miércoles, 24 de noviembre de 2010

2082.- DELFINA MUSCHIETTI


Delfina Muschietti
Poeta, crítica, traductora y profesora de Letras en la Universidad de Buenos Aires. Dirige en la UBA el Proyecto “Poesía y Traducción”. Ha obtenido la Beca Antorchas y la Beca Guggenheim de New York, la Beca Alban de la Unión Europea. Curadora de las Obras Completas de Alfonsina Storni (tomo I y II de Losada), autora de numerosos artículos críticos sobre poesía moderna comparada, y sobre la traducción poética. Ha publicado Los pasos de Zoe (1993), El rojo Uccello (1996), Enero (1999), Olivos (2002), Amnesia (en prensa). Ha traducido y compilado La mejor juventud de Pier Paolo Pasolini (1996), Poemas de Atilio Bertolucci (2003), Impromptu de Amelia Rosselli (2004), Después todo también tú de Alda Merini (2007). Aparecerá en el 2008 Poesía y traducción: una nueva Filología, en la Editorial Eudeba de Buenos Aires.

Durante once años fue coordinadora del ciclo de poesía “La Voz del Erizo” en el Centro Cultural Ricardo Rojas y el Instituto Goethe de Buenos Aires. Fue directora de la colección de poesía Biblioteca del Erizo en la Editorial La Marca.




SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO “ENERO”

Pálidos

El silencio
sobre el cielo escribe
su pálido fuego
si vibra la luz
suena cae
sin reservas
sobre el rumor de los tilos





Desenlaces

La tarde muerta
es un comienzo de nube
cuando los ojos ya no pueden
atravesar la película
la superficie fosforescente
hacia el acuario
hacia el sueño.





Parpadeo

en la ventana que se abre:
una voz repite
el sabor del desenlace
rubio y liso
en el acorde técnico
de la FM clásica.
Porque quizás está roto
el disparador de los árboles:
tanto verde detenido
como una foto vieja
en el álbum familiar.






Velados

Estar muerta
se parece a la gasa
del pañuelo rosa té
velado sobre los apuntes
de mi cara,
una mariposa apagada
mi voz
en la ausencia de roce
mientras toco la luz que cae
y el amarillo se disuelve
opacamente
en el fondo verde oscuro
del cuarto,
en otro lugar.





Violentos

Inclina el perfil
hacia la noche dispersa

se va:
sabor irremediable
el look de lo intocado

“no haber hablado
nada con nadie”

se posa
en el marco de la puerta
y permanece
luz indiscriminada
mata sin saber
impune
la violencia de lo bello








Interiores

(Sólo consigo
se cierra para sí
para ella)

Extendida
sobre el cuerpo del sueño,
de los labios hacia adentro:
una superficie desierta
viene del mar
y se abre como estela
en el cielo,
se disuelve
en el gusto de los párpados dormidos.

Se teme
no haber hablado nada
con nadie
jamás
en el interior de la boca
el silencio se hunde
como un animal submarino
lengua
parte las aguas
una aleta que brilla
ciega
en el coral del aire.





Lisos

Nado
en la expansión suspendida
la flor del paraíso
brazadas en el cielo
sin orillas de noviembre




Derivas

Voy
erguida mirando el agua
deslizarse
y la espuma contra la madera
arma y desarma
escenas de microscópico encaje
a la deriva
alta la cabeza y los ojos prendidos
al rumor infantil de los insectos
en la costa
al sueño de luz que enciende el cielo
cuando la boca del estuario se abre
hacia la promesa del mar
la verde y húmeda
limpia extensión de su mirada.








Agosto en el Paraná

Dejo el ruido de los motores
atrás en la rambla
e ingreso en el silencio entero
del río misterio
las islas
inmóviles



II

cómo pensar el movimiento
en el río que fluye
detenido en su superficie
centelleante

lo cruza terso
un bote solo y deslizado
en el otro margen uno más
a reunirse en un punto imaginario
del cielo más allá de las islas
desflecadas
en la copa de sus árboles





III


como en un thriller vi
mi cara reflejada
bajo sospecha
en la ventanilla de la lancha:
los lentes oscuros surcados
por el reverbero del sol
cayendo como una cometa
sobre el agua

en el murmullo adormecedor
el narcótico sucederse
del río
y a mis espaldas
su cabeza recostada
en la orilla de un sueño infinito





IV

"Zona de peligro" dice el cartel
cuando los más chicos pescan
suavemente en la orilla
y las ramas de los sauces
apenas se agitan







V

el aire se suspende
vibra en luminosa
transparencia calca
la pluma del polen
que respiro
el liviano amarillo del aromo
cuando estalla:
inminencia de verde nuevo
en la todavía tímida
aparición de la tarde.






VI

ahora es un paisaje lunar
el imprevisto diseño amarronado
de las barrancas
cuando anochece
bajo el arco de las voces
de los pájaros
el río se vuelve lámina
acerada
la silueta negra
de los árboles
el vapor del atardecer
que enrarece
el verde a la distancia








VII

sobre el horizonte

deja el cielo
su luminosidad de a poco
entre rosas y oros
de seda
se despliega una
mansa cavada
oscuridad

otra vez el silencio
del paisaje llamándome





VIII

cuando se extingue el cielo
en el centro de la silueta ya oscura
de la isla el cartel blanco
con letras doradas BIECKERT
abre una pantalla ilusoria
como una cita de Viel
al pie de los aromos
un espejismo que desmienten
la trama del monte
la presencia imperturbable del río

quieto cuando lentamente una
barcaza alcanza
la orilla de la costa
en el extremo y desaparece
como un pequeño juguete
tras la isla que duerme
sobre el silencio del agua.







Impactos

Una iluminación desértica
la terraza : escribe
al viento una tela blanca
en la cabeza
Ici à Aden il n’ y a rien
sin árboles
pas même une seule feuille
golpea
sólo cielo sol
seco el calor
en el impacto
desasido rien de rien:
vibra insostenida
si me extiendo
atenta al rumor del aire
en estos muertos
de noviembre.





Alucinadas

La siesta se diluye
el rumor sordo del lavarropas
sobre la mariposa
que sobrevive en el smog
más acá el arcaico
bisbiseo del ventilador
propaga el aliento cálido
el sabor del verano
en la penumbra de los cuartos
(bocanadas de flit al atardecer)
y antes a las tres de la tarde
en la vereda
aplastados por el deslumbrante calor
blanco de cal refleja
incrustada tesela árabe
brilla contra la calle de tierra
mientras leemos en el hallcito
en la pequeña hendija
de los vidrios de colores
se despliega el sol
la ondulación de los verdes
y el espeso aroma que cuelga
de las flores
una forma abierta
blanco de laurel
rojo de rosa china
desde los canteros del patio
en el silencio
estriado
del room infantil.






Moriscos

Un caballo
dobla su huella
sobre el liso desierto
moro
y la yema de la boca
suave ahora sobre la curva esfumada
en las lomas del sueño.






Contraluz

El encuentro de dos ramas
inmóviles
cuando anochece
dos ramas dispares en el tronco
reunidas
en el aire de gasa
los focos de luz como en un set
recortan los verdes
(el pálido, el intenso)
cuando todo empieza
a rodar
en la suave oscuridad
de enero
aquí en Sudamérica
o en la noche de África
nada respira en el recorte
el paisaje suspendido
contraluz del aliento
del desierto:
seco en el infinito oro
negro de las arenas.










SELECCIÓN DE POEMAS DEL LIBRO “OLIVOS”




de saberlo
sin necesidad de pensar
su cuerpo
exhala el calor del invierno
una onda expansiva
recubre cada objeto
una silueta de luz velada
lumínica en la oscuridad
como esa virgencita que fosforescía
entre verde limón y amarillo
en el centro de la gruta
de noche cuando estábamos
por dormir
aferrada sobre la mesita
al lado de la cama
calmaba el latido
acelerado del pecho
curaba
pensar una cualidad tan femenina
saliendo de sus hombros anchos
tan maternal su protección
de padre
llegar a la punta del doblez
en movimiento de azúcar
la voz asegura el puerto
viril el pelo de mono
duplicándose sobre el pasto
de cara al cielo de marzo
al borde de las hojas de esos árboles
tan argentinos



***




en bicicleta
por la vía nueva
del Tren de la Costa
nos llega espuma
en el aire
el azul fuerte del cielo
se recuesta
sobre el paredón alto
de enredadera
donde brotan esas flores
casi transparentes
las campanitas
frágiles tenues lilas
su corazón abierto
en el fragor del verde
mientras pasábamos
la tarde veloz
mirábamos casas
sueño de luz
que entra limpia
por los anaqueles de vidrio
alrededor de la galería
con piso de mosaicos
como ese de San Antonio
que vimos repentinamente
al doblar aquella esquina



***





a la lectura de Françoise Dolto
resuena sin ser todavía
en el borde del exceso
el hijo
repliegue suelto de placer
para los dos desasidos
en el extremo
fuera del sí mismo
en ese amor
como si ya fuera:
el tercero que nada en nada
redoblado
el tres invisible
carne en el aire
antes de ser
al silencio de estar
con voluntad de uno
solo en sí
el deseo de quedar



***




a pedido escribió
el back stage
rememorando:
será como una tormenta
de verano a punto de estallar
el tiempo tensándose
adentro atrapados
en el sabor desconocido
se supone:
una curva una sombra
apenas al sesgo
prometen ese olor
de la flor del paraíso
al llegar octubre
otra vez el ardor
de las calles florecidas
dejándose ir
en la sensación
el modo agitado de no estar seguros:
no existe
hasta que estalla
leía en el libro
de Susana Villalba
si será así cuando sea
tendrá el sabor de su boca
ese peso denso trópico
una fruta exótica doméstica
manera de ser animal
esa encendida tensión
fresca al morder será
su brazo lo que insinúa
moreno al descender
desde el hombro hasta la fibra
de la nuca
ese lugar apetecido:
seré yo lo que desea al ver
ese pliegue al respirar
un suave detalle
qué mira si me muevo qué
espera desencadenar cuando toque
una forma de morir al nacer
mira lo que busca
huele un rastro una imagen:
el tiempo sigue tensando
el placer nervioso de esperar
imaginar con los labios:
nada pierde now
sólo es inminencia
tesoro posible
de florecer en la sombra de la lluvia
cuando hace calor
en la moviente luz de las velas
llega lo que parece
ya empieza a suceder




***





al padre novio
el niño (10 años)
dijo de la mujer
ante la mujer:
"dejá de torturarla"
a su padre
puntilloso con agujas
en la obsesión de poner
orden la orden
de dejar de torturar
a ella
en un desvío de la voz
casi al sesgo protector
el niño
para la mujer
cómplice
perdida ante la ley
arcaica irracional
que ella no sabía
cumplir
seguía el verano otra vez
en Entre Ríos
bajo los árboles


**


para ellas
¿te fijaste en su mirada?
se expande a los costados
en el centro el fondo
de una olla negra
piedra
por donde una se resbala
sin saber qué hay más allá
baja la cabeza reina
del doblez en los ojos
pequeños una aureola mayor
acuosa resistente niega
¿hay hombres ahí?
pregunta la más chica
en el centro un punto
un insecto de acero
¿qué les dice?
¿qué les hace?
señala en su cuerpo
los rasgos que la distinguen
especial
narciso amanerado ama
su desnudez:
no escucha ni se detiene
nada: sólo el rumor crecido
de su voz para sí
un mínimo taladro
un aguijón
cómo sobreponerse
cómo espantarla
cuando se opaca la luz
llegan esas cartas
sin envío:
escritas con cada
hilo de carne
dictada dictadora
máscara:
minucias del desamor
se quema
¿te fijaste?
arde
cenizas del desamor
mariposa ciega
y vieja aletea
no se reconoce
¿ te fijaste?
no reconoce el infierno
de su voz:
desvía divide elude
alude envía dobla doblega
ahoga
desarma el murmullo de las hojas
frágil boca de la penumbra
sin sol de la siesta
atormentada en el mármol
gris oscuro del piso
el escaloncito
del zaguán:
mientras el agua
fluye sobre el verde comido
llueve limpiamente
se lustra la luz
afuera




***




soñé que no sabía cuál era mi casa
insistente se repite en la noche
algo antiguo no es con vos
entonces sus ojos se humedecen
perdidos
soñé que Esteban se desprendía de mi mano en el agua
soñé que me sentía solo
soñé que mi padre se moría otra vez


**

vimos por la pantalla
abierta del parabrisas
cómo esa chica
controlaba
por el movicom
quién era él
su nombre
número de chapa:
sábado a las 12 p.m
esperaba en la esquina
con esos pantalones de los 70
que vuelven a usarse hoy:
cuando llegó el auto
verificaba ella los datos
con sumo cuidado
urgencia y cierto temblor
porque el semáforo
ya cambiaba la luz
de rojo a verde
ella debía asegurarse
de que era ese el hombre

enviado
él bajaba la ventanilla
ella exigía:
¿cómo te llamás?
¿cuál es tu teléfono?
rodeando el auto
como una mujer policía
leía el código de la chapa
atenta al movicom
verificaba
delgada morocha
letras número identidades
con prisa minuciosa
mientras arrancábamos
pasábamos a su lado
sin conocer el final
la imagen como un rito
volvía a repetirse
en la húmeda noche
de mayo



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