miércoles, 29 de agosto de 2012

7622.- RICARDO DESOLA MEDIAVILLA





Ricardo Desola Mediavilla 

Barcelona
Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona.

Obra Publicada:

Causas Perdidas (1º Premio Águila de Poesía de Aguilar de Campoo, 2005)
Geoda (Seleccionada Certámen Ciudad de Zaragoza 2007)
Versos Diversos (antología), Ed. Atenas 2007.
Experimento poético (antología), Educarte, 2007.
Sabadell Nord, Ca n'Oriach, Can deu, Can puiggener…, (estudio sobre la historia de las migraciones en la zona norte de Sabadell), Museu d'Història de Sabadell, 2008.

Otros premios:

Hermanos Caba 2008, por Concretamente tú.
Asociación literaria Verbo Azul, 2008, por El animal que nombra.
2º premio Amanecer de la Casa de Andalucía en Barcelona 2008 por Yo te imagino.
Accesit Premio Luys Santamarina 2006.




por estos versos torcidos

Por estos versos torcidos 
que yo transito cansado, como quien anda un camino 
(viento, soledad y pájaros que vuelan hacia otros nidos), 
por estos versos que cruzan 
bosques, montañas y ríos, paisajes en donde el alba 
despierta sobre los pinos, desiertos de luna blanca 
y tesoros escondidos, 
playas donde la marea vomita peces dormidos. 
Por estos versos que ahora desde estos versos escribo,
por las calles bulliciosas 
de la ciudad donde vivo, por esta mano tendida 
de este corazón mendigo, por la cicatriz perfecta 
de tu cuerpo contra el mío 
(cuando se cierra la noche, abren sus labios los lirios, 
caracolas engarzadas que sueñan sueños lascivos). 
Por la luz que va sembrando 
telarañas de rocío. Hilos frágiles de plata 
que va tejiendo el olvido, con su paciencia de araña, 
en los rincones sombríos. 
Por una tarde lluviosa, rasgada como un vestido, 
con una mujer hermosa (vamos a poner contigo). 
Por estos versos de escarcha 
que siempre buscan abrigo, que se van haciendo viejos 
pero siguen siendo niños, por estos versos que sangran 
amapolas en el trigo, 
que duelen en el costado con un dolor de cuchillo, 
que saben igual que un beso después de un trago de vino. 
Que quieren romper los muros 
de tantos gritos cautivos, que quieren gritar silencios 
hasta reventar los tímpanos. Hacia un horizonte incierto, 
como quien anda un camino, 
quiero seguir transitando por estos versos torcidos.




la eternidad no sufre por nosotros

La eternidad no sufre por nosotros 
(le importamos un bledo). 
Las estrellas no saben que existimos. 
Y nosotros aqui, con nuestra torpe, 
mezquina realidad que hemos alzado 
como una fragil catedral de naipes. 
Nacemos y morimos, pero es como si nada, 
porque nadie nos mira. 
Y si nos mira, calla.




a veces yo te miro

A veces yo te miro y tú no te das cuenta, 
y mi amor es entonces un cazador furtivo, 
y tu amor es entonces una gacela incauta. 
Mientras pasas despacio las páginas de un libro, 
en tu reposo el mundo se detiene y descansa. 
Transcurren perezosas, parece que no pasan 
las horas de la tarde, quietas y amortajadas. 
La luz que en la ventana sangra el ocaso herido, 
tu cuerpo prisionero de una burbuja de ámbar. 
Las horas de la tarde mueren en los relojes, 
se avecina un crepúsculo de amapolas ajadas. 
Mientras pasas despacio las páginas de un libro 
de Gabriel García Márquez, el sol en la ventana 
va escribiendo la crónica de una muerte anunciada. 
Yo te contemplo entonces, y tú no te das cuenta, 
una tarde cualquiera, melancólica y lánguida, 
y el reloj se atraganta de horas amortajadas, 
y sé cuanto te quiero, y tú no sabes nada.




las cosas acontecen

Las cosas acontecen y eso es inapelable 
y hay en alguna parte un engranaje oculto 
que hace girar el mundo con precisión exacta. 
Cada grano de arena, cada gota de lluvia 
consta en el inventario. 
Milímetro a milímetro la realidad avanza 
y el tiempo que abandona la vida a nuestra espalda 
no es más que un yermo triste de tierra conquistada. 
Yo soy determinista; mi dios es una máquina.




causas perdidas

Yo que no sé ni ser como es debido, 
soy poco más que un ser inanimado; 
un corazón cautivo y desarmado 
que muere un poco más cada latido. 

La vida descarnada me ha vencido, 
el mundo alrededor me ha derrotado. 
Como no supe ser un buen soldado, 
en un buen desertor me he convertido. 

Mis barcos invencibles naufragaron, 
mis bravos regimientos sucumbieron, 
me desangro por más de mil heridas. 

Todas mis esperanzas claudicaron, 
todos mis enemigos me vencieron, 
todas mis causas son causas perdidas.




Madrid

Madrid eran las calles de una ciudad extraña 
(tan extraña como pudiera serlo 
la mía o cualquier otra) 
y un invierno incipiente rondando escaparates 
y un tránsito de abrigos esquivos y ocupados. 
Taxi en la Castellana, 
la vida cotidiana desayunando churros 
en el bar de la esquina 
y una epidemia grave de semáforos huérfanos. 
Nací lejos de aquí, en un lugar como éste.




doy fe de este momento

Ahora tú estás dormida y todo está en silencio 
y yo estoy escribiendo y las horas no pasan 
y es de noche y el mundo es un lugar lejano. 
A la luz de la luna te vuelves más hermosa. 
Regresan las hambrientas arañas del deseo. 
Jamás se amaron tanto las sombras y las sábanas. 
Y tu cuerpo desnudo como una orquídea blanca, 
como un desorden súbito de la monotonía, 
como una caracola que el mar dejó en la playa. 
Tu cuerpo (insisto en ello), tu cuerpo abandonado 
se me antoja distinto del resto de las cosas. 
Quiero dejar constancia de que estás a mi lado.




desengaño

Con la edad uno piensa que nada es importante, 
ni los sueños de un hombre 
ni tampoco la libertad de un pueblo. 
Ni el amor, ni la música, 
ni los libros, ni el arte, 
ni las doctas sentencias de los sabios, 
ni los bellos discursos oficiales. 
Con la edad uno piensa que todo es más pequeño 
de lo que hubiera sido deseable. 
Y que la primavera no es más que un accidente, 
y que la vida entera dura solo un instante. 
Y el desengaño es casi como un veneno dulce. 
La memoria se entrega desnuda y sin reservas 
al olvido. 
Con la edad uno piensa que es demasiado tarde 
para tratar de ir a cualquier parte 
y uno se vuelve escéptico. Y se vuelve cobarde.





inútil sin referencias

De todas las personas que conozco 
yo soy la más inútil con mucha diferencia. 
Por no saber no sé ni hacer un huevo frito. 
No recuerdo las fechas importantes 
y no termino nunca lo que empiezo. 
Las tareas más sencillas 
me resultan penosas y enigmáticas 
y no aprendo las cosas 
aunque me las repitan veinte veces. 
Puedo sacar de quicio al más paciente. 
El mundo es un lugar extraño y complicado 
y todos, todos, todos, 
incluso los más tontos, 
parecen saber algo que yo ignoro.




romance

La muerte de Federico 
viene vestida de escarcha 
y con un puñal clavado 
en el corazón del alba. 
LLoran los sauces del río 
lágrimas sobre sus lágrimas 
y en la taberna del pueblo 
se lamentan las guitarras. 
La muerte de Federico 
es una muerte gitana 
que sabe mirar de frente 
cuando los fusiles ladran. 
Desde sus ojos de hielo 
los asesinos disparan; 
despuntan claveles rojos 
sobre su camisa blanca. 
La muerte de Federico 
en el suelo se desangra 
cuando comienza el rocío 
a preparar su mortaja. 
En algunos campanarios 
ya madrugan las campanas. 
La luna siega una nube 
con su cuchillo de nácar.




yo antes era más joven

Yo antes era más joven. 
Tengo fotografías y ex-amantes 
que pueden confirmarlo. 
Igual de feo que ahora, igual de atolondrado, 
pero mucho más joven 
(creo recordar que incluso 
llegué a tener veinte años). 
LLevaba el pelo largo y estaba más delgado. 
Me lo advirtieron, claro: 
te irán saliendo arrugas, 
te irás quedando calvo. 
El cuerpo será entonces como un paisaje árido. 
La sombra de la muerte se hará más cotidiana. 
LLuvia fresca de abril, 
amanecer de mayo, 
sueño en la primavera 
desde este último aliento que le queda al verano. 
He derrochado el tiempo 
de una manera impúdica. 
Pensaba que la vida pasaba más despacio.




estos ojos

Estos ojos han visto otras miradas, 
temerosas, esquivas, errabundas, 
anegadas en lágrimas. Han visto 
sangrar el horizonte por la herida 
luminosa del alba. 
Estas manos que escriben estos versos, 
han robado caricias en las sombras 
de alguna alcoba extraña. 
Estas manos de arena desgranada. 
Y han besado los labios de la muerte 
(beso triste de pétalos de escarcha) 
estos labios que os hablan. 
Boca abierta que a veces, desbocada, 
como un caballo indómito y salvaje, 
ha besado la boca de la nada. 
Y este corazón terco, empecinado, 
este desvencijado mecanismo 
que late golpe a golpe y nunca atrasa, 
como el martillo ciego 
sobre el yunque callado de la fragua, 
este corazón, digo, 
ya sin manos, ni labios, ni mirada, 
cuando repose en brazos del olvido, 
tendrá toda una vida sepultada.






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