domingo, 14 de noviembre de 2010

NADIA PRADO [1.885]



Nadia Prado 

(Santiago de Chile, 1966). 
Estudió Filosofía y Literatura. Es Académica de la Universidad Andrés Bello en Viña del Mar. 

Ha publicado los siguientes libros:

-Simples placeres (Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio, 1992).
-Carnal (Santiago: Editorial Cuarto Propio, 1998).
-© Copyright (Santiago: Lom Ediciones, 2003).
-Job (Santiago: Lom Ediciones, 2004) Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, obras inéditas.
-Un origen donde podría sostenerse el curso de las aguas (Santiago: Lom Ediciones, 2010)
-Jaramagos (LOM Ediciones, 2016)

Ha recibido el Premio Consejo Nacional del Libro y la Lectura (por Job, categoría obras inéditas, 2004); Beca Fundación Andes (2005); Beca FONDART-Artes Integradas (proyecto Poesía es +: Intervención urbana y lectura de poesía sobre globos aerostáticos, 2002); Beca Consejo Nacional del Libro y la Lectura (2003). Sus textos han aparecido en diversas antologías en Chile y el extranjero, entre ellas Fin de siglo: nueva poesía chilena de los 80 (Santiago, 2009); Poetas chilenas, confiscación y silencio (Santiago, 1998); Mujeres poetas de chile: muestra antológica, 1980-1995 (Santiago, 1998); Poesía latinoamericana del siglo XXI. El turno y la transición (México, 1997); Poetry from chile: 26 new voices (California, 1993); Poesía chilena contemporánea (Colombia, 1989); y Pulsiones estéticas: escritoras chilenas (Santiago, 2004). Ha participado en diversos congresos y seminarios nacionales e internacionales de poesía y ensayo en Chile, España, Paraguay, Ecuador, Argentina, entre otros.






De: Simples placeres

Editorial Cuarto propio, 1992.
Editorial Surada, 2001.


OVACIÓN I

Ella entró en un carro
adornado por cruces flores y ropajes
sacrificó a un gran toro
asustada corrí a esconder mi cara

El aplauso unánime del público
hizo sangrar mis oídos

Debajo del miedo que me daba el triunfo
guardé su corona
con «Sangre y Arena»

Me convertí en estatua
ojos al horizonte
húmedos y fríos

TRIUNFO






OVACIÓN 2


Vine a pie y me hice jinete

Tomé un caballo sacrifiqué a mi madre
y le di de comer al animal

Era la última sensación de que estaba viva

TRIUNFO





OVACIÓN 3


Saqué a luz la corona de su triunfo
y la puse en el cuello del animal

Le otorgué mi madre

De sus gritos me hice valiente

TRIUNFO MAYOR




Yo había descubierto cómo calmar el insomnio, cómo derribar los párpados que no querían cerrarse. La ventana hacia afuera era una ventana de barco.

Estoy salpicada de barro, hundida, pegada a numerosos charcos. Negros océanos, malos augurios. No quieres venir acá, acá mismo donde estoy para esperarte. Tengo grandes deseos, iluminarlo todo. Pero sobre lo que tengo no sirve de nada hablar, mientras permanezcas fuera.

Yo estaba saludable, sonreí al nacer, sonreí al tener cuatro hermanas y no saber del medio hermano bastardo de la cruz, sonreí al ver el cariño compartido, sonreí con las canciones de cuna.

Te esperaba en las noches,
nada supe por largos años,
hasta que aprendí a masturbarme
pensando en ti, madre.

RECUERDO: FUE ESCASO EL CARIÑO ENTRE NOSOTRAS.



EL PAÍS DE LAS MUECAS

Nos arrojaron muy niños por acá       sobre otros niños
había droga en los caminos para ensimismarse
en las tetas de una madre falsa y pedirle un beso sucio
pero eres sacado del hogar     arrojado a pedazos

                          otra vez

vertido al cemento o te meten en una caja de lata
por donde miras el pasar de los otros te atoras en el sudor
el sudor te come los pies de a poco

                                                           corres a casa
                                                           corres a casa

a tu gran casa    caja de piedra      jaula loca
cárcel hecha de tus propias tripas
el mundo está en todos los sitios       la soledad no existe

huyo al baño      es mucho más pequeño       o al cuarto
no         no es lo correcto

                         en todas partes estoy yo
                         y es peor que una muchedumbre



Éste es el territorio de los moribundos sin remedio
          también fui hecha bajo el ojo del error
nací y aquí me encuentro
un lagarto secándose al sol
arrastrando rumores por la calle para inmortalizarse
Vengo herida    huyendo       viajando

En mudanza



No soy Dios o dios o DIOS
no soy nada y no tengo nada
sólo garabateo al mundo
         pues tomé de él su basura
el antojo de la suerte


Vete al cuerno

no trates de hacer de un diablo una reina

Voy a sobajear mi rabia
Voy a pavonear mi pena

Ginsberg debe escucharme:
hombre o mujer da lo mismo
alguien a quien mirarle los ojos
alguien con quien huir
¡ah!    el escape     triunfar       campanadas de gloria
           fuego de gloria
soy un jinete montado en la cola del universo




El techo posee las sombras más temibles
los cuentos más extraños

Mi vida poco a poco
una herida en la noche
que se lo devora todo

                                ¡Yo soy anormal

                                y el mundo qué!

te hieren siempre
y el techo da

                                 las imágenes
                                 más extrañas

los sueños están allí
en el cielo oscuro y mudo



Hey                             llévame lejos
                                sácame de esta que
me aburro                       planea un rescate que
me muero                        En este Far-West
                                no hay cantina



La madriguera es un hoyo oscuro
hondo            oscuro               y frío
caí
vivir o morir                   no hay más
babel city bacanal city subterráneo city
y tú postiza madre mía
queriendo marcharte           queriendo quererme
al filo de la madrugada para que yo enloquezca
Buenos Aires punto en la colmena
estática de hierro
afuera la gente brama
para abrirse camino
sin regencia
Esa es la twilight zone             twilight zone
el límite del límite
la zona seca del cerebro



Costra primitiva          enferma de muerte
ya ves
la carrera por ganar la calle principal 
se vuelve una marcha en reversa
Discordia del habla
Entre los hombres hay hielo
un ave humana gime
mientras sacude su cabeza en el vacío



Me han llamado perdida
ahora ando en la solitaria
mojando asientos
Me han llamado loca
¡pero qué va! esta vida no es una canción de amor
yo también soy un ángel descompuesto



Oye querida soñadora
dame un poco de ti
para saciar este deseo loco
que tengo por las noches
cuando clavo los ojos en el techo
Quizá necesite un agujero
para mirar el universo y perderme
Así he vagado mi vida
ciega y a tropezones
Oye ven acá
a cubrir mi paisaje
huele pestilente este silencio
Ven a llamarme
a satisfacer mi hueco
antes que vomite el corazón


_______




De: Carnal

Editorial Cuarto propio, 1998.

Editorial Surada 2001


El cielo se le ha comenzado a borrar, se le incrustan los muros y pequeños cristales, pequeños ojos transparentes arrancados de la ciudad que entran en los suyos. Este día en especial le provoca lesiones enormes. Lesiones mudas, que calan hondo. La magnitud del desconcierto que se le pega en la piel hace la mueca del resentimiento, la mueca sin ira es algo más fláccida, es un sinsabor de baja clase, lleno de espera, grande como una boca aullando luego de haber ingerido a su enemigo. Furia es una palabra diminuta, ni siquiera tiene jeringas sólo una lata de neoprén, nada puede ser tan real, la lata del neoprén donde escupe también la culpa, luego de evadirse. La lata de neoprén releva la mugre de las palabras, entonces por qué va a escribir de pureza, el neoprén se le sale hasta por los ojos, el olor destilado del odio.
Se abraza en la austeridad, se extravía, está justa pero débil frente al majestuoso y triunfal eco de las jeringas en otro barrio. Su asiento para hacer el viaje es un charco de orina.
Todo es tan avasallador, todo cuanto no brille se deja.
Se deja caer el sudor por el cuello.
Levanta la mano para dibujar el horizonte, para dibujarse el camino.
Hace el gesto, detiene el viento para que no le cierre los ojos, los pulmones le resoplan, llenos de goma, se le pega el aire al cerebro, el ojo se le recoge, le revienta la nariz.
El ojo sigue el recorrido único del lugar consagrado de miseria, ese camino incaminable de años, el barro en donde caen los peregrinos en un éxodo encostrado.
Las costras protegen del frío, entonces cae una y otra vez, para ser una costra humana.
Protegida en su dolor, se detiene a mirar los puntos del vacío bailando sobre las cabezas, la aglomeración en su mente. La cultura del emplastamiento de los sentidos.
No recuerda tanta facilidad para suprimir las huellas digitales, las pupilas vomitando la desnutrición que las identifica. El rostro de la provincia con sus provincianos.
El continente ya no es.
No puede izar su bandera, únicamente puede recogerla y ver cuánta tardanza trae el comienzo.
Dónde están las rejas, las costras son los muros de la carne viva respirando por la sangre infectada, el nombre que puede tener un cuerpo podrido, la caída libre de la sangre por los intestinos.
Levanta la mano y dibuja en los charcos que alberga y que reciben sus huesos. En ese fondo estoy.
No hay sublimación, ni actos condenatorios.
Me sustraigo, extendida más allá de la superficie.
El cerco es el propio ojo diafragmático, y la mirada que cae arrastra al cuerpo, en ese pozo voy cogiendo los cebos de la incertidumbre.




Mientras escribo,
un pincel dibuja interminables caligrafías.
Sigo tras ellas, como un siervo
que recoge los ropajes de su amo.




Despierto, utilizo lo que me queda en el alma, casi inerte recorro con los dientes las calles para engendrar mi nombre.

Pero mi carne se resiste, mis ojos ven mi cara y su boca desaparecida. Mi boca yace en silencio. Mi mano es incapaz de un solo trazo.
Mi letra es invisible, pero las palabras me pertenecen.
Y aunque mi mano no tenga fuerzas para levantarse, sé que estoy completamente escrita por dentro.





De: © Copyright
Lom Ediciones, 2003

El olvido es despreciable
aterrorizante cuando me pregunto interminablemente ayer
¿qué hice?
Una sola sombra,
una sola duda que como ave de rapiña
rapta mis anteriores destellos de imagen,
quedo doliente y adobada a la inanición
que las manos sienten
cuando el pensamiento me traiciona
como un ave que me roba el alimento
que debía comer en una isla,
donde nada más puedo ingerir,
donde si grito nadie vendría,
es el terror de la memoria,
del pasajero mudo que se vuelve el cerebro,
callado, sin mover los ojos
increíblemente grandes
así veo mi imagen
estoy débil
algo más débil
mi cuerpo yace
pero parece tan grande,
porque me obliga a divagar
divagar mientras afuera todos hacen ruido.
Aquí dentro conmigo
puedo recordar lo que han sido mis vidas.

Es un día normal,
sólo que yazgo
Es un día común,
sólo que veo
pienso

Es un día de sol,
solo que lluevo
oscuro

Es un día de frío,
sólo que ardo
quieto

Es un día indefenso,
sólo que he matado,
débil

Es un día común,
sólo que mi cuerpo y yo nos amamos
es un día de amor
estoy sola conmigo

pienso atrapada en esta mano que rota hostigosamente.

Arrodillada, de espalda, de bruces.
Imágenes del aburrimiento.
A ratos alguien viene,
no le dejo entrar,
si entra me mata,
si entra no le hablo más a mí.







Un gran lago son las palabras todas juntas,

a la orilla la memoria que merodea el antes,
del otro lado veo borrosa una rama que se mece tan incierta como yo.
La ciudad grita de horror, mientras tanto,
cierro los ojos y simulo no temer a nada.
Me robas las imágenes que no alcanzo a ver si existen
o se ausentaron,
pero yo, es cierto, no sé quién soy.

Me arrullo en el canto de las letras que imagino,
en lo alto las estrellas pasan las noches,
el lago detiene su paso hacia el fondo,
pero yo no tengo que mirar desde esta distancia,
es verdad, si miro hacia arriba están quietas,
pero abajo se mueven como si el lago las meciera.
La naturaleza grita en su fragilidad,
cuando el lago cambia las estrellas por cientos de cuerpos agónicos,
boca arriba la noche,
boca abajo se comían las estrellas antes del fin.

Yo de este lado,
pequeña e ignorante,
veía que las estrellas salían de sus ojos y volvían al cielo,
brillaban como si estuvieran diciendo algo,
como bocas que se abren y cierran,
como si hablaran,
como si gritaran,
como si la lengua titilara de espasmo y dolor.

A lo largo de los años, dejé de creer que las estrellas son sólo belleza.
Si les doy un tiro apuesto a que sangran y dicen
un aullido que también el lago conoce.
Cuántas cosas podría decir el paisaje,
si lo camino hablas,
si caigo en él y mi oreja queda durmiendo cara a cara en la tierra
puedo oír que alguien ríe,
y luego un llanto que traspasa como un rayo que va a dar al cielo,
el cielo se une con el aire,
se une con la tierra,
se une con lo que ella guarda.
El disparo dio en el cuerpo y perforó el agua,
allá abajo todavía se escucha
el fondo de un corazón que no quiso hundirse.






Cuando lo que se dice no tiene peso porque la boca se abrió y salió el odio, el odio antes que el placer. El odio antes que el placer es mi perturbador deseo de aniquilar a otros para existir más.

La boca se abrió y salió la luz que me alumbraba pisando bellas hojas y bellos pétalos. Allí convertidas en polvo yo lucía mejor.
El carnaval se abrió con las páginas enteras de los diarios que hablaban de mí, de mí así de mí asá, pero yo seguía a borbotones diciendo el odio que tenía por todas esas palabras que no dije. Letras que se conformaban para saciar mi luz, mi luz era mi voz, mi luz era mi imagen, mi luz era yo convertida en estampita que hoy compran con devoción.
Me fui a ser rebelde a holygud, la ironía es un producto, mantequilla que se derrite apenas la digo, mantequilla que se parte en dos, que dura mientras el sol aparece. Como dura poco mucho me dan.
Un objeto para la devoción desarrollada, un objeto latinoamericano como un fruto jugoso que cambió su acidez por un poco de aspartamo. Un poema como oferta y demanda, un poema canto presidencial, un poema alegoría de un lejano y angosto país.
Me revuelco en todos, muerdo la mano que me dio de comer y digo que pasé hambre. Fui rebelde cuando me escondí de la dictadura golpeando con botellas de vino a las muchachas que no querían besarme. Las hojas caen.
Soy bueno para la economía de mi país, subo un 3,5 y salgo 5 veces en el diario al mes, una vez en televisión y otras tantas protestando para convertirme en mito.
Mi boca voraz dice, mi boca voraz recibe y dice, come, escupe, picotea la realidad antes que ni siquiera logre darme cuenta. Mi boca. Mi pobre boca que no dice lo que quiere, lo que puede no quiere decir. Lo que dice no quiere, lo que puede no quiere.
Mi boca ignorante y su mezquino real. Un personaje caligrafiado que se pierde y encuentra en su voracidad, cuando habla, cuando calla, cuando miente, cuando mata. Habla, calla, miente, mata; se perdona y se regocija.

Estos ojitos pobres y esta boca que maldecía nunca se alimentaron solos.







del poemario:  Un origen donde podría sostenerse el curso de las aguas.


Tierra. El pájaro nada cerca y el pez vuela al fondo.
La distancia confunde las operaciones.
El viento hace aparecer algunas ramas.

Las amapolas cimbran
la pared blanca apenas sostiene el cielo
desde lejos la ciudad se posa en el agua
pájaros
aislados
dos pájaros o el mismo
quizá el mismo.

Cierro los ojos, si pudiera tocar tu rostro sería suficiente. He venido hasta acá para negarme la necesidad torpe de buscar. Un ángel en descomposición acompaña cojeando al tiempo, alguien como nosotros piensa que existe. Si el vacío dibujara desde siempre nuestros deseos la ausencia se arrojaría sobre las cosas.

En su ardiente anhelo se podría acortar la distancia a la que la distancia espera. Devueltos a la realidad la lluvia vuelve a suceder.


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Apropiarse el miedo de la extraña abertura por donde escapa lo descompuesto, qué estructura esta vez y aquella vez que no deja al terror pasar inadvertido.
[Un curso de agua donde podría sostenerse cualquier origen]
Extender la mano nadar hasta la orilla aminorar el aliento. Zarpar oscura y continua el agua, en el cielo afianzo el afán del viaje, mantengo en la monotonía del agua los sobresaltos.
Es el ser o su intermedio que se dirige perdido.


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Los campos de trigo que esta memoria en su dolor desactivado ve como paisaje abren más allá del bosque.

En su Hégira hacia el infierno existe el alma. El fuego se apaga con el hielo de la mano que ya no quiero. El alma –pensé– reposa su levedad en la arena. Los ojos cerrados porque el sol obliga encontraron el pajarístico junto al anillo del rey Salomón.

Qué podría entonces el idioma de los pájaros si existe el alma que vuela y entiende el pajarístico. En el fuego que se apaga con el hielo de la mano que ya no quiero, el hielo no apaga lo que se altera. Anónimos insensatos cadáveres deslizan sobre su abdomen el agua de los ríos.
Infiernos han despertado hielos y letras
la uña pretende en la garganta
los años perdidos intentan sacar la dureza sobre las llagas
el vocablo no sabe quién anda dentro
un solitario con sus solitarios ojos ve distintas soledades.

En el cercano horizonte tú abres la boca y escucho apenas un suspiro.

Tú abres la boca y escucho apenas un suspiro
de labios apenas pegados
en mi oído que apenas odia
nadie responde
el pelo crecido
puente de fantasmas
cremados ante mis ojos.

El reflejo del ciego no duda y en el hambre y la soledad anterior
se vuelve ciego y seco el pozo, se cargan cadáveres de flores recién abiertas.
En las playas anteriores solo los ojos rodean el infinito perímetro
el monstruo ríe con un propósito anónimo
hacia mí
precipitada en la desolación
en playas y mares
la bóveda es un trozo de vidrio en mi mano
allí las olas sacuden y devuelven a la orilla.

Bañaban los ojos cuchillos y metales
del mediocre que se agita
para escapar de la monotonía
como si al aburrimiento no perteneciera.

Del cielo una brizna negra
un chal de ungüento para saborear la lengua inaugurada fuera de su túnel.

Caen de su funda las manos recién pulidas
credos puñales para retirar el mal olor de las cosas.

En su lecho de ceniza el vocablo no sabe quién anda dentro.

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Perdón padre perdón madre
el autor de los hechos
el jardinero mató a su mujer
el hogar se asustó
yo albedríaba por el cielo
tras la noche entonces el hogar se asustó
un cuaderno de quince milígramos
escribe alguien la vida vivirla es demasiado
tras los vidrios
la calle la gente la lengua de la labor
y en este silencio de ocio
aprendo a entrar de nuevo
el cuaderno por donde se desliza mi tu
corazón ya no late por lo real
late dormido despierto
jadea y es una ilusión
creer lo real la sordera
los anónimos nombres sin fechorías inmaculados
singulares indeseables herederos de la lepra
pensar de antes
partir de algo habitar
el visitante anónimo sinónimo de mi tu
decide que soy el señor del lugar
mi corazón albedría y anfitronea
soledad y silencio
señorea el mundo en cemento frío y engomado
pega los zapatos atrapado a la vida
sin dejar de ser huésped ni extranjero
pero te entrego quien soy y me guardo de mí a ti
quien no soy se presenta soslaya al parásito
que va de mi anónimo nombre al bautizo por tu mirada
se enfrenta y me derrota como tus ojos
también ocurre si la inmunidad no es certera
entonces lato dormida despierta
jadeando en la ilusión de creer se hace lo real
mis oídos sordos y nuevos anonimizan
nombres pulcros e inmaculados
mientras los puercos exhiben quiénes son
la sordera hace al silencio y no la lógica contraria
arcontes y custodios del vacío imperativo presente
sorda y ciega rodeando la cáscara impenetrable de mí y tú
quien no se debate es un cadáver
reservo el silencio en el ruido
en el bullicio dentro de aquí
lugar dado antes de saber quién era
antes de mi cara en el humo y la ceniza
anunciando la muerte de mí en tu mirada
tu mirada muerta por el saqueo de las letras de ti
por la errancia ansiada siempre
en que se muere y despierta en el camino muriendo
entre los pasos y agitándose en la vagabunda estela
desechado desde la omnipotencia y la insignificancia
vuelve a avanzar la mano hacia un trozo de madera
alguien que arrojó su pluma en la cenagosa
clava el mar se clava la arena que lleva el mar
esa faena irrepetible y no estrenada por nadie
hace desaparecer y aparecer la desidia
letrada y analfabeta la arena está allí
combinando granos y siglos que el mar toma
el primero que lee lanza la mano
coge la espuma de su boca
lo extraño que ha escrito
no coincide en la tinta
no con el silencio
no más que un ciego
esquivando su ser adelante
en el incierto de la posible equivocación
escapa el objeto que ha quedado atrás
ante sus ojos ciegos
fantasma que no se presenta ni se ausenta
en el asedio espectral de tú en el futuro
y de mí aquí arraigada a las cosas detenidas de la vida y veloces
antes pared blanca sobre los hombros y después
guardo el secreto en el féretro abanico
que el viento ondea con mi cuerpo dentro
y deseo llamarte cuando te has ido
bajo el volumen de la voz para padecer el mal
de esperar el mal del secreto heredo el deseo
que nunca está más allá de mi fiel asombro
heredo para guardar pero siempre todo se extravía
mi poco ser por escaso ser obliga a esperar
retardando mi propia venida
heredo el silencio en el ruido
en el bullicio dentro de aquí
mi cara en el humo y la ceniza
anunciando la muerte de mí en tu mirada
tu mirada muerta por el saqueo de las letras de ti
por la errancia ansiada no en el final
sino en el camino que obliga
y cautela la detención del divagador
en el camino se excede la vida
en la demasía del propósito
y en este ir al encuentro del quién era
en lugar del quién soy
heredo en ese cumplimiento la incertidumbre
lazos de sangre en papel
marcas de trabajo en las manos
obligan a sacarse la corona a este príncipe asalariado
la aureola en llamas vuelve escoria mi trabajo
el cincel se clava en la piedra y en el estómago
la letra leva la letra no es siamesa de mí
lo escrito está a distancia y quema
se quemó el bosque por fuego y por frío
al agua arrojada sin sosiego
mi cara ardiendo la hizo estallar el murmullo de Dios
no se escucha pero se sabe por otros que dicen haberlo escuchado
antes que lo que arda se apague y antes de despedazarlo con los dientes
Dios está mutilado
cubo de estrellas son miles de ojos
seres deformes
por los que somos guiados
[ahora amigo salió ya el cobre de su molde en el crisol del herrero;
en dos horas se calienta y en dos se enfría]
si mí mismo escribe se pulveriza
tengo en las manos las letras
quedo fuera de la esfera
se parece a una serpiente que ha metido la cola en su cabeza
el círculo fustiga el infinito
entonces despierta dormida allí
el lugar en el quien era
tapé mi ojo y segundos más tarde el otro
han pasado más de dos mil años
yo que inventé a mi familia
descuido la habitación del monstruo
el bosque se incendió por frío
el silencio ardía en bullicio
y se podía amar toda la ausencia
ahora llegarás a ser quien eras y serías
la memoria se asfixia
en el quien el lugar se ha perdido
hoy un hombre será despojado de lo que él despojó
y dice el autor de los hechos:
el hogar no existió porque mientras
albedríaba por el cielo
tras la noche entonces
el hogar se asustó pero no fue el hogar era yo temblando
ante la ausencia
el principio y el fin dado para sí
en arenas movedizas
por coincidencia o premeditación
la vida me da la espalda y la crueldad queda abierta
como el cráneo perforado de la mujer del jardinero.
Perdón padre perdón madre
el autor de los hechos.

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En el rupestre aroma del encierro y de las sombras certezas no vistas imaginé. De niña la escasez de libros juntaba letras, intercambiaba frases impresas en los comestibles, en la adultez, junté autores. La niñez es más precisa porque solo sueña. Jugar, juntar, azar: un día hay vida y sí yo dije quiero sí. En el juego extendía lo poco que tuve. Cuando se acaban libros y letras el azar acude a dejar su aliento. A veces cuajaba la combinación que me llenaba.

Escaseando las palabras fotografié en mi pared blanca la familia que deseaba. En su bautizo mi hermana cuenta dos meses sobre sí. Mi madre todavía en la inocencia. De la parte deseada en la imagen y no deseada en la vida se ve a mi padre de pie junto a mi madre. Mira al vacío. Mi madre delgada hasta los huesos observa de reojo mientras sostiene el pie de mi hermana desconfiada de los brazos de mi padre. La protección y la cacería en los brazos de mi padre que nunca me sostuvieron. La lámina repercute la necesidad de fijar en la inmediatez su vida antes que se derrumbe. Me dolió al comienzo solo al comienzo, inventé mi voluntad.

Primer día: una gota de lluvia en la mejilla, no es una lágrima. Segundo día: una niña con sus hermanas. Otro día: una lágrima en la mejilla, no es la lluvia.

Frases al azar: sí yo dije quiero sí, un día hay vida, cierta vez en la triste medianoche, mientras yo reflexionaba débil y cansado mientras me hablaba de mi extraña habilidad para observar sobre varios volúmenes raros y curiosos de una ciencia olvidada.

[Las frases ya no son escasas].
Solo cuando lo eran jugaba a extender lo leído
cuando se acababan de no leer me sentía solo.

Luces parpadeantes [ataques infantiles] convulsionan esperando que acabe su faena la mujer que ahora desfiguro en la imagen.
Fraude de hombres, obreros en fila eternizados en el cansancio hacia la Alfa Romeo de Roco y sus hermanos.

Hombres en las grúas
el Dios crucificado entre la medianía del cielo
maniobra siempre a punto de caer
un bloque sobre sus intermitencias.

Mi suerte común
la ajena intención
de no leer me sentía solo
perder la escasez empañó el encierro
en su envoltorio el sonido supo de la soledad
la tierra no habitada iba a dar a los ríos
la ranura del lenguaje va a la lengua que vuelve al agua
la grieta al agua vuelve el sonido desalojado
y éste lleva su encargo
seca retorna la grieta a humedecer
[vuelve a extraer el vacío en la cavidad de mis costillas la llanura].
Mi suerte común
la ajena intención
el hábito por mirar lo que se está apagando
la inclinación por sostenerla
el apetito de escuchar aún
en el silencio vuelve a buscar

enmudecer tras la desaparición.





DE Jaramagos (LOM Ediciones, 2016)


El puente en el vacío ha llamado a los pasos
el agua arrulla nuestros ojos
aún sobre el puente y la pregunta
extendida al otro lado de la colina
ante el barranco mi madre hace llegar a los oídos
un cuento sobre la creación de las estrellas
¿cuántos habrán nacido en el miedo?
los cuerpos que no quisieron hundirse
la sangre ha rociado el agua
las estrellas sangran y dicen
las puntas ruedan sobre el agua pero la carne les impide
el ojo como el pez cazador
sopla el viento que lo va a rozar
la brisa no es el viento sobre las cosas
es algo que mueve el vacío


*

qué vacío de su rostro
un desierto
que de no haber muerto cinco años atrás
jamás volvería
un haiku es un poema pequeño le digo a mi madre
y leo para ella

Fui por la noche a arropar
a mis hijos dormidos,
y oí las olas del mar.

desata su pelo y recuerdo
me encaminó a la paz y a la furia
al muro de sal sin dejar de mirarme
cuando me di cuenta enlazada a su mano
sin miedo ya estaba en el agua
volví la vista a sus ojos
sonrió antes de decir
“es como una página de los libros que te gustan”
salgo del mar
cuarenta años después
y leo para ella

Revolotean
en la mañana azul
las gaviotas, luego, planean.


*


hasta los pertrechos que restan en los ojos saben más
de esos ruidos la ignorancia se felicita por no tener que fingir
no hay un solo rostro
ni la más mínima mueca
dejada de olvido mi madre aún despoja
la naranja sin que la cáscara se corte
estoy en la punta
jirón sobre desechos
de plástico y sopor es el corte de mi aliento
pero me rescata ella cuando
pone el gajo en mi boca
una acidez en el mentón cuando
miro la gota se desplaza al cuello
nunca la estreché con suficiente fuerza
ella y su memoria se separan
lejana su ansia trata
en mi deseo alargar la cáscara hasta hoy
no es suficiente el afán
sus manos muertas
–de las que los ojos no se zafaron–
ya no llegan hasta mí
el río detrás de su mejilla
no comprenden sus ojos
la incomprensión de los míos


*


no se puede volver sobre el sendero
la docilidad de los ojos se ha ido
la tierra despojó los pasos
apenas se sintió un deseo lejano al que nada podía abrir camino
aunque pareciera ignorarme la tierra con sus lámparas enormes
no hay fruto
nunca di fruto pero uno amé
el instinto y las cosas no se bastan
cuando intento volver el tiempo se ha ido


*


lindero entre lápidas la piel
sin ceniza sin polvo el charco
sin agua el polvo
partida en dos
los surcos que mi madre hace en mí al peinarme
en el agua que no atrapa la peineta
veo aún la mano tomando vacío y surcar
allí se alojaba la algarabía hasta un nuevo asomo
los regresos nunca bastan para el que parte ni para el que espera
volver al mismo punto en medio del claro sin señales
en miedo perdí la voz –lo supe–
la aguja en la garganta cuantiosas vocales
antes de tiempo cortada en dos
una mera palabra soy
orlas de letras se mueven en los días
rumbos sin autoridad ni cotidiano
crecen como temblor en el agua y me aplastan
apisonar el camino con mi espalda
vitela es mi palma y allí la imagen de una niña desaparecida
aún la veo jugar
sobre mis hombros le adelanto cielo y aviones
el ruido ha vuelto –no doy con su voz–
¿así esperó mi padre por mí?
y como si fuese un animal no le dirigí palabra alguna


*


una que soy se queda esta vez
esta voz, hermana, se queda aquí
como esas plantas entre los escombros
allí ha crecido y crece una hierba silvestre
me atora y llaga la garganta cuando se mete en la boca
estas cárceles humanas dicen tanto y sordo el miedo desbroza sus ojos
las caderas bailan en la algarabía deforme del festejo
una que soy se queda esta vez






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