lunes, 28 de febrero de 2011

3201.- JORGE ACCAME


Jorge Accame
Nació en Buenos Aires en 1956 y vive en San Salvador del Jujuy desde 1982. Es profesor en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy.

Ha publicado, entre otras obras, Golja y Cuatro Poetas (poesía); Diario de un explorador, El jaguar y El dueño de los animales (cuentos); El mejor tema de los 70 (novela breve); Chingoil Compani, Suriman ataca y Venecia (teatro); su última novela. Tiene escritas varias obras de teatro: en 1986 estrenó en Jujuy Pajaritos en el balero; en 1988, Casa de Piedra y en 1990, Chingoil Compani, todas ellas con el Grupo Jujeño de Teatro que dirigió Damián Guerra. En 1998 estrenó Venecia en el Teatro del Pueblo, en Buenos Aires, con la dirección de Helena Tritek, obra que continúa representándose en su tercera temporada en el teatro Payró.

En 1997 obtuvo una beca de la Fundación Antorchas y participó del Programa Internacional de Escritores en la Universidad de Iowa, USA.





GOLJA

Y quizá yo solo
sé todavía
que vivió.
Giuseppe Ungaretti


Lo conocí
en una pensión de Italia.
Ocupaba la pieza contigua.

Me pidió fósforos una noche
y yo temí por su piel de petróleo

Un café y dijo que se llamaba Samad
venía de los rascacielos que brotaron hace poco
en la antigua Persia

Otro día me presentó a la mujer
que habitaba en silencio tras un velo
y bajaba los suaves párpados
hacia la tierra

Compartí en su cuarto
una comida con aroma a limón y a muerte

Y sólo conservo de los turbios susurros
de su lengua
una palabra: Golja, que significa flores

Golja golja repetía y señalaba
el verano derramado sobre los campos de Urbino
y yo decía golja golja golja
y reíamos los dos como idiotas
creyendo que por fin hablábamos de lo mismo

Ese otoño su ayatolah lo llamó para la guerra
y regresó al Irán

Le escribí
de derecha a izquierda
de abajo hacia arriba
a la dirección que me había dejado
pero no respondió

Todos los años
cuando llega el verano
y los campos resplandecen
presiento que nunca existió un lugar
donde pudiéramos encontrarnos.








EL CRIMINAL

¿Por qué no he sido por ejemplo
un cafisho
rodeado por los escotes gritones de mis mujeres
aspirando el perfume de luces rojas?
¿Soy tan diferente
a lo que no he sido?
Podría perfectamente estar
pudriéndome en cualquier cárcel turca
por haber matado a algún idiota en una pelea.

Mis hijos duermen en la habitación contigua
y mi legítima esposa mañana
me despertará con un beso y me dirá te quiero
amor es un hermoso día. Y yo
pienso en el otro que soy mirándome
tras los barrotes del calabozo
que jadea atestado de asesinos o
desde una esquina, apoyado contra la pared
mientras decenas de tacos altos escurren sus ecos
por las calles de la noche. Un hermoso día amor y yo
que nunca podré saciar los lugares
que claman por mí como pozos hambrientos.








CIERVOS

Desde el octavo piso
donde he vivido por tres meses
contemplo el parque y el río
la nieve ha caído durante dos noches
y todo está blanco.

Nunca vi nada asombroso en este parque
pero hoy a la madrugada algo me despertó
y me asomé a la ventana:
una cierva y su pequeño hijo vinieron
desde el bosque tranquilamente
y se detuvieron frente a la carretera
Sus cuerpos parecían dos pedazos de fuego
ondulando en la oscuridad

Tomé el teléfono
y marqué un número cualquiera del edificio
Al otro lado oí una voz de mujer
“hay dos ciervos en el parque”
le dije emocionado
“¿Qué? “
“Dos ciervos”, repetí
y escuché cómo apoyaba el tubo sobre la mesa
Se hizo un silencio
y al cabo de unos segundos
la mujer tomó el tubo otra vez
“Gracias”, dijo y colgó

Volví a la ventana
Los ciervos observaron con curiosidad
los automóviles que pasaban
mientras sus alientos humeaban en el aire helado
y partieron otra vez rumbo al bosque

Con quién me habré encontrado
por algunos segundos
sobre sus cuerpos calientes
SOY una serpiente
que se desplaza por el desierto
como un papel
al que alguien ha prendido fuego.
No dejo huellas.
Sólo cenizas.








IMAGINO a mis padres
en sus primeros bailes
mirándose a los ojos
y la música de la orquesta
que le daba otro significado a sus vidas.
Él le diría alguna palabra hermosa
y ella se sonrojaría agradeciendo
o no:
no hablarían
en sus cuerpos tan jóvenes
girando en el salón salpicado por las luces

Dios mientras se miraran
siempre sería verano
siempre bailarían
y el mundo se parecería mucho al paraíso

siempre sería siempre

Después ocurrieron cosas
suelen ocurrir y acaso esté bien que así sea

pero aún algunas noches
sostienen miradas
que me permiten oír la música
en aquellos salones
y el murmullo del vestido de mi madre
radiante de felicidad
al girar sobre sí misma

(Cuatro Poetas)





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