harán a Don Quijote, Emperador...


VI

¡Y tú, la hija menor, oh, Filipinas!
Vive alerta en el seno de tu actual nodriza,
fórmate exuberante, potente y democrática,
y si algún día libre te ves de la tutela,
y falta luz a España para alumbrar sus mundos,
puedes brindarle, entonces, el sol de tu bandera...!

1921.





NEURÓTICA

Una nostalgia azul de primaveras
teje en el cielo su ilusión de encaje,
y languidece el alma del paisaje
asomada al balcón de sus ojeras.

Los bandos de palomas mensajeras
esponjan blandamente su plumaje
en la tarde, que pliega el varillaje
de un fúlgido abanico de quimeras.

Su rostro se retrata en los cristales
del lago, donde un cisne hecho de espuma
el cuello enarca ante los pavos reales;

y ella, que sabe del amor de Leda,
mientras alisa la nevada pluma,
hunde los dientes en su chal de seda...

Marzo, 1922.




EN HORA DE ILUSIONES

Sueña la luz crepuscular del cielo
en la difusa paz de sus salones,
y es su mano en los rojos almohadones
una magnolia astral de terciopelo.

Leve se agita en el temblor de un vuelo
la rosa que agoniza en los jarrones.
Es la hora santa de las ilusiones,
que llega y pasa sin rozar el suelo...

En un ambiente a nardos evangélicos
deshojan los llorosos surtidores
su inspiración de bardos arcangélicos,

bajo la luna que nostalgias llueve,
bordando en sus azules bastidores
el arabesco de su nombre en nieve...

Marzo, 1922.




RECUERDO ARQUEOLÓGICO

En la paz de los viejos parques ducales,
junto al lago que irradia verdes reflejos,
el alma pensativa de los rosales
flota en un azulado temblor de espejos.

El gemido del agua se pierde en una
vaguedad por la senda de las acacias;
y las ruinas adquieren, bajo la luna,
esplendor de remotas aristocracias.

Estas grises estatuas han visto acaso
la pareja, de rosas engalanada,
esfumarse en tupidos fondos de raso;

y lucir como un dardo de amor y celo,
en la noche de estrellas, embalsamada,
el puñal veneciano de algún Otelo...

Abril, 1922.




MEDIEVAL

Atruenan el patio ligeros corceles,
sus locas fanfarrias la trompa sonora
une al argentino ladrar de lebreles
en la cristalina quietud de la aurora.

Los hierros del puente desatan sus nudos,
invade los bosques alegres el coro:
ellos, como heraldos de nobles escudos,
ellas, como un vuelo de alondras de oro.

De súbito, un grito mortal se derrama;
se apercibe el ruido de una lucha breve...
Todos enmudecen de espanto ante el drama

del que Benvenuto forjara un esmalte:
la garza, una rubia marquesa de nieve,
ha muerto en las garras de un vil gerifalte...

Abril, 1922.




PASIONARIA

Con una lenta ondulación de raso,
después de largo y febriciente asedio,
veo tu sombra deslizarse en medio
de una esfumada claridad de ocaso.

El leve aroma de tu carne acaso
sea el que impregna de tu parque el predio;
como la rosa que al morir de tedio
deja su esencia en el marfil del vaso.

El sol que copia tu mirada ambigua,
sobre tu negra cabellera undosa,
irisa el tul de la vestal antigua.

Y entre los oros de la tarde incierta
vuela al capullo de tus labios rosa
la mariposa de mi alma muerta...




PIEDRAS PRECIOSAS

Cual átomos de raras pedrerías
los pensamientos de la luz circulan
en las templadas brisas que modulan
un desplegar de tenues sederías.

Salta en collar de rotas melodías,
que en musicales ópalos ondulan,
la risa entre sus dientes que simulan
un éxtasis de esclavas perlerías.

Un sueño de nevadas morbideces
oculta su dorada cabellera
en un flotar de vagas palideces.

Cuando en mi rostro sus pupilas fija,
en vez de corazón tener quisiera
el infernal rubí de su sortija...!







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