martes, 8 de diciembre de 2015

ISIDRO MARFORI [17.720] Poeta de Filipinas


Isidro Marfori

Isidro Marfori (1890-1949) fue un escritor filipino de lengua española, que nació en Calambá, Laguna y murió en España.

Carrera

Fue ganador de varios premios literarios por sus poesías, muy influidas por los ismos que invadían España durante su estancia allá.

Sus tempranas poesías combinan trazos del romanticismo influidas por el colombiano José María Vargas Vila y al español Bécquer, particularmente en el empleo del extremadamente individualista y romántico "yo".

Obras

Cadencias.
Aromas de ensueño.
Bajo el yugo del dólar.
Sonetos y Versos.



A SALVADOR RUEDA
CON MOTIVO DE SU VIAJE A FILIPINAS

Artífice inmortal de la Poesía,
incomparable y mágico rimero
que tienes en las venas fuego ibero
y en el pecho panales de ambrosía.

Alma de luz, de sol y de armonía,
que en medio de este siglo de odio fiero,
descuellas indicando un derrotero
a la soberbia humanidad del día;

bardo de paz y de combate rudo,
que la bandera azul tan alto agitas,
¡divino soñador, yo te saludo!

Mi musa a ti, con temblorosa mano,
te ofrenda un haz de frescas sampaguitas
¡oh embajador del intelecto hispano!

1915.



A UNA ESTRELLA

Dulzuras destella
tu luz de topacio,
luminosa estrella
del celeste espacio.

Y viendo que de ella
yo nunca me sacio,
me sonríes bella,
desde tu palacio.

Tus fulgores dame,
que amante los guardo
en mi ánima opresa,

y deja que te ame
nostálgico el bardo,
¡divina princesa!

1917.




LAS NOCHES DE CITA

Todas las noches, a la sombra amena
de un frondoso macizo floreciente,
yo acudía con paso diligente
y con el alma de ilusiones llena.

Veía a poco su cuerpo de azucena
avanzar indeciso, lentamente,
mientras un ansia de pasión ardiente
daba a mi pecho hervores de colmena.

Juntos los dos en dulces embelesos,
volvíamos al cuento de los besos,
sin pensar que es voluble la fortuna.

Y sólo nuestro ardor se interrumpía
cuando ya en el azul se desleía
la dorada sonrisa de la luna.

1917.




EL PASIG

En una vega ubérrima y tranquila,
bajo el quemante ardor de un sol de estío,
sonoro y riente se desliza el río
desde el lago de Bay hasta Manila.

Bruñe la faz de su caudal bravío
brillante luz que todo refocila,
y se entorna ofuscada la pupila
al contemplar tan fulgido atavío.

Al saludo jovial de la cañada
y del sipao que trina en la enramada,
su romántica y triste serenata,

van pasando sus linfas transparentes
bajo el arco de hierro de los puentes
como una eterna procesión de plata. 




A LA GLORIA

En la aurora de mi vida,
aún sin dolores aciagos,
te he visto, de azul vestida,
flotando en mis sueños vagos.

Despertaron mi dormida
pasión tus dulces halagos,
tornaste en arpa mi vida
y fuí cisne de tus lagos.

Y ahora qué en ellos me agito,
con una sed de infinito
y la visión de mi cruz

¿porque le niegas ¡oh gloria!
a mi breve trayectoria
tu eterna estela de luz?

1917.




AL VOLCÁN APO

Guarda silencio el coloso, silencio largo y profundo.
Ni siquiera se estremece su ardiente seno iracundo
al paso del fiero baguio 29 que devasta en un segundo,
azotando en su locura la enorme esfera del mundo.

Velado por blancas nubes yace en un frío mutismo;
ningún rumor de amenaza se escapa de su hondo abismo
¿Está en vísperas y acaso se reconcentra en sí mismo
y prepara en sus entrañas un horrendo cataclismo?

Preguntádselo a las tribus que moran en sus laderas
y os dirán que el Apo duerme con sus ansiedades fieras
que las lavas de sus hornos sólo se desbordarán
el año en que ellos olviden, en su propio menoscabo,
la tradición milenaria de dar a feudo un esclavo
arrojándole a las fauces insaciables del volcán.

1917.

Nota 29: Ciclón.



EN LA MUERTE DE TIRSO DE IRURETA-GOYENA

Junto al negro ataúd de tus despojos
¡oh prócer de linaje apolonida!
mi frente inclino, humilde y abatida,
y un responso de amor rezo de hinojos.

al pensar en tus épicos arrojos,
en los laureles de tu edad florida,
siento la honda amargura de la vida
y se llenan de lágrimas mis ojos...

No te alzas ya para domar la rabia,
de la impiedad y el credo disoluto...
ya no escuchamos tu ingeniosa labia.

Has caído, llenándonos de luto,
¡como un árbol pletórico de savia
al grave peso de su mismo fruto!

Octubre, 1918.




POR AMOR A ESPAÑA
(SEGUNDO PREMIO EN EL CONCURSO DE LA «CASA DE ESPAÑA», 1919)


TRÍPTICO HEROICO

I

Desafiando del sino los desmanes,
un grupo de española valentía
arribaba a las ínsulas un día
al mando de Fernán de Magallanes.

En la cruz de sus recios gavilanes
las católicas luces nos traía,
en sus fuertes aceros la hidalguía,
en sus pechos, olímpicos afanes.

Estoicos, en el ciclo de sus penas
conquistaron sus glorias de soldado,
y al sellar con la sangre de sus venas

su epopeya brillante y espartana,
nos dejaron el dúplice legado
de su habla hermosa y de su fe cristiana.


II

Árbol coloso de verdor florido
que há tres centurias crece y exubera,
es en mi patria la cultura íbera
que la escuadra inmortal nos ha traído.

Nativos ruiseñores hacen nido
en sus frondas de eterna primavera,
y aunque enfurece la ventisca fiera,
en la arada social seguirá erguido.

En vano ilusos de intelecto oscuro,
que miran su grandeza con inquina,
clavan las hachas en su tronco duro.

¡Por virtud de sus mismas cicatrices
no hay un trozo de tierra filipina
que no abarquen sus cívicas raíces!


III

La gratitud es una flor que brota
de la pureza del sentir humano,
y no hay sarcasmo ni atrevida mano
que la marchite en mísera picota.

--¡Oh falange del yelmo y de la cota!
Para pagar tu esfuerzo soberano,
lidiar quisiera por el fuero hispano
en una tierra anónima y remota.

Que el talismán sagrado del ensueño,
oculto en mi armadura de guerrero,
hará un gigante de mi ser pequeño.

Y en una gran batalla yo quisiera
hacer del brazo un mástil altanero
¡para elevar al cielo tu bandera!




TRES SONETOS DE AMOR

I

Paseaba su gracia de sultana
al múrice reflejo del Poniente,
cuando en la luz de su mirada ardiente
vi el paraíso de la vida humana.

En pos de sí marchó la caravana
--cual una estela inmensa y esplendente--
de todos los ensueños de mi frente
y todos mis anhelos del mañana.

Y fué la estrella que fulgió en mis cimas,
la lírica cadencia de mis rimas,
el encanto perenne de mis horas.

Mi astro altivo tejióla una guirnalda,
la hizo un trono y pidió para su espalda
el bermellón de todas las auroras.


II

A distancia la amé, porque quería
vaciar en un romántico latido
la excelsitud del ideal florido,
su esencia de suprema poesía.

En silencio la amé porque temía
que mi orgullo tenaz fuese vencido,
que se mofara de mi pecho herido
¡y sólo fuera mi ilusión de un día!

...Pero el disimular inútil era,
pues no se oculta una pasión sincera
con grávidas cadenas o cerrojos.
Y al fin la dijo mi íntimo secreto,
tras la prisión de un antifaz discreto,
la pena delatora de mis ojos.


III

Como va al sol la inquieta mariposa
para besarle en su febril intento,
constante iba mi inquieto pensamiento
tras la esquiva figura de mi hermosa.

El tierno hechizo de su faz radiosa
me sonreía en mi amargo aislamiento,
añoranza celeste que al momento
remozaba mi vida tumultuosa.

¡Callar más tiempo me oprimía el pecho!
y dejando el amor su encierro estrecho,
entró en el alma de la amada mía.

¡Mas vió en el templo su candor inerte
y en su ara triste, al soplo de la muerte,
un resplandor que en sombras se extinguía!

Enero, 1920. 




ILANG-ILANG

Una princesa de faz doliente,
de ojos muy negros y noble rol,
nacida en áurea cuna de Oriente

bajo las gasas del arrebol,
sintió una noche pasión ardiente
y pronto súpolo su padre, el Sol.

Amaba, amaba á las estrellas
cual la heroína de un cuento azul...
—Padre, tocarlas quiero, ¡qué bellas!
- Hija, es prestada su hermosa luz.

Mas, mira ese árbol de sombra amena
y verás otras de dulce olor.
Se llaman ilang-ilang, morena...
—¡Si en ellas, padre, soñó mi amor! 



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