sábado, 4 de diciembre de 2010

2298.- DIANA BURAZER



Diana Burazer nació en Zagreb, Croacia el 23 de Octubre de 1953. Se educó en Pleternica y Ljubuški donde terminó el liceo. Se graduó en matemática teórica en la Facultad de Ciencias Naturales y Matemática en Zagreb. 

Vivió en Mostar (1977-1992) y desde el aňo 1992 vive y trabaja en Zagreb. Dirá que todo ese tiempo una parte de ella vivía (y vive ahora) en Stari Grad (La Ciudad Vieja, isla de Hvar).
Publicaba sus obras en numerosas revistas croatas y de Bosnia y Herzegovina. Ha sido presentada en antologías y panoramas de la poesía croata. Sus poemas han sido traducidos al francés, inglés, noruego, espaňol, polaco y ruso.
Ha publicado las siguientes antologías poéticas: Nesvanjivo (Lo que no amanece), Četvrti zid (La cuarta pared), Na odmorištu između dva svijeta), Druga kuća (La otra casa, 2003), Naranča (La Naranja, 2008.). (En el descanso entre dos mundos) y las poesías escogidas Izvan zaklona (Fuera del refugio, 2006).
Es miembro de La Sociedad de Escritores Croatas, del PEN croata y de la Sociedad de Escritores de Bosnia y Herzegovina.
Ha recibido varios premios.


De la antología poética Naranča (Naranja)

Traducción: Željka Lovrenčić


MARIPOSA (o una escena parecida )
Leptir (ili sličan prizor)

Con cuatro agujitas crucificada
en un respaldo de terciopelo azul
espero ahora, ya impacientemente,
el final de todo el proceso
para morir cuanto antes.

Se trata de dignidad
y del deseo de que bajo el cristal,
guarde en parte la bella expresión del rostro
para que más tarde con sólo mirarme 
sufras bastante.
Liberada ya de todo pensamiento de cambio
trato de representarme en la escena de una ilustración
de devocionario
dejado en la mesa.
Puedo apenas mover los labios,
y con los ojos tocar las lejanas palmas de las manos.
Puedo pronunciar una plegaria a Él
al que miro ahora con el rabo del ojo
como, por su propia voluntad baja de la cruz y
se me acerca.
Ni yo, cuando me fue más difícil
pude juntar las manos -
me susurra al oído.
Secándose las manos
con la orla de mi vestido,
toma el devocionario
lo pone bajo el brazo
y sin tocar el suelo con los pies
me deja.

Piénsenlo,
¡¿me deja!?


Fernando Sabido Sánchez con DIANA BURAZER y poetas croatas en Koprivnica (Croacia) en un homenaje a Fran Galovic







EL MURO
(Zid)

¿Cuándo fue hecho?
No lo sé.
¿Quién ordenó que se hiciera?
Dudo de algunos de nosotros.
Ahí está.
Alto
seguro
y poderoso.
Puedo atestiguar su solidez
Porque por años me recosté en él
y no se quebró.
Puedo testimoniar su seguridad
porque por años me refugié a su sombra,
sin que me entregase a los que me buscaban.
A ratos me parecía demasiado alto,
que por su altura no veo bien lo demás
y la gente que pasa a mi lado,
que no me toca algo
que de alguna manera debería incumbirme.
Pero algo así,
con mi inmensurable agradecimiento,
lo olvidaba ya con el primer ventarrón.

No obstante,
no puedo arrancarme la duda de que
ese muro
me robó algo,
que me protegió de algo
para lo que nunca,
de verdad nunca,
le di autorización.










UN MAL DÍA
(Loš dan)

No pasó nada especial,
pero todo el día
me maltratan mis propias emociones.

Indeseables son
como el moho en el queso
que se quedó olvidado en el refrigerador,
como la espesa niebla tirada sobre los vidrios del auto
mientras trato de determinar el lugar del viraje.
Como la continua caravana de hormigas amarillas
que no vienen de ninguna parte
y persistentemente se deslizan por la pared
hacia la nada.

Esas tiranas ocuparon todo el espacio disponible,
liberadas hasta del más mínimo conveniente miedo,
del ataque de cualquier diferente persona 
o cosa. 

Al final del día cedo y no resisto más.
Acostada en el sofá
miro por décima vez la película ya vista.

Qué bueno sería empezar a llorar por Ella
A la que Él justo ahora ha abandonado, o
levantarse de repente
pegarse en la rodilla o
dormirse,
antes de tomar una mala decisión
y acabar este día.









EL TIEMPO QUE NOS QUEDA
(Vrijeme koje nam preostaje)

Entre tú y yo el cielo extendido,
carpa segura sobre un lago azul.
Bella puedo ser aún únicamente
cuando 
en la neblina acuosa
me toca la luna plateada.

El tiempo que aún nos queda
corre irremisiblemente:
silenciosos remeros en el horizonte,
pañuelo de seda sobre los hombros desnudos.
En la película muda,
por un momento detenido en su brinco,
se detiene el jinete enmascarado. 

Hay demasiadas cosas que no hicimos.
La profundidad real del lago todavía nos es desconocida,
aún tenemos que entender la distancia entre nosotros y el universo,
es enorme todavía la tierra que no hemos pisado.
Pero comprendimos
que en la risa o el llanto
se gasta la misma energía.
Aprendimos que la
alegría pura
es pobre, y que
la riqueza del sufrimiento 
es inexpresable.
La primera la compartíamos con amigos
sin piedad,
El sufrimiento,
que también ofrecimos,
nadie lo quiso. 









PARÍS
(Pariz)

Mientras caminábamos por las calles
llovía
aburrido
frío y
sin esperanza.
¿Y qué podíamos esperar
en la época de invierno, en cualquier parte donde estuviéramos.
La pregunta es sólo
¿qué esperábamos de nosotros?

En el desván de un hotel de poca estima
al lado de la famosa Ópera
tarde por la noche, después de un paseo de todo el día,
por fin
nos quitamos la ropa y los pesados zapatos.
Rápidamente ponemos los casados cuerpos en el gran lecho
de agradable y desconocida fragancia.
En la mesa de noche folletos esparcidos,
el plano de la ciudad y del metro
con indicadores subrayados para no perdernos,
postales de los Campos Eliseos aún no escritas
Montmartre -
lujo visual
que apenas
espera a nuestros amigos.
Cerca de los documentos,
que nos marcan infaliblemente,
pequeños baratos souvenir
bajo la débil bombilla de la lámpara de mesa
pierden su brillo matutino.
Si no hay viento,
mañana hay que ir a la Torre de Eiffel.

Luego que te duermes, me levanto y
abrigada con una manta de lana
que no me puede calentar
estoy parada por largo tiempo cerca de la ventana.

La lluvia que ya ha inundado las estrechas calles,
sube por las paredes.
Sobre el límite del vidrio roza la frente,
gotea a los ojos,
aquí peligrosamente se acumula y
amenaza con el diluvio.









VENECIA
(Venecija)

A esta ciudad la declaro corriente,
en nada diferente a las demás.
Ciudad que tiene sus barrios
iluminados para ser exhibidos
y esos otros,
plazas de flores
y depósitos de desperdicios en las calles laterales.
Las góndolas con los gondoleros
en las que van los enamorados
que llegaron a esta cuidad
para enamorarse aún más.
Tiene y puentes
bajo los cuales duermen los abandonados y los perdidos,
aquellos que no tienen a nadie
por los que valdría la pena regresar.
¿Por qué va a ser especial?
Alguien justo en esta ciudad,
o por ella,
fue olvidado y
desquerido.

La ciudad, a la que por protesta
no quiero viajar, 
me mira traicioneramente desde la foto mal impresa.
de la entrada olvidada en tu bolsillo.









PRELUDIO
(Predigra)

Podría amarte de nuevo
pienso cada vez cuando abro la puerta
de nuestra casa
y cuando me con cien manos abraza el calor
que baja
por las paredes
en el crepúsculo
otoñal.
Primero me toma por la cintura
me abraza los hombros
luego por largo tiempo me acaricia la cara.
Me levanta en los dedos
y ligeramente me arrastra hacia sí.
Cierro los ojos.
Desaparezco.
Cada cual en su soledad
sin vergüenza o remordimiento
de que en este momento engañamos a alguien
hacemos el amor
en secreto
En la televisión justamente
dan las noticias vespertinas
pronostican el tiempo y
dicen todo lo que para los demás es muy importante.

Te quiero,
dicen pequeños cuerpos etéreos
mientras del cosmos
me acercan a ti.

Un poco después
seguro de sí sonríes
convencido de que la suavidad
con la que justamente te tocaba
fuese sólo tu mérito. 








ROSA
(Ruža)

Es privilegio ser rosa
en el jardín que has decidido cultivar.
Te espero lista:
antes de ti
ha pasado el viento invernal, y
los jinetes dentro de pesada armadura.
Sobre los pétalos
hielo y
cuchillo.

Es privilegio ser rosa
en el jardín que ahora destruyes.
Perfecta en todo,
estoy preparada para este momento.
Introduje la espina:
no existe castigo suficientemente grande
para liberarte de la culpa.
En tus manos
el rocío y
el último sedoso
suspiro.









MI PADRE SE QUITA SUS ANTEOJOS
(Moj otac skida svoje naočale)

Mi padre se quita sus anteojos
los pone sobre la nube
toma el bastón
y se va a pasear.
Las suaves almohadas de la niebla
y mi amor
lo sostienen.
El día está extraordinariamente brillante,
la gran bola luminosa
se mece
peligrosamente
en los párpados.
Mi padre
alto y feliz
deja el bastón
y camina.
Yo le digo
está bien
está bien.

Por la mañana
al despertarme
y después todo el día
me duele
la ligereza
con la que nos separamos.


* Este poema está publicado en el libro Na odmorištu

između dva svijeta ( En el descanso entre dos mundos).










EN EL TARDIO OTOÑO VIAJARÍA MI MADRE
(U kasnu jesen doputovala bi majka)



En el tardío otoño viajaría mi madre.
En su bolso sólo dos blusas,
una falda
los zapatos para la lluvia
y la bata casera.
Todo lo demás,
naranjas todavía verdes.
Los domingos
cuando vamos a misa
me enojaba con ella
porque siempre llevaba la misma ropa.
De todas maneras traje demasiado,
decía,
y los naranjos están tan fructíferos.

No sé ¿dónde se perdió este noviembre?
¿Y diciembre? 
¿Cuando, y por quién
fue puesto el puente
por el que se sale de tales escenas?

Ahora,
asoleados y jugosos globos,
de la isla llegan en ambulancia.
Viajan con pálida
y asustada gente
que no conozco.
El chofer tarde en la noche
toca el timbre.
Helas aquí, las enviaron - dice.
En la caja de cartón sólo naranjas.
Salen solas y se colocan
en la pieza de huéspedes
como por costumbre
abren los cajones y el armario con las perchas.

Cautiva de la escena
difícilmente diferencio la realidad y
el sueño.
Sin embargo,
después de eso, por días
en todo el departamento
entrelazados
mezclan su aroma.



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