miércoles, 15 de febrero de 2017

JUAN CARLOS QUINTERO HERENCIA [19.948]


Juan Carlos Quintero Herencia

Fecha de nacimiento: 1963, Santurce, San Juan, Puerto Rico

Reside en Maryland desde 2001. Ha publicado los libros de poesía: La caja negra (Editorial Isla Negra 1996) "El hilo para el marisco/Cuaderno de los envíos" (2002), Libro del sigiloso (Terranova Editores, 2012) y El cuerpo del milagro (Bokeh, 2016).

Esta colección de poemas de juventud recibió el Premio de Poesía del Pen Club de Puerto Rico de ese mismo año. Ha publicado también dos libros de ensayos críticos: "Fulguración del espacio. Letras e imaginario institucional de la Revolución cubana" (2002) y "La máquina de la salsa. Tránsitos del sabor" (2005). Recibió en 2009 la beca John Simon Guggenheim Memorial Foundation para analizar su estudio  titulado "La escucha transeúnte: Poéticas y políticas en el archipiélago caribeño". El manuscrito del "Libro del sigiloso" recibió en 2006 el premio Creative and Performing Arts (CAPA) de la Universidad de Maryland.



Caballo de Troya

En las profundidades,
donde la zanja frente al Morro
es Medusa negra,
donde el negro se traga al negro,
un enorme pez ciego y
sin escamas
levanta un arco,
aleta membranosa
labia fluorescente

Perdidos por este fulgor tenue,
atraídos por la candelilla,
extendido pene
prensil carboncillo
efectivo lazo
bastón blando nadador,
arpón escondido que es toda luz,
pequeños peces en su boca sucumben

En las profundidades,
el pez desarruga su órgano,
lo pasa sereno
tardo cual melaza
sobre una escultura que tocada ahora
echa a la corriente inmóvil su detritus depositado

De madera desusado
negro otra vez,
sepultado hasta las rodillas
el caballo relincha

En las profundidades del Atlántico,
un pez de los mil demonios
deja caer su sexo basto
sobre el caballo de Troya

Descendiente
tras sus cuartos traseros,
el pez despeja la cola de una sola mordida,
el trazo que las ruedas olvidaran sobre la arena
un oleaje secreto
de cuando en vez
la mar de ocasiones
lo borra y lo escribe,
avanza retrocediendo

Es posible imaginar a los aqueos
suspendidos en aquella marcha,
sin embargo por allí no se los ve

¿Cuál es tu guerra, mijo?
¿Qué has hecho para estar aquí sumergido
y con el mar adentro?
¿Quién te imaginará ahora como el golpe sigiloso de la muerte?
Quién iba a decir que está sería tu mejor batalla,
cara a cara con tu doble vivo
bellaco y terso

En esta lejana balsa,
tumba abierta,
náufrago sin isla,
caballo sin palo,
sordo sin procesión
ni a rebato,
sin bullicio
el caballo de Troya
anuncia en la eternidad un paso
que nunca habrá de dar

En las profundidades,
donde la alharaca nunca ha tenido asiento,
allí: bóveda oscura
bóveda en la bóveda
(paréntesis de titanio negro)
la cabeza los belfos
el copete las crines
la tensión hermosa del cuello,
esperan por siempre lo que ya les pertenece

El pez auspicioso,
primero de su estirpe
aletea violento su velocísima despedida,
una flecha de sombra oscurece la penumbra

Bajo el hongo de las arenas alzadas,
ya sin quites
sin cuerpo,
in-proceloso
un caballo congelado por la tiniebla
no se cansa de esperar

1ero de septiembre de 2010, 18-19 de diciembre de 2012, Córdoba, Argentina y Silver Spring





Siempre Ciempiés

Enemigo tú: Gongolón,
cuando de madera acercas
para que me sirva de asiento
taimado don escalón

Capricho el tuyo: Ciempiés
que malgastas la librea
cuando ojeroso ante libros
se te caen los elepés

En dos patas tambalease Ciempiés,
-ñángotese- dice raudo Gongolón,
-leche, arrocito- pide y aúlla Ciempiés

Nariz que se hunde entre las páginas
se agarra el bulto,
el mismísimo se da lengua

¡Coño! persistencia tuya: Gongolón,
bollo comisura y dragoncilla,
gallerín repesa escudilla,
nada cabe entre nosotros,
nada serpea entre bajeles
echapallá don babeles

Enemigo tú: Gongolón.

18- 19 de diciembre de 2012, Silver Spring





Me tocó vivir

Me tocó vivir en un puente de arena,
mi vida es esta meseta tensada por una liana de mangle y
las manos de mi padre muerto.

Mi vida tiene la consistencia del miasma,
la misma duración,
el mismo descoyuntarse de la era,
los mismos proyectos
enrolados con la consistencia del ajonjolí
y el trombón de Barry Rogers.

Cuando el puente se eleva
lo impulsa un tendón traslúcido,
dardo en metamorfosis,
su condición granular
seca o húmeda
es la misma cosa blanda.

Quién lo duda
por doquier maestros, jefes de agencia,
trabajadores sociales, gestores culturales,
psiquiatras, alcaldesas
abogados, poetas, poEGOS,
neo-patriotas,
charlatanes
cínicos vulgares,
cínicos sofisticados,
cínicos desempleados,
desempleados sinceros,
desempleados cínicos,
cínicos de closet,
closet de cínicos,
profesores sin libros,
libros sin profesores,
perros satos,
perros falderos,
¡oh tiradores de droga
cuánto nos han ayudado!
un litoral asqueroso
entusiasmado con el olor de la brea
todo eso y más
tenemos.

Hay incluso un amanecer olvidado
para siempre por su propia belleza,
el escándalo de su silencio lleno de luz
asediado por el ruido de tantos feligreses,
el silencio vaporoso de las criaturas
que lo vegetan
cercado
por las guturaciones alargadas del sebo de los sexos.

Aletargado por las sombras que ya trepan
me subo a los órganos de mis días,
me toco el cuerpo,
un montículo de arena y espuma,
el regazo de mi madre
apenas.

En la noche pude enfocarme
gracias a los aparatos
a las pantallas
Nítidas, nitidísimas veloces
como un parpadeo,
las quise mucho.
El puente se sumerge conmigo,
en su forma mudo el carapacho.

29 de septiembre y 12 de octubre de 2009, 10 y 30 de marzo de 2014 y 28 de abril de 2015, Silver Spring.





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