jueves, 21 de agosto de 2014

DANKIR ORTIZ [12.985]


Dankir Ortiz 

Nació en Riohacha, La Guajira, Colombia en 1984. Desde 1993 ha residido la mayor parte de su tiempo en Valledupar, Cesar. Su obra aparece publicada en: Antología Yuluka –Poetas de Valledupar–  (Bogotá: Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, 2010) y en las memorias de los festivales de poesía en los que ha participado.



JURAMENTO DE MIS PASOS

Segundas circunstancias sólo existen
en el territorio de las pisadas constantes.

Miles de ojos persiguen mis pasos
entre bolsas plásticas con rostros…

No necesité morir para saber
que sólo la mirada
devuelve el hambre a mis pisadas
y las convierte
en fruto de los postes.





JURAMENTO DE UNA NO RAZÓN

Lo contrario a la verdad es verdad.

A la prohibición se suma
la imposibilidad aceptada
mientras continúan los partos
alimentando a las hambrientas
                                             cruces.

El niño que se saca los ojos
para apreciar el color
                                   de la historia,
es quien le da color.

Y de una barba inequívoca
se desprenden mariposas.

Continúan las preguntas... vístete.





ÉL...

“no-útil”– como el café
que se niega a termina
        con mi mirada –

cierra un libro como
                            piernas
y la tinta se seduce.

Mientras copula con la historia
deja al insomnio dispararle
y hasta se atreve a donar
sus intestinos a la muerte.

Ahora es árbol...
y sus raíces son el hambre
de mi tinta
y su silencio es ese río
utilizado como espada contra el ojo
y sus hojas la esperanza de la
                                            espera.

Cuando estuvo horizontal
enterraron sus manos
                                    para ramas
crecen lenguas
que reclaman el acuerdo.





ELLA...

La tierra es verde
porque no le niega el paso
ni a mi muerte.

...en la entrada del teatro
le tocó dejar los labios
al  solicitarlos
rostros
      que no han sido calcinados.

Hay que esperar la falla del
                                          tablado
donde la luz no se robe
                                las miradas.

Esperar la falla de la
                                   venda
y a la herida desnudada
                                    en el encuentro.

Esperar el filo del papel,
los árboles copulan   
y cada beso es el suicidio de
                                    unos ojos.

Karma es... más que nadie
y la espero desigual.





NOSOTROS...

Nuestra gota (...)
es tierra
antes de caer.


I

Uno de los brazos del reloj
se utiliza a sí mismo como espada.
No seremos troncos.

Gritos que paren el aliento navegante
                                                      de la balsa
elaborada con raíces, se refugian
en la sed de nuestros labios
para que los pies sean las hojas
del gran árbol; saltemos
sobre nuestro rostro y al siguiente.


II

Permanecemos sentados de pie sobre la mesa
hay quienes piensan que para morir
se necesita haber vivido,
se equivocan, se necesita haber estado a la espera
de la palabra no nacida.

Karminamos hasta ser.





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