lunes, 22 de noviembre de 2010

2051.- GUILLERMO IBÁÑEZ


Guillermo Ibáñez 


Nació en Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, el 1 de junio de 1949. Ha publicado los siguientes libros, en forma individual: Tiempos (poesía) Ed. Nuestro Tiempo, Rosario, 1968; Introspección (poesía), Ed. Siglo, Rosario, 1970; El lugar (poesía), Ed. Runa, Rosario, 1973; Contornos de juego - crónicas y narraciones- (narrativa), Ed. La Ventana, Rosario, 1979 (l' ed.) y 1980 (2' ed.); Poema último (poesía), Ed. La Ventana, 1981, ilustrado con una obra especialmente realizada por el plástico Pedro Giacaglia; Poema del ser (poesía), Ed. Juglaría, Rosario, 1986, con ilustraciones del plástico Juan Carlos Elechosa; Los espe jos del aire (poesía), Ed. Juglaría, 1989; Poema último, Ed. Juglaría, 1995 (3ra. ed.), con tapa de Z. Ducmelic y corpposiciones fotográficas realizadas por Julio Ray6n; Las voces de la palabra - sombras sonoras, Ed. Juglaría, 1992, con fotografías especialmente realizadas en el lugar que se escribieron los poemas (Zavalla) por el artista José F. Pintón. En forma colectiva con otros autores y antologías: 15 Poetas, Ed. Runa, 1971; 52 Poetas, Ed. Sociedad Argen- tina de Escritores de Buenos Aires, 1971; Poemario 72, Ed. del Alto sol, Bs. As., 1972; Poemas, Ed. Mantrana 7000, Bs.As., 1974; Poesía viva de Rosario, Ed. Instituto de Estudios Nacionales, Rosario, 1976; Antología de la poesía argentina, Ed. Fausto, Bs. As., 1979 (compilada por Raúl Gustavo Aguirre); Poemas, Ed. La Ventana, 1979; Muestra poética, Ed. El laberinto, Rosario, 1979; Dosy dos, Ed. El laberinto, 1980; Poemas de amor, Ed. La Ventana, 1982; Palabras y silencios (poemas para leer en las calles), Ed. La Ventana, 1983; Dianfo de poesía, Ed. de la Direcci6n de Cultura, Municipalidad de Rosario, N'4, 1983, dirigida por Alberto C. Vila Ortiz) ; Poemas por América, Ed. Juglaría, 1985; Poemas por el hombre, Ed. Juglaría, 1990; Selección de poemas, Ed. Municipal de Rosario, 1992, y La única ciudad, Ed. Homo Sapiens,' Rosario, 1994. Con el sello Poesia de Rosario se ha editado el cassette La noche es un mitode esperas (poemas de amor), con música compuestay realizadapor Maximiliano Velloso y Cristian Petrone (l' edic. 1994, 2' edic. 1995). Ha publicado, además, crítica, comentarios de libros, ensayos, poemas y cuentos en diarios y revistas del país y del extranjero. Se destaca la serie de ensayos publicados en el diario La Capital de Rosario sobre POESIA ARGENTINA CON TEMPORANEA dedicada a José Peyre, Willy Harvey, Orlando Calgaro, Héctor Yánover, Luis Franco, María del Carmen Suarez, Edgar Morisoli, Jorge E. Ramponi, Luis F. Houlin, Sofía Acosta, Lucía Carmona, entre otros, y las contratapas de narrativa en el diario Página 12 de Rosario. Ha realizado asimismo conferencias y recitales en diver- sas Instituciones argentinas y latinoamericanas. Es miembro de la Sociedad Argentina de Historiadores y desde 1993 dirige la colecci6n Poesía de Rosario, que lleva editados cuatro números, una Antología, realizando jornadas, encuentros y congresos del género. Continúan editándose bajo el sello Poesía de Rosario, los sobrecitos de azúcar de la firma Domingo Bráttoli. El autor cuenta en su casa con una muestra de libros de poesía de Rosario, la cual ha sido exhibidh en el país y el extranjero que puede ser consultada.







Poema del amor y de la muerte.

Vivir este voraz ceremonial
en el que los poros transpiran la vida.

Vivir la breve circunstancia de la caricia
la efímera entrega del amor

la huida del equilibrio, el vértigo total
como si arribáramos a la muerte.

Incendiar mi boca con tu nombre
los días precedentes al encuentro.

Incendiar tu boca y la piel
el recorrido que distancia nuestros cuerpos.

Incendiarnos ambos
con este fervor demente que aún nos recuerda.

Olvidar todas las ausencias
en este ritual constante sobre la piel.

Olvidar pasado, nombres, presencias.
Olvidar todo si es posible

y desbarrancarse
en el fondo de los sexos.

Escribir como único testimonio de nuestras vidas
escribir con goce, como delirio,

como comer pan o beber vino.
Escribir sin alturas ni bajo tierra

sin imagen de poeta ni postura de salvador.
Escribir, como alguien dijo,”con la propia sangre”,

con los dientes y las vísceras.
Sin fantasía, sin obligación, sin miedo

con riesgo de locura, con rebeldía de eco
que no se resigna a perder la voz pronunciada

con barro, con hierro, con fuego.
Escribir para vos y para mí. Escribir para nada.

Abrir tu puerta y abrirnos las entrañas
desde el comienzo de las miradas.

Abrir tu pueblo y las calles
desde los primeros pasos.

Abrirnos el pecho
y dejarnos sangrar desprevenidos.

Recordar ese rito desgarrado
rendido en las espaldas

esa prueba de bocas y dientes
grabados en los cuerpos.

Amar ese lento viaje por tus muslos
el trajinar indemne sobre las huellas del tiempo

surcando vulva y pechos
destruyendo mitos

destruyendo antiguas manos
en el imperativo afán de construir

una nueva piel y un nuevo sexo
en la penumbra de este cuarto.

Violar tu casa y la mía.
Violar todas las almohadas.

Violar los ojos castos.
Violar los sexos, los recuerdos,

los ojos de los que esperan.
Violar la mente como día último.

Urdir pequeñas y enormes artimañas
para encontrarte.

Urdir mentales intrigas
en las que todos los protagonistas resulten burlados.

Urdir una noche definitiva
para encender las luces de todos los escenarios

y ver a la humanidad perdida en los desvaríos
de sus pequeñas y cotidianas codicias.

Arder y mantener permanentes
los fuegos de todos los incendios.

Arder desde debajo de la piel
desde donde crecen los gritos.

Arder juntos,
con el crepúsculo.

Pregonar las voluptuosas ceremonias
que desarrollo por tus formas.

Pregonar tu nombre y el mío
aunque los demás crean en la palabra amor.

Pregonar el dolor de las cosas que nos separan
la desesperación del juego de olvidarnos

en la vana certidumbre que en la distancia
nacerá la posibilidad del abandono.

Pregonar el vuelo de las miradas cuando el universo
se hunde y sólo las estrellas nos salvan.

Alarmar a los que permanecen dormidos
para que alcen la palabra.

Alarmar constantemente a los pájaros
para que nunca dejen de cantar.

Alarmar a los ríos, las tempestades
a los pueblos, las ciudades.

Alarmar al mundo; para que viva.

Recorrer las calles sin nombre de los años
y nominarlas con las ideas de los enamorados.

Recorrer puertos y fronteras
y que los libros, los amigos, los unidos,

los desavenidos, los que ensalzan ciertas uniones,
los que desean, los viejos, los niños,

los demás poetas, las luces y las sombras,
los curiosos, los vecinos, los ancestros,

los sicólogos y demás enfermos,
los que no aceptan como son,

los que revolucionan con palabras,
las estatuas y los perros,


los guardianes de todos los zoológicos,
los actores, los comerciantes, los sabios,

los envidiosos, los santos,
los iluminadores y los iluminados

todos sepan que nos hemos evadido

aunque mirando nuestros rostros en los espejos
decidamos que es mejor morir sin que nadie despierte.











Elegía de América

América sin más nombre que tu solo nombre
sin más hoy que el que nos dejaron,
crisol de tristeza, fragua de la alegría.

Tierra de los diaguitas, incas, toltecas, mapuches,
pampas, matacos, tehuelches, sioux, chiuanos , kaiapos
no quedan más que memorias de sus lejanos tambores.

“América de los americanos, América de todo el orbe”,
continente donde mezclamos, las sangres y los amores
indios, colonos, conquistadores; hoy somos tu sal y tu siembra.

América de Walt Whitman, Neruda, Vallejo,
Luis Franco, Martí, Javier Heraud.

Suelo de la desnutrición, los caudillos y los esclavos;
horizontes del horizonte, las “nuevas Indias y “el cabo”.

Amétrica conectada con el pasado y oriente,
la de la coca, el peyolt, la chicha y el pescado.

Comarcas del Machu Pichu, del Titicaca y el Ande.

La de la cruz y la espada, de mitos y de leyendas,
de brujos y sacrificios, de “civilización” y de mártires.

América de Tupac Amaru hollada por la tortura
los soles y los quebrantos, la muerte y los centenarios.

Elegía de la esperanza, fénix de razas y llantos,
letanía de tantos hombres, América de antepasados.

América con la ilusión de la ciudad de los Césares,
el oro se lo llevaron y no quedan más que sueños
para escribir este canto.









Hoy

El cielo se abrió a mis ojos
y nací a este momento,
el momento con fe de sangre
y he visto derramarme.

Desde la primera letra
en posición de punto
que se hace siglo,
del invento de alegrías,
de puentes hacia el llanto,
de transformación de esquemas,
siento el mismo cansancio
en mis pies viejos.

Del reflejo introvertido
de la perfecta rutina.

Del caos de la luz
y del invierno,
del silencio, la guerra y la arruga.

Nací mi muerte con la extrañeza
del tarado y tal como antes
me estoy llamando.

El cielo se cerró en mis párpados
y recién entonces, pensando
me sentí esperado.

Ya no había negación en el silencio
ni oscuridad en la luz del día.

Tanto tiempo transcurrí, soñaba.

Pesado minuto caído de la nada y
ya vuelto.

Ayer observé detenidamente
mi terraza en el espejo del agua
y la sabía con el deseo de ahogarse.

Ayer estuve recordando;
nadie tiene azotea,
sólo algo así como una sonrisa,
dientes de brillante, ojos de vidrio
y lengua de gigante.

Manos de nene, pies de tambor,
dedos de sentencia,

Hoy amanecí temblando:
el miedo era mi llanto.









La puerta herméticamente abierta

Dolorosamente las paredes
sollozan
ante mi respiración oculta.

Cada lado de este cubo
huye de mis ojos
y siempre mis brazos
son cortos
para algo tan vano
como el olvido.

Cada plano se convexa
y un globo me circunda,
nuevo o viejo,
como el nuevo o viejo globo.

Las diferencias están en que
lo mío es transparente.

La mirada guarda soledades
incómodas, mudas y tristes
que socavan el cuerpo.

Estoy totalmente conmigo
con todos los testigos que
guardo sin ruido.

La habitación llora mis
lóbregas diferencias
y a mi cielo, a mi tiempo,
a mi sueño
y al silencio impotente
cargado de gritos
de un primer número
similar a la perfección
inconsciente.







Deshecho de esencia

El tiempo aniquila rotundamente
todos los anhelos cósmicos
de un ser que busca su misma esencia
en la introspección profunda,
y al no llegar fuerte
a su memoria primera
queda detenido en una espera de cielo
con un reloj en la mano izquierda
y su propio espejo en la derecha.

Ahí, en el lugar que la especie le confirió
la sabiduría,
los pájaros caminan por la terraza
y los buitres comen de su mano derecha.

Más abajo, haciendo esfuerzos
las angustias navegan
en un río de semen
que se desperdicia
en el sexo del mundo.








Penúltimo escalón

Ya no habrá un amanecer y un sol
ni mañanas calculadas en los ojos
despertadores o camas sin deshacer.

Todo será cobijarse en la tutela
de la noche, sin girar las músicas
ni volcar lenitivos en nuestra boca.

Desde este momento
la entraña devoradora
tendrá algo más para sus hijos
que nunca dejan de pedir.

No habrá intercambios de ideas,
sólo nosotros, destrozados.

Con un suspiro de alivio
y un reencuentro fugaz e inútil
en los espejos,
para al fin perderse,
dejarse arrastrar allá,
nunca y siempre, luz y oscuridad.

Al fin dejar el suplicio.

Centrifugarse, comer vacío
y girar en el aire, eternamente.









Poema en tiempo

Hastío ya no.

La espera agobiante
o el cáliz de muerte
que suele buscarse.

Huir hacia ayer
que era tiempo.

Hoy el alegre silencio
se hace llanto.

Hoy verde campo
ha llovido y llovido
lágrimas sin sentido.

Hoy noche de verde
y verde de noche,
noche, negro negro.

Negro para llegar
al centro.
Hoy, centro cerebro,
caos y negro.
¿El rojo
será sólo un puente?










Poema sin nombre

La calle conservó el
mismo clima de entonces.

Aquella vez vacía y gris.

Compactos empedrados
se metieron en mi boca,
fui tragando la sed de la noche
y encontré su lecho oscuro.

Este hombre complementario
balbuceó sólo unas palabras
que no alcanzaron
para darle nombre.

Exacto paso y mirar transverso.

La hegemonía del paisaje
era cerrada, había sombras.

Aún ahora, poblada de gris vacío
cubre la noche gastada
del señalado hombre,
hombre aparte,
prisión de paredes,
balcones y puertas,
silencio de telarañas,
hombre derruido.

Nadie pudo terminar el camino.










Del libro
El lugar
( 1973)






Onírico
Entre los buitres de los sueños.

Entre los buitres angelicales monstruosamente
acicalados,
surge el fuego, hecho por el tedio
de los volcanes interiores.

Quizás por eso en la noche de todos los silencios
y de la gruta estrellada,
los papeles y los ojos se mezclan en habladurías,
cuando los pájaros azules del ventrílocuo,
van volviendo a la botella
que se tapa con un corcho de nubes.

Nubes de mentira con laderas que vuelcan su frío,
el frío de los árticos, el frío de los infiernos,
el calor de los cielos se cierne sobre nosotros,
el cielo de los cielos baja hasta los infiernos.

El infierno sube, baja. El infierno es de frío.
El cielo de caluroso invierno.

Es entonces cuando los vasos inigualables de la perdición
se encuentran en todas las esquinas para apoyarse
sobre los torrentes del papel.

El momento en que los pájaros buscan, para emigrar,
para huir hacia los hermosos espacios blancos.

Mientras, desde el vientre meta-atmosférico
parten tres carros de ilusiones
que batallan con los infiernos ascendentes
y los cielos esenciales.











Solución conocida

Llevo en mí un destino de pie grande hundido en la tierra
un deseo de doblar cada esquina de la noche
para encontrar el propio eco,
para no morir sin saber del próximo sol,
para despertar después de haber podido dormir.

Una deuda de noches al destino onírico
y al sol nocturno de hielo,
con mi incomparable pobreza de niño
con mi niñez de martirio insufrible
con mi cobardía inmensa de hombre,
apartándome hasta el límite de la inconciencia
para escapar de paredes de sueño que asimilan
esquemas y expelen resultados,
o de los que sientan sus ojos sobre el cielo para amar
careciendo de manos.

Nunca faltan ésos.
Ni tampoco el que grita.
Ni el que muere, el desesperado que
se ahoga, el que muere en sueños,
el que sube con zapatos de plomo
una montaña inaccesible.


Ni el que grita, ni el que muere,
ni la repetición constante,
y sigo tratando de duplicarme, centuplicarme,
para sentir más veces lo humano
que soy, para ver millares de noches en una
y llegar al día al final del conteo.

Entonces, para qué andar caminando la soledad si la luz
es muerta, si el cauce es río.

Para qué conociendo la solución.

Para qué, si las venas engordan como niños glotones
cuando se las estrangula.








Poema 2

Transito
valles
sueños
viejos caminos
que conducen
a un maduro desierto
allí
la magnitud
suprema
se parece
al viento.




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