viernes, 25 de febrero de 2011

3149.- AURELIO GONZÁLEZ OVIES


Aurelio González Ovies (Bañugues, Gozón, 9 de febrero de 1964) Escritor y poeta asturiano. Es licenciado en Filología Clásica y profesor de latín en la Universidad de Oviedo, donde ejerció de vicedecano de la Facultad de Filología de 1996 a 2008. En su obra poética destacan desde su primer poemario, Las horas en vano (1989), hasta el último, la antología Esta luz tan breve (Poesía 1988-2008), varios premios literarios y su incursión en la literatura infantil y juvenil así como sus colaboraciones periodísticas habituales.
Premios literarios
Premio de narración Isabel Bosquet. 1984.
Premio Internacional de Poesía ‘Ángel González’. 1990.
Premio Internacional de Poesía ‘Feria del Libro-Ateneo Jovellanos. 1991.
Premio Hispanoamericano de poesía Juan Ramón Jiménez. 1992.
Accésit Premio Adonáis de Poesía. 1992.
Accésit Premio Esquío. 1994.


Libros
Las horas en vano. Plaquette. Heracles y nos. Gijón. 1989.
Versos para Ana sin número. Oviedo. 1989.
En presente (y poemas de Álbum amarillo). Gijón. 1991.
La hora de las gaviotas. Huelva. 1992.
Vengo del norte. Rialp. Madrid. 1992.
Nadie responde. El Ferrol. 1994.
(Ed.) La muerte tiene llave. Fíbula. Avilés. 1996.
(Ed.) Con los cinco sentidos. Fíbula. Avilés. 1999.
(Ed.) Las señas del perseguidor. Fíbula. Avilés 2000.
Nada. Ed. Deva. Gijón. 2000.
34 (Poemes a imaxe del silenciu), Oviedo. 2003.
Tocata y Fuga. Alvízoras Llibros. Oviedo. 2004.
(Ed.) Una realidad aparte. Fíbula. Avilés. 2005.
El poema que cayó a la mar. Pintar-Pintar. Oviedo. 2007.
Chispina. Pintar-Pintar. Oviedo. 2008.
Caracol. Pintar-Pintar. Oviedo. 2008.
El cantu’l tordu. ALLA. Oviedo. 2009.
Esta luz tan breve (Poesía 1988-2008). Saltadera. Oviedo. 2008.
Todo ama. Pintar-Pintar. Oviedo. 2009.
(Ed.) NO. Fíbula. Avilés. 2009.
Mi madre. Pintar-Pintar. Oviedo. 2010




Acción de gracias

Me ha costado mis años
llegar a escribir
soy
siento.
Estoy aquí y percibo
la grandeza del día,
su dimensión azul,
mi transparencia.
Se lo debo a los nombres
que tanto me llamaron.
Se lo debo a la infancia
y a su fosforescencia.
Se lo debo a los árboles
que crecieron conmigo.
Y a los versos que un hombre,
pastor en Orihuela,
dejó sobre la vida,
llegaron a mis manos,
giraron en mis ojos,
filtraron en mi voz.
Y, corazón arriba,
reconocimos juntos
la belleza.







Área de prioridades

De nada vale decir
aquí estoy yo,
gobierno y mando,
si al pasar por Castilla
y ver el sol crujiendo tras
los olmos,
uno no sabe dar gracias a Machado.

De nada sirve
montar revoluciones, modernizar
las leyes,
si al entrar en Moguer y abrir sus muros
blancos,
uno no escucha, como un geranio púrpura,
la voz en los balcones de Juan Ramón
Jiménez.

Muy poco importa
marcharse tan de prisa a tantas partes
a todas a ninguna,
sin pararse una vez, y al coger nuevo
aliento y mirar el camino,
sentir sobre la piel: Palabras
para Julia.

Sin duda alguna,
España no va bien, como el resto
del mundo y el fondo de la vida.
Necesitamos agua, pan, un poco
de esperanza. Y poesía.






El veneno agridulce de la vida

Ganar, abrir, cerrar,
perder. Hoy el encuentro
feliz. Mañana la despedida.
Todo es lo mismo
y contrario. Como la luna
y el día. Todo de luz y de
sombra. Como una noche
muy llena y una casa
tan vacía.

Tomo un sorbo. Reconozco la fe.
Amargamente sonrío:
dulce veneno, la vida.







Deshielo

Enero. Sus últimas
estancias. El sol
está más alto.
Alguna lagartija asoma
entre los setos.
Brotan ya los narcisos
con la misma pasión que un día
sentí sobre mi cuerpo.

Respiro hondo. Rejuvenezco
un poco y siento
-qué contradicción dulce-
que envejezco.






Repetición de un día

Esta mañana -julio, sol, silencio-,
amargamente hermosa, la he vivido
hace tiempo. No sé dónde
ni cuándo.

Los gatos a la sombra del castaño,
espejismos de fuego en los caminos,
la vida inabarcable y el eco intermitente
de un tractor a lo lejos.

No sé dónde ni cuándo. O todo
era más hondo o yo no soy
el mismo.





Argos

Los caseros no atienden a sus ojos,
pero detrás de sus negras pestañas
oculta una tristeza tan redonda
que apenas le permite la mirada.
Por eso algunas veces con la cola,
cuando escucha el sigilo de las vacas,
dibuja sobre el barro en que reposa
retazos de impotencia y de desgana.
Y poco a poco el giro de las moscas
que rondan sobre él noche y mañana,
le han dado un parecido con las cosas
que a la muerte se pudren olvidadas.
Su hocico respingón ya tiene forma
del aullido más último del alma,
y de aquella nariz de caracola
tan única en los rastros de la caza,
cuelga la transparencia de una gota
que ya no puede secarse con la pata.
Y aunque sigue esperando, de su boca
sale de vez en cuando esa palabra
con que expresan los perros su derrota;
y lloriquea y cae y se levanta...






Arquitectura de las ruinas



Antigüedad
mujer hermosa
con ojos pompeyanos
que lleva cestos
de sombra
hasta las viñas
Mar
que se mira
en un espejo
y se serena
antes de que
la vean
amanecer las naves
orgullosas
Mujer
lanceolada
con los pechos
en púrpura
que visita
los templos
y pestañean
las lámparas
de aceite
Cintura de la juventud
de la columnas
melancolía
de la flor de
la manzanilla
que te hace
aniversarios
en latín
al lado
de las losas
Mujer
vestida de ceniza
y rayo de luna
que en la noche
te han visto llorar
sobre un mosaico

Pasabas
levemente
los dedos
por la desvanecida
sonrisa
de los padres
queridos.





Sueño de la razón oscura

Qué más quisiera yo
que ver desde los montes
el animal del tiempo.
Ser el reverso de la sombra.

El huésped más agraz de las luciérnagas.

El viaje más fundible de los túneles.

El ritmo artesanal del corazón.

El invertebrado rojo de la llama.

Qué más quisiera yo
que ser el viejo perro del coraje
y asustar a la muerte
cuando viene a buscaros.




Usted seguro que ha sentido vergüenza alguna vez...

Usted seguro que ha sentido vergüenza alguna vez
al decir que en su cuarto caía una gotera
o que su pobre madre le hacía el bocadillo
siempre de natas con azúcar
-son cosas de la vida-.
Confieso que en mi casa el olor a humedad
era casi entrañable
y todos los domingos se comían garbanzos,
salvo en alguna fecha señalada.
Que lloré muchas veces por no querer llevar
los jerseys con coderas
o no tener un lápiz con enanito arriba.
Confieso que la ropa nos la daban los primos
que ahora son albañiles
y que nuestra familia se rompió por la herencia
de unos metros cuadrados de baldosas con taras
-son cosas de la vida-.
Que, a escondidas de todos y hasta los siete años,
tuve el chupete debajo de la almohada.
Confieso que los míos son personas sencillas:
usted sospecha que hablo de un padre que no sabe
lavarse bien los dientes,
de una mujer que escribe con mala ortografía,
de unos hermanos fieles como la misma sangre
y una casa que huele, cada vez que entro en ella,
a las húmedas manos de la melancolía.
Confieso que he nacido donde hubiera elegido
por encima de todo
cada vez que naciera.





La hora de las gaviotas (Diputación Provincial, Huelva, 1992).


Tolos díes igual

Tolos díes son iguales. Llevántase
y enxagua los güeyos y la cara. Toma
un sorbu café. Saca les pites,
pon la pota a ferver, sacude les alfombres
y barre l’antoxana.
Tolos díes igual.
Mete unos bocaos porque hai que resistir.
Va mirar los viveros, el morgazu;
arranca cuatro berces,
quita la ropa seco. Siéntase a repásalo.

Tolos díes lo mesmo. Escurez,
bate un güevu. La tortiya francesa,
el parte. La soledá y el calavichu de la
contraventana.

Tolos díes. Unu
a unu.

Una manera más
d’entrampiar la esperanza.





Varines de volaor

Alcuéntroles dacuando
Güei yá naide les paña…
Güei yá naide les paña…

Y entovía me güel a pólvora
y a branu y paezme
mentira
que s’esfumaren estos 40 años (que
s’esfumaron. La vida namás cunde
cuando se nos ablaya):

Taben toles fachaes encalaes
y fresques
y golía la carne guisando nes cocines
y en tolos corredores
la lleche recudiendo nes fardeles
de sábana.

Prestábanos –qué ilusiones más rases
y más fondes-
mirar cómo plantaben les estaques
d’ocalitu
pal quioscu de la música
y el puestu la barraca;
y esperar los camiones colos fierros
del tiru y de la tómbola
y a aquelles portugueses de faldones floriaos
y pendientes de cobre
que diben a la presa de mio güelu
a llavar los cacharros y garrar agua.

Prestábanos, si, muncho
nos prestaba
que llegaren los primos,
que llenaren la casa,
la comida’l domingu, nel medio’l
tendeyón, aquella mesa llarga…

Alcuéntrolos dacuando
y entovía’l nordeste –el mesmu
que m’empuxa, el mesmu que m’avieya,
el mesmu que m’arrastra- traime cachos
d’aquellos paxarinos que vais
cantando y d’aquella moza con cara xitana.

Y entovía nos altos maizales
que m’aparten de mi, que separen
pasáu d’esta edá sin sustancia,
adiéntrense pareyes de recuerdos
d’amor;
y una verbena allumbra
ente’l mio corazón y una inmensa
distancia,
con guah.inos que compren
a les ablaneres
unes gafes de plásticu, carraques,
restallones y manzanes
cubiertes de colorao y escarcha.

Varines de volador…, la vida ye
lo mesmo: enciéndese,
espovisa, revienta,
y dexa
un filu
de fumu
qu’ensiguida rescampla.





Homenaxe


Nun volveré a nacer. Naide
lo fizo. Pero por si los muertos
anden ente nosotros
coles señes cambiaes y unos vistios
nuevos y el so corazón propiu,

PIDO
ser esti mesmu yo nel que viví,
con toles mios maníes,
con tolos mios defeutos.
Díxilo munches veces
y otra vez lo repito:
quiero nacer ellí,
onde ronca’l Cantábricu
contra’l cuerpu oxidáu
del mio Llumeres, un puertu, mui
al norte, con galipote y mofu
y botes y lancheros.
Escuchar los glayíos
d’unes muyeres buenes llamando
-dende la nueche alta-
a los sos homes,
porque ta la mar mala
y mal iviernu.

Que la mio imaxe primera seya la to caruca,
madre mía, y los mios deos te toquen,
dende yá mui de neñu,
como’l que posa un poco de brisa
nuna flor,
como’l que tien mieu mancar la piel
d’algo tan tierno.

Ellí mesmo, nuna casina baxa con balcones
azules,
a la vera’l camín, ente’l
faru
y el cielu. Al norte, muncho
al norte,
-casi en plenu abandonu-
onde toles mañanes sonaba una sirena
porque morría un mineru.
Que los mios hermaninos quieran
ser pa siempre los míos;
y un domingu mio pá
nos amarre un columpiu nes
cañes más gordes del peréu.

Que tean nel so sitiu les coses que me falten
y que fueron,
los güeyos qu’aprendí,
qu’un día nun abrieron
les sos contraventanes,
nin podaron los árboles,
nin tendieron la ropa,
nin salieron xamás al panaderu.

Ellí, tien que me ser ellí, xusto
onde sentí tantu fríu per fuera, tantes
ganes de tanto,
como cariñu dientro. Al norte, muncho
al norte, ente maízos fondos
y horros altaneros, baxo los qu’entovía
dalgunos díes, mui ceo,
oigo cómo cabluña’l filu a les gadañes
el martiellu del tiempu.

Por eso, cuando me toque dir,
pa que nun se nos faiga abegosu’l realcuentru,
que me metan puñaos de salmoria na voz
y, nos remos del alma,
que m’añuden to nome, madre mía,
en llugar de cruciame les manes
sobre’l pechu.




Cuanto espero

Cuanto espero del mundu, téngolo yá nes manos.
De la fe, les veletes de xelu sol cielu azul de xunu.
Del amor, el primer fogonazu y la certera bala.
De la nueche, la estrella cola que mio ma llee
de nueche los mios versos.

Del silenciu, los güeyos.

Del iviernu, los páxaros.

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