miércoles, 23 de febrero de 2011

3120.- JOHN KINSELLA


John Kinsella (Australia)
Nació en Perth, en 1963. Hizo estudios en la Universidad de Australia Occidental y realizó un largo viaje de aprendizaje por Europa y Asia. Su poesía ha tenido una vasta difusión no solo en su país sino además en todo el ámbito de la lengua inglesa. Comprende más de veinte libros, desde el inaugural Night Parrots (1989), hasta la antología seleccionada por Harold Bloom, Peripheral Light (2004). Este crítico la ha descrito como «una fuente órfica», «un prodigio de la imaginación», y en definitiva «un arte mayor». Hito en esta des-lumbrante trayectoria es The Silo: A Pastoral Symphony (1995), objeto de numerosas reediciones y de una consagratoria acogida de la crítica. Es fundador de la revista literaria y editorial Salt, y profesor en Cambridge University, Inglaterra, y Kenyon College, Estados Unidos.



El pájaro visto aquí por primera vez
en cuarenta años canta con diligencia
desde el alambre, te viras para tocar
el hombre de un amigo
y cuando vuelven a tornarse juntos
no encuentran nada que no sea cielo
y el hilo tembloroso.

El silo: una sinfonía pastoral










Al borrar el World Trade Center

Al borrar el World Trade Center
del capitalismo, se negaron a considerar
el simple peso de los encenizados;
ya limpia, Times Square relumbra
con esmero, la multitud responde al saludo
de Eminem, que cruza las líneas
los datos resplandecientes; Marianne Moore en alguna parte
sentada en su trono; en el sol de Brooklyn
maneja los apartamentos y los barrios
como un pastiche de música y metonimias
para plantas y animales, palmas al revés,
el escape y el propósito en la huida
rocosa de las aceras.

en America o El Resplandor, 2005

Traducción de Katherine Hedeen y
Víctor Rodríguez Núñez




America or glow

[fragmentos]

Traducción de Katherine Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez

Para Víctor y Kate

En un clima intenso raspo
fibras de alfombra de los puños de mi camisa,
cautivas allí por la estática,
se alucina con la política exterior,
sin descartar nada, pelotas en juego,
profetas que hurtan,
“mano de obra barata”
un tropo.



Silos curtidos
punta de ala a punta de ala
como si reuniera
la vida allí
programas acrónimos
—todas las letras de todos los nombres,
los carros circulan casi igual
por Idaho
que cuando la OPEP
no les daba más
que un barril, la largueza
de motores de búsqueda y software:
Venus Williams,
Andy Roderick,
su amigo de la universidad James Blake,
Althea Gibson, el torneo “Little Mo”,
Martina Navratilova;
colosales vapores de línea blancos
que navegan al puerto de Nueva York,
Smith and Wesson…






La frivolidad es Camelot
rajas de leña, papas fritas a la libertad
no suficientes para la Compra de Louisiana,
una democracia falaz
se recuerda Atenas,
los pocos que votan,
el Destino Manifiesto.




Túmulos: el fantasma derrotado
el horror de Amityville o Salem’s Lot,
la cuadrilla vagabunda
de vampiros
no vista en las gafas espejadas estilo años 80
de los oficiales de inmigración;
alabada sea la santísima tarjeta verde,
la lotería exclusiva a lo Whitman
la democracia y el camuflaje
en las cafeterías de las escuelas: las vendedoras automáticas
de comida “mala” sólo para después del almuerzo;
estrategia lo que la caza permita
y lo que la nieve retoce
desmesura
los que tienen y los que tienen más
se jactan en los búnkeres
bailando
como los medallones
y carros de chulo
se convoca a asamblea
un gran cambio,
el Derby de Kentucky,
un jolgorio
de promedios académicos.





Como un disco rayado,
leía el Manifiesto Comunista
en Vietnam y casi
celebra sus nupcias allí, como un borrón
las arenas del desierto
sirven mejor a las mentes arábicas,
teórico de la conspiración,
puertas de par en par
que demuelen la selva
ruedan películas,
palmariamente contra la guerra,
disfrutan los helicópteros.





El granero de Dios
el conteo de votos
la salvación
y ése cree que todo fue creado en siete días
con excelentes habilidades en informática,
hechas a mano para programas de defensa.
Patrióticos.





El río se desborda,
la crecida del arce,
las secoyas cortadas a la medida, íntegras
en la conciencia del alma de madera,
la inquietud por los lotes de entierro
incrustados de centros comerciales
se pregunta en qué país vives,
el extranjero no puede contestar: alucinado con los caprichos
de un condado Knox presupuestamente homogéneo
aislado, que no lo es, el retumbar y el acelerón
de las camionetas a las seis de la mañana por la calle East High,
en un pueblo All-American,
se reza por nuestros hijos y colegas
que van al Medio Oriente,
se conoce la virtud que saca
a los profesores pacifistas de sus trabajos,
el miedo de ser demasiado progresistas
en los campuses…





El profeta de Nevada emergió
de un fortificado holocausto, un nihilista
con capa, denominación —hasta culto—
indescifrable, aunque totalmente
resuelto como el general en terapia
—un excelente soldado de asalto—
que señala,
apunta a la diversión,
qué divertido
es para quienes se divierten con la diversión
como él y otros,
dispararle a alguien,
una geoteosofía del cuerpo,
una escatología autorrealizada
que es el hombre como guerrero en el hogar.





Hago constar que recientemente
he sacado los siguientes libros
de la biblioteca:
la poesía de Dunbar, Zanzotto, Lorca (Poeta en Nueva York), Sinisgalli, Cesaire,
Dickey, Berryman, Beddoes; The Libertine Reader de Feher,
Interpreting the Indian: Twentieth-Century Poets and the Native American
de Castro, la biografía crítica Antonin Artaud de Knapp,
la biografía de James Dickey de Hart, Indigenous Australian Voices: A Reader,
volúmenes sobre el anarquismo norteamericano, el pacifismo, el medioambiente…





Hay una bien mantenida casa de piedra al final del pueblo
en la calle High que nunca tiene las luces prendidas —las líneas eléctricas
penetran en la estructura, pero también hay un coche Amish
que suele ser estacionado en un lateral.
La leña está recién cortada y apilada
en bellas cargas arquitectónicas
por el costado donde da el sol.

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