jueves, 2 de septiembre de 2010

NELLY SACHS [819]


NELLY SACHS


Poeta alemana nacida en Berlín, Alemania en 1891. Falleció en Estocolmo en 1970.
Hija de un rico industrial judío, recibió una esmerada educación dirigida por instructores privados. Desde los diecisiete años inició la carrera literaria, escribiendo poesía romántica publicada en diversos periódicos de Berlín y Munich. Se exilió en Suecia durante la Segunda Guerra Mundial, gracias a la intervención de la escritora Selma Lagerlöf, quien poco antes de morir, logró su visado para radicarse en Estocolmo en compañía de su madre.
Parte de su obra está contenida en los títulos, "En las moradas de la muerte" 1947, "Eclipse de la estrella" 1949, "Eli o la Pasión de Israel" 1951, "También el Sol es apátrida" 1957, "Elegías a la muerte de mi madre" 1957; "Huida y transformación" 1959 y "Poesías Tardías" en 1964.
Recibió el Premio de Literatura de la Asociación de Líricos Suecos en 1957, el Premio Droste en 1960, el Premio de la Paz de la Industria Editorial Alemana en 1965. En el año de 1966 compartió el Premio Nobel de Literatura con Shmuel Iosef Agnón, escritor israelí.




Se protegen los amantes

Se protegen los amantes
tras las murallas del cielo.
Un soplo secreto les infunde espíritu
y ellos traen las piedras a la bendición
y son aún hogar
de todo cuanto crece todavía

Se protegen los amantes
y sólo para ellos gorjean los ruiseñores
y no han muerto bajo la sordera
ni sobre las dulces leyendas de los bosques,
y los corzos sufren por ellos mansamente

Se protegen los amantes
y hallan el dolor oculto del sol de los atardeceres
que sangra en la rama de los sauces
y sonrientes en la noche ensayan el morir
la muerte dulce
en la tristeza que fluye en la nostalgia

Se besarán las cumbres
de los montes
cuando los hombres
abandonen
sus cabañas de la muerte
y coronen
–como un arco iris-
el consuelo de los sietes colores
de una tierra que sangra.

Versión de Carlos Morales





En las moradas de la muerte

Quién vació la arena de vuestros zapatos...

¿Quién vació la arena de vuestros zapatos
Cuando debíais levantaros de la muerte?
La arena, la que Israel se llevó a casa,
¿Su arena errante?
Arena ardiente del Sinaí,
Confundida con las gargantas de los ruiseñores,
Confundida con las alas de las mariposas,
Confundida con el ansia de polvo de las serpientes,
Confundida con todo lo que se desprendió de la sabiduría de Salomón,
Confundida con el amargor del ajenjo secreto.

Oh vosotros dedos,
Que vaciasteis la arena de los zapatos de los muertos,
¡Mañana seréis polvo vosotros
en los zapatos de los que han de venir!

Versión de Javier Tubía




Eclipse estelar


Estamos tan heridos...

Estamos tan heridos
que creemos morir
cuando la calle nos lanza una mala palabra.
La calle no lo sabe,
pero no soporta semejante carga;
no está acostumbrada a soportar un Vesubio de dolores
sobre ella.
Han sido devastados los recuerdos de los tiempos antiguos,
desde entonces la luz es artificial
y los ángeles ya sólo juegan con pájaros y flores
o sonríen en el sueño de un niño.

Versión de Manuel Zubiría




Mariposa


Qué bello más allá
está pintado en tu polvo.
A través del núcleo de la llama de la tierra,
a través de tu chal de piedra
has sido ofrecida,
red de despedida en la medida del pasado.

Mariposa
¡a todos los seres buenas noches!
las importancias de vida y muerte
se hunden con tus alas
sobre la rosa abajo
que se marchita con el arco de luz que madura hacia casa.

Qué bello más allá
está pintado en tu polvo.
Qué signo real
en el secreto del aire.

Versión de Javier Tubía





Noche, noche

Noche, noche,
tú que no estallas en pedazos,
ahora donde el tiempo con el sol viajante
del martirio
en tu manto marino lo profundo se hunde-
la luna de los muertos
el techo de tierra derribado
saca sangre en tu silencio que se coagula-

Noche, noche,
una vez tú fuiste del secreto novia
adornada de lilas de sombra-
en tu oscuro vaso centelleó
la fata morgana de los ansiosos
y el amor hubo colocado su rosa de mañana
por ti para florecer-
Una vez fuiste de las pinturas del sueño
espejo puesto y boca de oráculo-

Noche, noche,
ahora eres el cementerio
para una estrella convertida en espantoso naufragio-
sin habla se hunde el tiempo por debajo de ti
con sus signos:
¡La piedra que se precipita
y la bandera del humo!

Versión de Javier Tubía




Y nadie sabe cómo seguir


Aquí...

Aquí
donde naufragué en sal,
aquí en el mar
con sus azules niños de pecho,
que se nutren
posesos de luna
en el ama del alma-
aquí en la arena,
que danzaba en el zodíaco,
aquí yace lo cifrado con lo no nacido

apareces
hacia atrás
en el vacío oscureciente,
que en torno a ti espera,
una cesta para ser llenada

con frutas
que van por metálicas vías astrales
o
son expedidas

mi aliento te tiendo
y caigo
para habitar nuevamente en un cardo
que nunca será flor-

Versión de Javier Tubía




Lenguas saladas del mar


Lenguas saladas del mar
lamen las perlas de nuestra enfermedad-
La rosa en el horizonte,
no del polvo,
sino de la noche,
se hunde en tu nacimiento-
Aquí en la arena
tu negra cifra
recubierta de tiempo
crece como cabello
todavía en la muerte-

Versión de Javier Tubía




Puesto que tú


Puesto que tú
bajo el pie te
das a luz la constelación alada de la huida
arroja un puñado de fuego en tu boca.

Oh palabra de amor encerrada
tú sol ardiente
en la rueda de la noche.

Oh mi sol
yo dentro te modelo
en mi amor casa de la estrella en ocaso
en el refugio de mis golpes de aliento
de esta bandada de suicidios sin ruido.

Muerde mi luz
con el océano, des guarecida huida de sal
aspira clientela del viento
desde el paisaje surgiendo del alma.

Con labios en la piedra de la oración
beso de por vida muerte,
hasta que la cantarina esperma de oro
rompa la roca de la separación.

Versión de Javier Tubía





Huida y transformación


Bailarina...

Bailarina
nupcial
de la habitación de los ciegos
concibes tú
lejanos días de creación
ansiedad creciente-

Con tu cuerpo de calles de música
paces el aire
allí
donde el globo terráqueo
busca nueva entrada
hacia el nacimiento.

A través
de lava nocturna
como párpados que se desatan
en silencio
parpadea el grito primerizo
de los volcanes de la creación.
En el ramaje de tus miembros
construyen las sospechas
sus gorjeantes nidos.

Como una que ordeña
en el crepúsculo
tiran las puntas de tus dedos
de las fuentes ocultas
de la luz
hasta que tú perforada
por el martirio de la tarde
entregas
la luna de tus ojos
a la vigilia.

Bailarina
puérpera que gira
tú sola
llevas oculto cordón umbilical
en tu cuerpo
legadas al Dios joyas gemelas
de muerte y nacimiento.

Versión de Javier Tubía




Qué ligera


Qué ligera
será la tierra
tan sólo una nube de amor vespertino
cuando libertada como música
la piedra se arrastra en éxodo

y peñas que
como pesadilla acuclillada
en el pecho de los hombres
pesos de melancolía
riegan las venas.

Qué ligera
será la tierra
tan sólo una nube de amor vespertino
cuando la venganza encendida de negro
atraída magnéticamente
por el ángel de la muerte .
reventada fría y silenciosamente
en su falda de nieve.

Qué ligera
será la tierra
tan sólo una nube de amor vespertino
cuando lo astral despareció
con un beso de rosas
de la nada.

Versión de Javier Tubía




Viene uno


Viene uno
de lejos
con un idioma
que quizás encierra
el laúd
con el relincho de la yegua
o
con el piar
de los jóvenes mirlos negros
o
también como una crujiente sierra
que trincha toda proximidad-

Viene uno
de lejos
con movimientos del perro
o
quizás de la rata
y es invierno
por tanto vístelo caliente
también puede ser
que tenga fuego bajo las suelas
(quizá cabalgó
sobre un meteoro)
por tanto no lo riñas
si acaso tu alfombra acribillada chilla.

Un extraño lleva siempre
su patria bajo el brazo
como una huérfana
para la que él quizá nada
nada busca sino una tumba.

Versión de Javier Tubía




Viaje a lo inmaculado


Boca...

Boca que mamas de la muerte
y rayos estelares
con los secretos de la sangre
salen de las venas
ahí el mundo fue a abrevar
y floreció

Muerte
en el silencio instala su punto de vista
y el ojo que no mira
el inútil abandono polvoriento
desborda el umbral del ver
mientras el drama del tiempo
es bendecido
densamente bajo su sudario glacial.

Versión de Javier Tubía







en la noche
con el desaprender lo ocupado del mundo
de lejos muy lejos
tu dedo que pintó la gruta de hielo
con el mapa cantante de un mar oculto
que amontonó las notas en la concha de tu oído
puentes-ladrillos
desde aquí hacia allí
esta cuidada edición
cuyo desenlace
será otorgado a los moribundos.

Versión de Javier Tubía




Aún festeja la muerte la vida


Ella baila...

Ella baila-
pero con un grave peso-
¿Por qué baila con un grave peso?
Ella estará inconsolable.

Gimiendo muestra a sus amados
desde la profundidad, en el atractivo del mar del mundo
aliento que sopla la inquietud
sobre la armadura salvante de sus brazos.
Mudo se agita un pez sufriente
en su amor-

Pero de repente
en la nuca
la doblega el sueño hacia otro lado-

Libertas
son vida-
son muerte.

Ya quiere lo extremo emigrar
el corazón del agua
y el fuego demoníaca luz admirable
los florecientes nacimientos de la tierra
y aire que cantando abandona el aliento.

Ansiedad es el soberano
el águila invisible
destroza su presa
la lleva a casa-

Versión de Javier Tubía




Noche de noches


La noche fue un ataúd de fuego negro.
Los rojos colores del amén de las oraciones
se dieron allí sepultura.

En esos enraizados dientes de púrpura -Cabellos- y el cuerpo
un árbol sacudido en viento espiritual
oscura visión -este querubín de un día
se encendió.
Las llamas en la red arterial
corrieron hacia su significado.

En las cenizas de resurrección sonó música.

Versión de Javier Tubía




¿Quién llama?


¿Quién llama?
¡La propia voz!
¿Quién responde?
¡Muerte!
¿Se hunde la amistad
en el campamento del sueño?
¡Sí!
¿Por qué no canta ningún gallo?
¡Está esperando a que el beso del romero
nade en el agua ¿!

¿Qué es eso?

¡El instante de abandono
del cual el tiempo se suprime
asesinado de eternidad!

¿Qué es eso?

Sueño y morir no tienen atributos.

Versión de Javier Tubía




Enigmas que arden


Desesperadamente llamas ahora desde la oscuridad...

Desesperadamente llamas ahora desde la oscuridad
al único hombre-

Espera un instante todavía-
y tú caminas sobre el mar.
El elemento te penetra ya los poros
te hunde y te alza con él
y pronto reencontrada en la arena
y junto a las estrellas esperando huésped que vuela
y en el fuego de la reunión consumido
calma -calma-

Versión de Javier Tubía




Esa telegrafía mide con la matemática «à la satane»


Esa telegrafía mide con la matemática «à la satane»
los lugares sensiblemente musicales
en mi cuerpo.
Un ángel construido con el deseo del amor
muere y resucita en las letras
en las cuales viajo-

Versión de Javier Tubía



Esa noche


Esa noche
torcí una oscura calle adyacente
por la esquina.
Se extendió entonces la sombra
en mi brazo.
Esta prenda cansada
quería ser llevada
y el color Nada se dirigió a mí:
¡Tú estás más allá!

Versión de Javier Tubía



Mi amor fluyó en tu martirio


Mi amor fluyó en tu martirio
se abrió paso a través de la muerte.
Vivimos en la resurrección-

Versión de Javier Tubía




Tras la puerta


Tras la puerta
pulsas la cuerda de la ansiedad
hasta que llegan las lágrimas.
En esa fuente te reflejas-

Versión de Javier Tubía




Tu nombre se te ha perdido


Tu nombre se te ha perdido
pero el mundo acude
y te ofrece bella variedad.
Agitas la cabeza y niegas
pero tu amado
encontró una vez la aguja en tu pajar.
Escuchas: él ya te llama-

Versión de Javier Tubía





QUIÉN SABE, donde están las estrellas                                                            
en el orden de gloria del creador
y donde comienza la paz
y si en la tragedia de la tierra
la agalla del pez arrancada con sangre
está determinada
para completar la constelación
Martirio con su rojo rubí,
a escribir la primera letra
del lenguaje sin palabras –

Sin duda posee amor la mirada
que a través de los huesos va como un rayo
y acompaña a los muertos
más allá del aliento –

pero dónde los rescatados
deponen su riqueza
es desconocido.

Las frambuesas se delatan en el más negro de los bosques
por su olor,
pero el peso del alma dejado por los muertos
no se delata a ninguna busca –

y puede sin embargo temblar
alado entre hormigón y átomos

o siempre allí,
donde un lugar para latidos
había sido olvidado.




QUÉ BUSCAS huérfano
sintiendo aún en la tierra
la era glacial de tus muertos –
las azules lunas
aclaran ya la noche extrajera.

Más rápida que el viento
mezcla  la muerte las cartas negras
tal vez un arco iris
desprendido de las escamas del pez
cerró ahora los ojos de tu padre,
sal marina y lágrimas
en la venda de muertos transitoriedad.

¿Tal vez
el beso omitido de la madre
descansa en el bramido de polvo
de la garganta del lobo?

El verdugo
en las tinieblas cargadas de culpa
ha escondido su dedo profundamente
en el pelo del recién nacido
que ya hace brotar años luz
en cielos no soñados.

De la tierra la lengua de ruiseñor
canta
en tus manos – huérfano –
que buscan
en el adiós que se volvió negro
de la arena

lo amado buscan

que hace  tiempo
desapareció
de dientes de estrellas
aserrados cortantes –



TIERRA, VIEJO PLANETA, tú mamas de mi pie
que quiere volar,
oh rey Lear con la soledad en los brazos.

Hacia dentro lloras tú con ojos de mar
los escombros del sufrimiento
en el mundo del alma.

En tus rizos de plata millones de años
la corona de humo de la tierra, delirio estrellado
en el olor del incendio.
Y tus niños,

que ya arrojan tus sombras de muerte,
pues tu  giras y giras
sobre tu lugar de estrellas,
mendigo de la vía láctea
con el viento como perro de ciego.



UNA RÁFAGA DE VIENTO
con los alientos de los muertos.
El pescador de caña saca el pez de plata
a través de la sociedad verdadera de los ángeles.

Oración de las agallas sangrientas.

Pero en el oficio divino
duermen las mujeres ancianas
a pesar del perfume de lavanda
y de las letras que salen ardiendo
y les consumen los ojos.



EN LA LEJANÍA AZUL,
donde camina el rojo manzanal
con pies de raíces que suben al cielo,
se destila el anhelo
para todos los que viven en el valle.

El sol que yace al borde del camino
con varitas mágicas,
ofrece parada a los viajeros.

Los que se detienen
en la pesadilla de cristal,
mientras el grillo araña finamente
lo invisible

y la piedra bailando
cambia su polvo en música.




Y NOSOTROS, que pasamos
por todas las hojas de la rosa de los vientos
una grave herencia hacia las lejanías.

Yo aquí,
donde la tierra ya se vuelve sin rostro,
el polo,
de la muerte blanca succión de abeja
en el silencio blancas hojas hace caer,

el alce,
asomándose a través de cortinas azules,
pálido huevo de sol empollado
lleva entre sus paletas –

aquí, donde el tiempo de mar
se disfraza con máscaras de hielo
bajo la llaga helada
de la última de la estrella

aquí en este lugar
depuse yo los corales,
los sangrantes,
de tu mensaje.



¿SON TUMBAS respiros para el anhelo?
¿Suave columpiar en los aros de estrellas?
Agonía en la sombra de la noche,
antes que toquen las trompetas
a la ascensión de todos,
a la vida los podridos granos de semilla?

Suave, suave,
mientras los gusanos
devoran los astros de los globos oculares.



TRANSMORIR como el pájaro el aire
hasta en el alma del bosque
que se estrecha en la violeta,
hasta en la agalla sangrienta del pez
música de pena y fin del mar –


Hasta en el volverse tierra
detrás de la mueca de delirio
donde la fuente con la salida subterránea
tal vez corrió detrás del lecho de dolor
de las lágrimas.




EN EL CREPÚSCULO MATUTINO,
cuando la moneda de la noche acuñada de sueño
se voltea
y costillas, piel, ojos
son llevados a su nacimiento –

el gallo con la cresta blanca canta,
llega el terrible momento
de la pobreza sin Dios,
se alcanza una encrucijada  –


Delirio se llama el tambor del rey –
Sangre sosegada corre –



¡NO SÓLO PAÍS es Israel!
De la sed en el anhelo,
de la raíz de medianoche calentada al rojo
a través de las puertas del cereal del campo
hasta los espíritu-azules bebedores de aliento
detrás de la gracia de azucarado brazal* de ciego.
Alas de la profecía
en el hombro de arena del desierto.
Tus pulsos cabalgando en la tormenta nocturna,
los pies de bronce
de tu montaña que resopla eternidad
galopando
hasta en la espuma blanca como leche
de las oraciones de los niños.

Los circulares meridianos de tus huellas
en la sal del pecado,
tus verdes raíces de bendición adormecidas
en el martirizado cielo del desierto,
la abierta herida de Dios
en el plumaje del aire –



¡TARDÍO PRIMOGÉNITO!
Con la pala llegado al hogar
a lo no excavado,
no carpinteado,
sólo en la línea,
que corre de nuevo
a través de la sinagoga del anhelo
de muerte a nacimiento.

Tu arena de nuevo,
máscara de oro de tu desierto,
ante un cielo combado hacia abajo
por las luchas de los ángeles,
ante los frutos ardientes
de tu noche que habla a Dios.

Tardío primogénito,
rosa de sal,
con el sueño de los nacimientos
como un oscuro pámpano
colgando de tu sien...




TODAVÍA MEDIANOCHE en esta estrella
y los ejércitos del sueño.
Sólo algunos de los grandes desesperados
han amado tanto
que saltó el granito de la noche
ante la cornamenta que corta en blanco de su rayo.

Así Elías; como un bosque con raíces arrancadas
se levantó bajo el enebro,
pulió, sangría de un pueblo,
sangrientas piezas de anhelo detrás,
siempre pegado a su gravedad el dedo de ángel
como un rayo de luna que sorbe cansancio,
abismos llevando hacia casa –

¡Y Cristo! En la cruz del fervor
sólo inclinada cabeza –
colgando la mandíbula,
con la roca:
Basta.



AQUÍ OS HAGO PRISIONERAS
palabras
como vosotras deletreándome hasta la sangre
me hacéis prisionera
vosotras sois los latidos de mi corazón
contáis mi tiempo
ese vacío designado con un nombre

Déjame ver al pájaro
que canta
si no creo que el amor iguala a la muerte –
DELANTE DE MI VENTANA
el pájaro que chirría
ante la ventana  seca
el pájaro que chirría
Tú lo ves
lo oyes
pero distinto
yo lo veo
lo oigo
pero distinto

en el mismo sistema solar
pero distinto




EL PANTANO DE LA ENFERMEDAD
tira hacia abajo
Fuegos fatuos dicen no al día
La noche bosteza de misericordia
Morir juega bien ramificado –

Cada rincón con el mal caduco recibe
con brazos oscuros
Negro es el color preferido del suplicante:
Ven y regálame sueños –

Escrito en Lecturas Turia por José Luis Reina Palazón











No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada