jueves, 10 de febrero de 2011

2978.- HÉLÈNE DORION


Hélène Dorion
Nació en Quebec, Canadá en 1958. Desde 1983, ha publicado una veintena de títulos; entre ellos: Ravir : les lieux (poemas), Sous l’arche du temps (ensayo), Jours de sable (novela) y La vie bercée (poema para jóvenes). Su obra, traducida a más de quince idiomas, ha merecido, entre otros, los siguientes premios y distinciones: Prix du Gouverneur général du Canada (2006), Prix Mallarmé (2005), Prix Anne-Hébert (2004), Prix Aliénor (1999), Prix du Festival international de poésie de Roumanie (1997), Prix Alain-Grandbois (1996), Prix de la Société des écrivains francophones d’Amérique (1995) y Prix Wallonie Bruxelles (1992). La obra colectiva titulada Nous voyagerons au cœur de l’être. Autour d’Hélène Dorion reúne enayos en torno a su obra. Asismismo, las revistas Lettres Québécoises, Le Guide Céleste y Autre Sud (Francia) le han dedicado, cada una, un número especial. Fue Invitada de honor del Marché francophone de la poésie de Montréal en 2008, es miembro del comité directivo de la Rencontre Québécoise Internationale des Écrivains, y forma parte del jurado de los premios internacionales de poesía en lengua francesa Louise Labé y Léopold Senghor. En 2006 fue nombrada miembro de la Académie des lettres du Québec, y en 2007 fue condecorada con la Ordre national du Québec.

OBRAS PUBLICADAS
Poesía
Mondes fragiles, choses frêles, Montréal, Éditions de l’Hexagone, collection « Rétrospectives », 2006.
Ravir : les lieux, Paris, Éditions de La Différence, 2005.
D’argile et de souffle, anthologie préparée par Pierre Nepveu, Montréal, Éditions Typo, 2002.
Portraits de mers, Paris, Éditions de La Différence, 2000.
Fenêtres du temps, en collaboration avec Marie-Claire Bancquart (Voilé/Dévoilé), Montréal, Éditions Trait d’Union, 2000.
Passerelles, poussières, Rimbach (Allemagne) Éditions Im Wald, 2000.
Les Murs de la grotte, Paris, Éditions de La Différence, 1998.
Pierres invisibles, encres de Julius Baltazar, Saint-Benoît-Du-Sault (France), Éditions Tarabuste, 1998. Saint-Hippolyte, Éditions du Noroît, 1999.
Sans bord, sans bout du monde, Paris, Éditions de La Différence, 1995.
L'Issue, la résonance du désordre, Amay (Belgique) L'Arbre à Paroles, 1993. Saint-Hippolyte, Éditions du Noroît, 1994. Réédition, L'Issue, la résonance du désordre suivi de L’Empreinte du bleu, gravures de Marc Garneau, Saint-Hippolyte, Éditions du Noroît, 1999.
Les États du relief, Saint-Hippolyte et Chaillé-sous-les-Ormeaux (France), coédition Le Noroît / Le Dé Bleu, 1991.
Le Vent, le désordre, l'oubli, dessins de Marc Garneau, Mont-sur-Marchienne (Belgique), Éditions L'Horizon Vertical, 1991.
Un Visage appuyé contre le monde, dessins de Marc Garneau, Saint-Lambert et Chaillé-sous-les-Ormeaux, coédition Le Noroît / Le Dé Bleu, 1990. Réédition, Montréal, Éditions du Noroît, collection « Ovale », 2001.
La Vie, ses fragiles passages, illustration de couverture de Michel Fourcade, Chaillé-sous-les-Ormeaux, Éditions Le Dé Bleu, 1990.
Les Corridors du temps, Trois-Rivières, Les Écrits des Forges, 1988.
Les Retouches de l'intime, Saint-Lambert, Éditions du Noroît, 1987. Réédition, Montréal, Éditions du Noroît, 2004.
Hors champ, Montréal, Éditions du Noroît, 1985.
L'Intervalle prolongé suivi de La Chute requise, dessins de l'auteure, Montréal, Éditions du Noroît, collection « L'instant d'après », 1983.
Narrativa
Jours de sable, Montréal, Éditions Leméac, 2002, 2004. Paris, Éditions de La Différence, 2003.
Ensayo
Sous l’arche du temps, Montréal, Éditions Leméac, 2003. Paris, Éditions de La Différence, 2005.
Literatura para jóvenes
La Vie bercée, illustrations de Janice Nadeau, Montréal, Les 400 Coups, 2006







¿Dónde está la belleza
que la ausencia no toca?

Has hecho una morada
con nuestros pasos, con las miradas
que llevan la noche
hasta la unión
de las palabras en un paisaje. Un poema
crece dentro.








El eje de la tierra deriva
y nuestras manos se juntan
de repente somos
la luz que ha faltado.

Ningún sitio adónde ir, salvo hacia ese amor
de donde venimos.










Ningún borde, ningún final del mundo.
La mano posa sus caminos
en el cuerpo, como una boca
la mano como una palabra
mezclada de silencio.

Vuelve a ser posible un canto
que nos realiza.









No sabes pero avanzas
todavía y dejas en el suelo las ruinas
que ya no molestan a nadie.

No impones ningún canto
ningún silencio.
Tienes sólo este poema
para acordarte de ti mismo.
Ir al único lado de las cosas
que te sea habitable.










Por la carretera, vemos la ciudad
que escapa de amplias rayas
a través del cielo
se desata en la luz.

Siempre un mismo silencio echado
al fondo de las miradas, una misma oscuridad
atraviesa nuestros rostros.

La vida va y viene, en su cáscara
de cristal y cemento, la vida
se agacha en las horas cerradas
que hemos dejado en las equinas de las calles,
en los bares, en los andenes de las estaciones.

De repente la sombra rota de nuestros cuerpos
vuelve a aparecer ante nosotros.








Cómo puedo yo atravesar
cada hora sin que estés tú
a mi lado, sin que tu alma
lleve más lejos a la mía
en este amor, cómo
puedo yo estar ligada a estas horas
que no vienen de tu mano
o no me lleven a ella.








Caminamos, sujetando la mano
de los que avanzan con nosotros.
A veces la mano de uno abandona
y suelta la del otro
para apagar la lámpara.

El niño vuelve a encontrar el camino de sus juegos.

En medio del silencio, caminamos todavía
más frágiles por la mano que nos falta.







Con los ojos de todos los poemas
recogidos en ti
miras el barco trayendo
las piedras, las aguas, las arenas
de millones de años.

En la punta de la tierra
el sol mezcla los colores, traza en el cielo
caminos de tintas y se resbala
bajo la sábana opaca de la noche.

Recoges uno por uno estos desprendimientos de tierra
de cielo y mar.


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De Retratos de mares
Traducción de Carles Duarte y Pedro Serrano





En la orilla se derrumban las olas.
Llamas semejantes llevan
—como enigma llevándolos—
reflujos celestes.

Toda historia retumba
contra su origen
brota del fondo del caos
—¿a dónde asciende?— de tierra
nada la nubla
nada la oscurece.








De fuego, este deseo
de tanto roce
me abrasa, y de claridad me envuelve.

Amor, ¿que mundo se agita
más allá de nuestros cuerpos?

Ese llamado nos engendra
con sus llamas, nos quema
sin consumirnos.









Lejos en la línea del horizonte
se deslizan los años
—islas, rostros, el amanecer
a la hora malva, deshojan el cielo
y tocan tierra como se amarran
a lo oscuro nuestros párpados exhaustos.









Allá lejos se turba
—rayo del astro
haciéndola reaparecer—
una flecha de luz
apunta al oscuro
barro de silencio
por encima de las aguas.

Entonces se escaman
flujos de aliento
—la noche, cristal del alma
allí se baña.









¿Sería el agua ese exceso de cielo
inclinado sobre la tierra, que aquí se pliega
como se fusionan cuerpo y alma
en el último fuego, ese exceso de vida
arrojado en la vida, que desgasta los días
y devora las simientes?

¿Sería el agua esta memoria
del puerto en que concuerdan nuestras orillas?









La isla, circundada de agua
como el mundo, rodea al silencio.

Jirón, pulsación de tierra
visible entre lo invisible
no toca bordes
ni se aleja.

En torno a ella, caídas, temblores.
La desembocadura llama, viento de lejos
llegado a labrar el día.


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