sábado, 11 de septiembre de 2010

1018.- TOBÍAS BURGHARDT


Tobías Burghardt nació en Essen-Werden (Alemania). Publicó una antología de nueva poesía latinoamericana (Neue lateinamerikanische Poesia, 1996) y, una antología de letras judías latinoamericanas (Jüdische Literatur Lateinamerikas), en 1998. Es poeta y traductor de Roberto Juarroz, Alejandra Pizarnik y Antonio Porchia. Su obra poética incluye Rhythmen (Ritmos, 1984), Sonnengeräusche (Rumores solares, 1991), Flussabwärts, flussaufwärts (Ríomar abajo, ríomar arriba, 1996).


Poemas de Tobías Burghardt




Variaciones sobre el tema
»Como si fuera la ruta del omnibusero»


Empeñada en demostrar a los escritores
que hay manera todavía
de vivir de los libros.
Luis Ignacio Helguera (La Polilla)


A

Aún el tiempo tiene su capricho:
los pulóveres, el chaleco y los guantes.
Es como después de la madera.

B

Volver de un largo viaje de invierno
hacia lo abierto
como si fuera otra gruta o el aguacero.

C

Los pensamientos
aceleran el color
de la herrumbre.

D

Regrésame, regrésame mucho,
de silla a silla nadando
entre dos aguas.

E

De noche recorrer media ciudad,
en cualquier esquina
aguarda todo recuerdo y dobla.

F

Lo que marca las paradas,
los minutos, los pequeños menesteres,
y de pronto se pierde irreparablemente.

G

Mitad de vida,
como si fuera la ruta
de omnibusero.









Nocturno

Algunos recovecos del sueño
dan refugio a cuanto nosotros
como otrora apenas volveremos a ser.
Un caballo y la esquiva memoria
por una pista extrema.
O te encuentras con un obstáculo sigiloso
en las copas arboriformes.
Mas ¿quién sabe
cuántos anteceden
todavía?








Testamento de una taxista

Casi hubiera nacido en los asientos de un taxi,
en una esquina de la vereda de enfrente
del surco atlántico, sin agua de radiador
ni aguaje, donde un vaivén de noviembre
roza los labios marchitos, tangueando
con una página cualquiera de periódico,
de trayecto largo a otro barrio de la niñez.
Cada lugar puede ser la primera partida,
también la última llegada. Y el momento
ni siquiera desvanece las huellas, las hojas.





Cuaderno de bitácora

Esta cama es una barca. Otros viajes
quedan apuntados. Ahí nadie ha muerto,
nos asegura Charles Ives, el cambalachero,
y nadie se lo puede refutar.
Sin embargo alguien podría nacer aquí
o tal vez duerma en ella un amor marítimo,
un sueño nauta, la travesía
de un arca por remotas vías fluviales.
En todas partes se muere. Y aun ahora
la barca retoma su curso.






Elegía

Tal vez nada.
O apenas algo delante de sí,
cuando pongas a la tarde
una pequeñísima piedra.

Sólo pocas
palabras que desmenuzadas
como la costra de pan
entre las demás

se reúnen en la misma mesa
con unas sillas
que crujen
vacías como estas manos.

Y aquella mirada del trocado abandono
múltiple: en el salto
por las edades: a galope
del acordeonista.

Aún algo contiguo a sí,
ese asiduo vacío de las huellas,
que atravesando otros valles umbríos
se instala, no obstante, a las tres.

Traducción del autor


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