sábado, 22 de septiembre de 2012

7891.- CARLOS CONTRAMAESTRE





Carlos Contramaestre
Nacido en Tovar, Estado Mérida VENEZUELA en 1933 - Murió en Caracas, 1996. 
Médico, escritor, pintor y poeta. Perseguido político durante la dictadura de Pérez Jiménez. Miembro y fundador del grupo El Techo de la ballena, autor de la controversial exposición Homenaje a la necrofilia (1962). De su obra poética puede destacarse: Por decreto y por sueños de Maximina Salas (1968), Armando Reverón, el hombre mono (1969), Cabimas-Zamuro (1977), La mudanza del encanto (1979), Escritor experimental, su literatura, sarcástica la mayor de las veces, trata de impugnar un mundo que no puede compartir.





EL TIEMPO

El tiempo es una 
abstracción de arena
ajeno a la memoria
del espejo
Reniega de su pasado
como testigo
de lo efímero de
la vida




I

La segunda muerte me embriaga en
las tabernas olorosas a invierno.
La distancia descalabra las almas,
enmudece las lenguas del destierro
entre los titubeos de las estaciones fraudulentas.
Retorno a las riberas de la soledad,
Virtuosa tañedora de silencios y ecos de la muerte.
Moro en esa copa sardónica,
incienso de la tribu espectral.
Destilo dolores y heridas antiguas
en serpentina de cobre dulce.


II

Ella suele llegar casi siempre desnuda.
Su olor sube sobre mis columnas trágicas
y yo empiezo a soñar rosas
y algunos animales híbridos.
Esa mujer no me pertenece
en este continente ni en la otra vida.


III

Agonizo en tu temblor cotidiano
y la lluvia terminó.
Nadie podía adivinar la rudeza del cielo,
el pavor de seguir casi vivo,
casi aliento para retornar al cosmos.
Necesito la mudez de la alquimia,
el incesto de los Dioses,
la primavera del invierno,
el fuego de la invocación.
Soy ese exorcismo dormido sobre el llanto:
nos une el desastre, el extravío.


IV

Desprenderse del cuerpo
y encontrar la nube marcada
que ocupará el espacio medido
para el amor sin frutos.
Océanos agitados y naufragios decididos.
El jordano transportó la dicha y no lo sabía.
Recordó a su toledana en silencio.
Luego, el arquitecto del lecho académico
lo regó con licores y flores churriguerescas.


V

Mi oficio de basurero
me obliga a buscar mis pergaminos,
mis escombros perfumados.
Y tú eres ese mural
que yo inventé;
tú ese sueño bajo tierra
dulce, silencioso
para el abandono arqueólogo
de amores.


VI

Dos manzanas asustan cuerpos
si son de tierra lejana, como
hijos olvidados,
asuntos de tu vihuela en porfía
y ese sentimiento de astro perdido
que no quiere regresar porque
no hay constelación sin amor,
sin aire.
Canta el alma sorda.
Lo desperdicio todo, hasta un ratón.
Vuelo vegetal sin espejo,
frío para siempre, sin sintaxis,
traspapelando noches, días, encuentros,
amores, doncellas, recuerdos:
ése cuerpo reproduce tu cuerpo,
tus piernas, tu hilo nostálgico.
Insatisfacción. Era otra María, era
otro olfato para la belleza,
otra línea para vivir
y yo era el paraíso, era
río con piedras, con
árboles.


VII

Depende de tu muelle y
tu ojo amoroso.
Vuelvo a las almendras esenciales,
a tu silencio demencial.
Escarbo en tu vulva,
colecciono piedras y licores,
acerco cuerpos, carnes
puberales, inciensos de
ciudad en viaje sin continente.


VIII

El azar del vuelo inventa el lecho
que el jordano transporta
para la novia y es él quien decide
el norte de los besos, el sur
que deslinda el corazón en el tiempo.
El jordano desaparece como fantasma
para labrar la materia
de los sueños y planta árboles
del porvenir en tus sienes.
El anillo de su toledana
es nuestro amuleto.


IX

Tugurios abandonados a la lujuria
de la pobreza.
Azar del que sufre en silencio,
oculto de los dioses.
Niebla pecaminosa susurrando
otro cielo prohibido, alguna
voz de mujer profanada.
Temblor de carburo alabando
los ojos ciegos, la nada del
naufragio, el instinto del árbol
ahogado en savias alcohólicas,
abanicando corazones ramificados
en el duelo.


X

Tengo una constelación
y una mujer desnuda
que brilla como una hoja de higuera.
Amo ese principio que me une
a ese gran ombligo de la noche
donde me embriago de tinieblas.
XI
Espacio ornamentado por mis
gorriones dementes,
con cielos provisionales y
paraíso recién decretado.
Arcillas tranquilas en su
crecimiento para unificar el
latido.
Celebro el encuentro.


XII

El tiempo desnivela mi silencio.
Grito en grieta.
Me escuchas más allá de los trópicos.
Tu ola anticipa naufragios.
Ausencia de navío escarlata que regresa al Caribe.
Me indulto y me inmolo en langostas.
Techos baldíos, cocodrilo celeste, palma sagrada.
El azar-sortilegio implica encuentros,
hallazgos fortuitos.


XIII

Ayer me arrancó
la tormenta unos
árboles que cantaban
melodías antiguas del
universo como eco
armonioso de un caos.
La sangre brotó de
la tierra para alimentar
los muertos sedientos de
vida porque la deja
a medias
…cuando el amor comenzaba.
Esa tormenta desatada
por los dioses oscurecía
mis sueños y no podía
seguir viendo desnudeces
de tu cuerpo iluminado
por los relámpagos.




LOS HIJOS DEL AIRE

A Francisco Bellorín

La maleza invade la casa de los recuerdos
rompe los vitrales primitivos
y desencadena ruidos misteriosos
que vienen del pasado
De pronto el humo asciende de los tejados
y los peces helados
ejecutan sus acrobacias de barbasco y yerbabuena
Tú eres eucalipto aromado sembrado de pájaros
y neblina
que pasa herida sobre los potreros
Alguien guarda la servidumbre de paso
y nos quedamos atrapados entre las cercas
las aguas y el viento quejumbroso por las noches
Alguien muerde la soledad
y los remordimientos pueblan los rincones
las claraboyas improvisadas
dan luz a los ángeles
Y las avispas sobrevuelan temerosas nuestro corazón:
endurecido terrón que ya no siente
El anciano de dedos anquilosados
oculta nuestros dragones en celo
y solo nos deja la ventana herrumbrosa del diluvio
como salvación
Ahora esperamos la señal del eclipse
para que el huerto germine con nuestros besos
y canciones sobre el cielo
            
De: Metal de soles






Tanatorio.  
Trujillo, Venezuela: Gobernación Bolivariana de           
Trujillo; Coordinación Trujillana de Cultura, 2005.  



LA CARNE NO TIENE RUIDO

                   A Felipe Lázaro

La carne no tiene ruido
                                      apenas rastros de la memoria
Tanatorio ardiente dentro de mi cráneo
pasado vivo en la ceniza de los cielos
que evoca al padre con sus disfraces anudados
         y su poker de ases en los dedos de brandy 
El tiempo crema muros
                                      refleja la cal del suicida
restituye tahúres
con sus loros adivinatorios
aturdidos en su ruleta cósmica
Casas de silencio trascendido
                                      Lluvia mustia sobre los fonsarios
Escucho su voz húmeda
                                      acariciando sus huesos dúctiles
         el ornamento de las flores blancas
                                               adormecidas con su aliento
Olvido
         entre el grano de la arena original
                                               del cuerpo
         que estrecha la arquitectura de su jaula ósea
                   donde el alma canta como un
                            cisne helado
La distancia magnética acerca las partículas del Universo
según las leyes del amor
         Pájaro desierto horadando el corazón de la piedra
                                      la calavera amada
                                               que sueña tinieblas
y nos hace morir a cada instante
         ya nada será más latido
ni linfa secreta
                            en nuestros meandros interiores
Eternidad cruzada
                            por un colibrí nervioso 
                            que aletea sobre el mármol





UNIVERSO PURO

El amor es un problema de cielo y tierra
         espacio de carne imaginativa y dolorosa
                            sufriente
         ¿Dónde están los contrarios
                   que no se encuentran
                   los extraños que no se extrañan?
Soledades que invocan soledades
         eje de ternura
                                      Universo Puro
La Muerte
                                      ruptura con el cosmos
         desplome del Tiempo
         soledad que no besa
                   rumor vuelto carne imposible






MATERIA DE OLVIDO

Muerte infinita
                   febrilmente escarba
bajo el ornamento de piedra
Escudo rígido
                   del Tiempo rastreando
el vuelo del ánima plateresca
                   Ángel aniquilado en suspiro
                            y ala dormida
Piedra ensimismada
                            grieta en el espejo del difunto
Derrumbe y vigilia en la estrella
                   cuerpos deshabitados
                            vomitando demonios
                   Pesadumbre del cielo
Mortaja de los días


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