martes, 9 de noviembre de 2010

RODOLFO GODINO [1.772]


Rodolfo Godino

Rodolfo Godino (San Francisco, 1936 - Buenos Aires, 2015) fue un poeta y cuentista argentino.

Vivió fuera del país durante los períodos comprendidos entre 1972 y 1980 y entre 1983 y 1991. Después residió en Buenos Aires. Tal vez pautada por esas largas ausencias, su obra se agrupa en dos ciclos de creación. El primero, de gran decantación formal, incluye El visitante (1961), Una posibilidad, un reino (1964), La mirada presente (1972), Homenajes (1976), Gran cerco de sombras (1982).

Tras un silencio de más de una década, se inicia un segundo ciclo, más osado e intenso que el anterior. Forman parte del mismo: A la memoria imparcial (1995), Centón (1997), Elegías breves (1999), Ver a través (2001), Estado de reverencia (2002), Tríptico (2003), Lengua diferente (2005) y Diario (2008). Tres volúmenes antológicos completan su bibliografía: Curso 1961-1982, Viaje favorable, 1954-2004 y Bebiendo en lo oscuro, 1961-2008.

Era miembro de número de la Academia Argentina de Letras, desde su nombramiento en 2011. Falleció, a los 78 años, el 14 de enero de 2015.

Obras publicadas

1961: El visitante. Díaz Bagú. 1961.
1964: Una posibilidad, un reino. Colombo/Fondo Nacional de las Artes, 1964.
1972: La mirada presente. Caracas y Buenos Aires: Tiempo Nuevo (Colección Ancho Mundo), 1972.
1974: Poemas. Papeles de Son Armadans (separata). Madrid y Palma de Mallorca,1974
1976: Homenajes. Buenos Aires/Montevideo: Alfa Argentina, 1976.
1982: Gran cerco de sombras. Buenos Aires: Corregidor, 1982.
1982: Curso. Antología 1961/1982. Prólogo de Alberto Girri y cincografías de Juan Batlle Planas. Corregidor, 1982.
1995: A la memoria imparcial. Tiago Biavez, Colección Textos de la víspera, 1995.
1997: Centón. Ediciones del Copista, Colección Fénix, 1997.
1999: Elegías breves. Ediciones del Copista, Colección Fénix, 1999.
2001: Ver a través. Ediciones del Copista, Colección Fénix, 2001.
2002: Estado de reverencia. Ediciones del Copista, Colección Fénix, 2002.
2003: Tríptico. Ediciones del Copista. Dirección de Cultura (Córdoba) 2003.
2004: Versos para señoras. Vinciguerra, 2004.
2004: Viaje favorable. Antología, 1954/2004. Ediciones del Copista. Prólogo de Javier Aduriz, 2004.
2005: Lengua diferente. Ediciones del Copista, Colección Fénix, 2005.
2008: Diario. Ediciones del Copista, Colección Fénix, posfacio de Ricardo H. Herrera 2008.
2009: Beber en lo oscuro. Antología 1961/2009. Prólogo de Antonio Oviedo. Ediciones Letras y Bibliotecas – Secretaría de Cultura (Córdoba), 2009.
2010: Asunto por asunto. Antología 1964/2005. Buenos Aires: Pre-Textos, 2010.
2012: Práctica interna, Alción Editora, 2012.
2015: Vista atrás. Editorial Brujas, de Córdoba, 2015.
Crónicas, críticas, reseñas[editar]
“H.A.Murena, poeta”. En Señales, N°141, 1963.
“A propósito de John Donne y sus Devociones”. En Sur, N°321, 1969.
“La unidad necesaria”. En La Nación, 19-3-1970.
“La pérdida del paraíso”. En La Nación, 19-4-1970.
“Poesía beatnik, traducciones y prólogos”. En La Nación, 7-6-1970.
“El fuego de la vida”. En La Nación, 5-7-1970.
“Argentina: el ensayo en 1969”. En Nueva Crítica, N°3, 1971.
“Valores diarios”. En La Nación, 28-2-1971.
“Nuevo manual de exclusiones”. En La Nación, 26-9-1971.
“La futura poesía española”. En La Nación, 12-12-1971.
“Acercamiento a la verdad”. En La Nación, 16-12-1973.
“El que toma distancia”. En La Nación, 15-11-1981.
“La necesidad de traducir”. En La Nación, 18-6-1995.
“Así leo y así escribo”. En Ponencias. Tercer Foro Internacional de la Universidad Nacional del Nordeste. Resistencia, Pcia de Chaco, 1998.
“H.A.Murena: instantáneas dentro de contexto”. En El Jabalí, N°10, 1999.
200: “Fragmentos y digresiones”. En Fénix, N°9, 2001.
200: “Lectura y escritura”. En Hablar de poesía N°6,2001.
200: “Apuntes”. En Asueto, N°10, 2002.

Premios y distinciones

Premio LAUREL 1959. Editorial Laurel, Córdoba.
Premio Nacional de Poesía 1960 (Iniciación), Ministerio de Educación y Justicia de la Nación.
Premio del Fondo Nacional de las Artes, 1961.
Premio del Fondo Nacional de las Artes y la SADE, 1964.
Primer Premio Municipal de Poesía, 1970. (a Obra Inédita).
Gran Premio Bienal Internacional de Poesía, 1981. Municipalidad de Mar del Plata. (Compartido con Basilio Uribe).
Primer Premio de Poesía La Nación, 1994.
Segundo Premio Nacional de Poesía, período 1995-1999.
Premio de Poesía de la Academia Argentina de Letras, trienio 1998-2000.
Primer Premio Provincial de Literatura 2003. Secretaría de Educación y Cultura, Córdoba.
Premio Consagración “Letras de Córdoba” 2008. Secretaría de Educación y Cultura.
Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía 2011.
Miembro de número de la Academia Argentina de Letras.



Volviendo por tierra a Buenos Aires

La lechuza joven
ahora sobrevuela los bajos al ras del pasto nuevo.
Hace más de diez años que el rocío
cae sin distinguir
entre cuerpos y ausentes.

Haz que regrese sin memoria.
¿Serán llamados por sus nombres todos
los que permanecen ocultos?
¿Quiénes adivinarán
- empapadas en la arcilla
o profundas en el granito del país-
las lenguas descamadas en la destrucción?
-Esos,
tan jóvenes, guardados como Telémaco
por la matrona ojizarca,
ellos ahogarán el sistema para que no vuelva
a girar: brotes, aprendices
marcados por ánimas
o cabezas para siempre dormidas.

Aun conociendo tu espíritu vuelvo,
campo de oscuros enterramientos:
a la edad en que los lagrimales
descargan juicios fundados,
fui sujeto a tu necrosis.
Acéptame
como a un hijo ciego.

Haz que regrese sin memoria,
país nacido en Cáncer.

Al abandonar la costa

Mar desparramado
en espesores variables, siempre
a la misma distancia y uno con el cielo,
algo ha cambiado en mi alma:
el lanzamiento de una severa
asimilación a las zonas lacustres,
a las aguas limitadas por juncales
y racimos de huevos rosados.

Quería que supieras
que el cerco de luz y agua dulce
pone en medidas reales
el paso que finaliza. No lo distrae:
consuela con otra dignidad y gracia
la injusta, temprana contracción de la muerte.



Angor

El colmillo se hundió y la bestia
retrocede, arrastra sobre la alfombra
un bulto con el mentón unido al pecho,
las rodillas al mentón y el peso invisible
de un vómito de fuego
buscando salida en los silbidos arteriales,
aire de infierno lanzado hacia el final.

Mater, disuélvelo, guía al castigo
lejos del músculo gastado por la ira,
sacude el terror, que caiga, se deslice,
escape por las uñas,
fustigado lleve sus muecas
a otro violento también mortal:
acéptame a la sombra de tu vestido,
a la luz de tus estrellas.

Verso, fragmento, poema
Al muro se apoyaron, en la sombra
ArquílocoEs posible que en instantes
o pausas de entera conciencia,
hechos que fuera de la ventana
cruzan la realidad hacia el mito,
puedan ser encerrados en un verso.

Lo es también que aparezcan
como fragmentos a quien muele en la noche:
restos de padres cumplidos,
dioses auxiliares
o ánimas despiertas.
Es posible.
Y probable que alguno nazca
sin más, poema, trabada complexión
cuyas proposiciones se extienden
más lejos que sus palabras.

Firmes, atentos, todos encontrarán
motivos en el paisaje:
aquí el verso, fragmento, poema,
que retiene a los amantes de Paros
armando su leyenda,
haciendo vida, enviándola
a nuestro torvo milenio.
No importa quién miraba, en este caso
Arquíloco, triste pretendiente.



Domingo

Ella, madre furtiva,
libera el día de su clan
y él expulsa del cuadro
nubes y susurros.

Han plantado un árbol
lanzando el tronco débil
-las hojas tenues,
verde y ocre aclarados por el miedo-,
por un agujero húmedo
hacia el futuro abierto.

Lo han regado:
los cuerpos atentos,
de espaldas al soplo de la noche



La invitación

A los que han declinado su corazón
y retornan de las ahogadas habitaciones
con la boca en cenizas,
a los que están desterrados
y no sabiendo
participan sin júbilo del mundo,
a ellos, mis parientes,
yo les digo:
vuelvan de la torpe provincia,
dejen en la puerta las palabras oscuras,
entren conmigo a la casa del fuego.



El cuerpo

Fuera de la luz
escucho cómo se propaga la secreta ambición
de una distancia imposible:
hablo de sus costumbres
como de hechos sucedidos
en un círculo ajeno y deplorable;
cuando en la noche
hacia el deseo avanza
digo que su necesidad no fue invocada,
que es sólo un terso, natural castigo,
y lo destierro
lejos del murmullo
de esta cruda pureza
porque de él nace un bien
y en él se destruye.



Una idéntica presencia

Hay verdad en este movimiento
que restaura en la memoria un mosaico impreciso,
similar y lejano;
entre ambos una fuerte relación,
una idéntica presencia,
descubre otro nombre,
un existir secreto
hacia atrás, en este sitio.

Sin embargo,
no he recorrido estas columnas,
nunca he tocado este panel oscuro.



Permanecen oscuras

Sola y ordenada melodía,
yo escucho, ocupo mi lugar,
pero en el interior de esta turbia costumbre
la consecuencia y medida de mi palabra
permanecen oscuras,
lejos del rostro exterior
y del sonido.
Mi próxima voz y movimiento,
calma o violencia en esta noche,
nacen de un largo fuego que recibo.

El conocimiento de mi fuerza
huye en el aire
o como una fugaz forma de agua
que la tierra consume.




Tapiz

Posa la bestia como un dios
iluminado por su impunidad,
reinando
sobre el orden de las especies.
Bestias menores
al centro del jardín acuden,
existencia coral
rendida al esplendor de la armada cabeza,
más frágiles,
menos ciertas que el cuerno,
su marfil estriado rozando levemente
la falda de la dama.

Matices, sólo matices entre materia y sueño
cuando la esencia oculta
viola, recobra el mundo,
lo hace suyo a través
del puro pensamiento.



Jardín

Declives y conjuntos,
obra de un ser menos perfecto y claro,
vallas de ligustro y lilas,
matices retóricos
hilando la dúctil realidad.

Escena presente
que en la esfera de la mirada reina
y simula virginidad,
ilusoria virtud que ansía
y necesita la acción de amantes numerosos.

Dibujo que el ojo impregna
sin posesión ni dominio
pero al que otro poder más vasto
rige en el corazón,
péndulo por el que un jardín o mundo
se corrompe o es arena
o polvo o fuego
hasta la saciedad.




Usa rostros cambiantes

Usa rostros cambiantes
lo que desea tu oscurecimiento,
lo que quiere uncirte
a la flamante realidad.
Ella brota del ojo
gobernando un breve paraíso,
espejo que entrega al amo
sólo su ansiosa imagen.
Lo que no eres, lo que te elude,
lo que serás
no flota en esa versátil,
hambrienta dama.
Ningún pacto
con la bestia de misión oscura
te llevará a ti mismo
ni al seno del poema:
aguarda a que él descienda y vuele
porque su tránsito
te hace incorruptible.



Batlle Planas, Mago

La línea del sol
hiende el muro
y encauza la agitación
de suave polvo brillante,
arrastra su conciencia
hacia la mesa circular
y la separa del mundo.

Hundida
en el servicio borroso
de lámparas y alfombras,
la mesa existe sola,
suficiente.



Exagrama

Previamente saludos
al corruptible dios de la ciudad,
operación que hace propicio
todo cambio de fortuna;
un soborno,
para que la respuesta anuncie
lo que el alma espera.
Agua sobre agua:
las seis líneas
revelan progreso y logro;
adelante, el cruce del río
acerca alimento, música.

Las palabras de ayer y las de hoy,
aquel rostro y este rostro,
son iguales. Pero avanzamos
hacia un bien difuso,
como un rápido cuerpo de lobo.



La bienvenida

Sí, puedes fijar esta morada.
Te aceptan sin violencia las corolas,
sus bucles perciben el parentesco,
la expansión de labios que te anuncia
en los períodos propicios.

No extreman su saludo:
de piel a piel aprecian la sexual cortesía,
fraternidad que conmueve
vientres y estambres.

No dudes, mira con atención
cómo su muda incontinencia
ignora, como tú, al tiempo:
de su vitalidad será la tierra
después del fuego.




Bulbos

En un punto del año
el flujo de los matices
y el volumen del verde se entumecen,
bajan a los grumos de la tierra.

En el ojo,
cebado por la ilusión del clima,
eso se instala
no como muerte
sino como renuncia de la luz
y presión gris de la bóveda del cielo.

No es cierto, ni vehemente,
ese final que luce
como colmada exposición del ocre:
abajo, en el poroso,
el susurro del ciclo
impregna las escamas de las yemas
y aguarda.

Como almas fijas
esas cápsulas reservan su momento
mientras arriba, en el teatro
de la luz parcial y el aire amarillo,
se pudre otra vez
la carne regia de dalias y azucenas






CENTÓN 1992-1996

Preliminar

El juicio del corazón.
Las bocas secas, inmortales.
La memoria y el futuro: los contrarios.
Y los jardines, que tienden al sueño.

El descanso de la razón;
las parideras de lo real;
la confesión y los subproductos
de la culpa; la discreta brasa
del sexo en su pantano,

todo ha sido filtrado y desde aquí
a la vista de los vecinos
partirá, sin ingenios ni música:
ni un solo verso
fue ofrecido a otras servidumbres.



Para escribir el poema

The poem
is complex and the place made
in our lives
for the poem
William Carlos Williams


1

Esta es la ley callada:
por más que escandalice,
la verdad interior
—que traba la lengua y anda por su túnel
resistiendo a sí misma—,
debe ser descubierta.

Eso no daña el prestigio
del corazón multiforme,
que debe insistir
y ser escuchado aun como culpa,
omisión,
error, miedo, memoria
o sed inconfesa del cuerpo:
la historia de una combustión
siempre acorralada.
De lo contrario sólo se alumbran
fenómenos de oficio,
ningún animal completo.

Esas reticencias glaciales
consumen su invalidez, y su sanción
es muerte verdadera.
Aunque suene
trágico, no hablo del infierno
sino de palabra estéril.




2

Sin las cosas no hay poema.

Un hombre bajo hechizo
registrando una revelación personal.
Esa es, aunque no pueda
ser probada, la ley de lo creado
infinitamente repetida:
podrán engarzar el cuerpo
en los viajes de la savia, de la luz,
filtrando violencia y acidia
en las crisis graduales de la carne
no humana del mundo natural.

Amándolas, sin alegorías,
serán parte, maderas, flores,
unidos en los cambios
y en el renacimiento, en los ciclos
de silenciosas convulsiones.
Nunca la vida pequeña
será suficientemente expandida.




3

Con escrúpulos no hay poema.

Cuando la realidad cuestionada
se retire, lo ambiguo crecerá
en el exceso de conciencia,
sin discreción, aceptándose a sí mismo.

Mientras el mundo se disipa
y aun inclinados a lo juicioso,
retengan: lo fantástico se ajusta
por la razón; el gobierno
combinatorio de lo mágico se ejerce
puertas adentro.

Lo que merezcan
y lo que alcancen no serán tormentos:
la humillación del oficio siempre guarda
un rédito solemne.

En la pelea
con la palabra inhábil, partes
del corazón y la verdad se pierden;
la imprecisión del espíritu
será imprecisión en la palabra.

Sin artificio no hay poema.

Puntas del Campanero.
Minas, Uruguay, 1993





Una lejana conversación

In memoriam Carlos Mastronardi


El arúspice del río Gualeguay
me dijo no hay objetos en sus poemas,
ninguna alusión al mundo visible.

(Durante años, cada vez
que sus auras dominantes se insinuaban
en la vecindad del poema,
temía por ese peso excesivo. Palabras
como plátanos, convoy o piernas
se sometían, precipitándose
hacia sustituciones y descarnaduras
que no ensombrecieran el fluir
del alma, su destello).

Cierto y no cierto, dije. En el comienzo,
lo que venía incrustado en las palabras
era real.
Pero también eran gemas
de ambiguo fulgor en la garganta.

Quizás por servir a un amo aún difuso
errantes naturalezas las regían:
en parte conductores eficientes,
en parte chispas aventadas,
golpes casuales sobre el fuego.




Contra ella

Ignoro si otros sufren esta diaria exacción
impuesta por destino o descalabros
de conciencia; la barroca
hembra raramente llamada
La que rompe toda compañía,
temida a cielo abierto,
ella y su olor ya no me dejan,
muertos míos: como olas infalibles
se retiran y vuelven.

¿Diríanle
con pasión oficia para otros,
él debe dar aún ciertos destellos,
nada agrega un hijo de Piscis,
no trompetea fama un desvalido?

Al menos espanten, borren
lo que sentado en mi cabeza
corrompe mi alimento.




La última mañana

A Luisa, muriendo.

Es probable que tu mano
mantuviera una intención
no expuesta en sonidos.

Es seguro que deseaba decir.

En la veladura esperó
a la mía, que puede destruirme,
encender, condenarme, pero no borrar
aquel perdido tanteo sobre la sábana,
la mendicidad del corazón.

Me avergonzaré: estuve,
no estuve allí, pero negándome.




Noticias de hijos en viaje

No sé qué hay lejos de mí.
Sólo lo pequeño y próximo habla
para mis sentidos. Ciertamente
incomprensible es lo alejado,
es de los otros lo distante.

Sé definir lo próximo: sonido de agua,
brotes, tu mano domesticadora
sobre lo vivo.
Podría definir
lo remoto: ellos hablan desde allá,
desde masas continentales que derivan
como jardines en la memoria.

Sus voces celebran: no hay límites,
no hay límites, pero mi ansiedad
los sigue sobre pulidos
mapas de hierro.




Mi padre sueña

Noche con la realidad guardada
y todo suceso suspendido:
nada podía tocarme. Pero el fluir
de un alma ahogándose subió
desde el gran lecho donde el rey yacía.

Girando entre lengua y paladar,
apuntando a los dientes, hacia afuera,
aire y labios lo libraban en lo oscuro:
el llanto brotaba bajo mantas
y caía sobre el destino del oyente.

Conozco el ruido del que acaba de entender,
de carne separándose, de cimientos.
Pero aquél subía desde otro círculo
cruzado por ríos de azufre y barro
y roca líquida encendida.




Sobre la separación de cuerpos y bienes

Nadie programa una cacería
contra el espíritu: no es natural.
Quizás la compulsión primera
fue seguida por el azar.
Se aceptó, se eligió a veces
creyendo en un futuro maleable.

En tales ciclos imprudentes
era grave el rechazo: lo abundante
exige consecuencia, consumo desprendido
para que los nuevos favores
encuentren lugar en el caldero.
No fue tolerada la abstención,
su ambigüedad desliza
la inquietud en la asamblea.

Y el sumo don, la palabra,
contra la que no prevalecían
sombras de arriba o de abajo,
se atascó y los textos diferidos
emigraron hacia otras cabezas.

Nadie entiende de renacimientos
en este paraíso. No se buscan
memoria purgada, conversiones,
sino la enmienda de la visión,
cierta paz, incluso en la intemperie.

La elección fue inducida:
ahora todo el futuro se desplaza,
sin control, fuera de la mente.

[De: Rodolfo Godino, Centón 1992-1996, Vol. 1 de la Colección "Fénix", Ediciones del Copista, Córdoba, 1997]




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