miércoles, 1 de diciembre de 2010

ANDRÉS SABELLA GÁLVEZ [2.214]


Andrés Sabella Gálvez 

(Nació en Antofagasta, Chile 13 de diciembre de 1912 y murió en Iquique, Chile 26 de agosto de 1989) fue un poeta, escritor, periodista y dibujante chileno.

Nació en Antofagasta, hijo de Andrés Sabella Signora y Carmela Gálvez, de origen palestino y chileno respectivamente. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio San Luis de Antofagasta. Posteriormente se traslada a Santiago donde entra a la facultad de derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Sin embargo, sus estudios se ven interrumpidos y los continúa en la Universidad de Chile, donde tampoco logra finalizarlos.

En 1944 publicó su obra más conocida, la novela Norte Grande. Se le atribuye además la creación del nombre con que es conocido el territorio que comprenden las regiones de Tarapacá y Antofagasta.

En 1967, junto a Nicolás Velasco del Campo, creó la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte. Recibió el grado Doctor Honoris Causa de la universidad en 1977, donde había ejercido con anterioridad como docente. Fue además miembro de la Academia Chilena de la Lengua desde 1978.

El Liceo Andrés Sabella de Antofagasta fue nombrado en su honor.

Obras

Rumbo indeciso (1930)
La mugre (1934)
Vecindario de palomas (1941)
Norte Grande (1944)
Chile, fértil provincia (1945)
Martín Gala (1952)
El caballo en mi mano (1953)
Canciones para que el mar juegue con nosotros (1964)
Un niño más el mar (1972)
Célula Cristo. Sobre La Biblia Un Pan Duro. La Estrella Del Hombre. (1972)



"CARAVANA DE COBIJA"

La estrella de los cateos
entra en las manos de Coca
Dice José Santos Ossa:
¡Deme el diablo un derrotero!
Pálido el indio hasta el hueso
Donde Dios, sombrío, llora,
Persigna su frente angosta:

¡ No somos hijos de perro...!

Y con negrísimo seño:
¡A usted el Santos le sobra...!

Ríe el patrón y en sus botas
Fragua el polvo de un vago enredo.
Hermenegildo, sin gestos
Seguro en su diestra toma
Oscura tierra y la sopla
Sobre el rostro del misterio:
Ahora sólo esperemos
lo que nos triga la aurora...
Mordiendo luna entre lomas,
Las mulas caen al sueño.
El saco frío del cielo
De vetas puras se corta,
¡si pudiera Santos Ossa
volcarlo en su campamento!




"VISPERAS DEL DESCUBRIMIENTO
DEL MINERAL DE CARACOLES"

Sobre las huellas en fuga

transpira la caravana,
donde "El Cangalla" es palanca
con sol de mando en las puntas.
La ambición hunde en las nucas

la espina de una palabra :
-¡Plata, plata, plata, plata!
Y el azar casi relumbra.
Aunque las ruedas reculan
Y las mulas se desmayan,
ciega de horror y distancia,
nadie se queja ni asusta.
Contra el vértigo y la puna,
contra la sed disfrazada,
caminan los del "Cangalla":
¡hasta el aire aceza y suda!
El cateador les adula,
palmoteando su esperanza:
Ya tendremos en la cama

desnudita a la fortuna!
Más que leyes y escrituras
vale José Díaz Gana.
¡Por él los hombres trabajan,
haciendo al tiempo una burla!




"EL QUISCO"

CANDELABRO del viento,
silencioso ermitaño,
tus agujas de antaño
enceguecen al tiempo,
Entre el ¡ay! De los cerros
es tu verde un engaño;
lo mantiene en su daño
el furor de los muertos.
Barbas tiesas de tedio,
las del liquen huraño,
te revisten de paño
de sandalias de espectro,
¡ Quisco heroico y reseco,
increíble peldaño
de la escala del año
sostenida en un hueso!



"HIMNO EN LA CORDILLERA DE LA COSTA"

¡ La piedra ¡ yo quiero cantar la piedra:
¡ oh, madre oscura, mía, repartida!
Cuando mi amor la toma y acaricia,
en la mano me queda, pura y tibia,
la forma tenebrosa de la Tierra.
La piedra es flor dormida en su tristeza,
espuma de la Muerte, grave harina
Tal vez la piedra sea una sonrisa:
la del silencio puesto de rodillas,
levadura de rabias y osamentas.
La piedra en cuajos, como fruta seca,
o en multitud de inmóvil fantasía,
recuerda al hombre su raíz marchita:
¡ ella – la piedra – mendicante o cima,
siempre es una más allá de sementeras!



"DIBUJOS ELEMENTALES"

Alcatraz: tosco abanico
para la mar en letargo.
Tres gotas de sol amargo
en el triángulo del pico.



MUELLE EN DESARME

Solo cabe un cargamento
en tal llagada madera:
lingotes de sol y viento
y algún pájaro de seda



TOCOPILLA, (medianoche)

En las mejillas del mar:
la peca de algunos botes.
Entra la luna en un bar,
pidiendo besos de azote



"EL CHICHERO"

A Manuel Durán Díaz

SILVERIO Lazo, "El Chichero",
Mitad gaviota y navaja,
ante nadie se rebaja
con su cuchillo minero.
Por donde pasa altanero
vida se desencaja,
porque a Silverio no ataja
ninguna mueca de acero.
De Tocopilla, "El Chichero"
trajo su corvo y su faja.
Trajo, también, la baraja
madrina de su dinero.
Rojo varón pendenciero
a la sangre da ventaja:
¡ninguna mano trabaja,
matando con tanto esmero!
Dice el mejor coracero,
un indio de vista baja:
-Para Lazo no hay mortaja....
¡El diablo es su compañero!



"DÉCIMAS"

Compuesto por el poeta popular Juan Cerro
Durante la Ocupación de Antofagasta

I

El Catorce de Febrero
del bravo Setenta y Nueve,

aquí, donde nunca llueve,
hubo truenos y aguacero.
(Era el cielo una guerrera).
La cueca puso un halago
de lunas oliendo a mosto.
Ningún gaznate fue angoto,
¡hasta el mar pidió su trago!
(El sol cavó una trinchera.)


II

De sus puños de breñal
Irene sacó la guerra.
Cantaba, ardiendo, la tierra.
Fue la esperanza un puñal.
(Rugía cerca el nitrato.)
La Morales a la tropa
dijo, besando un fusil:

         La patria no es un cubil

de soldaditos de estopa....
(¡Por Chile tomo y combato!)


III

Emilio Sotomayor
con doscientos rotos pillos
hizo un arco de cuchillos
para el noble tricolor.
(El viento sembró tonadas.)
Un niño fino y moreno,
robándose yodo y venda
al coronel le encomienda:

¡Por si hieren a un chileno...!

Llora(n, de honor, las espadas.)

.


LA PORTADA

¡ Oh, misteriosa llaga del azar,
donde la luz dialoga con el viento;
arco de soledad cuyo lamento
empalidece la razón del mar!
Ojo del Tiempo, duro colmenar,
flor de enigmas labrada en sufrimiento,
las mareas te nombran monumento:
el sol en tu vacío va a llorar.
De turbio acantilado te contemplo,
ave sonámbula, boca de templo,
garra volcada sobre las gaviotas
Si he de morir en tu heredad, yo quiero
tu sombra de fantástico velero
para mortaja de mis cales rotas!




MADRIGAL PARA CANTAR ACOMPAÑANDOSE DE
SARTENES"

En la tu carne rosada

de castísima señora
fulge, ¡oh, límpida albacora !,
luz de salar y alborada.

Fragante dama enlutada,
un joven sol condecora
la planicie de tu eslora,
con guiños de joya alada.

Ciega manejas tu espalda,
donde la muerte labora ;
y eres tranquila pastora
de la luna de esta rada.




DOMINGO EN LA BAHIA DE NUESTRA SEÑORA

A Nibaldo Mardones Bascuñan y Juan Luis Aguilera

Del opaco gemir de sus gaviotas
cae a Taltal la tarde forastera.
Taltal es una historia de madera
donde el tiempo olvidó sus viejas botas.
Una luz de venturas ya remotas
le entristece la sangre calichera:
se acuna el oro en una calavera...
¡En qué asfixias de horror, Taltal, te agotas!
Por el perdido brazo de Montero,
el de tus rotos floreció bravío:
labrada fuiste en corazón humano.
De las alhajas de tu mar sereno
hasta los cerros de mentón sombrío,
"El Manco" siembra el rayo de su mano!



OBRERO DEL SALITRE

En ti ruge la sangre como un río
donde el sol restregara su cabeza.
Tu puño es una flor de fortaleza.
Da a las piedras tu pecho el señorío.
El espejismo eras con tu brío
y del viento recoges tu destreza.
Si quisiese la tierra otra corteza
Sólo tu piel sirviera a su albedrío.
Establece tu espalda nueva rampa:
allá la luz su médula difunde,
y te penetra y dora el esqueleto.
Un rajo fecundo, ávido y secreto
te prolonga la frente y la confunde
con la huella más tibia de la pampa.




FUNDACION DE ANTOFAGASTA

ENTONCES,
el mar
devoraba su ración de soledad.
En la costa
hablaban las arenas,
con su lengua de tiempo.
Se escuchaba el jadeo del sol
fatigado por los días.
Dulcemente,

la tierra le creaba un nido

en medio de sus llagas.
Todavía el hombre no inventaba las huellas

donde llora la sed,
todavía la piedra crecía desde el tiempo.
La sombra de las nubes adelgazaba el cielo.
Reían las aguas.

Juan López – El Chango-
mojó su corazón en estas olas
que el viento deshojaba.
Desolados,
los terrales corrían por su frente.
Las gaviotas comenzaron a besarle.
Armó una carpa
en cuya puerta se detuvo el sol.
Llegaba a disputar al cobre sus enigmas,
a sembrar calles
y acomodar la tarde a sus ventanas.
Aquí, la primera esquina
dialogaría con la luna
y la primera parturienta
sería el primer jardín de la caleta.
Aquí, los niños
equivocarían el patio de sus casas,
jugando a los pies del horizonte.
Un ancla saltaría a las estrellas,
los vapores descargarían la distancia en esta rada.
le traerían hombres con el azar entre los dientes.
Aquí, pianos y locomotoras
cruzarían la noche con sus cantos,
la muerte y la cuchilla danzarían abrazadas.
Aquí,
los cerros
y las algas
formarían su familia
Juan López tocó la tierra victoriosa de sal.
Le llamaron las vetas.
Juan López
Levantó sus brazos:
¡una pala y un remo!




Los volantines

También jugué yo con volantines:
aprovechaba el viento del mar, en una playa donde las gaviotas raspaban sus alas
para mantenerla blanquita y acogedora…

Contra un cielo límpido, donde jamás gruñía el invierno, garabateaban mis
volantines sus caprichos.

El mar hacía coro a mis gritos: era mi compañero de guardapolvo azulejo.

Yo creía poseer infinitos corazones. Y, cuando encumbraba un volantín, pensaba,
seriamente, que uno de mis corazones salía de paseo por el cielo. 



Edicto en la plaza de trapala

Baje la nube por la escalera,
¡baje ligera!
Póngase el congrio sombrero y guante,
¡oh, qué elegante!
El río quede como pulsera
De la palmera;
Y entre las patas de un elefante,
La luna cante.
Suene la cola de las ardillas,
dancen las sillas,
trine la rana.
Dentro del bosque de un viejo cuento,
Se casa el Viento
Con la Campana. 



Ojo de gaviota

Pequeña perla del viento,
el ojo de la gaviota
podría ser una gota
De firmamento 



Sarao de bienvenida a un niño

Entra el faisán al castillo
De mi tía Juana Rana.
Con la noche en el bolsillo
Entra, también, la faisana.
Apenas comienza el grillo
a tocar una pavana,
en un vértigo amarillo
bailan faisán y faisana. 



A Juan López

Eras hombre del mar y de las huellas,
Juan Halcón, Juan en vértigo de tierras.
Hablabas con los peces y las piedras,
cateador de mares y de vetas.
Viento arriba llegaste con tus velas,
del mar llegaste y te ganó la arena.
De viento y soledad fue tu vivienda,
el sol se refugiaba en tu cabeza.
Esta ciudad nació de tu miseria:
ni el cobre ni el guanay dieron la hacienda.
Sacaste del harapo la bandera;
de ti, la luz de la aventura nueva!
Antofagasta es sólo una herramienta:
todavía Juan López la gobierna.
_____________________
De: Hombre de cuatro rumbos. Antología del Norte Grande. Editorial Nascimiento. Santiago 1978. pp 120. 




El norte de Chile

Aquí la tierra vive dentro de su propia sombra,
vive en equilibrio de inmensidad,
mirándose en larguísima vigilia.
Es la tierra donde la piedra habla a las piedras,
donde un coro de piedras
va de sí hasta lo infinito.
Despertando la desolación de las arenas,
rozando el hombro de los quiscos,
el viento vuela con el cielo a su espalda.
El viento pampino,
correo de los mineros
que gritan su esperanza al oído del azar.
¡Patria salitral, patria del cobre anegado en su misma sangre!
No busques un rostro para colocarlo a la estatua rota de los tiempos:
¡allí lo tienes!
Furiosamente, el sol toca sus labios. La distancia es su cabello.
Un día, la sed soñó un juguete: nació el espejismo.
Otro, un cateador acarició la altura: nacieron los pimientos...
Los "rotos" lo fundaron en sudores,
caminando su misterio.
____________________
De Hombre de cuatro rumbos. Antología del Norte Grande. Editorial Nascimiento. Santiago 1978. pp 119. 



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