miércoles, 9 de diciembre de 2015

EMILIA CALÉ [17.732]



EMILIA CALÉ

A Coruña, 1837 - Madrid, 1908.
Emilia Calé y Torres nació en La Coruña el 12 de febrero de 1837. Tras publicar poemas en la prensa gallega, se va a vivir a Madrid de 1871 a 1875 y colabora con la prensa española y sudamericana.

Su primo, Vesteiro Torres, funda la sociedad Galicia literaria a la que acuden, en casa de Emilia Calé, Francisco Añón, Luis Taboada, los hermanos Muruais, Curros Enríquez...

Vuelve a La Coruña en 1875. Se casa con Don Lorenzo Quintero, periodista y funcionario público, lo que les hace desplazarse a menudo.

Tuvieron varios hijos entre los que destaca la pianista Emilia Quintero y Calé. En 1906 es nombrada miembro Correspondiente de la Real Academia Galega y muere el 18 de septiembre de 1908 en Madrid.

OBRAS

Horas de inspiración. Lugo: Soto Freire, 1867. Poesía.
Cuadros sociales o pequeñas novelas. A Coruña: Vicente Abad, Tip. De, 1878
Lazos rotos. Madrid: Nicolas Moya, Imp. De, 1884. Teatro.
Escenas de la vida, 1890. Novelas.
Crepusculares, 1894. Poesía.
De la cima al abismo, 1894. Teatro.

Emilia Calé naceu na Coruña en 1837 e era filla do naturalista Pedro Alejandro Auber. Comezou a darse a coñecer como autora de artigos na prensa galega a partir da década de 1860 (a primeira participación que atopamos data de 1861 en Galicia, Revista Universal de este Reino ). Logo de asinar varios poemas (e algunha prosa didáctica co pseudónimo "Esperanza") en diferentes revistas, vai para Madrid, onde continua o seu labor literario, mais esta vez publica tanto en revistas españolas como latinoamericanas e comeza a acadar certa sona nos ambientes culturais da capital española. De feito, nesta época convértese na anfitriona da sociedade madrileña Galicia Literaria (1871), que acollía na súa casa e na que participou activamente como fundadora xunto ao seu curmán Teodosio Vesteiro Torres. Á Galicia Literaria pertenceron, entre outros, Francisco Añón, Curros Enríquez, Andrés e Xesús Muruais, Luís Taboada... 

Emilia retorna a Coruña en 1875 e posteriormente casa con Lorenzo Gómez Quintero y Morado, xornalista e funcionario. Entre a súa descendencia cabe destacar a Emilia Quintero y Calé, quen acadou moita sona na súa época como reputada pianista. Por causa do traballo do seu home vive en diferentes localidades españolas ata que definitivamente retorna a Madrid. Foi distinguida como membro correspondente da Real Academia Galega na súa fundación (1906). Finou en Madrid en 1908.

É un caso excepcional de produción literaria ao tratarse dunha muller da súa época, xa que participou en todos os xéneros literarios, conseguiu maior sona como autora de poesía (de feito algunha das súas obras coñeceu máis dunha edición) e gustáballe cultivar os ambientes literarios. Podemos sinalar, a este respecto, unha recensión da súa obra Horas de inspiración aparecida en novembro de 1867 na publicación pontevedresa La revista . Logo de situala entre os nomes destacados dos autores de literatura galega (Rosalía, Murguía, Pastor Díaz, Pintos...), dise do seu libro que contén "escollidas poesías relixiosas, líricas e descritivas, que forman unha formidable reputación" (tradución nosa do español). Outra publicación súa, a obra teatral Los lazos rotos , acadou moita sona no momento da súa estrea na Coruña en 1883. Trátase dun drama romántico, con ambientación en Madrid e Santiago de Compostela, onde se relata unha apaixonada e tormentosa historia de amor vivida no medio de azarosos sucesos tan dramáticos como inevitables.



AYES DEL CORAZÓN

En vano se elevó mi fantasía
Buscando en la región de las quimeras
Una galana flor,
Muerta para el placer la lira mía
Des que huyeron mis horas placenteras
Vive para el dolor.

Por eso en estas páginas que bordan 
Los destellos del genio deslumbrante
Con rica inspiración,
Mis lágrimas amargas se desbordan
Y ofrezco en vez de imágenes brillantes,
Ayes del corazón.

No alentada por grata y bella idea
Ante un futuro de mentidas glorias,
Puedo mi voz alzar,
Sueño es no mas cuanto la mente crea;
Y al pié del panteón de mis memorias
Debo solo llorar.

De la suerte al cruzar la senda varia,
Viene á mi la esperanza en mis congojas
Del raudal de la fé,
Es mi canto tristísima plegaria;
Así en vez de una flor para estas hojas
Un suspiro daré.



A LA CÉLEBRE DIVA 
Mi distinguida y cariñosa amiga 
CAROLINA CASANOVA DE CEPEDA

¡Bendito, Carolina, el venturoso instante 
en que cual bello astro tu nombre apareció! 
¡Bien haya el feliz día en que divino el genio 
con sus brillantes alas tu cuna circundó.

Tú eres el grato ensueño de rica poesía, 
que en realidad conviertes para guardarlo en ti. 
Tu voz dulce y extraña revela en cada nota 
que el coro de los ángeles copiarse puede aquí.

Tú cantas, y las aves que trinan en la selva 
suspenden sus cantares al escuchar tu voz; 
guiadas del reclamo de tu divino acento, 
hasta tu planta vuelan en su girar veloz.

Por ti dejan su cuna las aromadas flores 
para rendirte culto, do quiera que tú estés; 
y son la hermosa ofrenda que á ti llega á porfía 
en ondas de fragancia, y alfombras de tus piés.

Por ti nácares guarda, y perlas y corales 
el fondo de esos mares que encubre leve tul, 
para brindarte el hombre las esplendentes galas 
con que ciñen sus sienes las hadas de Stambul.

Por ti la sierra tiene en su profundo seno 
diamantes que algún día para tu frente son. 
¿Qué más quieres, en suma, si diosa eres del Arte, 
y ante su altar se postra absorta la creación?

Si en tu anhelada gloria mayor dicha reclamas, 
si aún hallas tanto espacio pequeño para ti, 
contempla de la historia las páginas de oro, 
tu nombre, Carolina, verás escrito allí.

Que si afanosas bordan aves, flores y perlas
la senda deslumbrante que aquí debes seguir,
en hojas inmortales que el tiempo no deshace, 
cercado de laureles tu nombre ha de vivir.

Hoy de mi tosca lira la humilde flor acoge, 
haz que reviva siempre al fuego de tu sien; 
y en ese nido amante de tus afectos dulces, 
unida con mi nombre, consérvala también.

EMILIA CALÉ TORRES DE QUINTERO 
Quinta de Villa Rutis, 25 de agosto de 1885.


A ROSALÍA CASTRO

Si en tu morada de calma, 
y en este día de luto, 
te basta para tu palma, 
entre lágrimas del alma, 
un recuerdo por tributo.                     

Yo, que no te conocí, 
pero que supe admirarte; 
yo, que tus libros leí, 
es justo que quiera aquí, 
mi humilde ofrenda dejarte.                       

En mi amorosa memoria, 
no con brillante reseña 
pretendo mostrar tu historia, 
para cantar tanta gloria 
me considero pequeña.                 

Quiero con dolor profundo, 
tu muerte llorar tan solo, 
ya que tu genio profundo 
fué antorcha que alumbró al mundo 
e irradió de polo á polo.                   

No anida sobre la tierra 
quien lleva un sello divino, 
que en triste y constante guerra, 
tal vez el afán encierra 
de terminar su destino.                     

Acaso en luchas crueles, 
de esas que la vida
agotan y entre deseos infieles, 
no alcanzaste más laureles
que estos que en la tumba brotan.                       

Tal vez, aunque el mundo a coro
te ensalzó cual un portento
y en tus libros vió un tesoro,
no quiso brindarte el oro
que niega siempre al talento.

Por eso cuando se agitan
en dolorosos instantes
ideas que resucitan, 
aún las figuras palpitan 
de Camoens y Cervantes.                     

Que en el amargo existir
de nuestra vida ilusoria,
tiene el hombre que morir
para empezar a vivir
sobre el polvo de la escoria.                   

Por eso, aunque ya no suena
tu voz dulcísima y pura,
como en época serena,
su eco vibrante, aún resuena
salvando tu sepultura.                       

Blasones, belleza, acaso
el tiempo, á la par que ruede,
sepultar podrá á su paso;
¡Tú serás sol sin ocaso,
mientras una aurora quede!                     

Y aún en el postrer fulgor
cuando la tierra sucumba, 
hará el último cantor,
con su lira, en tu loor,
una cruz para la tumba.                           

Vates del gallego suelo: 
hoy con la lira enlutada
cantad en señal de duelo;
¡Qué ella acoja desde el cielo
nuestra ofrenda inmaculada!               

Emilia Calé Torres de Quintero. 
Villa-Rutis (Coruña) 2º Stbre. 1885

O poema dedicado á súa amiga Carolina Casanova, que transcribimos, foi escrito en ocasión dunha festa que esta celebrou na súa casa-quinta de Vilaboa, na que interpretou algunhas pezas ao piano Emilia Gómez-Quintero Calé, filla de Emilia, e esta leu ese poema. Foi publicado en El Correo de la Moda, año XXXV, nº 36, Madrid, 1885, páx. 286 e o reproduce facsimilarmente Mercedes Puyol no seu artigo “Carolina Casanova de Cepeda, una soprano ferrolana en el mundo de la ópera”, publicado no nº 26 de FerrolAnálisis (2011)

O dedicado a Rosalía de Castro, onde expresa a súa profunda admiración por ela, está escrito logo do pasamento da ilustre escritora. Como nos indica Lucía García Vega, no artigo “Os espazos necrolóxico e elexíaco de Rosalía de Castro na prensa de Madrid e de Galicia” (Madrygal, nº 14 (2011), páxs. 81-92), foi publicado por primeira vez en El Ciclón, A Coruña, 19 de setembro de 1885, que a autora reproduce en facsímile. Nos encontrámolo un par de meses despois en Galicia Moderna, nº 31, A Habana, 29-11-1885, páx. 3 (que transcribimos). Xosé Neira Vilas menciona que igualmente se publicou en El Eco de Galicia, en concreto o 22 de xaneiro de 1886.



DOÑA EMILIA CALÉ A avanzada edad ha fallecido en Madrid, y anteayer recibió sepultura en el cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, la señora doña Emilia Calé y Torres, viuda de Gómez-Quintero, distinguida escritora coruñesa, que tuvo su época de nombradía y cuyo recuerdo está asociado al de los precursores é iniciadores del renacimiento literario gallego.

Emilia Calé, desde sus años juveniles, cultivo con fortuna la poesía, y aun sin poseer la inspiración de la gran Rosalía Castro, construyó estrofas armoniosas, correctas y sentidas, que pueden encontrarse en los viejos periódicos regionales y en la colección de sus poesías, titulada “Horas de inspiración”.

En el famoso “Álbum de la Caridad”, donde Pascual López Cortón coleccionó todos los trabajos en prosa y en verso que se presentaron á los primeros Juegos Florales de la Coruña que inició y subvencionó con largueza hace cerca de medio siglo aquel patriota benemérito, se publicaron las primeras composiciones poéticas de Emilia Calé, que era muy joven á la sazón.

Por entonces contrajo matrimonio con D. Lorenzo Gómez-Quintero, escritor americano, que dirigió en Galicia algunas revistas literarias y que hace un año falleció en Madrid. Uno de los hijos de este matrimonio es Emilia López-Quintero, la insigne pianista, tan celebrada entre nosotros.

Fué la Calé una de las fundadoras de la Galicia Ilustrada. Sociedad que crearon en Madrid, por el año 1875, Curros y Enríquez, Añón, Muruais (Jesús y Andrés), Victorino. Novo y el malogrado Vesteiro Torres y á la que asistía en espíritu Alfredo Vicenti, que terminaba á la sazón sus estudios de Medicina en la Universidad de Compostela.

Hace pocos días, el maestro Ortega y Munilla recordaba, en su discurso de los Juegos Florales de Vigo, la trágica muerte de Vesteiro-Torres y la “Corona poética” que sus compatriotas le dedicaron en 1877. La “Corona” -que por cierto es una exquisita joya  literaria-, comenzaba con la poesía de la Calé, dedicada á la muerte del poeta, que era su primo hermano, y al que había dado más de una vez hospitalidad y casi obligado á publicar sus “Versos” y su “Galería de gallegos ilustres”.

La Coruña contó siempre á la Calé entre sus hijas predilectas, y en el año de 1885 el Círculo de Artesanos de aquella ciudad la designó para compartir con la señora Pardo Bazán la presidencia del concurso literario, que allí por entonces se efectuó, y al que asistió D. Alfonso XII.

Descanse en paz la inspirada y modesta poetisa entusiasta gallega y madre de familia ejemplar”.






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