jueves, 10 de febrero de 2011

2989.- LUCEVAN VAGH OWEN BERG


Lucevan Vagh Owen Berg (Lima, Perú 1978). Poeta autodidacta, discípulo fiel de las eximias obras de los Poetas de toda filiación. Vive actualmente en un pueblo de Piura, dedicándose de lleno al arte de las letras y a la pintura.









Palabras ausentes…

Callas,
esperando palabras florecidas
en mil colores,
y crees apagarlas
con tu sombría suerte,
cuando sólo lo que oyes,
es el silencio
de tus propios deseos…










Contestaciones

A Gabriela Mistral

Los suicidas, duermen desvelando su vida,
boca, sienes, manos y ojos, todo hecho herida,
van envanecidos pensamientos mudos extrañamente;
los suicidas, duermen desvelando su muerte
y quedan durmiendo con el llanto de ilusión sumergida
entre horas de estertor, cuando expira de repente.

No es que llegue después de que los hombres se han ido,
y no es necesario bajar los párpados a su suerte
cuando los ojos se hallan fijos hacia la muerte;
y el dolor de los órganos, es tan parecido al silencio
que no es necesario el rito de las manos sobre el pecho,
cegado quedó la mordaza del ruido en el hecho,
no es que llegue después de que los hombres se han ido,
es que los hombres, llegan mientras yo les espero.

Es agonía lo de las rosas sobre las tumbas, es agonía...
y heridas fueron al ser cortadas en su alegría;
amargo el dolor, dulce el respiro, es el encanto
apagando y retorciendo, estrujiendo en memorias
a la fronda envejecida, lastimera y de espanto;
y si el rosal dejado, lleva un color no nato,
es por llegar a su destino, un lecho ajeno...

Yo respondo, Poetisa: No hay largas heridas
ni aire en calma, ni de alas enloquecidas su crepitar,
y el alma intacta, no sabe de vanas huidas,
ni puerta mojada, pues solo llega al despertar
suplicas de liberación al romper el alba;
no hay sentidos, solo luz del alma en la eternidad.

Es el aura indefinida y vedada a mi redor,
y el firmamento es infinito de luces despiertas
que llevan el nombre en la numen del esplendor;
mi corazón, con murmurios de emoción desierta
lleva la imagen solazada de las almas yertas,
y no hay gritos ni pavor, ni monstruos florecidos,
no corazón dormido, solo pasos bendecidos.

No hay rayos de sol, solo luz divina en su interior,
y fueron dejadas con el cuerpo, las marcas terrenales
en el juicio y en la entrada, de este mundo superior;
las almas de los suicidas, vienen a mí a raudales,
ellos, llevan mi bondad en plenitud en su mirada
y mi calma no lleva preferencia ensimismada

pues mis ojos ven, y oyen mis oídos, y sienten mis entrañas
y es que las almas de los suicidas, no son extrañas,
no ajenas a mi, yo soy de todos, la morada...

Sea por error, sea por malicia, el hombre es hombre
y siendo Dios mortal, sólo verá justicia
hasta que el amor reine en si, y cuando por amor me nombre,
amor seré, Poetisa, amor seré como caricia.

¿Hay mano dura, que la dulzura no ablande?
Dímelo tú Poetisa, que has sabido alcanzarme,
yo soy catarata, vértigo, aspereza y ande,
soy el vaso de los nectarios, donde suelen amarme.

Llámame amor, llámame justicia, llámame señor,
yo te llamaré, mi Poetisa...







Universo

No importa cómo lo llamen,
porque lo que creemos de él
nosotros lo inventamos.

Ustedes lo llaman universo.
Yo lo llamo todo…
Yo lo llamo nada…

Y sin ser hombre de ciencia,
me invento las palabras inventadas
para llamarlo eternidad.








Eternidad

Cierra los ojos, percibe…

¿A qué te sabe el universo?

A ladridos de perros
a olas de mar
incluso al avión que musita al pasar,
a eso me sabe.
Humanidad, divinidad.

Puede ser negro, rojo,
o azul como lo pintan algunos.

Tiene el mismo sabor metálico
que cuidan en sus entrañas
las mariposas nocturnas,
y la misma textura de sus alas de seda.

Pero más allá de todo eso,
percibo que el mismo sentido, soy yo;
hasta lograr abandonar el cuerpo
hasta lograr mimetizar con el aire
con el espacio
con el tiempo
hasta lograr ser universo
ser nada;
donde no hay ojos que ven
ni nombres que saber.

Me veo…
y veo que soy nada comparado con el universo,
puedo ser el espejo consciente
de una imagen inconclusa.

Si quiero acercarme a algo
a alguna definición inexperta,
entonces diría que soy
apenas un minúsculo punto
en el punto de la costura del polvillo
que navega en el aire, sin brújula ni mando,
y eso es poco para tan inmensa vastedad
de apariencia desértica y sombría.

Desde aquí,
el viento solo es el protector de las estrellas
porque no la muestra fija, real, callada…

Es muy noche y,
pareciera que el canto de uno de los grillos ocultos
fuera la voz de una de esas estrellas lejanas aun,
y que en coro, llaman a la eterna inmensidad.

Si hay movimiento alguno…
es muy sigiloso y apenas perceptible,
como el silencio alrededor.

Muchas veces ese silencio fue mío;
y el pensamiento ordinario lo confundió
con debilidad del cuerpo.
Ahora sé que no fue así.


Desde allá, mas cerca…
la vida abunda en el sol y por el sol,
lo demás
somos reflejo de algo que flota perdido,
como una semilla que germina,
como algo que empieza a aparecer
de entre la nada.

No todos viven o mueren sabiendo esto,
no todos prueban con los sentidos
lo que nos rodea, lo que nos absorbe;
tan cerca de nuestros ojos…
tan dentro de nosotros mismos…
tan lejos, donde pertenecemos…

Porque soy una fiera de intuición arrebatada.
Porque soy el onagro que lo ignora todo, en evolución.
Porque soy el insignificante insecto, mas importante de la existencia.
Porque soy el águila que se lo comió.
Porque soy una iguana, apaciguada, paciente como la piedra.
Porque soy lo verde que nace, oscuro y marchito que muere.

Porque soy un grano de arena entre eternidad.
Porque soy una gota de lluvia entre eternidad.
Porque soy una hoja de otoño entre eternidad.
Porque soy una célula imperfecta entre eternidad.

Porque soy hombre, humano
y la fuerza natural que lo rige.

Porque somos unos en infinito.
Porque somos infinito en uno.

Vivo de la forma en que vivo.
Muero de la forma en que muero.





Lo que es el hombre…



De: “Lentamente Humano…”
LUCEVAN VAGH OWEN BERG

Yo debería sentirme identificado…
Con la suerte del asno
y su despectivo nombre.

Con el orgullo secreto de su sombra
y sus vértebras sagradas.

Con la tristura floreada en su piel
y la fuerza de no dejarse caer.

Y con los incontables latigazos
destinados en su carne

Yo, debería sentirme identificado.

Y por su incansable pesimismo
oculto en su memoria.

Por su nula exigencia
con el hambre, con su vivir.

Porque cegado da vueltas por el mundo
creando otros mundos, siendo en su intimo molino.

Porque tiene la vista puesta en el suelo
de camino adelante, con su vida a cuestas.

Porque tiene en su grito de rechazo,
fibras humanas no terminadas.

Porque vive inconsciente
ajeno a su interior
ajeno a su exterior…

Yo lo admiro.
Yo lo envidio.
Yo lo detesto.





[http://www.revistasolnegro.com/sol%20negro/Lucevan.htm]

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