jueves, 27 de febrero de 2014

ANTONIA PALACIOS [11.099]

Antonia Palacios. Foto: Vasco Szinétar
(foto: Vasco Szinétar)


Antonia Palacios
       
(Venezuela, 1904-2001)
Narradora y poeta venezolana, nació en Caracas, Venezuela, en 1904 y falleció, en la misma ciudad, en el año 2001. Narradora y poeta. Tuvo una sólida formación intelectual consolidada bajo la guía de su madre. Durante su temprana juventud conoció a varios jóvenes que luego serían destacadas figuras de la vida cultural y política venezolana, y con los cuales mantendría contacto a lo largo de su vida, entre ellos, Arturo Uslar Pietri, Pablo Rojas Guardia, Miguel Otero Silva y Juan Pablo Pérez Alfonzo. En 1934 la revista Élite de Caracas publica su primer texto. A lo largo de toda su vida realizó numerosos viajes a Europa y a Estados Unidos. Vivió en Francia en distintos períodos de su vida. Allí, entre otras actividades, tomó cursos especializados con Jean Piaget y estudió en la Sorbona y en el Colegio de Francia. Sus experiencias en Europa le permiten entrar en contacto con escritores como César Vallejo, Louis Aragón, Pablo Neruda y Alejo Carpentier. Al inicio de su estadía en Francia se origina su primera publicación, París y tres recuerdos, editado en 1944.

En 1939 comenzó a escribir periódicamente en el diario Ahora, y ocupó la secretaría de la Agrupación Cultural Femenina. En 1940 presidió el Primer Congreso Venezolano de Mujeres. Su primera novela, Ana Isabel, una niña decente, con la que obtendría reconocimiento continental, se publica en 1944. En 1955 aparece su siguiente libro, Viaje al frailejón; en ese mismo año, su cuento “Los pasos de la lluvia” obtiene el segundo premio del Concurso de Cuentos del diario El Nacional. En 1976 se convierte en la primera mujer venezolana en recibir el Premio Nacional de Literatura. Al año siguiente, 1977, se ocupa de la coordinación del Taller de Narrativa del Celarg y publica su primer poemario bajo el título de Textos del desalojo. Fue fundadora del taller literario, Hojas de Calicanto (1978) y, posteriormente, dirigió la revista homónima que se publicó hasta 1985. Además de los libros mencionados publicó: Crónica de las horas (1964), Los insulares (1972), Hondo temblor de lo secreto (1980), Una plaza ocupando un espacio desconcertante (1981), La piedra y el espejo (1985), Ese oscuro animal de sueño (1988), Ficciones y aflicciones (1989), Largo viento de memorias (1989).







"No te doblegues.
 Es alto el día. Alta la luz.
 No dejes que te roce el borde de la sombra".






El largo día ya seguro 

Los sueños forman parte de mi misma y sería como desollarme, dejarme en carne vida, si alcanza a despojarme de la esencia de mis sueños. Mi cuerpo vive de sus sueños. Ahora mismo, en este mimo momento de mi precipitada llegada, se me hace difícil transportar a este sitio toda la carga de mis sueños. Se me hace difícil, casi imposible, revivir de nuevo lo que arrastra el vértigo del instante, y constato con estupor que todo ha desaparecido de mis ojos, que mis ojos están ya inertes, mientras la visión persiste, viva, intacta, flotando en lo eterno, en la magia del tiempo.





Viaje al frailejón

Por un momento he envidiado a estos hombres, a estas mujeres, que dependen tan sólo de ellos mismos, de su propio impulso o del impulso de la bestia que a su lado vive. Después de todo los hombres y las bestias tienen mucho en común. Tienen venas y arterias, tienen ojos para mirarlo todo y respiran y duermen y tienen también un corazón que palpita. Por un momento he envidiado a esos seres cuya humanidad se halla más cerca de todo cuanto vive, bestias y plantas. Nosotros hemos perdido el contacto con nuestro propio cuerpo. Y no sabemos qué hacer con las manos, con los pies. Nuestro tacto sensorial comienza a olvidar la forma de las cosas, de los objetos, que rodean nuestra vida cotidiana. Hay uno solo, único y seguro contacto: la máquina. 

(...)

Estos pueblos nada me dicen. Son unos pueblos oportunistas. No están ungidos de ese aliento de eternidad que resiste los embates del tiempo. Todo en ellos parece improvisado. Dan la impresión de hallarse de paso como esas ferias que recorren los caminos y acampan en un sitio cualquiera antes de proseguir su marcha. 








Se empuja, se debate, se enrosca, se enrosca, se arranca, se tuerce, se vuelca, penetra ya en mi espacio, mi impenetrable espacio, toca los alvéolos, los poros dilatados, las materias más ásperas, toca los desgastes, los desgastes que giran sin cesar en elfondo, toca las heridas, las inertes heridas, las del humus violeta, las púrpuras heridas, me acosa, me derrumba, me llena de grietas, de hartazgos de cenizas, me palpita, me sombra, penetra en mis cavernas, mis profundas cavernas abiertas al vacío, se cuelga del abismo, cabalga en el abismo, me sacude, me sufre, me destaja, me parte en dos mitades, me atribula, me espanta, me desquicia, me arrastra, se refleja, se avanza, me surca, me transita, me impotencia, me culpa, me fuga, me agoniza ¡oh salto inmóvil!.




Textos del Desalojo

Poemas
(1973-1975)



Se llevarán todas mis pertenencias, todas las ofrendas. Las que llegaron alzadas en guirnaldas y gajos, las que caían prodigándose, las que quedaron en suspenso, las rezagadas para largas fatigas, las de formas aprendida, roce estable. Llegaran batallando por encima de las cosas, por encima de viejos tanteos, olvidados tanteos, rodando por tierra los destrozos, el ovillo apenas comenzando, la perla apenas engastada, llegarán feroces, llegarán con odio, llegarán con desprecio proclamando el vacío. Me irán despojando de todos: punto, gesto, voz. Aparecerán de pronto por entre círculos, ángulos y rectángulos, duras geometrías de líneas agónicas, infinitas paralelas sin posibles encuentros, volúmenes de sangres. Me irán despojando de todo, del aire, del reflejo, de la forma. La hora será cóncava, el cielo será cóncavo, la tierra abrirá su cráter cóncavo en la última ofrenda.





Abre los espacios. Deja que resbale entre tus dedos la materia sin peso. Tiende el arco por encima de tus sueños. Detente ante el tiempo hendido. Recuerda tus lejanas irradiaciones, tú, la desmemoriada. Deja caer las redes sobre el mar en fuego. De entre los escombros surgirá el tributario. Vendrán a apagar la sed de tus desvelos. No te inclines, no. No te doblegues. Es alto el día. Alta la luz. No dejes que te roce el borde de la sombra.





Hondo temblor de lo secreto
Poemas
(1979-1980)



Irse desbordando sin saberlo. Irse apagando en una luz que tiembla. Irse decantando casi disminuida en una delgadez de filo hiriente. Irse perdiendo en las ausencias, sin la piel, sin el roce, sin aliento. Irse quedando sin forma, sin presencia. Irse volviendo polvo lentamente, polvo soplando por el viento.






En esta casa no miro el cielo. Miro la dura extensión que me circunda, escucho lejos batallar el viento. Sus límites me marginan de lo abierto. Es una casa cerrada, nada en ella se revela. No hay espacios ni columnas ni aleros donde aniden pájaros inquietos.
Una casa desnuda sin el hondo temblor de lo secreto. Me pego de sus muros, de su olor a desierto. Es mi casa.






Todavía quedan labios, ojos que miran las cosas. Quedan los brazos alzados en un intento de vuelo. Queda el sexo palpitante, húmedo todavía. Y este caer del rocío en la secreta espesura de mi bosque ya desnudo.






Estoy en un sitio sin salida. Un sitio tapiado por todos los costados. Estoy en un sitio vacío, sólo conmigo adentro. Afuera la eternidad de los espacios. Esto aquí cerca por el tiempo, horas desprendidas de invisibles alturas. Estoy aquí en silencio con los ojos abiertos hacia la oscuridad.








Ese oscuro animal del sueño
Poemas
(1988)



SON MUCHAS LAS PUERTAS, muchas las hendijas, y no alcanzo a pasar. Me pliego sobre mí misma con mi primigenia infancia, me vuelvo flexible, delgada, impalpable, y no alcanzo a pasar. Me sumerjo en el espacio, y no alcanzo a pasar. Retrocedo, intento el otro sitio, oculta guarida. Rescato el aire que ya no es el mismo. Me vuelvo de espalda para no mirar. Retengo el aliento, mi tormentoso aliento, Mientras busco otra salida. Allí el sitio se hunde, un sitio sin orillas, casi lo toco, y no alcanzo a pasar. Un denso letargo va colmando mi cuerpo, presiento en lo lejano las láminas del cielo. Evoco el otro tiempo, el de los hondos desvelos y ese oscuro animal del sueño.






Algún día la muerte me derribará. Vendrá callada sin brillo desparramando su ardor. Ni escucharé su paso. Me tomará desprevenida a caso a mitad del día o en el final de la noche. Nada sabré de su peso, de su desnudo deseo. Se acercará suavemente o con iracundo temblor. Con un anchuroso manto toda me envolverá. Quedaré prisionera sin sentir y sin soñar. Quedará atrás la vida, el palpitar de la sangre, los sabores y los gestos. Los cantos se apagarán. Me dejará sin ojos para mirarte, tendré las cuencas vacías y el soplo de mi respiro nunca más lo sentirás.




Ficciones y Aflicciones
Antonia Palacios
Editorial Ayacucho-Venezuela.


Nota:
los textos fueron extraídos de la Antología Titulada: "Ficciones y aflicciones" de la colección Clásica de la editorial Ayacucho-Venezuela.





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