domingo, 21 de noviembre de 2010

CARLOS ALMONTE [2.030]



Carlos Almonte



(Santiago de Chile, 1969): Licenciado en Literatura por la Universidad de Chile y Diplomado en Cultura Árabe e Islámica, de la misma Universidad. Ha ejercido como académico de la Universidad Andrés Bello y participado en diversos talleres. Es editor (desde el año 2004) de la Revista “Descontexto”, de diversas antologías poéticas y narrativas, y de los sitios: Archivo Bolaño y Blog Descontexto. Sus artículos, cuentos y poemas, han sido publicados en diferentes Revistas y Periódicos (de papel y electrónicos) en Chile, Argentina, México, Perú, Brasil, Uruguay y España. Ha escrito una novela: El frío atardecer de los reptiles. Una colección de cuentos: Antología Visceral, Ficciones dentro de Ficciones. Y dos libros de poesía: Flamenco es un sueño (publicado por Calabaza del Diablo, en agosto de 2008), y Laura en el desierto (aún inédito).







Baja definición



...me encontré convertido en un
gran pájaro azul gris, escurriéndose por las
molduras hacia el techo y arrastrando el ala
por las sombras de la noche.
J. A. Rimbaud

Soy la hora que comienza
y no termina.
Soy camino en curva una noche de tormenta.
Soy arriba, flanco interminable.
Soy abajo, grieta impredecible.
Soy olvido y verso.
Soy el arrabal demente que no aguanta otra miseria.
Soy el canto amargo de los que anclaron en el sur,
en carretas cojas, llantos medievales,
indios, negros y tsunamis.
Soy canción de cuna y fúnebre entonada al aire,
sin que nadie sepa, sin que nadie llore.
Soy la muerte roja, sangre y tifus.
Soy castillo abandonado,
un perdido túnel hacia el otro infierno.
Soy la paz de Oriente, suave pergamino
aniquilado en voces de batalla injusta.
Soy la Virgen.
Soy los Santos.
Soy la cruz y soy la espada,
inrastreable huella de la Santa Inquisición.
Soy Klaus Kinski en llamas,
maniatado en medio de la selva,
acuchillado por sus propios compañeros.
Soy eterno.
Soy mortal.
Soy silencio.
Soy la arena que respiro cada día.
Soy lechuza en vuelo.
Soy caballo alado.
Soy apocalipsis flagelado, y sin embargo río,
canto, embriago, orino;
duermo entre las flores amarillas de la entrada.
Soy madera en verga,
una estación desmantelada.
Soy engaño, filtro y descomposición.
Soy la presa que tuviste entre las manos,
manos largas, blancas, frías,
manos masturbadas en mi semen gris de perdición.
Soy la cuenta regresiva que traspone el cero.
Soy iniquidad perdida entre montañas que no existen.
Soy la sombra que no viste al ingresar al Templo.
Soy tu rezo, tu oración.
Soy cadena, cuenta piedra, vidrio entrega.
Soy la confidencia,
fe en el símbolo que pudre el alma de unos cuantos.
Soy muralla ardiente.
Soy caída.
Soy cualquiera.
Soy la puta que más quieres.
Soy decente, soy honesto.
Soy ladrón, enhiesto paso entre la llave y el delirio.
Soy capaz de todo -es por eso que naufrago en la inacción-.
Soy tiniebla envuelta en latas oxidadas.
Soy el líquido energúmeno de aquella vez, aquella vez...
Soy la droga, el cactus,
soy la espina que lacera.
Soy papel, soy escritura,
noche ambigua y caligráfica, allá,
frente al último vagón.
Soy un salto hacia el vacío,
tinta, imprenta, tipo.
Soy la sábana manchada que no cambio nunca más.
Soy sucio, soy cloaca,
soy la mierda.
Soy la despedida en siete líneas.
Soy aviso.
Soy señal.
Soy la hora que no llega, medianoche en transparente velo,
desgarrado apenas por tu queja suave que aún recuerdo.
Soy nostalgia.
Soy pasado.
Soy el frío que no existe.
Soy final oscuro, el que ya no es,
el que no será jamás.




Alguien muere a algunos metros


Cuando el cuerpo se llena de alegría,
se mueve y se estremece.

El Espíritu de los Vociferantes

Sin la urgencia del recuerdo.
No ve,
ni escucha,
ni respira,
ni huele
el áspero aire de la eterna planicie.




Azul

Levitando en utopías circulares:
Yo me acuesto
y me duermo,
y me despierto tranquilo
porque el Señor me sostiene.

Mientras,
los insomnes, muertos y blasfemos,
plasman señas desde el único aerolito perceptible.

Extiendo los matices de un recuerdo cristalino,
y sueño con ser sol: oscuro, humagante.

El espejo no responde
al implacable azul de Decepción.

Ambos poemas en Flamenco es un sueño,

La Calabaza del Diablo, 2008





Alicia en el infierno


(Selección)


...Alicia se había
acostumbrado de tal modo
a que le ocurrieran
cosas extraordinarias,
que le pareció una
tontería que la vida
siguiera siendo normal.

Cap. I



Frente al espejo

Son las horas de la tarde. Hace frío y la historia se ha enredado por completo. Avanzo por senderos de metal y converso con animales cuyos rostros representan a flores marchitas. Las praderas son cubiertas por pimientos y alacranes. Oigo diálogos sin ningún sentido. Lo que importa es otra cosa, pienso, mientras en silencio repito el refrán árabe que habla de justicia y de perdón. Anudo mi corbata, aliso el pantalón y husmeo a los vecinos antes de salir.

La calle está vacía y los papeles arremolinan más y más historias. Todavía puedo ver el tenso rostro de Alicia, que sigue atentamente los vericuetos intrincados de aquel mundo, nuestro mundo subterráneo y aparente, siempre a punto de flotar, de convertirse en realidad. Como si en aquel destello mínimo reapareciera su sonrisa.





Al despertar

Alicia se mira en un espejo lleno de tigres

azules que recién comienzan a

caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
caer
carecer
contener
palidecer
morir
desfallecer

transparentar







...sin fin hacia su herida.
Dylan Thomas


He sido confinado al más vulgar de los silencios;
muestras de hecatombe,
de brillo perdido,
de fulgor inalcanzado.

He sido desterrado a un pueblo de fantasmas ebrios,
con calles de adoquines negros
que conducen al humilde fin de toda vida.

He sido maniatado,
lacerado y perpetrado, bajo su recuerdo,
malherido, desplomado.

Me ha escrito una vulgar versión de despedida,
como siempre,
sumida en pensamientos de otro tiempo,
propios o distantes.

Me ha olvidado por completo,
aunque su voz lo niegue,
y sus palabras destrozadas,
y su boca entumecida;

aunque su canto se dirija a mí;
aunque sus manos aún me toquen,
cuatro continentes nos separan.
Mejor sería que me ahogara en plumas de animales,
como alguna vez lo prometió.

Veinte abrazos nos separan,
como cada día viernes que no llega,
como cada noche que me duermo en ella,
en su consuelo,
en su inacción.

Cuatro versos lastimados y la sensación constante,
eterna,
de estar hablando al aire ennegrecido
de una interminable noche
que nunca llegará.







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