martes, 22 de febrero de 2011

ARMANDO FREITAS FILHO [3.115]


ARMANDO FREITAS FILHO

(Rio de Janeiro-Brasil, 1940). Poeta. Trabajó como investigador  en la Fundación de Rui Barbosa, como secretario de la Cámara de Artes en el Consejo Federal de Cultura, como asesor del Instituto Nacional del Libro (Rio de Janeiro), como investigador en la Fundación Biblioteca Nacional de Brasil y asesor en el gabinete de la Presidencia de Funarte. Ha obtenido el Premio Jabuti (1986), el Premio Alphonsus de Guimaraens (2000 y 2014), el Premio Literario de la Fundación Biblioteca Nacional (2013) y el Premio Alceu Amoroso Lima – Poesia e Liberdade (2014). Ha publicado en poesía Palabra (1963), Dual (1966), Marca registrada (1970), De corpo presente (1975), À mão libre (1979), Longa vida (1982), 3×4 (1985), De cor (1988), Cabeça de homem (1991), Números anónimos (1994), Duplo cego (1997), Fio terra (2000), Máquina de escrever (2003), Raro mar (2006), Lar (2009) y Dever (2013)./


De "Números Anônimos"

I

Herido de flores en muchos puntos
el jardín ya comienza a huir
en perfume y desperdicio
con el color de cada color en alza
antes de caer:
hojas que fueron hasta el fin
y vuelven sin vida al suelo original
de donde volaron, antes de la primera línea
cuando nada se registraba aún
aquí, en la superficie
de cara al muro mojado de azulejos.


II

Hijo ninguno. Nada que se agarre
clavado por dentro
aún sin uña y diente
a la pared a plomo de la fachada ciega
visceral y único, furioso de vida
en el ataque.
Su sensación abierta viene a la boca.
Amor, pala de tierra
golpeando con toda fuerza y peso
sobre el pecho
para que el otro corazón crezca
enraizado en la sobrevida del tuyo.


III

Sos todo corazón, extremo
ultra-sonográfico y estremecido
a 155 p/minuto
y de aquí en adelante, latiendo hasta el fin.
En un principio, indiviso, profesional
tan sólo por sí mismo
sin tiempo de devaneo
en medio de la estática, de la tempestad
del otro cuerpo
que te retiene ahora, coesionado
que te expulsará después
cuando quieras huir.


IV

Falta amor. Las plantas enloquecen
desgreñadas de sed
en la tierra seca de las macetas, y todos
los clavos son sin perdón martillados
hasta que las cabezas se entierren.
Falta sangre, su corazón está lejos
latiendo en otra faja que no capto
no lo escucho ni siquiera en el odio.
No.




V

Miran al corazón pero no tiran.
Tal vez disparen, con silenciadores
y mira minuciosa, telepática
en el intervalo de los latidos
para matar sin sangre, en el susto
en familia, la fiera
y su programa de ataque permanente:
sin pensar, sólo pensar
si se muerde, recurrente — morderse
hasta morir sin ver siquiera
cuál fue el gatillo
la mano que la alcanzo primero
y que, llena de dedos, mató.


VI

La luz es de ayer, de garage
no comenta mas nada
exausta pero aún devasta, exhausta
y continúa rasgando la cara
las sábanas
de este mar paralizado
cercado de vidrios sin sentido
invadiendo el cuarto entero
donde en un vaso, sobrevive
el perfume del rojo
cortante de una rosa.
No tomé su mano
cuando pidió por padre y madre
ni vi su último rostro
con la arruga que insistió
durante la vida
o el rigor del traje plegado.
No tomé nada
no espanté las moscas
oigo sus ojos abiertos
e imagino las larvas
sin lágrimas, ciegamente


VII

El calor inmediato de la palabra oral
sin revisión de pensamiento
admite repeticiones, improviso
y fuga — estáticas
blancos
pero el papel, no.
Aquí, en esas voces por escrito
cualquier registro
hasta las tachaduras del borrador, el sucio
de las uñas
tiene un toque de arte-final
del arte que antes fue raza
garra — camisa de amador.


VIII

Escribo de cabeza, andando a pie
no con la elegancia
de aquellos que cuando con skate
casi alados, ondulando
en equilibrio, pasan al margen
en el intermezzo, en la calzada de la playa
acostumbrada a la prisa de los autos
y a la expectativa de las olas.
La poesía acaba con la vida, marca
montaña y mar al mismo tiempo
y lo que se salvó, agarrado
y aún se sostiene, litoral.


IX

En el aire, donde los andamios acaban
y la performance pierde el instante
del trapecio
sin apoyo de red ninguna
absolutamente fuera de registro
con pocas líneas de resolución
ultraleve radical, sin tierra
— nunca me cansaré de tu crepúsculo —
cielo.

(Traducciones de Aníbal Cristobo)



(De "Cabeça de Homen")


AIRE

Música de árboles.
No la de las hojas y ramas,
Sino la otra, sólo para percusión.
Madera, raíces, cortezas, nudos, brotes.
Todo lo que pide hacha, corte, golpe.
Lo que es duro —áspero— golpea, y estaca.
Lo que estalla y crece de la tierra contra las estrellas.


Traducción: Adolfo Montejo Navas



NEGRO 

para Aníbal

La primera palabra es no.
No de no puedo. No de no.
Contando los granos negros
hasta encontrar, para cortarlos
el eslabón más duro que estalla
los nexos, las mollejas que juntan
y digieren, hueso y cartílago.

Obra de todas las horas
sobria oración en la sombra
rezo de piedras entre dientes
maldiciendo la boca – afta
afán de bicho acorralado:
perro! perro!
en el ataque contra el muro repetido
contra el fin del día, que muerde.


***

Curador de la muestra: Fabrício Marques
Traducción: Teresa Arijon


25

Copa que se hace de espacio
aire y soplo, tan frágil
que no detiene ningún
color del espectro, ni el trago
del agua más limpia
completándose así: vacía
y transparente — casi inútil.
Pero se presta a la contemplación
al ser usada por el pensamiento
cuando la mano, alzándola
del nivel del mar, la coloca
de cara a la luz, pegada
al cielo, o a su significado.                                        

20 XI 2001


Último tigre

(para Miguel Sayad)

No el de Blake, en llamas
ni el que entrevió Borges
a través de las rejas, tal vez hasta
impresas en el pelo, templando
el oro del ataque y del remanso
interrumpido por las franjas de sombra
yendo y viniendo, entre la miel y la fiera.
Sino el que sobró en Asia o África
— hoguera sola extinguiéndose
en su furia e instinto — sin la mano
que contornee la ferocidad de la garra
y del mirar extremo, o el recuerdo
de su noble metal encendido, sol abierto
incluso dentro de la ceguera, ahora
cada vez más rayado y oscurecido
por las líneas del grafito y el carbón.



Urca

(Para Cri)

en casa           En el jardín, abrupta, primaria
la roca aflora —¡es el pie en el suelo
del Pan de Azúcar, pronto, sentido!
Centinela que golpea en el cielo, en continencia.
Parado, atrás de la casa, equilibrado
para no dar un paso de más, para no pisar
la vida del pequeño jardín, en el bosque de rafias.

en la calle       Aroma a piso de baldosa mojada
y de pasto recién cortado ralo.
El mar siempre orillando las piedras, pero
a veces, raro, en resaca, en el paredón.
El rumor arañado de las hojas secas en la calle
la nota sola, aguda, repetida, retomada
del rap ardiente de la banda de las cigarras
y la percusión breve de las almendras
cuando caen en la calzada, y medio hueca
cuando golpean el techo y el capot de los autos.

(De Nominal)



Tres tipos de piedra

La sucesiva montaña de Sainte-Victoire
vista desde varias distancias.
La Catedral de Rouen
ante las diferentes horas del día.
El Empire State, filmado sin parar
con la cámara parada – frontal
encendiendo y apagando sus ventanas.





MORS EGO SUM MORTIS: 
VOCOR AGNUS SUM LEO FORTIS

Tatuaje fuerte en lugar noble.
Verter, cerca de la fuente del cabello
hacia la lengua próxima, la sensación
enmarañada. Mi latín lejano
claudica, pero los sentidos están abiertos:
la muerte de la muerte muerde el hombro
me llaman cordero, y mi nombre
prevalece – con la fuerza del león.



(De Raro mar)




Bebo de tu vaso, en secreto.
Bebo tu resto. Pienso que siento
el gusto de tu boca en el labio de vidrio.
Saliva, lápiz labial, suspiro, sonrisa.
Así te enamoro, siempre a través.
Mediado por alguna cosa
que tocaste y vestiste — bata
suave olvidada al final de la tarde
al borde de la piscina, en Petrópolis
que capturo a la noche, igual
al suéter dejado, lánguido en el sofá
que todavía guarda la forma
de tu aroma, frente al fuego que muere
en el living frío, en la alta madrugada.


*


Escribo a espaldas de la madre
mancillada por el amor
en las espaldas de los tíos envarados
por la indiferencia y el sarcasmo
en la cara de los primos ejemplares
reescribo, corrijo, haciendo
presión con el lápiz romo
para marcar mi disidencia
en la familia programada, pero
bajo los ojos serios del padre
que me desencorva, y apoya
incluso desconfiado
sin palabra explícita para
no subrayar de más su intención
su odio difuso que también
me toca en fuerte trans
fusión, consigo, conmigo mismo
hasta alcanzar la malvada conciencia.





Alumbramiento

Lencería color carne: desnuda, todavía no
pero transparente, en la luz del día penetrante.
Sentimiento de espera, víspera, furtivo
al tener que desnudarte, que librarte
una vez más, de la elástica desnudez sintética
que resiste, eludiendo los sentidos:
líquida, deslizante, fugitiva
de jersey, nylon, o seda
término medio entre la piel y el agua
dada vuelta, con pasión y paciencia
para llegar hasta la terrra firme del cuerpo desnudo.

(De Lar,)



(poemas en su versión original en portugués)


25

Taça que se faz de espaço
ar e sopro, tão frágil
que não detém nenhuma
cor do espectro, nem o gole
da água mais limpa
completando-se assim: vazia
e transparente – quase inútil.
Mas se presta à contemplação
ao ser usada pelo pensamento
quando a mão alçando-a
do nível do mar, a coloca
de encontro à luz, colada
ao céu, ou ao seu significado.                                     

20 XI 2001



Último tigre

(para Miguel Sayad)

Não é o de Blake, em chamas
nem o que entreviu Borges
através das barras, talvez até
impressas no pêlo, temperando
o ouro do ataque e do remanso
interrompido pelas tiras de sombra
indo e vindo, entre o mel e a fera.
Mas o que sobrou na Ásia
- fogueira sozinha se extinguindo
em sua fúria e instinto – sem a mão
que contorne a ferocidade da garra
e do olhar extremo, ou a lembrança
do seu nobre metal aceso, sol aberto
mesmo dentro da cegueira, agora
cada vez mais riscado e escurecido
pelas linhas do grafite e do carvão.




Urca

(para Cri)

em casa    No quintal, abrupta, primária
a rocha aflora – é o pé no chão
do Pão de Açúcar, pronto, sentido!
Sentinela batendo no céu, em continência.
Parado, atrás da casa, equilibrado
para não dar um passo a mais, para não pisar
na vida do pequeno jardim, no bosque de ráfias.

na rua     Cheiro de chão de cerâmica molhada
e de grama recém cortada rente.
O mar sempre beirando as pedras, mas
às vezes, raro, em ressaca, no paredão.
O rumor arranhado das folhas secas na rua
a nota só, aguda, repetida, retomada
do rap ardente da trilha das cigarras
e a percussão breve  das amêndoas
quando caem na calçada, e meio abaulada
quando batem no teto e no capô dos carros.

(Do Nominal)




Três tipos de pedra

A sucessiva montanha de Sainte-Victoire
vista de várias distâncias.
A Catedral de Rouen
diante das diferentes horas do dia.
O Empire State, filmado sem parar
com a câmara parada – frontal
acendendo e apagando suas janelas.



MORS EGO SUM MORTIS: 
VOCOR AGNUS SUM LEO FORTIS

Tatuagem forte em lugar nobre.
Verter, perto da fonte de cabelo
para a língua próxima, a sensação
emaranhada. Meu latim longínquo
claudica, mas os sentidos estão abertos:
a morte da morte morde o ombro
chamam-me cordeiro, e meu nome
prevalece – com a força do leão.

(Do Raro mar)





Bebo do seu copo, em segredo.
Bebo o seu resto. Penso que sinto
o gosto de sua boca no lábio de vidro.
Saliva, batom, suspiro, sorriso.
Assim te namoro, sempre através.
Mediado por alguma coisa
que você tocou e vestiu — roupão
macio esquecido no fim da tarde
na beira da piscina, em Petrópolis
que eu capturo à noite, igual
ao cashemere largado, lânguido no sofá
que ainda guarda a forma
do seu cheiro, diante da lareira que morre
no living frio, na alta madrugada.


*


Escrevo nas costas da mãe
conspurcada pelo amor
nas costas dos tios empertigados
pela indiferença e sarcasmo
na cara dos primos exemplares
reescrevo, corrijo, fazendo
pressão com o lápis rombudo
para marcar minha dissidência
na família programada, mas
sob os olhos sérios do pai
que me desencurva, e apóia
mesmo desconfiado
sem palavra explícita para
não frisar demais sua intenção
seu ódio difuso que também
me atinge em forte trans
fusão, consigo, comigo mesmo
até alcançar a malvada consciência.




Alumbramento

Lingerie cor de carne: nua, ainda não
mas transparente, na luz do dia penetrante.
Sentimento de espera, véspera, furtivo
ao ter que te despir, de te livrar
mais de uma vez, da elástica nudez sintética
que resiste, iludindo os sentidos:
líquida, deslizante, fugitiva
de jérsei, náilon, ou seda
meio-termo entre pele e água
virada pelo avesso, com paixão e paciência
para chegar até a terra firme do corpo nu.

(Do Lar,)

http://www.vallejoandcompany.com/7-1-poemas-de-armando-freitas-filho/





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