martes, 26 de julio de 2016

ANDER MONSON [18.971]


Ander Monson

Ander Monson es un novelista, poeta y escritor de no ficción, americano.
Fecha de nacimiento: 1975, Míchigan, Estados Unidos

Premios 

2007 John C. Zacharis First Book Award from the literary journal Ploughshares , for Other Electricities
2006 New York Public Library's Young Lions Award finalist, for Other Electricities
Graywolf Press Nonfiction Prize, for Neck Deep and Other Predicaments: Essays
2007 Christopher Isherwood Foundation fellowship
2008 Great Lakes Colleges Association New Writers Award, for Neck Deep and Other Predicaments
2008 Knox College Junior Alumni Achievement Award
2010 National Book Critics Circle Finalist in Criticism for Vanishing Point

Bibliografía 

Safety Features, New Michigan Press, 1999.
Other Electricities, Sarabande Books, 2005. ISBN 978-1-932511-15-4
Vacationland, Tupelo Press , 2005. ISBN 978-1-932195-16-3
Neck Deep and Other Predicaments: Essays , Graywolf Press , 2007. ISBN 978-1-55597-459-6
"Solipsism", The Pinch, 2007.
Our Aperture, New Michigan Press, 2008. ISBN 978-1-934832-03-5
Vanishing Point: Not a Memoir, Graywolf Press, 2009. ISBN 978-1-55597-554-8
Letter to a Future Lover: Marginalia, Errata, Secrets, Inscriptions, and Other Ephemera Found in Libraries, Graywolf Press, 2015. ISBN 978-1555977061



Estos poemas aparecieron publicados originalmente en el número de noviembre del 2013 de la revista Tierra Adentro.


Sobre el basketball

El espacio es el mismo en Arizona,
supongo, que en Michigan o en Ames, Iowa,
luciérnagas indiferentes a los pases aéreos,
enmarcadas por el altísimo emparrillado de maíz,
listos para ser despanojados por la blanca
estupidez sin camisa. Ahí está la llanura en particular,
y también están otros paisajes
divididos y subdivididos, trazados
en cuadrícula por los caminos. Aquí termina
el cuadriculado en montaña y más allá
aún otra llanura, luego otra montaña, arruga
de la geología, la tierra moviéndose lentamente
contra sí misma. Supongo
que habrán vacío y calor en cualquier parte
que las produzcas, el aliento de perros jadeantes
apestando hasta tu balcón,
el mundo, o tú, haciendo un bloqueo
(nunca estás seguro cuál de los dos)
del asfalto por la calle que lleva a la canasta,
un agujero entre otros, ninguno por llenar.
El silencio dice: aquí estás y para siempre
serás indigno. Tu blancura es suficientemente
obvia para todos. Tu inhabilidad
para cualquier cosa ahora lo es todo.
¿O es eso demasiado? ¿No es por ello
que es importante? Este impulso masculino
haciendo eco al oscurecer, repitiéndose, un grito
y luego sólo el calor de las luces. No es suficiente
decir que este no es tu juego,
tu mundo, el que merezcas elogios
o cualquier otra insignia de respeto. Puedes
demostrárselos después en los videojuegos, o en tu
Tandy de pantalla ámbar, la computadora menos sexy
que se pueda concebir entre las compatibles con IBM,
con Jordan vs. Bird: One on One.
Es 1988. Probablemente eres un cretino.
El mundo está poblado de cretinos
como tú y como esos otros chicos.
Búscalos en la Wikipedia. Podrías
escucharlos a través de la pantalla, calle arriba,
playeras y shorts y pieles lamentables, golpe hueco
de pisadas sobre el asfalto, jugando uno
contra uno o media cancha con los amigos
que no seguirán siendo amigos por mucho tiempo,
una tragedia minúscula, una amenaza para preocuparse,
se desteje, sigue buscando pases, por el maíz
y luego por la guerra, tus años de fracaso y terror,
y luego de eso a los campos, que se alejan.



Sermón: encriptado

Luego de pasar por la caja
que bate nuestro texto en revueltas tiras de dígitos—
el velo que nos separa de nuestros secretos
como sangrías, magnético en todos nuestros discos duros
y zip disks, hemos hallado nuestro camino
hacia el fondo de la pila. Amigos, consideren esto
una instrucción para irse a casa y limpiar
sus mezcladores, borrar el caché de su Internet Explorer,
y expulsar las cookies del navegador como una enfermedad
hacia la majestad de la trituradora o el basurero.
No necesitamos mantener estas cosas cerca de nosotros;
ellas no son nuestros nombres ni las direcciones
por las que la luz podría hallar su camino hasta nosotros.
No hay centros de rehabilitación para el pecado.
No habrá sonrisitas entre la multitud.
No hay una tierra más allá de esta cuando
la pantalla se ha vaciado y nuestras vidas han sido
desprendidas como una telaraña de los helechos,
desenredándose.
Contén tu risa y la hemorragia de tus heridas.
Lo que necesitamos aquí es un torniquete
para detener la ingesta diaria de información
o calcio en forma de leche.
Deshazte de tus Porciones de Ingesta Diaria Recomendada para los Estados Unidos.
Lo que necesitamos es reducir las muertes accidentales
de polizones en los vuelos transatlánticos demasiado largos.
Pensemos en la parábola del hombre
que trata de esconderse en el hueco
dentro del cual el tren de aterrizaje del Airbus A320
de Amsterdam rumbo a Nueva York cerrará.
Consideremos la configuración de las constelaciones que hemos formado
entre las estrellas.
No habrá más carraspera.
Habrá compre uno lleve otro gratis en el más allá.
Habrá galaxias colapsando por cada uno de los presentes
en la limpieza después de la fiesta, después de la graduación, en el más allá
del más allá de la celebración.
Tomemos un no como respuesta sólo esta vez.
Deshagámonos de toda la colectiva
loción para después de afeitar de nuestros esposos en el excusado
o en el fregadero.
Lloremos por todos aquellos que nos han dejado por culturas más cálidas
o por otras parejas, más jóvenes.
Lloremos por los pretendientes al trono, esas otras bolas
de pintura o cordel o ligas elásticas o cualquier cosa que se pueda enrollar,
esos miles de heroicos leñadores esparcidos por el medio oeste,
atados de tristeza, atados con historias.
Lloremos por aquellos cuyas contraseñas son el nombre de sus mascotas
o su apellido de solteras, o cualquier otra cosa demasiado fácil de adivinar,
como las palabras del diccionario.
Hallemos nuestro camino de vuelta a la luz que aún nos espere.


Pensé que su muerte me dejaría preñado, 
no vacío como una tumba

Escarcha en vidrio ensangrentado, círculo de sal en una margarita.
Lee sobre cómo hacer rescates. Sellos y cómo romperlos.
Deja que esa máquina se enfurruñe hasta primavera, cuando sea barato subirla. Ahora, sin embargo,
debemos subir el cuerpo para que pueda ser enterrado como un juguete en una trama acalorada.
Traje de buzo, aleja el frío y el tacto del entramado de la piel.
Traje de buzo, guárdame dentro, no dejes que me rompa.
Agua, cadáver & techo de hielo, permite que tu luz baje como cascada por las grietas, que ilumine a través de los agujeros.
El último baile bajo el agua con Liz.
Bajando para sacarla en su Atlantis de hueso y vidrio, iluminado indirectamente por el reflejo, desde la izquierda.
No salgas a la superficie indiferente.
Liz mi X mi otra lengua.
Soñé con operaciones, la resucitación cardiopulmonar y boca a boca, el diezmo del aliento y el escupir de vuelta a la vida.
Soñé con ser capaz de soñar otra vez.
Soñé que era capaz de actuar.



Arde, arde

Arde por X, por la pérdida, por el arder mismo,
por el mantra que se repite/se balancea como una campana
en una jaula en la torre que no ha sido aceitada
durante horas pero sigue repicando,
enalteciendo a su fabricante, enalteciendo el movimiento del aire
a través de la ventana que parece una cruz.
Haz que arda la pared que nos separa del río.
Haz que arda el signo de alto que impide que los autos se agolpen en la intersección.
Deja que la gracia del fuego se lo lleve todo y lo convierta en combustible y ceniza
y en olor carbonizado que se moverá en el aire
durante años antes de asentarse.
Haz que arda el establo aplastado bajo la nieve
cuando esta se derrita y se seque lo suficiente
para que prenda sin problemas.
Redúcelo a ruinas, base de anotación para las ardillas
que dejan rastros de puntadas en la escarcha de nieve
luego que el sol la dejara crocante a enfriar.
Resta eso de X,
del hueco en el hielo sobre la piel del lago,
de la cicatriz dejada por el rescate,
Sustrae esto del sustrato y de las relucientes masas de roca
que merodean justo bajo la superficie
que ya no dejarán ganancias para las minas
y las compañías que emplean a los hombres
que ennegrecen sus pulmones por ellas durante el día.

Traducido por Javier Raya 
http://cuadernoderaya.blogspot.com.es/search/label/traducci%C3%B3n




The Blood As Designated Driver 

Comes to in the dead room, uneasy 
at all the still light 
frozen in the air, no dust
through which to filter, give it form
and register its passing.

Dwight Yoakam on the radio is cold and easy, 
eerie how he echoes through the mausoleum 
around the stop-time legs-up roaches, surveys
the tiny dead—why so many over winter? 

Wondering blood, reliable as an axle 
or winter blister, sensitive as a bone 
or sinus, stick-shifts hearses 
from one country to another every night.

The blood, fancying itself Orpheus the Red,
has a safe in the back of the hearse-bed 
instead of a body as it crosses, so daring,
the International Bridge to Canada.

Rain and static in the air.

Something's always coming.

Are we in America, the blood would ask its father 
(if it had a father; if he was driving with the blood 
or wedged sideways in the safe, under combination
lock and number) as they crossed,
because the blood knows fathers and fathers know 
these things; even wet wrenches that stand in 
for fathers are permanent like rust, crosses, 
and suspension bridges, are guaranteed to die.


I Thought Her Death Would Leave 
Me Pregnant, Not Empty Like a Tomb

Ice crust on bloody glass, a round of salt on a margarita.

Read up on retrieval. Seals and how to break them.

Let that machine sulk until Spring when it's cheap to bring it up. Now, though, 
we must haul the body up so it can be buried like a toy in a heated plot.

Wetsuit, keep both chill and touch away from the lattice of the skin.

Wetsuit, keep me in, keep me from breaking up.

Water, stiff & ceiling ice, allow your light to cascade down through cracks, 
halo down through holes.

Last dance underwater with Liz.

Going down to get her in her car glass and bone Atlantis, lit by left, reflected 
light.

Don't come back up unmoved.

Liz my X my other tongue.

Dreamt about operations, the CPR and mouth-to-mouth, the tithe of breath 
and spitting back to life.

Dreamt I was capable of dream again. 
Dreamt I was capable of action. 




Burn, Burn

Burn for X, for loss, for burning itself,
for the mantra that repeats/swings like a bell
in a cage in the tower that hasn't had use's grease
for hours but continues to toll,
extolling its maker, extolling the movement of air
through the window that looks like a cross.

Burn down the wall that keeps us from the river.

Burn down the stop sign that keeps cars from bursting into the intersection.

Let fire's grace take it all and convert it to gas and to ash
and to char that will move in the air 
for years before settling.

Burn down the barn crushed under snow
when it melts and it dries enough 
to go up without trouble.

Reduce it to ruin, home base for the chipmunks
that leave stitch-marks on the snow crust 
after the sun has crisped it and left it to cool.

Subtract this from X,
from the hole in the ice on the skin of the lake,
from the scar left by retrieval,

Subtract this from substrate and glistening masses of rock
that lurk just below the surface
that will no longer bring profit to the mines
and the companies that employ the men
who dark their lungs for them by day.




Sequin

Poor apocalypse, come down
off that dress, out of that coffer
with all the drab buttons
tithed before church 
to the paper pattern god 
cut out, glossy

while your brother eviscerates
gut-shot deer in his long pine day.
The blood trail leading him 
to the animal's groan and shudder
is like a hem, will be let down 
with another good snow. How
many buried lines of red signifying kills 
are there beneath this winter's snow?

And is the snow like geologic
layers representing time
or an expensive white and frosted
wedding cake, custom-bakery-made
with bride and groom in the act
atop, now made idle 

by the latest winter death
like so many fingers
hanging dumb from 
an amputated limb.





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