martes, 14 de septiembre de 2010

1067.- ALEX FLEITES


Alex Fleites. Caracas, 1954. Ciudadano cubano. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana, promoción de 1980. Poeta, guionista, crítico, editor, narrador y periodista. Ha sido editor jefe de importantes revistas culturales, como El Caimán Barbudo, Cine Cubano, Unión y ArteCubano. También dirigió por varios años la página cultural del periódico Juventud Rebelde.

Hasta el momento tiene ocho libros publicados en Cuba y dos en Italia, por los que ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Poesía “Julián del Casal” y el Premio Nacional de Periodismo “26 de julio”. Aparece antologado en importantes colecciones de poetas cubanos editadas en la isla y el extranjero, como L’isola che canta, Ed. Feltrinelli, Milano, 1998; Die Poetische Insel, Oficina de Cultura del Gobierno Federal de Austria, 1998, y Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana Siglo XX, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1999. Algunos de sus poemas y trabajos en prosas han sido traducidos al ruso, francés, búlgaro, servio, italiano, alemán, portugués, inglés, moldavo y vietnamita.

Ha traducido del portugués poemas de Vinicius de Moraes, Cecilia Meireles, Carlos Dumond de Andrade y Manuel Bandeira, con los que se conformó la antología Balada feroz, Ed. Arte y Literatura, La Habana, 1991. También ha vertido al español textos de Fernando Pessoa, Chico Buarque, Carlos Ary Dos Santos y Florbella Espança.

Impartió clases, realizó lecturas de sus versos y/o dictó conferencias sobre guión cinematográfico, historia del cine cubano y literatura cubana en Tulane University, Cornell University, Wisconsin University, Hamshire College (USA), Universidad de Carabobo, Universidad Simón Bolívar (Venezuela), Universidad de Sao Paulo, Instituto Casper Liber (Brasil), Universidad Autónoma de Santo Domingo y Universidad APEC (República Dominicana).

Como guionista ha trabajado para los directores Gerardo Herrero, Jaime Botella y Patxi Barco (España), Claudio del Punta (Italia), Jesse Acevedo (USA) y Enrique Colina, Arturo Sotto y Guillermo Centeno (Cuba).

Participó como delegado en festivales internacionales de poesía de Macedonia, Chile, Venezuela, Nicaragua y Colombia.

BIBLIOGRAFÍA ESCOGIDA. A dos espacios. Editorial UNEAC, 1981. Premio “Julián del Casal”. La Habana, Cuba. Poesía. Hacer el amor. Siete jóvenes cuentistas cubanos. Editora Abril, 1986. Selección, notas y prólogo. La Habana, Cuba. De vital importancia. Editorial Abril, 1989. La Habana, Cuba . Poesía. Omnibus de noche. Editorial UNEAC, 1995. La Habana, Cuba. Poesía. Cuba Cultura. Viaggio nell’identita’di un’isola. Teti Editore. Roma, Italia, 1997. (En colaboración con Aldo Garzia). Guía cultural de Cuba. Sentire di Cuba. Viaggio nella cultura, nelle tradizioni, nei personaggi. Patriche Editrice. Milán, Italia, 1998. (En colaboración con Leonardo Padura). Vademecum de cultura cubana. Un perro en la casa del amor. Editorial UNEAC, 2003. La Habana, Cuba. La violenta ternura. Antología personal. Ed. Letras Cubanas, 2007. La Habana, Cuba.



POEMAS DE ALEX FLEITES



ESPERANDO UN TREN

Hemos pasado la vida esperando un tren
Cada mañana vamos a la estación
con banderas y flores y allí nos estamos
hasta que la noche consiente
que las palmas y las nubes
se hagan un mismo mar de oscuridad

Esperamos un tren, nos dijeron nuestros padres
Esperamos un tren, les contestamos a nuestros hijos
cuando nos miran, con estupor u odio,
saltar por años entre los rieles, disponer la música,
engalanar el andén con humildes plantas del país

Al principio recibíamos noticias de su paso
por ciudades y pueblos de enigmáticos nombres,
pero hoy sólo queda la costumbre de atisbar,
la idea lejana de que nuestra vida se reduce
a esperar un tren, el que nos llevará
hacia conocidos parajes
donde mujeres cansadas, hombres taciturnos
y niños con ojos disminuidos por el sueño
aguardan un tren para marchar hacia otra estación
en la que otros esperan por viajar,
con idénticos rostros y ademanes a los nuestros







LA ASESINA´

Ella lanzaba
pequeñas piedras a su pecho
por ver cómo sonaba,
y si los cristales estallaban
gracias al impacto

Él hubiera preferido que recostara
el oído a su garganta
Habría sentido el mar
y cierta bulla de pájaros
que inauguran el sol

Ella entonces lanzó
guijarros, abrojos
y otras calamidades del camino
El empeño era desecar su alma
Pero la sangre huía en ondas infinitas,
y por una vez más él pudo alzarse

Finalmente
descargó una peña
con toda la fuerza de su odio
El sintió que ahora algo se quebraba,
que no habría más domingos,
ni canciones, ni pan sereno,
ni fotos a la orilla del mar,
ni una mano en la noche
buscando la carne querida

Y así no pudo más con tanto peso
Y se puso a morir
con la dignidad
de quien se va lleno de asombros,
intacta la inocencia,
extinguidas las ansias
de volver a empezar







RAZONES

Respeta, piedra, el temblor de la hoja
como el viento perdona tu aspereza
y el poeta comprende la ferocidad de los cuchillos

Bajo los astros,
entre los grumos olorosos,
la piedra, el viento y las hojas
poseen sobradas razones para ser
aun cuando no esté del todo claro
el orden que luego tendrán sobre la tierra

Movidas por el viento,
las hojas muestran, como Jano,
las caras del otoño;
mientras que el sueño de piedra de la piedra
en el fondo es una señal de clara alarma

El cuchillo con que se taja el pan
o se siega la cabeza de los hombres,
nada sabe
Su misión es cortar, viejo designio

El poeta no ama el cuchillo,
pero entiende su belleza

Nada crea la piedra si no es su propio sueño
Nada ruede el viento si no es su propio esfuerzo
Nada cante la hoja si no es su propio miedo
En la sombra, el poeta vela las armas
que a su llegada ha de encontrar el día
Nadie forje el acero en las tinieblas
Oficio es de la luz, y del poeta




FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE MEDELLÍN
PROMETEO
Revista Latinoamericana de Poesía
Número 81-82. Julio de 2008.

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El hijo prodigo

Y heme aquí en el punto del comienzo

Cabalgué como un predestinado
Cabalgué como un renuente
Cabalgué con la inocencia
de quien pierde la lumbre,
el sosiego que sólo fija el mar.

Aquí estuvo el hogar. Aquí, la mesa
sobre la que cantaba la hermanita
Aquí, los instrumentos de triturar olores
Aquí hubo una mujer cuidando el fuego
Aquí, los hijos, sus manos todavía inhábiles,
nos prevenían, nos incitaban, nos exigían más

Quien padece la salmodia del viento
no teme llamar a los postigos
Sólo entrever –la humildísima hendija–

Adentro se oyen pasos similares a los míos
Adentro, los murmullos, las caricias invisibles
Adentro, el tigre que desgarra los sueños

He vuelto, oidlo bien, he vuelto
Puedo pasar un día o un siglo ante el templo
con la apariencia de un borracho ciego

Terminarán por aceptar mi rostro
cruzado de verdes cicatrices






Visione laterale di nudo femminile*

Para Roberto Fabelo

La noche aún no ha descendido
hasta el momento en que se funda
con el negro de los ojos

Es la peor hora
para la vista lateral de un cuerpo
que la luz resolvía con generosidad

Tan fina es la nariz
Exactos los volúmenes del seno y la pierna
La lúbrica mano justo en el lugar

El pobre Albert la entrevió
cercana y distante como el fruto
en la rama más alta del ciruelo

Y es rotunda como la verdad
Y es implacable como la venganza
Y es irrebatible como el tiempo
Y es sensible como el llanto
Y es, en resumen, como las grandes palabras
que nunca servirían para develar,
en su perfecta imperfección,
el amado perfil de una mujer desnuda


*Apunte de Durero





De un griot para sus hijos

Voy nombrando las partes
al tiempo que las toco
La lanzadera, el huso,
la fragua donde duermen
con ligerísimo sueño
el viento, el fuego y la materia

Purificado el cuerpo,
pasado el tiempo
del aprendizaje silencioso,
voy diciendo los nombres
que la noche me puso en los labios:
Gubia para extraer
el corazón de la madera
Escalpelo furioso
Pensativa reja del arado

Digo, nombro, tomo posiciones,
me apropio de lo que
siempre estuvo allí
para dolor y regocijo

Junto el barro del amanecer
Su forma ya no imita
Sólo quiere ser barro


Para que no se sequen,
expongo las palabras
sobre la hierba de la isla

En su oscura esencia
todo queda dicho


Comience el día, cada cosa
ocupe el espacio de su nombre

Pasado este momento,
pueden tocar mi túnico y mi carne
Dispongan del pan
que les dejo servido
Y no me reverencien


Después de todo
no soy más que un hombre,
irreconocible entre tantos
que a esta hora, en rebaño,
se agolpan a la entrada
de las usinas,
los estacionamientos
y los ministerios



Diciembre de 2005

(CARIBENET.INFO)


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