sábado, 26 de febrero de 2011

3160.- ANTONI CLAPÉS


Antoni Clapés nació en Sabadell, provincia de Barcelona, el 9 de julio de 1948. Ha publicado Escrit en fulles de te (1986), Crepuscle de mots (1989), premio Ciudad de Palma 1988 y El radical sentit (1990), Epigrafies/Epigramies (1991), Trànsit (1992), A Frec (1994), A penas un roce (1994) y Tagrera (1997). Clapés escribe regularmente en periódicos y revistas españolas sobre temas de poesía, y dirige la editorial Cafè Central. Vinculado a las prácticas artísticas de vanguardia, fue uno de los fundadores y directores de "Sala Tres", uno de los espacios emblemáticos del arte conceptual de Cataluña en los años setenta. Ha trabajado con diversos artistas en ediciones de arte y presentación de exposiciones. Colabora regularmente con el pintor catalán Benet Rossell.
WEB DEL AUTOR
[http://www.antoniclapes.com/]






Una selección de poemas

de (traducción de in nuce e Carlos Vitale)

I

La casa donde habitas, donde ahora estás, por un tiempo limitado.

La casa que te acoge y que no es tu casa: tú no tienes, no puedes tener, un sitio donde habitar, salvo esta escritura, tu pensamiento, que progresa a medida que lo escribes, que lo describes.

La casa que ves de lejos, como algo fuera de ti.

Nada posees, tratas de no ser poseído.

Habitas este mundo -tu mundo- como si fueras un extraño: todo en él te parece lejano, ajeno, distante.

Oyes pero no escuchas, miras y no ves, hablas sin decir.

Vives: no eres.

Tu vida ya no es sino el espejismo de una quimera.

Pura escritura.

Una escritura por donde crees avanzar en el conocimiento, adentrándote por caminos poco trillados, sin darte cuenta de que estás muy cerca del no-conocimiento.

Una escritura con la cual intentas, inútilmente, jalonar el mundo.

Eliminas todo lo aparente: buscas lo esencial.

Bordeas el límite.

No te percatas bastante del goce de sentirte al lado de los dioses: saber que no puedes decir porque habitas lo inefable, saber que no puedes hacer porque no hay nada que hacer.

(Apenas esta débil voz que, por ahora, tan sólo puede ser dicha y escuchada en (el) silencio.)






II

Observa, medita antes de hacer.
No sobre la acción sino sobre la esencia misma de la escritura.
Calla -palpa el silencio- para decir.

De la rama aprendes la serenidad.

Hasta que tú mismo eres (la) rama.






III

¿Eres aquel que piensa o eres aquel que camina?

¿Quién piensa tu pensamiento?

¿Quién camina tu camino?




IV

Todo es puro cambio: tan sólo él permanece.




V

De pronto, una palabra se deposita sobre el poema -aún inexistente- como un pájaro que detiene en la rama el fatigado vuelo.
Cada palabra se convierte en piedra que se ahonda en la superficie plana y lisa e insondable del tiempo.
Da nombre a una forma. Al invocarla, la recrea: pájaro laberinto fuego lluvia.

Piedra de silencio.




VI

Como oro que se derrama, la luz
transporta el aire desierto
del ocaso, polvo de recuerdos. Escuchas
los silencios de Webern, la pura voz
de lo ausente. Con lápiz de fina
punta quieres retener este ahora
que te parece eterno, tratas
de habitar lugares que las palabras
ya han abandonado.
Y al no querer seguir ningún camino
vas trillando uno nuevo.




VII

El tiempo se detiene en una rama
dorada: el sol menguante
incendia la tarde.

¿Por qué, este silencio?
¿Por qué, este desasosiego?

Palabra pensante, luz interior.

Poema.




VIII

Después de la lluvia
ninguna razón, ninguna acción.
Sólo el efímero trazo
de una escritura
que imita el silencio.




IX

Despójate: despierto comprenderás
la luz, lo abstracto, esta
escritura -pan de hambre-
el extremo saber.
Cuando la nada
aún es el nombre de la nada.




X

Escribes (el poema), vives.
Tratas de adivinar tu rostro
reflejado en el brocal de este pozo seco.
Apoyas la cabeza en una piedra
musgosa, te refugias en la hospitalidad
antigua del silencio. Callas.

Ya no te propones nada más.



XI

Te has acercado al ámbito del silencio y te has comprometido a no hablar más de él: la radicalidad de una experiencia límite.

Jamás palabra alguna te había golpeado así.




XII

este silencio
que ya ni es palabra

este poema
que es un no decir

esta ni nada




XIII

si el viento ni el viento traslada
si todo es muy nada
si lo mínimo comienza a ser exceso



de Miro de veure-hi (Trato de ver) (Traducción de M. Cinta Montagut)

II

Lluvia de agua
de sed: des
velar el sentido de las palabras.
Llenar de sed la copa del sentido.
Quedar en barbecho.




VII

Escucha el silencio de la leve brisa
allá donde el poema ha dejado las palabras.




XI

La luz nace
tras los montes
tras la lejanía
llena el mundo de nombres
avisa al viento
que puede ya sacudir
el polvoriento óxido de la memoria.



XIII

Plural
esta escritura
en tiempo de ausencias
de brumas impenetrables
como la verdad que el poema
sospecha.




XVI

En el horizonte
el espejismo de lo ausente – como un cuchillo
en la palma de la mano:
la herida abierta de la palabra.
Incontenible
lento avanzar del desierto.




XXIII

Ahora evocas un intenso silencio
y la soledad deja de estar sola.
Ahora acercas los labios a sus manos:
la suavidad de un sueño – aquella piel.
Ahora una flor de la marisma
roza por un instante tu boca.



XXV

Soñar
ser el sueño
del perverso soñador:
el extraño – sueño siempre soñado
que retorna.
o ni.



de La llum i el no-res (luz y la nada) (traducción de Esther Zarraluki)

I

Allí donde un cielo muy bajo se funde con el desnudo robredal

emerges

paisaje ondulado — viña desbrozada — campo en barbecho — tierra ebria de oscura calma

infancia convocada.

Inútil recorrer una y otra vez itinerarios ya surcados — memoria que golpea el ahora

como un improbable viento que vuelve

espejo que refleja sólo la noche.
El obstinado recuerdo del recuerdo — el dolor del recuerdo del olvido.

El mal de vivir — desgarrador.




II

Fundirse con el poema — desaparecer en el texto — ser (el) poema.

Cuando la aurora hunde por fin sus garras en el lacerado cuerpo de la noche.



III

Lento despertar de la luz — lejana voz de campanas — il vento recando il suon dell’ora.

Silencio que funda la palabra — el eco de ese silencio.

La densidad del vacío.




IV

El río lleva hasta la presa

la hoja que el viento desprendió de un arce.

Llega al lugar del que partió — puro transitar entre silencio y silencio.



V

El liquen se abisma
hacia una imparable quietud
señala lo umbrío — piedra de dolor
puro enigma.
Niebla aferrada
al radical silencio de Dios.




VI

El pensamiento sobre el poema
es el lugar del poema — el poema mismo
diálogo entre el fondo del lago —
donde callado duerme el limo — presente eterno
y la superficie — donde tiemblan olas hielo y lodo
y todo.

El poema diciéndose — el poema diciéndote.




VII

Me iluminas
de misterio — refulgir de lo oscuro — eternidad momentánea.
Luz pensada — luz pensante.




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