miércoles, 8 de febrero de 2017

MAY RIVAS DE LA VEGA [19.928]


May Rivas de la Vega 

(Arequipa, Perú, 1962).
Gestora cultural, poeta y editora. Tiene publicado dos poemarios Con ojos propios en 1996, bajo el Sello Magdala Editora y Si Dios fuera mujer en 2006, bajo el sello AzulVioleta Editores. Su poesía figura en diarios de circulación nacional y revistas de la especialidad de nuestro país y del exterior, así como en diversas antologías. Ha participado en diversos encuentros literarios nacionales e internacionales. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Literatura en esa misma casa de estudios. Hasta 2007 fue encargada del Fondo Editorial del Instituto Nacional de Cultura; posteriormente estuvo desarrollando diversos proyectos ligados a la literatura en el Centro Cultural de España, haciéndose cargo del área de literatura, publicaciones y género. En la actualidad tiene a su cargo la coordinación del área de literatura infantil y juvenil de Ediciones SM.



Menstruum

Cada veintidós días
el alambique biológico
marca de carmín el calendario.
Envuelta en parras ungiré mi cuerpo
que se desangra lentamente y sin control,
veintidós hacen cuatro cuando rozan sus contornos
y copulan uno encima de otro.
Cuatro, número misterioso, perfección del alquimista
en los puntos cardinales, las estaciones,
la trilogía de los cuatro elementos en el Cosmos
y cuatro los ángeles de Éufrates;
cuatro, perfección en la fórmula hallada por Pitágoras
y en el antiguo oráculo de Thot, cuatro veces cuatro.
Dejaré fluir mi centro suavemente
hasta cumplir con el ritual obligado;
el cuarto día llega,
cubierto por castaño mantón
en lomos de una jaca,
me alcanzará la vasija de bronce
para mi ofrenda a la luna
marcando con un aspa reluciente
cada veintidós del calendario.
Alegremente despediré la fiebre
con mi pañuelo de blanco encaje.
Así beberé agua sagrada del ave fénix
Para componer mis partes y volar.




Con ojos propios

Repaso el mundo con ojos propios
recién descorro la cortina
y extiendo los brazos
acariciando suavemente con la punta de mi lengua
el aire que me cubre y se enrosca entre mis piernas
me devuelve íntegra, margarita sin deshojar
a pesar de gaviotas pasajeras
a vuelo raso y continuo
despeinando sutilmente la negra cascada de mis cabellos
con el triple seis de mil pretextos
y la luz rota de mis estrellas bajo el peso del trueno
juegan con los días de tu regreso
con el invierno que llegó desde ayer
y no quiso esperar
que la cama la caliente
el ondear de tu cuerpo sobre el mío
el estallar en planetas y galaxias llenas de vida
el fragor de nuestra batalla
a pesar de los pasos que nos separan tu aliento lejano
persiste
metido hasta en la uñas
y me envuelve en las letras crecidas de tu nombre.




A imagen y semejanza

Soy una mosca atrapada en humo
las velas siguen encendidas convocando tu cuerpo
busco en el abismo de la espalda
lugar para mis ventosas y no resbalar en la memoria;
siempre presente la omnipotencia de tu nombre
último grito de inconciencia
Dios, todo poderoso
recurro a ti ahogada de placer, reclamo más, otra vez,
sigo atrapada en el humo que cruza
y abraza mis alas transparentes.
Dios, tu enorme mano atrapa
oscurece el cielo para apelmazar lo bueno y lo malo de mi alma
así me redimes y ya no soy mala;
Dios, juegas a las damas en mi lomo herido, moldeas figuras;
quítame estas ataduras
si soy a tu imagen y semejanza, sabes
cómo son los oscuros corredores en los que me arrastro y
masturbo.
Tú me entregaste al goce, tú me enseñaste,
ahora libérame,
me cansé de contar los días que me das a cuenta de otros favores
ponerme en el útero una letra equivocada.
No quiero ser la mala broma de este invento;
los que bañan sus cuerpos en torno al árbol,
son ángeles malditos, desalados en esta tierra
lúcidos hasta la desesperación.





El beso de Judas

La muerte pasa su brazo cómplice
me da el beso de Judas, congela mi sorpresa,
por encima de su hombro oteo
la huella de su paso, de costado
orillando el mar, el resquicio de las olas,
ese largo trapo que arrastran sus esbeltas ancas
moja de amargo el llanto del océano adolorido
vomita las entrañas
latiendo calientes, redondas
rompe con su presencia de piel desollada,
se acerca con sonido de trueno
levanta su capa de bailar
levanta la pierna y cae con gracia
danza, me rodea, estira el faldón sobre mis pies
ahora marcados con su signo.





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