lunes, 13 de diciembre de 2010

2451.- ANDRÉS FISHER


Andrés Fisher nace en 1963 en Washington D.C., de padres chilenos. Crece en Viña del Mar y en 1988 se recibe de médico en Valparaíso. Desde 1990 vive en España y en 1997 se doctora en sociología en Madrid con una tesis crítica a la prohibición de las drogas. Paralelamente integra el colectivo Delta Nueve con Benito del Pliego y Pedro Núñez. En este contexto se publica su libro Composiciones, Escenas y Estructuras (Madrid, Delta Nueve, 1997) al que le seguirá Hielo (Valencia, Germanía, 2000), por el que recibe el premio Gabriel Celaya. En 2004 comienza a enseñar en los departamentos de Literatura Extranjera y Sociología de Appalachian State University en Boone, Carolina del Norte, donde se establece en 2006.




CASTILLA XIII

I

Se extienden los olivos en el sur de Castilla,


II

y los viñedos, ocupando mucha tierra en las comarcas.

III

Los mismos castillos se alzan en las cresterías,

IV

ocupadas ahora también por los blancos molinos de metal.






LOS POEMAS DEL HIELO IV

I


Aun existe el ocaso en los espejos retrovisores.

II

Delante, la luna se alza sobre un cielo azul oscuro.

III

Es el mismo vehículo el que rueda por la autopista y la carretera comarcal.

IV

Y el que conduce, a bordo del coche y de sí mismo.








DESCRIPCIONES

II. (176 Stewart Simmons rd. Triplett, North Carolina)

Dos caballos overos en su pradera muy verde. Sobre la loma, un pequeño cementerio rural. Una bandera y las gallinas.

Los gatos toman el sol en la terraza de madera. El pasto esplendente esta lleno de sus desplazamientos. Pasados y futuros. Invisibles.

La mujer trabaja en el jardín. Tras ella los caballos enloquecen galopando y en cabriolas. Bajo el mismo cielo azul grisáceo. (A Teresa)

Van cambiando las sombras del sol sobre la hierba. Con el crecer de las hojas y su caída de los árboles. Las gallinas a su modo, también cumplen con los ciclos.

Flores amarillas salen del pasto recién cortado. También blancas y violetas. Tres árboles, los arbustos y el arroyo.

Cae la lluvia y en vez de apagar el verde lo enciende aun más. Como lo hace con el gris. El del cielo y del asfalto.

Resplandece el verde de la pradera, de la loma y del jardín. El del bosque aun es incipiente. Los caballos y las gallinas del otro lado del arroyo. Los gatos y la niña de éste.

La pequeña casa roja y el delgado camino de asfalto solo resaltan el resplandor de la marea de pasto verde. Que lo cubre todo, incluso las palabras.

Amanece tras noche de lluvia. La bruma apenas deja ver a los caballos, que pastan en la pradera.

Desde el arroyo la casa es una bandera tricolor. El pasto verde, la casa roja, el cielo azul.

El verde cubre las comarcas. El verde de la hierba, del bosque y los arbustos. Entre medio y a los lados del camino. Que es un surco entre el verde que lo envuelve.

En la terraza de madera, bajo el gran árbol de flores blancas, la poesía de los maestros resplandece.

Arboles y arbustos en flor. La hierba húmeda brillando y haciendo brillar el gris de asfalto y cielo. Banderas de color en primavera.

Declina el sol y hace aun mas intenso el color de las flores. Un momento efímero pero fuerte. Como el de los caballos, galopando tras los ciervos.

La casa roja, el árbol blanco, el arbusto amarillo. El galgo aun cojo, vuela sobre la hierba.

La gata cruza el prado hasta el arroyo. Bebe allí agua curativa. Entra luego a la pradera de los caballos. Se miran con la yegua, las cabezas a medio metro de distancia. (A la gata Begoña)













castilla



I

Murallas. Las murallas, piedra sobre piedra, como surgidas de la nada. Delimitando un espacio físico y mental. Delimitando, piedra sobre piedra, la meseta y la palabra.

II

Un día las murallas poblaron estos páramos y, piedra sobre piedra, construyeron lo real. También un dios de piedra construyeron y su discurso y su credo.

III

El mismo sol de Castilla aún ilumina estas murallas fragmentadas que, piedra sobre piedra, hablan con elocuencia dibujando al hombre que las construía, al dios que gobernaba.

IV

Murallas. Piedra sobre piedra esculpiendo el tiempo. Inscribiendo su signo en la meseta. Circundadas por el mismo trigo: por la palabra, que peregrina. Por el sol, que permanece







castilla III (*)

I

Un crucifijo de piedra sobre las lomas del trigo.


II

Apenas si crecen árboles en el llano.


III

Coches en las carreteras comarcales que cruzan los campos de Castilla.

___________

(*) A Antonio Machado









la noche americana



I

Un día los vestigios fueron carne. Entre los restos de hierro y hormigón la energía fluía como un gran dinamo de cables centellantes. Nubes de humo supernatural emergían de las fábricas que no se detenían, tenaces en su pulso incesante.

II

Cables que danzan electrizados. Individuos que danzan sobrexpuestos de electricidad cerebral. Escenas de humo coronando ciudades. Motores que se desvanecen como la carne que un día abandonará al hierro dando origen al vestigio.

III

Los restos de humo hoy tienen carne. Electricidad en los cables, en la tenacidad de los motores pero a la distancia, en la noche de asfalto y humo se puede entrever el esqueleto: la majestad de unos espectros de hierro.









los poemas del hielo I



I

El horizonte delante y también detrás, en los espejos retrovisores:
figuras geométricas formadas por sombras sobre el asfalto delimitando áreas de sentido.

II

El día aconteciendo en la mirada del que viaja:
en su transcurso, un rostro disolviendo sus rasgos hasta hacerse parte del asfalto.

III

No solo aviones cruzan el cielo del que conduce:
también lo hacen grúas y farolas; puentes, señales y vehículos sobre ellos.

IV

Áreas de sentido pintadas sobre el asfalto:
trazados amarillos las expresan y gobiernan una vida.

V

El horizonte fragmentado por el trazado autoviario:
El brillo del son en cada una de las piedras aglutinadas sobre el asfalto.

VI

La superposición de sombras y trazados:
Las señales grandes y azules entre el horizonte y los espejos retrovisores.








variaciones sobre un poema de joao cabral de melo neto:
ríos sin discurso o el dis-curso de los ríos



I

El discurso de un río: su flujo de agua y palabra en situación discursiva.

La interrupción del flujo; el agua rota en pedazos y la palabra estática, en situación diccionaria.

II

La palabra y la corriente estancadas; espejos de sí mismas ante la interrupción del caudal discursivo.

La sintaxis rota de un río: su caudal desmembrado, su léxico agonizante.

III

El dis-curso de un río; la deconstrucción de agua y vocablos que componen su flujo.

Una riada que reata o reúne: la imposición interina de otro lenguaje que reestablece el discurso.

IV

Hilos de agua que se hacen frases: trama de locuciones que reconducen al discurso original del río;

Léxico de sí mismo: vocablo, oración, lenguaje caudaloso de agua discursiva.








variaciones de un poema de juan carlos mestre:
elogio de la palabra (pronunciada ante el vacío)



I

Una multitud que no existe contempla a la palabra y su evolución ante el vacío.

II

Palabra ardiendo en el fuego de otro cuerpo: bajo la mirada de un dios al que otorga la existencia.

III

La palabra: ballesta de sí misma ante la mirada del pájaro; lingüista que vuela a ambos lados de la muerte.

IV

Testamento de lo nombrado: la materia de la palabra y su sonido; espacio abierto entre el deseo y la memoria.








haiku


LVIII



¿Qué seré para
la mosca que se posa
sobre mi libro?



LVI


Leo el sutra del
Diamante: Jack Kerouac es
mi Boddhisattva.



XXIX


La luna llena
resplandece en la nieve:
pinos y estrellas.



VI

Un dedo roto:
perdido entre los montes,
el brezo araña.



LXIX


El gato duerme
en mi pecho: su corazón
junto al mío.



LXIII


Uno de enero:
los niños desnudos se
bañan en el mar.



LXV


Corro en la nieve:
la lluvia helada cae
sobre mis huellas.



XLIX


El perro negro y
la vaca negra juegan
junto al arroyo.


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