martes, 7 de diciembre de 2010

2366.- ANDITYAS SOARES DE MOURA


Andityas Soares de Moura (Barbacena – Brasil, 1979). Poeta, abogado y profesor universitario. Ha publicado Ofuscações (1997), Lentus in umbra (2001) y OS enCANTOS (2003). Lentus in umbra fue traducido al castellano y publicado en 2002 (España, Ediciones Trea). Ha traducido al portugués, y están en curso de edición, obras de Juan Gelman, Rosalía de Castro y poemas eróticos del Renacimiento francés. Los poemas publicados en el presente número de Arquitrave han sido traducidos por Francisco Álvarez Velasco.





Receta d´amore

Tú eres la monja,
la solitaria,
la inconsolable.
Maestra de
lontananza, tu
espesa cabellera
ya sofocó los sones
de la guitarra. En el tedio
inmenso de las uñas
conservas, sin embargo,
la memoria.

Sin perfil para
reconocer, cada
paso es una conformación
de la carne que me
aterra:
el bajo vientre nace
y es un rostro
muy muy
triste.

Los muslos, ellos se alzan
por todo el cuerpo,
moldeando el
símbolo imperfecto
de un incesante
sumergir. Y así
tu visión oblicua
enternece y
hace plañir
campanas a lo lejos.

Sutil como eres, monja,
jamás te olvidarías
de la donación completa
en las colchas verdes
de otras auroras.

Y yo, nada entendiendo, te
susurraba cosas
al oído:

«– sobre todo, deseo tu
pie, hasta el punto de apasionarme
sin remedio.»

Pronto, fue precisa apenas
una cochinada para que me
permitieses dos lamidas.

Desperté con gusto de fresa en la boca.










Tango

Limpia nuestros
cabellos:
hay tiempo
todavía
sabe,
cada espino
ya nace
equivocado
y cuando ansiabas
cosas dispares
alguna cosa se
retorcía
de placer
dejaste
de decir
las tonterías
habituales
en lo oculto de la
alcoba
menores eran tus
preocupaciones
porque ya no dudabas
todo lo que
recrudeció
se afirmó:
cristal.









La cubierta del criterio

Mujeres de plástico
es lo que necesitamos

con los dedos de plástico
oloroso transparente (vítreo) lustroso (vinílico) virgen
pisarían las
calles habría delirio frenesí
ruptura.




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EL MURO ENCALADO

Había un muro
encalado donde todos
los muchachos podían
esconder las frutas verdes, robadas

Después, el gobierno provincial
decidió llamarlo «el paredón»
y ningún muchacho pudo usarlo
como escondrijo, el triste
muro acribillado
de balas

Sin embargo, en todas las décadas
de terror ni siquiera una gota
roja manchó aquella cal

ni siquiera una gota pequeña;





Del libro Lentus in Umbra
Traducción castellana de Francisco Álvarez Velasco
Ediciones Trea , 2002

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