miércoles, 1 de septiembre de 2010

807.- CELIA GOURINSKI


Biografía:
Nació en Buenos Aires (Argentina), en 1938 y murió en 2008.
Obras publicadas:
Nervadura de Silencio: poesía, Editorial Malazán, 1958. (agotado)
El Regreso de Jonás: narración poética (Prólogo de Aldo Pellegrini). Editorial Rayuela, 1971. (agotado)
Tanaterótica: poesía. Prólogo de Francisco Madariaga. Editorial Botella al Mar, 1978. (agotado)
Acaso la Tierra: poesía. Prólogo de J. J. Ceselli. Editorial Botella al Mar, 1981. (agotado)
Instantes Suicidas: poesía, Torres Agüero Editor, 1982. (agotado)
Inocencia Feroz: poesía. Prólogo de Miguel Espejo y dibujos inéditos de Enrique Molina, Editorial Argonauta,
1999.
Obras en preparación: En la Comarca: narración poética
Cadencia Rota: poesía





JÉTTÈZ LES LIVRES, NATHANÄEL *

Que no quiero saber cuál es mi última morada o si
toda vez es

Recreo los patios floridos de cementerios precoces
como los juegos de niños
Esta vez es como todas las veces una enfrente de otra
una en los desvelos del misterio
Última morada fue cuando todavía era en mi madre
No hay un distraerse en las playas irremediables de
los mares futuros
Y ahora nada más que no saber

* André Gide




Poeta incierto

Quieran los barcos no desesperar en las brújulas locas
Sea así por los náufragos, quiera el mar no aliviarlos
Sucio lujo del odio, el invento de probables salvatajes:
¿a quién? ¿de qué curioso lugar en la ignorancia?
Señor Dios, no permitas que mi señor me otorgue
piedad
En los naufragios hubo una vez en que amarse no
tuvo culpa ni castigo. Quieran los mares ser impíos
en nombre de la Piedad

Dónde estamos, amor mío, cuando nuestro triunfo
nos premia con lo inalcanzable, cuando nuestra
extrema cercanía no deja lugar a lo cercano,
ese árbol, ese aletear en la cornisa
ese escalar en cualquier calle

Que hubo un terreno que dejó de ser baldío, que
hubo un temblor de besos de demonios...


*
Quieran los barcos ser brújulas locas, enamoradas
brújulas locas





El gran juego

Aquella negra necesidad de adiós

adiós breve
escondido en indelebles huellas de las sábanas
perdidas como mares sobre el suelo del deseo
negra necesidad de perecer
adiós sólo en ceremonias de la jaula

el follaje suspira en mi piel
caricias
espasmos
el follaje que en mi piel destruye el tiempo
enloqueciendo el principio y el fin
sola visión de sábanas perdidas como mares en cada
instante desvaneciendo el miedo
los adioses prematuros
escenas donde el miedo mora
pero si todo es adiós

el amor a parir el amor a matar
y sobre nada más que aquel follaje
amantes girando en espiral sobre las vísperas

benditos los que saben que aman tornándose
duendes sin despedidas

pero si todo es adiós




CERTEZA DEL POETA

Van y vienen los pasionarios de la tristeza, le cantan
con opíparas lágrimas, falsos y pervertidos de sí
mismos, le cantan bellamente a las bellas tristezas

Siento aquellas puñaladas defensoras, mentiras de la
mentira, y me obligo a descubrir a Su Majestad La
Tristeza, sucio diablo que entre los diablos, no
perdona




Los amantes

No me des agua para calmar mi sed, sino vino para la
lujuria
Tú me has visitado en los ensueños de niña. Moría.
Moría de frío
Porque tu frecuencia, sabías que mi risa se esclavizó a
la negrura
Cómo observabas mis juegos tan raros como mis de-
beres... mis rituales sacros menos familiares y la
rareza como expulsión a transparencias
No quiero saciar mis momentos con gratos acompa-
ñantes, porque tú, hermano de increíbles travesías,
tu maridaje, tu duelo
Que no saciaremos nuestra sed






Una ley

Me muevo como una hilera de álamos enlazados a la
luna, sirvientes del viento, deshojando raíces de un
tiempo mayor
Me muevo como todo movimiento absoluto en un
abanico de rojas anécdotas desde el elfo a la pordio-
sera del puerto
Me muevo nada ni nadie se detiene en un lugar, que
todo lugar es impreciso me muevo y me muevo
el lugar mora en ambas
partes de los soles en toda línea contraria en sí
misma y todo estalla cuando me muevo
el sopor de medianoche,
plegarias que nunca se murmuraron, tórridos escon-
drijos de las señoras sin cielo
gérmenes circulares y
decadencias del reloj
Me muevo con contorsiones de brujerías de los extra-
limitados con furia
con pureza y con furia
hasta desaparecer demasiado furtivamente en la
corona del tiempo






Testimonio

Siempre, en cada ortiga de cada hombre, en cada
ortiga, será mi amado la ortiga a la que evoque,
ensangrentada mi boca cuando le hable besándole
como pródigo entre las nubes de nuestra infancia,
cuando éramos tan cercanos, cuando éramos mira-
das oblicuas sin vernos como ahora




Amor, mi historia comienza cuando dices que no y
me amas y te amo un instante un día un millón de
soles apagados




Condenada a perderte cuando te amo
mis muslos mojados
por el cielo, tus ojos
mi vientre




Siempre estarás conmigo, en cada ortiga, con la
máscara insondable de cada olvido
en ti y sin ti
me ames o no me ames
porque te amo






VUELOS TRANSGRESORES

Y no se van los pájaros y no se espantan los pájaros y
tu eres pájaro
oh, el juego
Nada es exacto pájaro nada escapa a la noche si escu-
chas el sonido de tus espejos
pájaro en las espaldas
en los muslos en la cabellera pájaro de un tiempo
desmemoriado


Alas lanzadas no hay un fin pájaro en el semen del
cielo que riega tu pico que riega mi cuello


Pájaro asesino de límites, juguete sagrado entre mis
manos de insurrecta







Recuerdos del ahora

Oh, nostalgia demoníaca, gozo de cementerios
audaces y nacimientos precoces


Nada de decir nada, mujer y hombre en cada uno de
los que aman al cuervo como al cordero
Suspiros aletargados y profundos susurros que
amanecen sin guarida, especies hurtadas del
horizonte
cuando se acaba la lumbre
mientras recorres mi cuerpo






Cadencia rota

Suelo nadar mar adentro y nada me detiene suelo
nadar y sólo sé del miedo y el miedo me arroja e
invento islas que salvan con plegarias para el des-
canso y nada me detiene y el miedo despide una
voz gutural y no me detiene el miedo me hiere los
brazos las piernas
Penetra y me impulsa negramente al horizonte me
ahogo de mar y de miedo
la costa lejana
la ciega costa lejana
y te encuentro mi señor mientras me ahogo
Me uno a ti te reconozco re nombro
nos hundimos
otra vez nos besamos


Suelo pisar mi otra costa después de descender a
lóbregas mansiones paraísos de moluscos y plantas
asesinas

Un beso de los hermanos descubiertos en mi tan
feroz inocencia

Si te atreves







Huellas en la eternidad

No sé si habré dejado huellas, no me importa. Tuve
un cuerpo y magias, una estadía anciana. He deser-
tado de toda espera junto a la mandíbula del tibu-
rón. Siempre adolescente, me senté a la orilla del
tiempo, fuerte como el olvido. Mi abuela estuvo a
mi lado. Y otras ascendencias más remotas en el
barro del batracio
He amado con furor de desgarrada he cenado con
bestias y aves del alquimista. No sé si habré dejado
huellas. No me importa
No estrategias no artimañas




Sólo poder perderme







Inocencia después

Inocencia, no desesperes en la culpa de los cuerpos
marchitos
Ellos nunca fueron elegantes, nunca un fulgor echó
sobre ellos su hechizo
Inocencia de bellas crueldades, acompáñame a
recorrer lugares reservados a los dioses burlones,
que juegan a devorar toda ley inventada por sus
vástagos
Mira mis rodillas poco sumisas en el reino del verano
Mira mi escondrijo lleno de cofres que guardan
ropajes saturados de hastío en las maravillosas
familias
Mira la sombra de despedidas apresuradas, erróneas,
que se convirtieran en reflejos extremos del amor,
oh tembladeral de vidas
Te invito a pasear conmigo en los bosques, matas de
pelo en el lomo de la loba, en las axilas con olor a
cielo, en el duelo de los romances perdidos


Porque contigo he de cruzar leyendas majestuosas,
despojos feéricos, insignificantes cuartos perdidos
en la hondura de tu estigma, resurrecta orden de
no obedecer al amo más que cuando se acerca el
mediodía del espanto en el recinto vecino allí,
donde el muerto querido alza una copa de alcohol y
aúlla concediendo una visita al infierno
Tu ríspido imperio me eriza, me vuela, me estremece,
me hace desear padecer partir sin consuelo. Tu
sombra anega, pasionaria de los viajes trazados en
el vértigo del soñador

Puta mágica sagrada







Paisaje íntimo

Tantas ciudades tantos cielos derramados con inso-
lencia tantos caracoles vacíos que ya no narran
historias del mar tantos comedores de vagabundos
hambrientos tantos bichos noctámbulos en la
mitad del vértigo de madrugada tantos habitantes
incautos y verdes ojeras y resplandores de hogares
donde sólo quedan cenizas y todo tanto más, cuando
se avecinan ceremonias nupciales y cada vez y cada
amante y tanto en cada melancólica despedida en
tanto revés de tus señas y tantas irreverencias hasta
la sombra secreta y en cada movimiento lento y
sagrado cuánto fuego en la alborada de los niños,
en los zapatos gastados, en los sombreros que se
ponen las nubes y cuántos mediodías sin sol y sin
negrura y tanto desparpajo y tanto recorrido por
zonas peligrosas y cuánto en tantas constelaciones
del silencio y del naufragio








Amor único

Detente en cada árbol del bosque, detente en cada
casa de la ciudad, detente en la semioscuridad de
cada hotel, detente en las vías del tren hasta el
desesperado salto

La jorobada tiene la piel tersa y gris, ella no se detu-
vo en su baile a solas
La jorobada se detiene en su orgullo hacia ti
que luces un manto de
hojas frescas y hogueras
las más bellas para la
bella joroba

Ámala, detente en cada árbol del bosque
en la jorobada soberbia
detente para mojar la joroba con tus besos de águila
pasajera. Llévala al recinto donde tú y yo nos con-
fundimos, ámala un instante y entrégamela a mí

detenida en los bosques
de cada árbol
en el estibador desconocido que cree poseerme
mientras la estela delatora nos regala los momentos
de las rondas niñas
de las rondas en los ojos
perversos perdidos en nuestro postre primero en la
Galaxia en nuestro juego ritual






La noche de la hembra

La noche, ese gigante impío
Cundes con tu tribu de viejas lunas, no desapareces
por obra sino de magia, noche: última gracia. Muro.
Prisión. Impía te burlas de las guaridas de la paz, te
escondes en el rincón más imprevisto. Subyugas
como la hechicera que impide darse vuelta jamás,
noche de la hembra. Fugaz, obscena, heroica nada
menos, pesadilla dulce que se repite hasta los um-
brales de la Gracia, de maga, de sexto sentido en la
puerta que no debe abrirse, dulce noche en los um-
brales del muerto, pesadilla gozosa en el muerto
Rígida no eres sino astuta y bella como tus piernas de
hembra contra hembra

Noche mujer demonio sin reservas







La desposada

Hay fulgores en el recinto de la desposada
Canta una melodía de selvas hirvientes mientras
cuida de su resplandor fugaz, en la noche de su
primer olvido
Azul, verde, violeta
Hay fulgores en la desposada. Su amante la invita a
la isla de los erizos, enseña a los duendes las fórmu-
las del amor
Arte, delicia y deseo: desposada, ahora extrañas lo
que tienes y esperas en tu alba la respuesta graciosa
de tus futuros pecados que no quieren un mísero
perdón, terrible hembra, desposada en tantas veces
con el silencio y una voz de madrugada, nunca de
un dueño
Inasible, etérea, dulcemente desdichada, misteriosa
como la verdad, enana de las delicias de un fruto
que será prohibido mientras se saborea
Bello diablo mujer desposada, cuán grata es tu mentira
mientras el aliento del mundo sopla en tus cabellos,
depredadora de los momentos conjurados en el
envés de tu cuerpo

Dulce, cruel, indómita y tierna, la desposada abre sus
ojos por primera vez en cada amante






Noche compañera

Noche compañera, antigua ola de negruras narcóticas,
déjame recordar las risas más sórdidas del acecha
de mí misma, ola de compasiones más salvajes que
el patíbulo, y enséñame a despertar en tu lecho
como si no te interrumpieras nunca por los rostros
niños de los que pecaron y se absuelven en tu poesía

Gran madama de lupanar, estrecha tus vínculos de
fuego con el sol abierto que es tu secreto, y no me
dejes indemne, por si fuera poco haberte amado
tanto

Ábreme te digo, esta aventura de ser tu más fiel com-
pañera de festines ebrios, con un susurro de bellas
bestias a las que no domestica el canto de las sirenas

Yo vuelvo a descubrirte, noche compañera, en el
laberinto que es una queja de puro deseo, lujuria y
miedo que crece, de puras cicatrices que avivas
para que el dolor no sea un espía desterrado, más
bien dolor de hombre y amante, de hombre de
mujer y demonio travieso, dolor de doler cuando la
carcajada miente el sentido trágico del cuento
inconcluso, oh dolor sabio que desnuda el tiempo

Noche compañera, señora del desvarío: acógeme en
tu tierra de infinito horizonte, hiéreme si no adivi-
no que también me amas en cada hombre en cada
Centauro, en cada vorágine de alta mar

Y me despierto en ti, en los lugares más puros de mi
alma, oh noche compañera, veraz impiedad, amor
impío, espejo cruel, me amo y te amo en el tiempo
de las altas locuras







En el fondo de mi noche

Astros silvestres caen con la solemnidad de mi gato
cuando se despereza
Astros hirvientes me poseen oscuros como el sueño
de un dragón en la medida de un hombre
Museos arrobadores dentro de mis ojos gigantes
cuando la especie decae en los letargos
Hembras al calor de velas invertidas. Estigmas,
solamente estigmas en mi pecho condecorado con
los remansos en este río que se eleva al fondo de mi
noche, de mi desnuda cabeza





Que la noche

Y la noche ya fue. Depredadora de vastas candideces
de la virtud. De la calma grande en la llanura de
claridad, del sol que desliza luces furtivas en las
raíces de los árboles donde van mujeres vestidas de
seda y niños implorando no saben qué

Noche pirata de enamorados ingenuos, que vagamente
esconden el último sentido del goce, círculo mágico
en las veneradas fiestas infantiles, escondites de
resplandores tan adentro, tan por debajo del nivel
de un hombre solo y mujer lanzada hacia la bravura
de su condición abisal, enana de huidas rumbo a la
noche iluminada con artificios y ese sosiego de
muerte por qué no. Tan debajo de su propia caída
en las honduras de su sexo, en el perfume del
silencio aturdido para no despertar al día tan
temprano, tan un reflejo en la boca del sol

Amor amor tembladeral ante lo inmenso del pozo,
pura seducción, oh Noche, oh amado pájaro de
negras cavidades, oh nido al acecho mientras se
besa, mientras se sueña ¡terrible es el sueño!
gravemente y con miedo porque la Noche

Océano que seduce al cuervo y a la paloma, porque la
Noche une al fin a la mujer con su agua, al varón
con el río que la observa y los extremos de la risa
demente

Porque Noche, antigua edad de bestias sagradas y
feroces en su propio ofrecimiento al sacrificio,
difícil juego, compañera de deidades de la furia y la
dulzura, amor amor en un cauce de la corriente
salvaje, donde el guerrero ya deja de sentirse inerte,
donde mujer de guerrero es adoratriz, donde guerrero
y mujer ofrendan un grave astro, honda pregunta a
los que nunca vieron a guerrero y mujer hambrienta
de colmar hastíos voluptuosos de guerrero mordien-
do su extremo, en labios besando su fin en su princi-
pio, extremos que tanto se tocan, Noche deseo de
mujer, desgarro de varón enamorado. Noche visceral
en la frondosa selva de un prófugo vidente, que no
odia más al sol porque ciego es el osado, porque
osado es abrazo de sueño contra sueño, vidente
último miedo que protege

Noche libre Noche pasajera de un tren al monte
anterior Noche abrazo de horizonte Noche de color
de irte Noche me voy en los encuentros Noche
sostén de las visiones más perversas yo soy el fulgor
de madrugada

Noche ábrete te digo










Viajamos

Sólo un árbol
Zarparemos de un puerto para llegar a lo más incierto
Oh, bendito ángel de los mediodías en que las horas
se pierden, mientras rezamos a los adioses de todas
las cosas sin un remordimiento de estar vivos, aún
desde que nos desmenuza la tierra
Aplaudo al árbol. Yace una mosca enrarecida por
nuestro acto de amor, por nuestros gestos de amor,
por nuestro partir de amor

No me despidas de raras edades furtivas donde caigo
como una mendiga arrodillada en las ciegas fauces
del Alto Mirón

Sólo un árbol
Y no indago en cosas pequeñitas como el por qué de
un verso, ni el por qué de tu mirada donde no cabe
un festín de ofrendas al castigo

Desde tan lejanas lumbres, nuestro testigo único es el
temblor de ambos cielos, ambas lunas y ambos soles
cada vez más oscuros
Sólo un árbol. Y cunde el pánico como en un incendio
de terciopelo en la estela habitada por hercúleos
salvadores
Oh, qué desnutrición la de nuestros ancestros pero
qué delicadeza de la fuerza reunida en el hambre y
en el fuego, qué despojo el de mis futuras borrache-
ras a plena rastra del sueño
Sólo un árbol. Pero también arañas que se desperezan
en nuestras manos ardiendo con el metal líquido y
brebajes de músicas antiguas

Y las naves. También parten con la incertidumbre de
cualquier viaje hacia cualquier lado





Carta muerta

Mi señor
alguna vez te he obedecido desde las sombras
fantasmas en los anónimos que hayan besado mis
tierras
Te guardo el castigo de un amor en las veredas de tu
cuerpo mientras sueñas mientras hueles mientras
trepas ese sol de madrugada, el que mora entre tu
aliento y mi aliento
Señor no pidamos permiso para empaparnos en el
único delirio de las bestias celestiales, late un bello
gemido en las caricias de la niña perversa que se
entrega a siestas prohibidas entre tu aliento y mi
aliento, perversa niña gratitud en todas las posturas
delicadas y salvajes, señor alguna vez te he obedeci-
do fuera del pacto con las aves que se pierden, niña
perversa heme aquí
yo, señor, que te advengo en los horizontes
del deseo

yo, señor, con los colores sagrados del que ama
yo, señor, desde el precipicio que siempre está
en lo alto
yo, señor, que no creo
que creo, señor, en el alcohol que tu boca
derrama en mi vida
Señor de los barcos que parten, hacia dónde... señor
de las moradas habitadas por labios tan tristes,
señor de mis labios tristes tan cerca de la tierra, mi
tierra, la de los fugitivos que te obedecieron alguna
vez
Toco tu enjambre de estrellas en el bello gemido de
niña perversa y sabia al revés
Señor tírame la tabla que flota en todas las aguas,
señor que te vas, señor mi señor pero nada me
salva ni tu tabla ni los pájaros
Adoratriz de tu sol niña perversa

Y quiero y me uno a ti señor,
en la deriva







Visiones

No me quites la memoria no me quites la visión de
todos los lugares donde mis tripas donde mis alas
pactaron contigo, ángel oscuro
Ángel ávido y vengador de la noche elegida para
amar con todos los elementos del mundo
No me quites ni un mendrugo de memoria soy tan
ociosa para morir
No me quites la memoria del pequeñísimo instante
en el que parpadean los ojos y es una brecha letal
que espanta a quien se animó a pactar la unión de
tu negrura de ángel enjaulado y el fulgor de los
esponsales de los hermanos
juntos alguna vez en la
Gran Obra

Llegó el momento
Benditas las lluvias que nos anunciaron nuestro beso
tan largo, nuestra estadía en la intemperie, con
plegarias sin destino, amado, las tantas que fui en
el filo de la tierra, ángel oscuro, quién será quién
a quién me entrego

El ángel es un resto de dios y no perdona
El que yo amo olvida el hambre en el momento de la
cena

Y no me quites la memoria, ni la más pequeña
memoria desgarrada, por si reviviera la bellísima
caricia en un ahora, ven aquí, no hay daño si nos
une la carne y el cielo
memoria de carne de cielo


(Referencias: El Wrong Side de Daniel J. Montoly)

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