jueves, 14 de julio de 2011

4168.- ESTER DE IZAGUIRRE


Ester de Izaguirre
Nacida en Asunción del Paraguay es hija de padre argentino y madre paraguaya. Está en Buenos Aires desde los cinco años.
El Premio a la Poesía Femenina «Alfonsina Storni» se otorga cada diez años, y ha sido instituido por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires mediante la Ley N° 77 – LCBA-1998 para premiar a la que se considere la mejor poeta de la década.
En esta ocasión el premio ha recaído en la reconocida poeta Ester de Izaguirre
Publicó los libros de poemas: Trémolo, El país que llaman vida, No está vedado el grito, Girar en descubierto, Qué importa si anochece, Judas y los demás, Y dan un premio al que lo atrape vivo, Fuera de programa, Antología, Si preguntan por alguien con mi nombre, Una extraña certeza nos vigila, Poemas (1960-1992); en cuentos: Yo soy el tiempo y Último domicilio conocido; obras con las que obtuvo las siguientes distinciones: Primer Premio Municipal de Cuento, por unanimidad, y sus jurados fueron Manuel Mujica Láinez, Silvina Bullrich y Hermes Villordo, Tres veces Premio Fondo Nacional de las Artes, Gran Premio Dupuytren, Faja de Honor de la SADE, Pluma de Plata del Pen Club, Premio Municipal de Poesía, etc.
Como Profesora en Letras, egresada de la Universidad Nacional de Buenos Aires, obtuvo cargos académicos por concurso en las Cátedras de Literatura Argentina y de Estética en la misma Universidad.
Fue Visiting Lecturer en la Universidad Estatal de San Diego y Visiting Associate Professor en la Universidad de Irvine, California, U.S.A. Desde entonces hasta la fecha es invitada a dar clases dos ciclos por año, en varias universidades norteamericanas: Domínguez Hills, Baylor, Greeley, etc.
Fue invitada por la UNESCO, París, 1983, para dictar clases y conferencias. Además invitada por las Universidades de París, de Jawaharlal Nehru University, Nueva Delhi, India, de Al-Azhar en el Cairo, de La Madraza de Granada, (España) y en el Colegio Mayor Argentino de Madrid.
Asistió a numerosos Congresos Internacionales en Europa y en América.
Es asesora de las revistas: Letras de Buenos Aires, El Grillo, Alba de América y Napenay.
Está en el Comité Ejecutivo del Instituto Literario y Cultural Hispánico con Sede en Westminster, California. Colabora en los diarios La Nación, La Prensa, Clarín, La Gaceta de Tucumán y revistas del exterior.
Creadora de "Diálogos con personajes de novelas".
Obtuvo el Premio Alicia Moreau de Justo por su valioso aporte a la docencia.
Es Directora del Seminario Antígona, y Presidente de la Asociación Americana de Poesía.
Fue traducida al alemán, italiano, inglés y francés.
Desde 1999 hasta 2003 dictó en el Centro Cultural San Martín dictando Talleres de Poesía, Cuento, Novela y Ensayo.
Recibió el Premio Selección de Editores, otorgado por The International Library of Poetry en los Estados Unidos por sus poemas en inglés Soy Judas en 2001.


ELECCIÓN

Puedes amar y ser muy desdichado
o ser afortunado sin amor,
pero amante feliz sólo he hallado
en el decir falaz de un escritor.
Me preguntó el destino qué elegía,
si la borrasca de pasión doliente
o la dicha serena aunque vacía
del que no espera nada y nada siente.
Y yo que conocí la inmensa gama
de toda soledad que ha travestido
con hielo y nieve lo que nace llama,
le rogué con acento desvalido:
Un adarme de amor en mí derrama
aunque oculte al tormento inmerecido.






TARDE DOMINICAL

A mi hijo Gustavo Claudio Salvador

Soy dueña del minuto y de la aurora,
de la canción, el pájaro y el viento,
mi piel es un hechizo que desflora
la margarita añil del firmamento.
El hijo más pequeño ha descubierto
que hay un misterio en unas viejas llaves,
los demás, con la sed de cielo abierto,
mares de trébol surcan en sus naves.
Tarde dominical, tú sí eres mía
y al regalarme la quietud deseada
en medio de la diaria algarabía,
me haces henchir de paz aquilatada,
y me haces creer, en soledad tardía,
entre leves cadenas, liberada.






REGRESO

Busco en tus calles obstinadamente
y demando a tus plazas cotidianas;
balbucea mi nombre el día ausente
con voces al olvido rescatadas.
Vuelvo al colegio donde las campanas
aún preludian los ocres del otoño;
en la que fue mi casa, filigranas
de salitre y de tiempo reconozco.
Pero unciré al regreso mi ventura
porque a quien tanto busco cuando voy,
es a mi propio ser de criatura
esenciada a mi vida, a la de hoy;
quiero poder unir la quebradura
que existe entre la que era y la que soy.






VÓRTICE

No hay un resquicio, madre, en el tiempo, para amarte
y sentirme a tu lado pequeña todavía;
la nada me arrebata la jornada vacía
de voces cariñosas que pudieran hablarte.
Sin embargo no existe un camino hacia adelante
porque todos regresan al lejano regazo
de tu imagen primera, al purpúreo chispazo
del arcaico brasero y al naranjo distante.
Porque en las horas raudas no puedo aquilatarte
y te olvidan mis ojos en la borrasca diaria
hoy que vives y puedo realmente contemplarte,
es que a veces percibo tu ausencia imaginaria
y entonces sí, estás cerca del llanto al recordarte
y el vórtice se aquieta en la casa solitaria.






PRESENCIA

Van quedando los recuerdos
con perfil de salario arrebatado.
Yo te acercaba cada día
como una hostia hasta los labios secos,
en un ritual de imágenes precisas
danzando alrededor de mis deseos.
Pero después una palabra
o un gesto ya confuso
como un ladrón me arrebataba el tiempo.
Hoy ya no tengo nada.
Tu recuerdo es como una casa
definitivamente abandonada
y tu verdad en ella es un fantasma
que no podré encontrar sin haber muerto.








AVARICIA

Me duele el sentimiento fugitivo,
el roce de mis manos con las manos
de las gentes que pasan y se van.
Me angustia lo que sueño en una noche
porque no será mío a la mañana,
por el matiz que da a las hojas verdes
la tormenta pasajera del verano.
No hay dolor comparable al de ser sucesivos,
al de ser una parábola inconclusa
que al fin da en el vacío.
Si pudiera hacer mío lo que quiero,
ocultarlo en un rincón secreto
y en una noche larga, sin aurora,
vivir aprisionando codiciosa,
las monedas de amor entre los dedos.





MENTIRA

La gente dice ha muerto.
De toda muerte, ha muerto.
Que dejen las mentiras en sus jaulas
y denles los alimentos en platos carcomidos.
Si yo estoy viva, vive.
Y cuando sea yo la que deje su teatro,
entonces sí se irá de mi mano
enguantada de astillas y silencios
para desenterrar caricias,
para besar la mejilla de la aurora
y acunar algún niño
con la luz de las sombras.







A LA HIJA QUE SE VA

Me faltaron silencios y juguetes
y todo lo que lograra custodiarte;
estás naciendo todavía.
Aún estás aprendiendo las palabras
con las que ayer, segura, me nombrabas.
El plazo se acabó. Se cumplió el tiempo
de hundirnos solas en las tardes plenas,
de olvidarse a la vida
en las páginas de un libro de poemas.
Un tiempo se acabó, pero comienza
el de saber que fuera de la casa
–de tu casa y la mía–
toda la calle, la que fue desierta,
se convierte en un puente, florecida,
y la puerta de calle, en ala abierta.






VIDA

Recuerdo y no sé a quién.
Quisiera regresar y no sé a dónde,
mientras la muerte lame las cortezas
que vamos arrojando por la borda.
Todo es mar. Todo es noche.
En qué isla lejana
quedó anclado tu nombre.
Porque el amor es eso:
descubrir los abismos y quedarnos
con los ojos malditos y despiertos.
Porque el amor es eso:
un confuso desafío
y un deseo ferviente
de entregarse al olvido.







COLECCIONISTA DE MONEDAS

Porque es la cara y ceca de la vida
y porque tiene un rostro casi humano,
se me va de los dedos, desasida,
y retorna, doméstica, a mis manos.
Yo la retengo, mía, mercenaria,
me quedo con su cifra y su hidalguía,
cerceno esa carrera rutinaria
con mi cárcel de pana y lanería.
Yo colecciono tiempo enmudecido.
Yo doy a Dios lo que es de Dios, y al César
un museo de níquel y de olvido.








AL HERMANO QUE NO TUVE

Ahora me doy cuenta
de la falta que me haces.
De haber crecido juntos
hubiéramos repartido aquel paisaje
de sauces junto al río,
y hoy tendría en los ojos
la mitad de la pena.







LA VIDA

Ha sido largo el sueño.
Amor, juguetes sin permiso retenidos
en los claros otoños de la infancia.
Ha sido largo el sueño
pero hay indicios
de que se acerca el tiempo
que me verá despierta:
graznidos tercos en las ramas altas,
la claridad que repta
por una brecha inédita del cuarto,
las inquietantes ganas
de sacudir el peso de los sueños,
y que de una vez concluya
esta noche tan larga.








JÚBILO

En este momento soy feliz.
Apenas puedo creerlo.
El tiempo es un esclavo
que se postra a mi paso
como una palma urgida por el viento.
Me sonríe el tejado
con sus gatos en celo.
Me siento afortunada.
pero es tan extraño
no explicarme por qué.
Ni una gota de alcohol
porque no bebo.
No me queda ni un valium
ni un compromiso fáustico
ni un proyecto de viaje
ni ha sonado el teléfono en la tarde.
Por qué será este júbilo.
Ya empiezo a sospechar
una emboscada.









GRACIAS

Gracias
por este insensato amor a la poesía.
Por él mueven mis hilos
de marioneta viva
unas manos que escriben
lo que cantan
los pulsos de la vida.
Gracias por las voces
que tanto le dirán
al alma de la piedra.
Habla el que vive
y el que calla muere.
Toda la voz es vida que redime.







Conquista

Te acercaste a mi playa. Era la tarde
y el otoño agrisaba las arenas.
Le pusiste tu nombre a mis orígenes
y al fin mis ojos se volvieron tierra
para aceptar la cruz de tu conquista.
Después volvió la historia a ser historia
y la playa de nuevo está desierta.










A LA CASA EN VENTA

A mis hijos


Te vendimos.
Como se vende un pan.
Como a una esclava en un mercado antiguo.
Y hubo algún vendedor
con barbas de saber bien lo que hacía:
señalaba la blancura de tus muros,
manoseaba tus árboles perplejos.
Pude tasar la infancia de mis hijos,
las lluvias y las siestas de veinte años,
las caricias de Negro, de aquel perro
que se quedó dormido entre mis brazos.

Y cómo pude ver que, terminada
la ceremonia oscura de la entrega,
otra cara, otra voz, otra mirada
hacia un no sé y un nunca te llevaba
entre el rumor creciente de la feria.
Yo debí pasar hambre hasta quedarme
con todo el corazón a la intemperie,
antes que ver hollados los recuerdos
por pisadas ajenas.
Hoy buscaré un mercado, uno cualquiera,
para vender mis culpas.
Y mi pena.








FOTOGRAFÍAS

El brazo más allá,
córrase un poco que no puedo enfocarlos,
no se muevan,
tengan la valentía de no cerrar los ojos.
Sonrían por favor.
Será el futuro
el que mire extasiado
cómo dispersa el tiempo
-con un estruendo de cristales rotos-
las canciones de cuna,
las señales,
las palabras de amor,
los ínfimos vestigios.

Yo quiero todo lo que se ocultaba
al ojo de la Canon,
y que no perduró en la cartulina
ni en el color teatral de los vestidos.










QUÉ IMPORTA

Qué importa que la muerte me espere en una esquina
como en alguna cita querida y postergada,
y no importa esta larga fatiga que calcina,
ni los últimos vuelos ni algún ala quebrada.

Qué importa la moneda de cobre cotidiana
que nos da de limosna, un dios también mendigo,
si a veces cuando vamos subiendo la mañana,
nos saluda de lejos la mano de un amigo.

Si todavía me asombra la lluvia amanecida,
si los ojos del perro me devuelven confianza
en el disfraz absurdo que me miente la vida.

No importa que anochezca si el amor es mi centro,
si del amor me nazco, por el amor escribo
desde el amor existo y en el amor me encuentro.









Dónde estabas

Dónde estabas
que la vida se fue sin que te viera,
en qué resquicio sórdido del tiempo,
en qué mentira gris,
en qué apariencia.
Si volviera el verano
y una señal del viento.
Si todo fuera igual
y descubriera en la arena
alguna huella.
Dónde estabas
que la vida se fue sin que te viera.











Judas

Soy Judas, el traidor,
y te di más que todos,
yo te di más que amor.
Para ellos, la merced del heroísmo
y la docilidad de serte fieles,
porque ellos no afrontaron tu mirada
allá en Getsemaní.
-Ojalá me hubieras dicho:



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