sábado, 18 de septiembre de 2010

1176.- YVÓN GORDON VAILAKIS


Yvon Gordon Vailakis Poeta, ensayista y crítica literaria nacida en Quito, Ecuador. Ha publicado los siguientes libros de versos: Nuestrario (1987); Colibríes en el exilio (1997), finalista del Premio Extraordinario de Casa de las Américas en 1997; Manzanilla del Insomnio (2002), Premio Honor en Poesía, Jorge Carrera Andrade 2002. Su poesía aparece en revistas en EE.UU., México y Ecuador. Ha sido traducida al inglés y hace también ella traducción de poesía. Fue becada por la Fundación Fulbright para hacer investigación sobre los conversos en el Ecuador, lo cual le llevó a escribir su libro, Manzanilla del insomnio. Está terminando su próximo libro de poemas, Sueño con dos almohadas. Ivón desarrolla una continuada labor literaria sobre la literatura ecuatoriana, publicando artículos y libros sobre los temas de su interés en revistas de crítica literaria y de divulgación popular. Es estudiosa e investigadora de la literatura escrita por mujeres y de la poesía contemporánea, en especial de la obra de Gabriela Mistral. Obtuvo su doctorado en literatura latinoamericana con énfasis en poesía latinoamericana contemporánea y teoría literaria en la Universidad de California, Irvine. Es catedrática de literatura latinoamericana en la Universidad de Redlands, California.



Estas manos tocan tactan
nostalgias heredadas. Estas manos
oyen tu cuerpo con la avidez de mediodía.

Tocan tactan tocan tactan el origen de los rastros
son el pie del corazón en relichos
tocan tactan tocan tactan
la hierba buena, la masa tibia, el almidón y la virgen.

La Virgen del Cajas aparece en medio de ritos y valles
en el páramo de la creencia.

Las tierras se distribuyen
a los primigénitos.
Se llaman cristianos viejos
así se borra
la sospecha.

Sobre la tierra acampan como dueños.

Estas mano doblan la masa
de las empanadas, fríen los musgos, adoban la sabia.
Estas manos baten las claras de la injusticia
quemada en pólvora
y cultivan mellocos en las esquinas vivas.

Tocan tactan tocan la carne de la memoria
que quiere olvidar a toda costa.
Fundar en el refugio
el escape de la duda.
Desde el Tribunal de la Inquisición en Lima
hasta Loja, el trecho es largo y polvoriento.
Ahí en esa ciudad tan alejada del mundo, donde el viajero
alemán perdió su conciencia al oir un piano.
Damían, Ramón parecen como nombres comunes en el Valle.
Los santos pululan
en las paredes de las casas y el mantel blanco
está bajo llave en el armario.

Danzan al calor de la oreja inquieta
tocan tactan tocan como ladronas ilícitas
en las algas de la piel tibia
bordan con la aguja bordes profundos en
el paño de algodón y cincelan la plata y el oro
arrastrándose en la hendura de la colina.

Estas manos
jalan el hilo.





Como árbol sin raíz

se pierde
en todas las partes del cuerpo
que empiezan con Aleph.

Una revelación de música perdida
aparece
entre las palabras que se deshacen
para luego brotar otra vez.

Todo se detiene en la forma torcida y coronada
donde las canciones penetran la letra
del alfabeto eterno.

Empezamos otra vez con Aleph.

Todo es el todo
cuando el árbol levanta la copa hacia la montaña
con la rodilla levantada hacia un lado
Los brazos extendidos
hacia el cielo.

El fulgor de la luna irradia en la cabeza
llena de ánguilas
y la tierra sólo es una con el sonido
que tropieza con la piedra
y la mujer ha dado a luz
en cunclillas.

Los signos y las letras se confunden
en las ramas del árbol.

Todo es uno y uno es todo

La causa de la raíz y de la duda eterna
se disipa
en la creación de la palabra.

Todo es uno y uno es todo.






Las mujeres en Potamiés

se tapan las cabezas con pañoletas de sabia.

Caminan las calles de piedra
como aves de nido
que abren la luz con sus sombras.

Con el tiempo recostado en la espalda
recogen los pasos del sol.
Sus caras curtidas por el viento de Creta
recocen el sueño

para no caer.

Con las manos ásperas mecen el silencio cálido de la tarde.
Pelan nueces
y mezclan la miel de sus sueños
con el hilo de los corales.

Desnudas en las tinieblas
rezan por el bello recorrido de la tierra
por los matorrales de los lentiscos y las encinas
rezan por la fragancia de la oliva.
Se untan su cuerpo de aceite y orégano.

Cocinan con hierbas que crecen al lado de los matorrales
y sazonan con almíbar de ternura el cocido en la zomba. Añaden orégano a los hechizos de la tarde.
Se sientan en el balcón del cielo
mirando a su tierra y las hojas de los robles
comparten quebrantos y alegrías.

El viento susurra en sus espaldas el peso de un abrazo.

Pelan las naranjas y mastican los corales.

Un aliento a tierra y mar se escapa de su boca.

De Manzanilla del insomnio(2002)






Sobar la panza

Es un gesto
y también, porque no decirlo, es un deseo.

Sobar la panza del Buda
es buscar la buena suerte,
es buscar la poesía
que anda suelta.

Es buscar la gordura en una modelo
anoréxica,
es ir en contra de todo,
aunque estés de acuerdo
es buscar monedas
debajo de la almohada,

no creer en lo que te dicen
porque los políticos y los curas
son adeptos a la mentira.

Se visten de morales,
cuando no llevan ropa interior
para tapar su indecencia.

Me gusta sobar la panza de los budas,
porque me deja soñar:

Soy lagartija tomando el sol
haciendo ejercicio con las patas delanteras,
soy la gata que se come la cola de la lagartija sin previo aviso,
soy ardilla que se trepa para esconder las nueces
soy la araña que anda por la casa
como dueña de la alfombra.

Me hubiera gustado ser buda
por la panza gigante
por amar la vida
por no complicarse con nada,
por saber que un lado es igual al otro,
que el sol entra por el pecho
y sale por el corazón.

Me hubiera gustado ser hombre
Y tener la barriga más grande del mundo

Estirarme como lagartija tomando sol
Y nunca tener que hacer dieta.





Planchar

He viajado por tantas partes del mundo
y en una noche cualquiera
saco la plancha para pasar por las arrugas.

He saboreado el amanecer en las sábanas
que anoche planché
y he temblado ante el ardor de mi propio ser.

Pero las arrugas siempre vuelven,
Y necesito sacar la plancha más de una vez
y pasar una y otra vez
por la misma arruga,

Porque el corazón
A veces nace en el aire
Y a veces se pierde en el suspiro.

He repasado tantas veces las huellas
que dejan los cuerpos al amanecer,
en la sábana tibia
que acurrucó pezones endurecidos por la saliva.

Esa misma sábana
La que aguanta tus vueltas de párpados tatuados,
Esa misma sábana
que guarda tu sudor secreto,
Esa misma sábana
que comparte contigo cuerpos y lechos,
Esa misma sábana
que nunca se cansa, ni se queja.

He cargado el corazón alumbrado
como una linterna en el pecho,
he planchado muchas arrugas
he cubierto el café de luna
he desparramado el azúcar en el mantel,

y otra vez
las arrugas vuelven al amanecer.







La pose de loto

La pose de loto
te entrega en el desayuno
el mundo que palpita.

Así te sientes al cepillarte los dientes,
porque cepillarse es un acto delicado.
Como decir lluvia,
llueve
llueve incesantemente,
Te cepillas con pasta de dientes que promete blanquear
las manchas del café
te cepillas con una espuma
blanca.

Mientras ves en el espejo un río lleno de peces.

Ha llegado el momento de recapacitar
como decir vagar
vaga
vagas incesantemente,
porque no eres el abrigo de lana que cuelga en el ropero,

ni eres las zapatillas de ballet escondidas en una esquina,
ni eres el viaje de un bisonte lleno de espanto.

Eres una miga de pan
Atrapada en una muela,

Eres el ruido de la lluvia,
que cae a media noche.
eres el agua que borbotea
en la fuente a la entrada de la casa.

Eres como decir lluvia
llueve.






Inocentes víctimas

En el fregadero
ahí están los platos, como inocentes víctimas
que se acuestan con la espuma

de la memoria.
Restregamos, raspamos
y en medio de la espuma
se nos borra el principio.

Quien creyera que lavar platos
requiere concentración,

cuál es la gracia de lavar platos,
a quién le gusta restregar las sobras,
la grasa, los colores desteñidos
después de haber gozado de una gran comida.

Los platos se ven sucios, todo el placer de la comida
ha desaparecido.
Nadie escribe libros sobre lavar los platos,
ni poemas,
nadie sale en la televisión
por haber lavado los platos de la mejor manera posible,
nadie se jacta de lavarlos mejor
ni es un tema de conversación en la mesa,
a nadie que lava platos le entrevistan,
ni le toman fotos,
ni le invitan a lugares exóticos,

sólo quedan sobras, restos, desperdicios
de una conversación animada
de copas de vino con costras rojas,
sobras de lo que existió,
sobras de lo que fue,
sobras de una noche que nunca volverá
ni de un pasado que existe,
sobras de las expectativas,
sobras de la ilusión tendida.

Pero hay secretos escondidos
cuando miramos al agua y a los desperdicios,
hay secretos que se develan que nunca salieron
en medio de la conversación.

Siempre hay secretos que quedan
en las sobras,
es como leer las barajas del tarot,
es adivinar en las sobras
lo que hay detrás de un gesto no hablado,
un fruncir de ceño,
una mirada de ojos que se cambian,
es como hundirnos en el barro
ofreciendo el corazón en pedazos de silencio.

Pero dejamos correr el agua
y mientras la espuma crece

los platos se desaparecen,
y pierden su importancia

y todo se mezcla.

El achiote toma venganza por ser tan pequeño
y amarilla a las cebollas,
el aceite se desquita por haberle puesto fuego
en su piel delicada,
hace de todo resbaloso y más difícil de lavar.
El agrio del vinagre se mezcla con el dulce de las frutillas,
la carne no respeta a las verduras,
ni reconoce el privilegio de ser vegetariano,

en esta mezcla de desperdicios,
no se respeta las diferencias de origen.

No existe religión, ni rito
ni poder, ni corrupción, ni dolor, ni alegría,
ni uno más fuerte, ni uno más débil,
ni injusticia, ni riqueza , ni pobreza.

Todos se ríen y lloran al mismo tiempo.

Es un lugar divino,
es el oráculo sagrado de Delphi, son las pirámides de Egipto,
de Tenochtitlán, de Machu Pichu
es el lugar para predecir el futuro,
es el lugar de los presagios,
es el lugar de la magia.

Dan ganas de correr y renunciar a todo

para por fin poder salir en la televisión.






Lavarte los pies

Lavarte los pies
Es el acto más sublime.

Un dedo, luego el otro,
Las raíces de tus pies penetran la tierra tibia.

Más allá de los latidos
Te toqué las mejillas

Para descubrir el sentido de la noche.
Tú buceaste mi vientre lleno de lagartijas embriagadas,

Y yo busqué la granja llena de iguanas ardientes en tu piel
en el acto más sublime.

Buscaste en medio de la noche
El tiempo que se queda callado.

Buscaste en los dedos del pie
La sensación de la lluvia.

Me lavaste los pies
Queriendo encontrar a Dios.

Y sin querer
Nos encontramos los dos.

De Barro blasfemo


*

Los que dejan su tierra
pierden
pierden el idioma que se desliza por la lengua como ajo tibio
pierden la costumbre del diálogo entibiado por el sol del mediodía
pierden el sentido de la tradición y el olvido
pierden
y yo te digo
que los que salimos
comenzamos a plantar plazas y glorietas
en otras tierras
y sí perdemos la riqueza de la malva de la lengua
y sí perdemos el contacto diario de la tibieza de la familia y
los amigos
y sí perdemos el sabor de la papa chola en el locro
y sí perdemos el olor a queso de hoja chorreándose por la garganta
pero logramos sembrar alcachofas y espárragos en tierra ajena
y los comemos como propios
los sazonamos con ají y achote
erigimos santuarios y alabamos
en el patio de nuestra casa

nos volvemos con la cara pintada a todo lado
miramos al sur y al norte al este y al oeste

pedimos permiso al viento
y volvemos a las plazas y a las glorietas
y ensanchamos nuestra lengua y nuestras tradiciones
nos pintamos de achote
y bailamos los tambores de venado
y sí perdemos la tierra nuestra
sí perdemos
pero ganamos la zanja del mundo sin límite.

De Colibríes en el exilio


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