miércoles, 1 de diciembre de 2010

SEBASTIÁN ASTORGA [2.209] Poeta de Chile



SEBASTIÁN ASTORGA 



(Santiago, 1980). Psicólogo, músico y poeta. Ha publicado en la revista independiente El Pasquín (2001), en la antología “Obras completas de diez poetas jóvenes” del grupo El Parralino (2003), en la revista Suácate Suácate con pacientes del Hospital psiquiátrico H. Horwitz. (2003). El 2005 viaja con el poemario “De las cañerías de Japón” edición independiente, ilimitada e itinerante (Quito, Belem, Córdova). Hoy prepara la publicación de su último poemario “Diario en Pena”. El año 2002 es becario de la Fundación Pablo Neruda. Como músico ha editado los discos “niñobien 5 hits” (2001), “niñobien vol. 2” (2005) y la banda sonora de la película Quitapenas (2005). Hoy prepara el primer disco de su banda Puta Marlon y participa del colectivo de acción cultural Pulpo. La siguiente selección muestra algunos poemas nuevos y otros de Diario en Pena.



33 muertos
345 heridos hasta ahora
tragedia en Londres
la gente pone bombas en las calles
me entero de esto yendo a la exposición de arte catalán
tu me has dicho hace muy poco
que te quedas más tiempo con los catalanes
(lejos).

Escribo desde el fin de América del Sur
cerca de la Antártida
que hoy por hoy ataca Stgo.

Cuídate por favor.


**


Tomo un vaso de vino mientras podo las plantas
atardece y escucho a los Beatles
debería ser un hombre feliz.



**


En Sta. María con Pío Nono
hay un afiche de una morena chascona
suda y toma coca-cola
y a mí me dan ganas de comprar una
cada vez que la veo.


**


Tomábamos unos vinos en la puerta de calle
mirando el mar
Felipe y su hija dormían ya
todo estaba un poco trizado – pensábamos –
y habían algunas estrellas en la noche
y un barco quieto en la bahía.



**


Una chinita se posó en mi libro
que hablaba de la ternura de
una pareja pobre en las orillas
de un río egipcio.

La soplé instintivamente
y voló chocando contra
los asientos y ventanas
de la micro.

Diario en Pena




Año nuevo

Un departamento lleno
de la tristeza
de las cajas listas
para irse es lo que queda

He llegado con resaca a las últimas fiestas

Se viene un año nuevo:

no quiero morir atropellado
ni quemado por un fuego artificial.



**



Me manda fotos de Europa
sin ninguna estatua de la libertad de fondo
como si uno fuera de piedra.



**



Valparaíso se convierte en una llaga abierta en la distancia
necesito el abrazo en el diluvio.



**



Soñé que nadábamos a la Argentina
al lugar donde se van a aparear las ballenas.

Yo en la soledad, así
tú en la soledad, quién sabe cómo
lejos de casa
en el descaro de una nueva despedida.



**



sábado 19

Soy el que te tapaba
con lo que hubiera a mano
en tiempos de frío
para que no despertaras.

Tal vez nada especial
cosa de cualquiera
pero lo hacía con amor
como cuidando un tesoro.



**



La música es triste
la tinta que sale del lápiz es triste
la palabra triste es triste
el papel es triste
el cuaderno
la ampolleta que ilumina más de la cuenta
la mesita con el vaso de agua
los libros apoyados entre sí son como
personas tristes apoyadas entre sí
el muro blanco es triste
la ropa colgada acongoja
es triste mirar la cama
saber que espera
el triste repertorio
de intentar cerrar los ojos
del cráneo.



**



Circularmente

Sé que tiene que estar
y no está
como vueltas a la manzana.



**



lunes 21

Despierto temprano.
La luz entra apenas.
Costó dormir.
Fui a orinar más de la cuenta.
Cuesta despertar.
Está nublado afuera y dentro de la pieza.



**



Como en una sala de espera
de espera los días.



**



jueves 24

Es feriado
y la gente tiene planes.



**



“Nos hace falta un país, aunque solo fuera por el placer de abandonarlo”

C. Pavese.

jueves 31

Siempre he pensado
que si el mundo no fuera redondo
vería el infinito.



**



extraño

el mar de ropa desordenada
donde caminar descalzo sin frío

la sal dulce de las lágrimas

los restos de tu pelo como migas de pan al encuentro

respirarte cuando duermes

el sonido de la puerta de llegada

el desayuno en la mañana

nuestro chocolate de 100 pesos de postre
el que chupábamos para que durara
y sentirse millonario, y científico

la teleserie, la siesta después del almuerzo

tu llamada al sueño cuando yo estaba perdido
dormir sobre tu pecho
y que tu, aplastada
me hicieras cariño.

* Selección de Gabriel Zanetti






SEBASTIÁN ASTORGA: PARANÁ (CUNETA, 2015). 
TEXTOS DE PRESENTACIÓN DE JOSÉ KOZER, ANDRÉS FLORIT Y NICOLÁS LETELIER + SELECCIÓN DE POEMAS
Publicado por Revista Lecturas 

Entre las formas del vapor, Paraná
Por José Kozer

Entrar en este libro de Sebastián Astorga es entrar en la búsqueda sutil de la no dualidad. El intento es a la vez vital y poético: funciona como poesía escueta, de impecable sobriedad (sin desperdicio) y a la vez como brío de vida donde, en un mundo como el actual, se pone de lado, sin negarlo, lo virtual.
Desde el primer texto del libro nos encontramos con este sistema mental y su claridad: se expone desde la presencia de una invisible mas palpable diagonal que une dos mundos en apariencia diversos: un mundo presente, cercano, con su “ajetreo de establos, los caballos de noche” y otro astral, intimación de trascendencia, lejano, que en apariencia se nos escapa: la escritura, sin embargo, está ahí justo para retener ese otro mundo también, de modo que cercanía es lejanía y lejanía cercanía, la mano amanuense y la mente poética entienden que trascendencia es presencia y lo presente, por ínfimo que sea, es siempre trascendencia, de manera que acabamos entrando en una zona mágica donde “la montaña cambia de lugar.”
Así, la diagonal, en cuanto geometría objetiva la relación, la pone de manifiesto a través de un lenguaje prístino, en cierta medida risueño por simpático, y que sin embargo cuaja en cuanto incertidumbre, búsqueda precisa dentro de una vital y real imprecisión, intentando por encima de todo romper con la dualidad, hacer de lo diverso una verdadera unidad que no descarta esa diversidad sino que la resuelve, más que filosófica, poéticamente. Mas, para que esa unidad aparezca y no sea puro truco ni truculencia, no padezca de irrealidad, hace falta un intermediario, un punto de confluencia de mundos en apariencia ajenos, que permita acercar a lo lejano y alejar a lo cercano, en continuo estado de flujo, en sobria oscilación que reúne lo desunido, rompe el doloroso circo y ciclo y turbulencia de la dualidad.
La unidad se logra mediante la puesta en escena de dos realidades, que el libro de poemas de Sebastián Astorga una y otra vez, de diversos modos poéticos, con base a una fuerte imaginación joven y moderna, que no por joven ni moderna deja de ser ancestral, pone de manifiesto: por un lado contamos desde el principio del libro con un apoyo vívido (pese a su sencillez, profundo) que es el del cuerpo que se afirma y confirma en una cerca, y otro por igual vívido y profundo, que es el del cuerpo astral apoyándose ahora en el acto de la contemplación (desde la cerca) que reunirá, rompiendo con la dualidad, ambas realidades.
Todo el libro es un variar poético de estos mundos, siempre desde un reconocimiento de lo actual, visto con ojo claro en cuanto realidad concreta que contiene un barrio, un par de ciudades, hechos y recuerdos, pocos personajes, algunos animales, y desde fuera, un afuera que es adentro, una sabia sonrisa joven que reconoce lo efímero de todo lo humano, y que lo pone de manifiesto no para consolar ni consolarse sino para cantar. Astorga busca cantar. Y canta con su sentido de realidad, su poesía de línea transparente chilena, su búsqueda universal que no descarta nada, ni nada rige, ya que la función del canto no estriba en mandar sino que es inmanencia, hecho incontrovertible que arranca, acaba, se esfuma.
Hay gatos, así, por un lado; y por otro (la Otra Orilla del Sutra del Corazón) está Jano (José en medio, con su nombre común y corriente, delante del computador a la caza de empleo): por un lado tenemos a un gato manchado de naranja, y una tetera eléctrica (¿guitarra eléctrica en ciernes?) en medio, de nuevo, música de los sesenta, y por otro lado, una puerta de entrada, a la casa vecinal, claro está, pero asimismo a la casa de trascendencia que nos aguarda, quizás, donde Jano es ahora jana, que en hebreo implica la dádiva que es Dios.
Así, por igual, a un lado aparece Stgo. Centro y la calle Monjitas, y por otro, película, música pop, referencia socio-política, aparecen los pantanos de Sudáfrica. Aquí el auto, allá el mar (audible). Y en medio, siempre algo en medio buscando la unidad, intentado reunir y sintetizar: siempre algo que busca acercar lo lejano y, rompiendo con la dualidad, alcanzar ese estado de gracia que es el Uno, la quietud de la unión espiritual. Especie de wu–wei (no acción, inactividad) que puede verse, por ejemplo, cuando el poeta nos dice que “no articulamos palabra/ no fumamos/ no bebemos”. Sistema oriental de percepción, si se quiere (hay poemas donde se practica yoga, hay poemas que funcionan como un haiku, y hay un momento en que buda aparece como estatuilla en “mi computador”) y que puede aludir al tiempo cíclico de los hindúes, del budismo Zen (“pronto volveremos a lo mismo”).
Sebastián Astorga nos entrega un hermoso libro de poemas, libro que no soslaya el vivir cotidiano, a veces harapo vivo, otras belleza de ciruelo en flor, mas siempre, sea harapo o flor, belleza luminosa. Libro logrado y preparatorio de libros futuros que presagio harán de Sebastián Astorga con el transcurso del tiempo, sea linear o cíclico, un poeta con el que habrá que contar. Esperanza latinoamericana, expectativa del ojo que aguarda a fin de entender, como ya entiende aquí el poeta, que “La música no ocupa lugar” y que la sabiduría poética y espiritual, para no ser precaria, exige ruptura de dualidad, presencia de quietud en unidad, una unidad en la que el poeta nos dice: “Pierdo la conciencia entre las formas del vapor.”


Marcianos especiales
Texto de presentación de Paraná, leído el 8 de julio de 2015
Por Andrés Florit

“La temperatura está que arde. Y hoy, en este video, voy a mostrarles cómo preparar a sus niños unos deliciosos marcianos o chupetes de frutas”. Así empieza un video de YouTube en el que una señora peruana explica cómo se hacen lo que aquí conocemos como cubos, “el perfecto fellatio infantil” en palabras de una amiga a la que le pregunto cómo era que le decíamos en Chile. “En Chile se les llama cubo a pesar de su forma cilíndrica”, confirmo en Wikipedia. Y desisto entonces de mi interpretación inicial de uno de los poemas que más me costó entender de Paraná: son sólo 6 líneas, que empiezan y terminan con los Marcianos. Marcianos especiales en cursiva, entre versos que evocan una tarde en la playa que ahora sé que es una playa ubicada en Perú. Al principio creí que era la letra de una canción psicodélica, colada en este libro de poemas por capricho de la doble militancia de su autor, vocalista de la longeva Puta Marlon. Pero no. La verdad es que él tuvo la amabilidad de explicármelo en persona la última vez que nos vimos y es de las pocas cosas que recuerdo de nuestra conversación, que estuvo acompañada de algunas piscolas, como las que se derraman al ritmo de los Clash en otro poema de este libro, donde a las 8 de la mañana del día siguiente una tal Catalina practica yoga en ese piso quizás aún pegoteado por lo que cayó de los vasos.
En Paraná hay calma y violencia, ambas provenientes de la voluntad de eludir el trabajo y de favorecer la contemplación y el ocio, de preferir el rumor del mar como dice el epígrafe de Dino Campana, los viajes conscientes e inconscientes. Aunque se disculpe diciendo que “con cariño se nos pasan las copas”, ese cariño no le impide tener “restos de seguridad/ de que pronto volveremos a lo mismo”. Se vuelve a los sillones viejos, a los barrios donde alguna vez se vivió, a juntarse con los amigos estén donde estén. Pero sobre todo se vuelve en Paraná a lo mínimo, a lo que apenas se oye, lo que apenas se ve o lo que parece insignificante. Mis poemas preferidos de este libro tienen pocas líneas, a veces sólo una, como en: “Comprar pantuflas de gorila para pasear por la casa”, o en: “Espero sentado en los ladrillos bajo el pino”; otros tienen tres: “Llamó M./ quería preguntarme si sabía/ dónde estaba el moledor de papas” o: “Juan/ hoy compré/ un cúmulo de naranjas”.
En vez de argumentar por qué esos textos me parecen notables, prefiero parafrasear a Teillier: pocos saben aquí lo que es un poema, pocos han estado esperando en los ladrillos bajo el pino. En otro momento del libro hay “una vaca impasible en la ciénaga” con el agua hasta el cuello, mientras niños juegan en balsas. Me he sentido a ratos con el agua hasta el cuello y he envidiado la impasibilidad de esa vaca. Es casi un arte de vida, me tienta decir, si no sonara tan grandilocuente y nada que ver con el espíritu de esta poesía, que no cae en dar consejos; sólo muestra esa imagen y a uno le dan ganas de lograr ser impasible, aunque esté con el agua hasta el cuello, como esa vaca en la ciénaga que más encima está rodeada de niños.
En los mejores momentos de Paraná, que para mí son algunos de los que ya he citado, no se dice una cosa por otra, sino que hay en el lenguaje una exactitud que nos entrega imágenes nítidas. Antes que personificaciones como la del sol que se esfuerza tras la bruma, prefiero al Astorga que dice “Belmira se mete con shorts de jeans al agua”. Aunque yo no sepa quién es Belmira, leyendo ese verso quisiera haber sido parte de la tripulación del bote a motor que en el poema pasa celebrando a las mujeres de esos amigos.
Así, estos pedazos de vida ya no forman un Diario en pena (2009), sino que están más cercanos a la alegría, desenfado y particularidad de las Prohibiciones & Títulos (2014) que firmó hace poco junto a Zanetti. Y antes que empiecen a dar largas pestañadas, como el perro vagabundo color barquillo del libro que no quería dejar de mencionar, lo dejo hasta aquí. Gracias.


Orgías y accidentes
Texto de presentación de Paraná, leído el 8 de julio de 2015
Por Nicolás Letelier

Cuando Sebastián me propuso hablar de su libro en esta ceremonia, me alegré y acepté de forma inmediata… más que mal me siento parte de su construcción. Estuve en los momento iniciales, correcciones, incluso hicimos algunos amagos de portadas para este libro. Cuando le comenté de esto a mi amigo Gabriel Zanetti, este me miró con cara desajustada. “Le dije a Sebastián que no, que no te pidiera estar en la presentación. Hay que darle aire al texto”. Luego de esa primera y fuerte interpelación caí en razón. Es verdad, quienes escribimos no queremos que nos lean sólo 4 o 6 ojos conocidos. Deseamos que nuestros libros o nuestra música o cualquier creación traspase la endogamia de las paredes familiares que son la amistad. Sebastián me dijo que estaba bien, que íbamos a tener representantes de todos los estamentos. Bueno y aquí estamos con el señor Florit y el señor Merino (quien no ha podido presentarse por problemas médicos). Por lo señalado anteriormente y haciéndome cargo de mi estamento, el de ser un amigo de todo la vida, es que no me siento capaz, ni es mi interés el hacer un análisis crítico de Paraná. Yo vengo a dar un testimonio. Uno no muy largo en todo caso.
Corría el año 2005 y yo volvía derrotado de Valparaíso, con una buena crisis nerviosa mordiéndome la cabeza. Aquí en Santiago mis buenos amigos habían creado una pequeña “comuna” en calle Purísima. Un lugar descreído que no tenía mayores pretensiones más que ser una habitación y lugar de fiestas varias. Perfecto para la edad que entonces gozábamos. De a poco esta casona se fue transformando en algo más importante. Ideas, creación y sobre todo un gran lazo de amistad compartido.
Sebastián venia saliendo de una relación y bajo la manga el Diario en pena. Como el mismo decía, una crónica de la derrota. Un libro triste, ensimismado, envuelto en lecturas cruzadas. Un poema intimista, confesional. Ahora Sebastián vivía en una pieza enana que daba hacia una terraza, lugar escogido para los momentos de conversación y verbena. Me imagino al pobre trazando las primeras líneas de Paraná con una caña atroz y vasos con restos de piscola observados desde una ventana inútil en un invierno frio, mucho frio. Creo que así se comenzó a fraguar este libro.
Paraná a diferencia del Diario, es un libro que se abre al mundo, que celebra la amistad. Una especie de bitácora de tribu. Los poemas contenidos celebran el entusiasmo, el querer hacer. Nuestro poeta siempre ha sido un motor. Un hombre que arrastra voluntades. Cito:
“Cada año nos proponemos conquistar América
en una liebre llena de instrumentos musicales
pistolas cañas de pescar tabacos mapas
sombreros hamacas botellas libros”

En esta celebración la mirada certera se estiliza en forma de pequeñas oraciones concatenadas en forma algo fragmentada. La realidad se basta a sí misma, pero debe existir un receptor que la describa y nos la ofrende.
“Dos triciclos de ropavejeros
uno lleva un perrito vigilante
el otro una muñeca manca de copiloto.”

De cierta manera Paraná funciona como un referente generacional de hombres que trotábamos hacia los treinta, es un libro muy de una época (como algunos dicen). Es un lugar donde poder hacer una reflexión sobre un tipo de juventud, la de un grupo de mujeres y hombres que han salido del ambiente y seguridad familiar para vivir las suaves pellejerías de la vida independiente. Es un libro con el que los más jóvenes se pueden sentir identificados en cierto desenfreno y confusión alegre.
“Con cariño se nos pasan las copas
rozamos orgías y accidentes
todo tipo de pérdidas”

Este poema, novela experimental, bitácora, diario playero… es una refrescante lectura en medio de la variedad que podemos encontrar dentro de la poesía chilena actual. Es un momento en la vida del poeta. Un lugar donde habitar y proseguir el acto creativo. No imagino a alguien como Sebastián sin la necesidad vital de armar o sumarse a algo, algún proyecto donde pueda volcar su ímpetu tan extravagante como ordenador. Paraná es fruto de todo eso. Es un hecho, una parada para subirnos una y otra vez a un avión.
“He visitado los pantanos
de Sudáfrica en una avioneta
con cortinas de casa volando
entre la torcida arboleda
saludo a las bestias.”




Paraná (Cuneta, 2015), selección de poemas

Luego del ajetreo de los establos
senderos y medialuna
los caballos de noche
corrían sobre el llano

Nos apoyamos en la cerca a contemplarlos

A nuestras espaldas un ovni apagaba sus luces
y la montaña cambiaba de lugar.


*

Tengo sentado a un pequeño buda en mi computador

Hoy rompí el sillón a patadas y uno de los mangos hizo triza el ventanal

Mala suerte
no era para tanto

El gordito sonríe
a su izquierda puse un globo terráqueo

Pequeño también.


*

Fin de agosto los ciruelos se encuentran en flor
pequeñas flores blancas caen como nieve
como la nieve en los suvenires de ciudades encerradas.


*

Espero sentado en los ladrillos bajo el pino.


*

Un murciélago se acomoda entre las ramas de la techumbre

Cae el esqueleto de una araña sobre mi hombro

Nidos de pequeñas avispas en los rincones

Un coleóptero como helicóptero ruso atraviesa la atmósfera

Los niños saltan en acrobacias las inundaciones del río

Pasa un bote a motor celebrando nuestras mujeres

Belmira se mete con shorts de jeans al agua

Las libélulas nos acompañan de vuelta a casa

Taita fuma su tabaco a la espera de la ceremonia.


*

Con el agua hasta el cuello

La vaca impasible en la ciénaga

Los niños juegan en sus balsas.


*

Marcianos. Marcianos
Marcianos especiales

Truena el mar sobre las rocas

El sol se esfuerza tras la bruma

Los surfistas juegan en las ondulaciones de la tierra

Marcianos. Marcianos especiales.


*

El mar moldea y borra los juegos del niño
a su lado un perro vagabundo
color barquillo da largas pestañadas.


*

Apoyados en la baranda del puente
vemos una garza en medio del tranque
estira el cuello y se alza en vuelo dando un semicírculo
hacia el oriente hasta esconderse en el bosque

Damos un círculo celebrando
nos apoyamos en la baranda
vemos una garza en medio del tranque

El sol poniente se refracta en mariposas y algodones
un lagarto se esconde en la hojarasca

Nuestros hermanos y amigos vienen por el camino
de la colina hacia el puente rumbo a casa.












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