jueves, 9 de diciembre de 2010

2398.- AMPARO ARRÓSPIDE


Amparo Arróspide 



(Seudónimo de Amparo Pérez Gutiérrez; es traductora y poeta hispanoargentina, nació en Buenos Aires (Argentina) y reside en Madrid. Ha publicado, entre otros títulos, Pañuelos de usar y tirar (1995) y Alucinación en dos actos y algunos poemas (1996), y también cuentos y poemas en diversas revistas impresas y electrónicas. En 1998 obtuvo el Premio Rimbaud de la Fundación de Poetas de Mar del Plata, Argentina (véase La Blinda Rosada en http://altern.org). Es autora, además, de varios artículos sobre Margaret Atwood, de quien ha traducido al castellano el poemario Morning in the Burned House.






Mutua necesidad

Hipócrita lector, ahí repantingado, sosias de sí mismo, virando de izquierda a derecha y de arriba abajo, de la tristeza a la euforia, de la caída de un imperio al nacimiento de una nación, del soneto al haiku, de la esperanza cronopia a la crisis onettiana. Se seca cuatro lágrimas --incluso empapa un pañuelo--, o ríe satisfecho de estar a solas con su inteligencia que le permite, perspicaz,  entender el poema difícil, el ensayo hermético, el cuento adulto. Y cuando se cansa de estar solo contribuye a propagar el virus de un bestseller. 
Hipócrita lector, mi semejante, hermano en la mentira. Pero cuando se haya logrado reemplazarlo  por una máquina cualquiera, ¿qué será del autor?




En el consultorio

             Tras haber escuchado a innúmeros pacientes cuyas obsesiones eran 
                                                 irremediables, el psicoanalista logró, por fin, curarse.

Elenco: Señor X y Coro de Pacientes

Señor X:

Ciudadano paciente, usted no puede vivir  la vida frívola sin hacerse cargo del ángulo formado por las líneas horizontal y tangente a la superficie del mar. Usted no debe pensar en zonas bajas de presión atmosférica. Obviamente identificarse con Madame Bovary es clara muestra de sus deficiencias. Usted debería hacerse responsable hasta de sus arrugas, esta irresponsabilidad suya no le conviene a mi bolsillo, las ideas advenedizas e hilanderas de cambio, resurrección o simple mejoría, sin mi santísima intervención, siguen sin convenirle a mi bolsillo. Para algo estudié Ciencias simpáticas.

Qué no daría usted por hablar como yo, por callar como yo. ¿No le admira la fluidez de mi silencio? Que tengo dos manos es una creencia irrefutable.

Ciudadano paciente, si  respetase usted el orden normativo de las cosas, presentaría una progresiva  inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos. Como corresponde a cualquier período de baja actividad económica general, caracterizado por desempleo, deflación, decreciente uso de recursos y bajo nivel de inversiones. 

Coro: Estás a salvo aquí, en el consultorio.

Pero voy a  invertir en usted mi tiempo y mis conocimientos científico-simpáticos. 
Qué no daría usted por hablar como cualquiera y callar como yo. ¡Hablar, he ahí el gran desafío! Inevitable la relación de amor-odio, la proyección y la transferencia, aunque prefiero los pagos en efectivo y en mano. 

Coro: Estás a salvo aquí, en el consultorio. 

En el majestuoso juego social del lenguaje se alegra el individuo cuando, siguiendo las mismas reglas de juego, piensa con millones a la vez. ¿No sabe quién lo dijo? El genial Fritz Mauthner. Y yo pienso emplearme a fondo, salvándome de la baja actividad, gracias a usted. Por eso no celebro sus ocurrencias ni accedo a congraciarme con sus efusiones, por eso un silencio fúnebre sucede a su parloteo: efectivamente, está usted más solo que un escuerzo en secano. Pero siempre respondo a sus gemidos existenciales y acompaño la mínima mueca de dolor con ofrecimiento de kleenex  limpios. Sufra, hombre, sufra. Los juramentos hipocráticos me secundan y de poco le servirán diplomas a quien los tenga.

Coro: Estás a salvo aquí, en mi consultorio.

Por su bien y por el mío, ciudadano paciente, lo engranaré en la maquinaria de la rutina social. Afortunado usted: de haberlo atendido otro (hay dos escuelas, la dura y la inflexible), dada su mórbida atracción por Sogas y Vigas ya estaría colgando de un palo. Podría hacer otro chiste fácil con los empalmes del ahorcamiento, pero no lo haré. Alégrese, hombre, tiene usted permiso. ¡Pero hable, calle, alégrese! 

Coro: Estás a salvo aquí, en mi consultorio.





EL CIGARRILLO

...El cigarrillo que me fuma lentamente…
Sus volutas
incendian…
Apenas me consumo
vuelvo a ser la ceniza de un deseo
vago errante
por el invisible fotograma 
de lo que fue perpetrado alguna vez
— como excesiva es la vida
y se esfuma.

De boca en boca de labio en labio
me desenhebro, como antes fui
nervadura
dibujo del exceso vegetal.
A los siete años me fumaron
y la vida útil de un cigarrillo 
quién sabe cuál sea
(o la vida útil de la mosca)
En todo caso 
querría ser fumado con arrobo:
como fuman los reos
   su último cigarrillo...






Ir envueltos en la bruma del no saber
andar de punta a punta de una estrella
vadear el cielo, creer nueve planetas
alineados desde el sol, marcar
con tiza las alamedas de los ovnis, volver
al bang y al big y esclarecernos

en el estallido de los gases de colores
en el estrépito silencioso de la noche
a la altura del manto de sus lágrimas
que llueven por nosotros,
mientras amamos a dos dueñas injustas:
la Contabilidad y la Línea cronológica.







LA CITA

-No para siempre- deseó
Y las risas de la gente no eran risas
y el río que fluía no era río
y las nubes tan altas no eran nubes
y el rostro de la mujer no era un rostro
ni una nube alta
ni un fluir de río
llevándose  corbatas, compañeras,
canciones, esas cosas


Y se sentó a escuchar recuerdos que le temblaban en las manos
Bebió copa tras copa
Buscó con quien beberlas, para estar aún más solo,
y así lo encontré esa noche
frente al bar de una estación en sombras como el río






En el supermercado
jardín de las delicias
quitándome los pies de la mendiga
que al lado mío intenta contrabandos
En el supermercado donde
pago con buenas intenciones
y una cara centelleante de piedad cristiana,
con el visto bueno
de la cajera
y código de barras en los dientes
accedo a la musicalidad del esperanto
En el supermercado
transportada en carritos fulgurantes
toco, miro, embalsamo la cordura
en lata al lado mío pregunto
dónde guardan aquí
la comida de perros y alguien  muestra
la lengua de mastín
En el supermercado soy
la bata que se prueban una y otra
color de rosa soy
balsámica
y redonda…






OPCIONES DE FUTURO


Excrementar monedas nobles o de acero, aluminio, petróleo
Irlas repartiendo por los semáforos
o llevarlas al banco envueltas
en papel de celofán ventosidad
y que nos den el recibo del depósito

Escuchar porcentajes, comisiones, 
prometer una diarrea a corto plazo
con interés altísimo interés:
gran alborozo del gerente 
gran alegría en el Mercado the stock market

Rumiar el rumbo 
de las cotizaciones 
con gravedad, solemnidad,  ponderación

No convertirse en lobo, seguir
la rueda de los días tan alegre y confiado
: lo llamarán  un buen colchón                cochon, cochon, cochon

Jugar a concurso de acreedores
con las nobles monedas cagadas
irles quitando prendas 
a los desahucios,                                          quíteselos, quíteselos
sus corazones tiernos, en primer orden 
de prelación, ponderación                       o felación
y los títulos menstruales
: esos que tantos orificios reportan





Decir adiós

Y cuando no se pueda más, decir que has vuelto
que te diste la vuelta y desanduviste tanto
que atrás no queda nada, lo olvidaste
como quien se desnuda de un sueño

pensando que está bien y todo cabe
en la cesta de mimbre, el pan  y los abrazos,
y la memoria en paz, decir que has vuelto

si no con habla humana, en lenguaje de pájaro

______________________________________

Todo se puede decir o fluye 
y reverbera en torno, como un aura

saber que el caballo está pastando
en algún sitio, pastando

y soñar el muro de piedra donde viven los mirlos
y las grietas donde ocultan sus huevos las palomas
y las briznas que portan las cigüeñas

soñar el río, el fin del prado y de la linde
el cristal de la altura, el camino entre rocas

palabras que todo lo han dicho sin decirlo
desde hace miles y miles de pájaros.

          [Amparo Pérez Arróspide, 2000-2014]


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