viernes, 17 de septiembre de 2010

1144.- HAMID SKIF


Hamid Skif nació en Orán, Argelia, en 1951. Poeta, dramaturgo y narrador. En 1968 se unió al renombrado Théâtre de la Mer, también bautizado la Acción Cultural de los Trabajadores. El editor Jean Senac publicó en 1971 poemas suyos en su "Antología de la poesía joven argelina de expresión francesa". Lleva a la par su actividad intelectual, poética y política. En 1978 fue laureado por la obra de teatro Une si tendre enfance. En 1979 publicó una antología de poesía argelina en castellano en España: País de larga pena. Ha fundado asociaciones de escritores, de jóvenes y de grupos periodísticos. En 1997 se instaló en Hamburgo donde publicó "Poemas del adiós". Otras obras: Nouvelles de la maison du silence (1986); Citrouille felée; "La princesa y el clown" (novela, 1999), "El testamento" (teatro), "Las escaleras del cielo" (ensayos) y "Pequeñas historias para hacer reír un caballo".



Hamid Skif

Poèmes




Por tus ojos

A Widad

Por tus ojos y los de los niños del mundo
por esa sonrisa que anuncia el día liberado
mendigo la esperanza
el pan
y un día
de alegría

Por tus ojos y los de los niños del mundo
Por esas manitas que acarician la
alcoba
fabricaré un juguete de piedra lunar
cosido con rayos de ternura

Por tus ojos y los de los niños del mundo
por esa voz argentina que se te encalla en
la garganta
voy a tocar el tambor
pero
jamás olvides niña mía
que
por tus ojos y los de los niños del mundo
hay hombres que mueren cada día al sol
por no haber podido vencer a tiempo
a los ladrones de sueños








Flores del Paraíso

Un hombre solo andaba en el prado
Su sombra le pesaba

La llevaba en brazos, atravesada

Y le goteaba
a lo largo del camino

El hombre estaba triste
Quería comerse los propios sesos
y los pies
Para olvidar el tiempo
Vivido en balde

El mármol estaba caliente
Depositó en él su alma y soltó un largo llanto
para regar las flores del paraíso.





Estampa

Instantes frágiles
de gritos de odio
Las paredes conservan la memoria de una piedra arrojada
Tengo la herrumbre de la sangre sobre los párpados






Homenaje

Mujeres sentadas en los recovecos del tiempo
los rincones tiernos de la edad
Mujeres sometidas a la corrosión
de las miradas ácidas
de las amenazas susurradas
y rugidas

Mujeres de tierra y agua
palpitantes al primer silbido
de Adán
Los manzanos han desviado sus promesas
y las carretillas ya no toman
los senderos que llevan a los prados

Las cimas veladas se callan
para escuchar las águilas calvas que se afilan el pico
y las hormigas han detenido la caravana en la cresta de
las dunas doradas

Mujeres de cáñamo y hierbas locas
sometidas y vencidas a la primera sonrisa
de la creación

Mujeres de palmeras y fuentes
acorraladas en el golfo de las habladurías
los juegos infantiles han abandonado a la casada
y en vuestros ojos tiembla el fuego alimentado
por las riñas amorosas

Mujeres sentadas en los laberintos de
la pasión cosechada por los gritos del
parto

Mujeres del ayer, del mañana
sobre la tierra maltratada
y adornada por vuestras manos
siempre quedará en alguna parte
una boca para ensalzaros y gritar
con tozuda esperanza que sois
el canto del mundo no consumado

Mujeres soberanas de los tiempos
antiguos y las conquistas futuras
sobre las olas y en los vientos
Llevadas por las chalupas
de vuestros cuerpos molidos
Un día no quedará en esta tierra
más que un hombre para adoraros y
amaros
Será el guardián del paraíso

Eva vive en Palestina
y en el Sahara se detienen las olas
al pie de una mujer desnuda
armada de una sola sonrisa para desconcertar
a los agentes de la muerte

En cada mujer comienza el mundo
y lo decís tan tranquilamente
en el tono de los graves susurros
que recuerdo haber aprendido de mi madre
los secretos de vuestra búsqueda

¿Dónde estáis pues mujeres de mis deseos
cascos de jarra en la tierra perdidos
fragmentos de silencio y heridas abiertas
a mis ojos de niño vestido sólo de vuestras
promesas?

En las hojas de cada árbol que crece
y en el asfalto de las ciudades curtidas
habrá siempre para mí
un nombre de mujer inscrito
para no
perder la esperanza








Contra poema

El hombre que lo escribió vive
en una excalle
Ya es un exhombre

Suicidado

Con el corazón embravecido
recobra vida

El verbo incandescente
La fiebre en la boca
Desgarra sus palabras
para hacer de ellas una conciencia ametralladora







El perfume de las palabras

El perfume de las palabras que pronuncias
Un espacio cerrado que trazas
Tu mirada sobre las cosas posada

El poema es maravilloso si habla
de ti
¿Estará celosa de tu ausencia?
Siempre me pregunta
por ti

Los días tropiezan en mis ojos
y componen un pasado difícil de decir

Las aves del paraíso sobre sus tallos
te cantan y yo no sé qué decir
de esta ausencia que teje en mí las
extrañas palabras de la locura

Las barcas de la playa se alejan
para romper el horizonte crudo de los que aguardan
El día se difumina en alguna parte de mí

¿Podría yo tender una mano para tomar
el hilo de arena que fluye de tus ojos?

Habrá un día lleno de viento y lamentos,
más allá del muro que nos separa, que te llevará
los cantos múltiples que desgrano
palabra tras palabra
para alcanzar el espacio que nos rodea
y altera la armonía de los poemas que erijo
a tu paso





Vivir

Vivir
de terror acongojado
De una
palabra vencida
De noches de espanto
Vivir de la amenaza
Vivir
respirando sin ruido
Detrás de la puerta
Las persianas cerradas
Vivir de los ruidos callejeros
De un coche que se detiene
De una voz apenas audible en el rellano
De una llamada telefónica
De voces anónimas
De un cañonazo a lo lejos
De una bala perdida
De una bala que ha matado
De una navaja oxidada degollando al amigo
Vivir y morir
con en los ojos
los rostros queridos







¿Qué vas a decir?

A los misioneros en pena de caridad
A los solidarios
que bañan su lengua en tus heridas
A los amigos que se compadecen de tu suerte
¿Qué les vas a decir?
¿Les contarás tu vida de forma escalonada?
¿Llenarás la escarcela de su conciencia
Sacudirás las palmas de su capilla
o
Enarbolarás la tozuda bandera de tu desamparo?







Esposado

A la memoria de Saïd Mekbel

Esposado
Se me llevaron

Ese compadre que abofetean
y lo golpean
con una pistola
en la sien
soy yo

Este poema que lees llorando
Eres tú
Y que relees de nuevo
Con el rostro adornado de escupitajos
Soy yo

Siempre eres tú el que rechazas
Y soy yo el que lee
estos versos incandescentes
maniatados en su furor

Basura, canalla, hijo de puta
Así aprenderás a componer poemas malos
para hacer reír a las multitudes

No es justo
Pues toma este golpe
y otro más
Y ve a decir a los piojosos de tu calaña
que a los polis les gusta la poesía
armada hasta los dientes






Los perros

A la memoria de A. Alloula

Sentado en su coche
un perro me contempla al cruzar yo la calle
corriendo casi
perplejo
de que me dé por tener miedo
de un perro al volante de un descapotable
gafas negras ocultándole los ojos
morros levantados sobre sus caninos verdes

La música a todo meter
Escucha el Bolero de Ravel
esperando que suene su disco preferido
un éxito de Jerry Lee Lewis
revisado y corregido por Walt Disney

Salía del restaurante
Con un medallón en el cuello
El retrato de Dios fijado con un alfiler
en el dorso de la chaqueta
Era un perro inteligente
Cargado de buenos modales

Escrutaba la calle con la mirada
Interrogaba a los transeúntes con los ojos
Aquel perro estaba visiblemente enamorado
Un poco apenado
de que la tierra continuara girando
sin que ella apareciera por la esquina de la calle
para pedirle por señas que la siguiera hasta la boca del metro
donde ella ofrecía su gala

La había conocido en una recepción de embajada
Una reunión de la secta
que usaba como pretexto el cumpleaños de un tirano de pacotilla
cuyo país carecía de todo
menos de botas para aplastar al primero que hablaba
que levantaba el puño
para protestar
contra el orden de los perros
Ella se había fijado en él
Lo había llevado a un callejón sin salida
le había saltado encima sin que él tuviera tiempo
de ladrar
Estaba acostumbrada a tomar a los machos
de sopetón
sin darles tiempo a decir ni guau

Él la había querido por esto
La acechaba cada día a bordo de aquel auto
robado a
un tiparraco
Un Don Juan mundano que se las daba de opositor
Un verboso que lanzaba las palabras
una tras otra
retorciéndolas limpiamente
para demostrar que tenía educación
una verdadera competencia en cuestiones de rebelión

Había escarmentado aquel fantoche
Bastó con hacerle la zancadilla
y caerle encima cuatro de nosotros
Murió la semana pasada
con la rabia en los labios
las manos arrancadas
Así se acaba con ellos
para que no vayan a decir ante los tribunales internacionales
y demás instituciones prefabricadas
que desconocemos las reglas del mundo civilizado
Ataca los nervios leer a esos provocadores de escándalos
alcornoques bocazas que cuentan
lo que se les antoja acerca de derechos
que apenas conocen
Para ganar su pitanza
ladran a cual más
cada vez que les largan
una ración mayor que la del día anterior
Es así en nuestro país
Los que miran con demasiado detenimiento como ese chiflado
que pasa medio aterrorizado
los que hablan demasiado
los que escriben cartas
Los que las transmiten
Los que atestiguan
Los que se niegan a atestiguar
Todo ese mundillo lo metemos en jaulas
Tantas perreras como cuantas especies hay
Tantos tribunales como razas
Lo único autorizado es enamorarse
no de cualquiera
Tiene que ser perra del mejor linaje
entrenada a husmear detrás de las palabras
al enamorado fingido e intrigante
conspirador disfrazado de poeta manido
chupatintas que loa sin fervor la grandeza del dictador
que es
todos lo saben
el mayor jefe de estación
de todos los tiempos

Voy a alcanzar al que acaba de pasar
Se figura que no he reparado en él
Lo veo por el retrovisor desde hace un rato
Por mucho que se esconda detrás de su paraguas
caerá como los demás
Lo advertí el otro día en la entrada del metro ficticio
donde enjaulan a los deportados
Mientras ella cantaba él hacía mímicas para ridiculizarla
No sabe lo que le espera
Es el hijo del tendero judío palestino o árabe
temible
agitador
Que escribe novelas ficticias en papel de envolver
Arenga a las clientas
en la trastienda de su papá
estrechándolas fuerte para hacerles sentir el aliento
oloroso de la libertad
Vamos a echarle el guante
demolerlo limpiamente
Es lo que merecen esos estudiancillos
que no saben nada
de la ferocidad del canino
Deberían recurrir a sus antepasados para informarse
Sería más fácil si aprendieran a ladrar

En cambio hacen oír gañidos esporádicos
a veces nada
Pronto aullarán en coro
Ahí vuelve
Hace ver que lee
Caramba me está espiando el muy mamarracho
Se va a enterar de que cuando muerdo lo hago bien

Es tan estupendo oír gemir
a un rebelde disfrazado de transeúnte para sobrevivir
al día de los perros









Nos engañaron

Nos engañaron
nos dijeron que el paraíso estaba bajo nuestros pies
que estaba a la sombra famélica de nuestras armas
a la sombra de nuestras marchas.
Nos engañaron
diciéndonos que Palestina sólo era una piedra invadida
por las algas que el grito bastaría para dar miedo que
éramos águilas que las piedras caían del cielo que detrás
de nosotros estaban los elefantes.
Nos engañaron
haciendo para nosotros el inventario de las mentiras
de nuestros postulados de nuestros sueños
de nuestras insurrecciones vitales.
Nos engañaron
como se engaña a la bestia al acecho
como se engaña a niños tiernos
como se engaña a clientes tontos.
Nos engañaron
de la raíz de las uñas a la de nuestra lengua vendiéndonos
mercancía echada a perder en los subsuelos de la
memoria.
Henos aquí flamantes de esta temeridad rencorosa.
Henos aquí sanos en nuestra sangre limpia lavada
y relavada con el jabón de sus mentiras.
Henos aquí irreductibles ahora.
Pero, ¿qué hacemos camaradas
una vez engañados
una vez lavados?
¿qué hacemos
sino jugar a las cartas en el polvo
de sus mentiras?







El tiempo

1

De Babilonia en Babilonia
El tiempo que se desmenuza
Sobre los muslos desnudos de la arcilla

2

Hojea las páginas
De la roca y se calla
Para mecer las espadas y las
Oriflamas y la sangre y los gritos
Y
Las lágrimas que le dejan
Un poso

3

Toda ventana abierta
Lo llama fuera
Para cinglar hacia las largas avenidas
De los mares desvaídos velados por los corsarios
De largos cabellos de cuerda

4

El tiempo vigila la muerte
En todas sus andanzas
Ella le facilita sus avances
Y cuenta con él el espacio
Compartido

5

De Babilonia en Babilonia
Los jardines susurran tiempo
A pleno viento
Y suben a asaltar el cielo
Para honrar sus frutos perdidos
En la cumbre de las estaciones

6

El tiempo circula para nosotros
Hasta en las autopistas
Que bordean el mar en las
Radiaciones del verano

7

El tiempo no pasa
Sobrevuela la sombra de nuestras miradas
La de nuestros cuerpos
Un instante del hombre casi consumado
Por eso se ríe de las fronteras
Y de las leyes

8

El tiempo tiene el rostro de la sombra fresca
Y el de las pepitas olvidadas
Ningún destello lo ciega
Es la música del silencio
Salvaguardado

9

Conmovedor en su amplitud
Roto
Renace de la rama
Sobre la hierba del talud
En los ojos de los pájaros
En los lechos de los ríos

10

Su ausencia solamente
La reserva a los cementerios
De los siglos abandonados
Nunca se escribirá aquí yace el tiempo
Ha tomado todas las disposiciones para ello

11

El tiempo me dijo:
Un día te olvidaré
Sé muy bien que no
Vela a mi puerta cerrada
Pues la ventana abierta
Lo ha llamado fuera

12

Regresará a verme
Para poner fin al viaje
Y cantar conmigo:
De Babilonia en Babilonia
El tiempo que se desmenuza
Nunca ha olvidado nada

13

El tiempo es un perro rapaz
Dicen los ancianos
Mas ningún ruido de él
Me ha llegado aún
Solamente, ayer, en el umbral
De mi puerta
Encontré una lágrima
Posada en una hoja de ciruelo
¿Sería el tiempo que revelaba
Su identidad?

14

Sé de buena fuente
Que acaba de ser admitido
En el paraíso

¿Qué tiempo hará sobre el océano
De tus ojos?
¿Acaso nuestros dedos cruzados
Hablan de las lágrimas del alba
Posadas sobre las hojas de ciruelo?

Traducción: Mireia Porta Arnau



Les poèmes publiés ici sont tirés de l´anthologie
LA ROUILLE SUR LES PAUPIÈRES
qui regroupe trois précédents recueils.



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