sábado, 17 de mayo de 2014

JERÓNIMO LAGOS LISBOA [11.701]

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Jerónimo Lagos Lisboa 

(* San Javier de Loncomilla, Chile, 1883 - † 1958) fue un poeta chileno.

Fue presidente de la Sociedad de Escritores de Chile. La Municipalidad de Santiago lo distinguió con premios por sus obras Tiempo Ausente (1937) y La Pequeña Lumbre (1945). Falleció en 1958.

El parque comunal y uno de los colegios municipales de su ciudad natal llevan su nombre en honor a uno de los más insignes vates de la lírica chilena del siglo XX.


Jerónimo Lagos Lisboa (1883 – 1958).

Nació en San Javier de Loncomilla. Publicó tres libros Pequeña Lumbre, Tiempo Ausente y Yo Iba Solo. Poeta que no causaba estrépito ni quebraba vasos. Alejado de las cofradías literarias, pensamos que era más adicto a las tertulias con sus colegas. Poeta silencioso. Autor de trabajos  que las historias motejan de poesía menor, ha dado con una breve, pero fecunda labor poética.

Hoy lo conocen pocos. Otros ni lo recuerdan

Su ciudad natal tiene un parque y una escuela con su nombre. Cabría preguntarse si en esas aulas saben de veras quién fue el insigne vate que apellida su colegio.

Tenemos dudas.

Para recordarlo, extrajimos de su bella producción poética un también breve poema que nos recuerda nuestro querido río de las nieblas, el río Maule y el inolvidable tren que recorría sus orillas.

Se llama Apunte. Leámoslo.

Parte el tren, y el vocerío
se dispersa…¡Adiós, poeta!
Queda la tarde violeta
desnudándose en el río.

Rueda el convoy por la esquiva
falda gris de la montaña.
La tarde en el Maule baña
su belleza pensativa.

El agua pasa, y el viento
y el arbolado. Al vagón
torno el rostro…¡Cómo siento
la tarde en mi corazón!

No hagas ruido, pensamiento…
¡Se hace la tarde oración!



“Queda la tarde violeta desnudándose en el río”. ¡Qué bella imagen!. Simple, sencilla, precisa. Propio de quien realmente poseía un indudable talento.

Un pequeño homenaje a un gran autor maulino olvidado.

[Por Jorge Arturo Flores]



Yo iba solo


Yo iba solo
Autor: Jerónimo Lagos Lisboa
[s.n.], 1915


CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1915-06-11. AUTOR: JANUARIO ESPINOSA
Don Jerónimo Lagos Lisboa, laureado recientemente en un certamen, ha publicado su primer tomo de versos. En el frontis de su obra ha puesto uno de estos títulos con puntos suspensivos, que están tomando cierta boga. El comienzo de una frase no es muy a propósito para título de un libro; pero puesto que es la moda… En dos partes puede dividirse el libro de Lagos Lisboa: la primera, versos de índole descriptiva; la segunda, versos amorosos. Optamos por la primera; allí se ve al poeta verdadero, que se emociona ante la naturaleza y sabe dar al lector la sensación que persigue. Citamos el caso:

“Chillán desde sus nidos en la iglesia vecina
las lechuzas siniestras. Aúlla en la cocina
el perro de la casa. Rápido y turbulento
pasa por la arboleda –brujo invisible- el viento.”

¿No da esto la sensación de una de esas noches medrosas de los pueblos chicos, en donde se cree en brujos y se presiente al diablo cuando un gato maúlla o un perro gime? Hermosos, muy hermosos, dignos de un gran poeta, son aquellos versos que titula “Croquis lugareño”, y que empiezan:

“¡La murga del circo viene en carretela!
De ella pintado de harina y carmín
un tony que un ojo guiña a una chicuela,
y al fin ¡Arlequín!”

Tenemos en Lagos Lisboa un buen poeta, que sabe sentir el paisaje. Esperamos una mejor selección en su próximo libro; es decir, que sea más uniforme; y para entonces nuestras alabanzas no tendrán distingos.



Tiempo ausente


Tiempo ausente
Autor: Jerónimo Lagos Lisboa
Santiago de Chile: Nascimento, 1937


CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1938-01-16. AUTOR: CARLOS RENÉ CORREA
La poesía chilena se ha enriquecido con esta obra de Lagos Lisboa. El año literario de 1937, cerró con este libro de poemas que reúne las más puras calidades artísticas que no pertenecen a escuelas ni a circuitos literarios, sino que radican en el arte legítimo, de savia auténtica y alta expresión.

La obra de Lagos Lisboa es escasa, pero ponderada y llena de gracia y frescura. En 1915 dio a la estampa su primer libro: “Yo iba solo…”, que reunió los más halagüeños juicios de la crítica del país y del extranjero. Se vio en ese libro la realización de un gran poeta que, desligado de trabas pseudos artísticas, daba agilidad y altura a sus alas y podía ofrecer una obra depurada por el más claro sentido de belleza. “Yo iba solo…”, marcó una ruta de sinceridad artística y alta inspiración. Por sus páginas deambulaba el fino espíritu del poeta y había como un renacer de flores campesinas.

Entonces escribió Gabriela Mistral de la poesía de Lagos Lisboa, un acertado juicio cuyos principales conceptos podemos aplicar íntegramente a esta nueva obra de Jerónimo Lagos, este “Tiempo Ausente” que no hace volver los ojos hacia los caminos abandonados y divagar en las horas del ensueño. “Este libro de versos, escribía Gabriela Mistral, no ha salido ni de entre montescos ni de entre capuletos, no es modernista ni clásico. Es bello de propio modo. Es delicado y fuerte, innegablemente hermoso. Es rico de sentimiento. Cobra el verso en muchas partes temblor de emoción intensa. Versos sencillos, sobrios hasta la perfección. Yo no sé de mayor sobriedad y de un conmover con menos esfuerzo que el de este poeta en esas “Lavanderas”, sencillamente magníficas”.

De esta última obra de Lagos Lisboa, que con tanto esmero y prolijo cariño ha editado Nascimento, podemos señalar la realización perfecta de este juicio de la poetisa. “El libro es bella de propio modo”. “Innegablemente hermoso”. “Rico de sentimiento”. “Yo no sé de mayor sobriedad y de un conmover con menos esfuerzo”.

Este “Tiempo Ausente” está dividido en cuatro grandes jornadas: “La casa en que vivo”; “Tierra emotiva”; “Amada inextinguible” y “Cantando vengo”.

El encuentro primero del lector de este libro de Lagos Lisboa, es la fuerza poética que siempre ofrece hondo pensamiento, belleza nueva, imagen llena de color, evocación de cosas lejanas, un lenguaje riquísimo y una versificación perfecta.

Jerónimo Lagos Lisboa, quien posee la rara virtud de la humildad, vive como ajeno a estas cualidades suyas y, sin duda, ese es el motivo de esta poesía fundamentalmente hermosa, lejana a toda sombra y purificada en la disciplina de la austeridad literaria.

El poeta se ha ido cantando por los caminos y recogiendo en sus ojos la belleza de la tierra y de las almas. Ha cristalizado sus emociones íntimas y ha derramado el agua de su vaso. Si alguien nos preguntase cuál es la técnica poética de Lagos Lisboa, a qué escuela pertenece, ciertamente no sabríamos qué responder, porque nuestro poeta está sobre las escuelas y modas literarias, solo pertenece a la escuela de la belleza auténtica y de la sinceridad sin límite.

Si quisiéramos citar los poemas más hermosos de su libro, deberíamos citarlos todos. Esta no es exageración, porque en cada página encontramos un filón de metal precioso y el lector no puede desprenderse de esta túnica de poesía que teje el poeta sobre sus hombros.

En estos poemas no se desfigura nada, todo parece surgir de la realidad, pero hay en la vena misma de este “Tiempo Ausente”, un sortilegio emotivo que nos penetra y nos conduce a los caminos de la evocación y de la añoranza. Algo de música lejana, el viento que va por la llanura, una muchacha campesina –vaso fresco de agua- el río, el mar…

El libro se inicia con un poema que es síntesis de la vida del poeta, espejo de sus ansias y de su fervor. Titúlase: “La casa en que vivo”:



“Júbilo del viento,
quiébrame el sollozo.
Mi sollozo
tiene adentro sol.
¡Canta en la varilla ceñida de rosas!
- rosas, viento, sol -.
La casa en que vivo
está bien al fondo de mi corazón”.



Sí, la casa del poeta, oculta en la colina de sus años, está bien al fondo de su corazón. La música del verso parece acompañarnos hasta la puerta de esa casa con:



“Muros de silencio, desdeñado alero
y cimientos firmes de dolor”.

En seguida la voz del poeta se vuelve hacia la mujer amada para decirle:

“¡Oh, tú, la que azulas mi predio
y cuelgas tu saya en mi zarzal!
En tu saya puedo recoger estrellas.
Mi noria, se ha vuelto diáfano raudal.
Bienvenido el viento que arrase mi casa
y el sol que me hunda su puñal”.



En la segunda parte del libro, el poeta canta a la tierra de su adolescencia, San Javier de Loncomilla, y a las tierras del Maule, en donde habita el fino espíritu de Jorge González Bastías, amigo fraternal de Lagos Lisboa, y en cuya compañía ha recorrido las bellezas agrestes de los cerros y las márgenes del Maule.

Lagos Lisboa ha dejado vivo el recuerdo de esas mañanas dominicales de San Javier de Loncomilla. En su poema “Las misas inefables”, nos cuenta con acento ligero y festivo:



“¡Aquellos Domingos!
Las mañanas eran campesinas frescas,
floreados vestidos –percalas, satín-
enaguas crujientes de almidón… Bastaban
agua clara y polvos para ser bonitas:
para olvidar penas, simple toronjil”.




Toda la poesía de las tierras de Maule se ha concretado en este claro “Apunte” del poeta, cuyos versos son luminosas líneas que reflejan la belleza de las tierras maulinas.



“Parte el tren, y el vocerío
se dispersa… ¡Adiós, poeta!
Queda la tarde violeta
desnudándose en el río.
Rueda el convoy por la esquina
falda gris de la montaña.
La tarde en el Maule baña
su belleza pensativa.
El agua pasa, y el viento
y el arbolado. Al vagón
torno el rostro… ¡Cómo siento
la tarde en mi corazón!
No hagas ruido pensamiento…
¡Se hace la tarde oración!”



El espino de los áridos paisajes de la costa, le ha entregado su hirsuta belleza que el poeta ha sabido comprender e interpretar. La voz del espino, habla en estos versos de Lagos Lisboa:



“Pugna en hacerse piedra mi vigor milenario.
Quemo mi sangre roja y amordazo el amor;
mas, pese a mi zahareño perfil de victimario
se me escapa la angustia y me estalla la flor”.



“Veranito de San Juan”, “Croquis Lugareño” y “Perquilenco”, son poemas del más puro valor y poseen un soplo de gracia que va de lo emotivo a lo picaresco. Así en “Veranito de San Juan”, leemos:



“¡Tú! Carmencita Alcorán…
¡Claro! Porque tú venías
vino el sol, vino este día!
Qué alegría,
veranito de San Juan!
Campo que sueña y que grita…
Olor, color, embriaguez:
ojos glaucos, Carmencita!
Bermejo chamanto, Andrés!

Copihues, juncos, violetas…
¿A qué vienen junto a ti?
En ti se funde y completa
tu tierra. Tú para mí
eres geranio, membrillo,
viento alegre, manantial
en que volcó el aire brillo
y púrpuras el rosal”.




También el poeta canta a la “Amada inextinguible”. Hay un rostro de mujer asomado en esta ventana de su poesía y cae de sus ojos y de su voz, una nueva luz sobre sus cantos. La expresión tórnase ardiente y sentimental; son lejanos recuerdos en suspenso sobre el espejo de su encantamiento:



“Amor, cuando yo duerma,
quede tu estela rubia suspendida
en mi sombra. Y alcánzame la azada
y alúmbrame el sendero. Mi energía
ha de romper la tierra.
¡Y el agua clara manará la herida!”




“Cantando vengo”, la última jornada de esta obra, contiene asimismo poemas del más puro valor poético en los que alienta una gracia íntima de saber construir la imagen, el símbolo, la canción. Lagos Lisboa nos cuenta:




“Cantando vengo y cantando
por el cóncavo sendero;
de alerces y de abedules
traigo la canción, el gesto.
Tuve bodas con las rosas;
pétalos pelan dispersos,
y se sonroja en el agua
la estirpe de mis abuelos.
Del vino de la alegría
calló la muerte el secreto,
pero bebí en las fontanas
y ardiendo me van luceros”.



“Tiempo Ausente” es la obra madura y fresca de uno de nuestros más altos poetas. Su elegancia de expresión, la técnica ampliamente conseguida y la emoción amorosa, hacen que esta obra de Jerónimo Lagos Lisboa, merezca el aplauso más justiciero y unánime.

Alone, al hablar de “Yo iba solo…”, dijo: “Hay en estas páginas una comprensión profunda de la naturaleza, que hace ver y sacar a la vida de la expresión los símbolos vivientes de que estamos rodeados y corre parejas con esta facultad el instinto de pintar los sentimientos y los más fugaces ensueños por medio de comparaciones transparentes”. Las cualidades anotadas entonces, por el crítico sagaz, se realizan en forma completa en este libro. La emoción de la naturaleza penetra hasta lo más íntimo de su poesía y florece en imágenes saturadas de savia y fragancia campesina. Cierta desolación interior, que transita en sombras nocturnas, le trae profundos pensamientos y delicadas imágenes.

“Tiempo Ausente”, marca en la poesía chilena, la época de un renacimiento profundo, un nuevo impulso hacia la belleza que está en la claridad, en la sencillez y en la sobria perfección del veros que interpreta el mundo anímico y el mundo de las cosas.

Jerónimo Lagos Lisboa, consigue la máxima perfección estética y emotiva, porque ha purificado su espíritu en el agua de la sinceridad y, como San Francisco de Asís, lleva la humildad y sencillez de corazón a flor de labios.




La pequeña lumbre

La pequeña lumbre, por Jerónimo Lagos Lisboa

CRÍTICA APARECIDA EN LA NACIÓN EL DÍA 1945-10-14. AUTOR: RICARDO LATCHAM
Este volumen poético de Jerónimo Lagos Lisboa no desmiente sus condiciones líricas, de tono menor, y lo presenta en un nuevo aspecto, más concentrado, con idéntico sentimentalismo al de su primer libro, que data de 1915. La cosecha emocional de Lagos es relativamente breve y se encierra en tres volúmenes que se distancian a lo largo de treinta años, que han acendrado su verbo y pulido su sensibilidad, ajena a los arrebatos del momento y suavizada por un temperamento apacible y fino que se solaza en las viñetas familiares, en las evocaciones del hogar y de la infancia, y en el retorno a los primitivos temas que lo consagraron en el libro “Yo iba solo…” de 1915.

El poeta siempre se ha sentido vinculado a las cosas apacibles e íntimas, que vierte en un estilo sencillo y limpio, salvo en algunos vuelos retóricos de raíz modernista que se entremezclan a sus imágenes con algo de contorsión y de encrespamiento metafórico, tal como puede verse en las composiciones tituladas “Albor de alcoba” y “Rosal”.

Lagos ha mantenido su fidelidad al modernismo, y para muchos puede dar la impresión de rezago expresivo en una época que ha superado muchas de las fuentes inspiradoras de su musa sentimental y evanescente. Pero para los que poco tienen que ver con modas y escuelas, su rango permanece intacto y, por el contrario, en este volumen se verifica una ampliación de los asuntos y de los motivos característicos del renombrado autor de “Las noches de mi pueblo”.

La originalidad suele apuntar en Lagos e inspirarle apuntes breves, de feliz realización, con suaves toques de extrañada sensibilidad, como puede verse en “También yo soy abuelo”:




“Eres feliz. Prolificó tu anhelo.
En fiel retoño tu presencia admiro.
Está de amanecida tu retiro
ante tu estampa varonil de abuelo.

Mi alma también amó. Y –euforia y duelo-
sembró el rosal, desanudó el suspiro;
hoy… recojo capullos y respiro
de un aire niño el vesperal consuelo.

Tengo larga familia. Me reclaman
mis higueras, mis prímulas; me llaman
mis pájaros sonoros. ¡No socave
tu sonrisa piadosa mi desvelo!
¿Qué más da un árbol, una niña, un ave?
También yo soy abuelo”.




La nota de la naturaleza se da ampliamente en Lagos Lisboa, que ha recogido muchos cuadros y esbozos de paisaje de la zona central, de su tierra nativa, de San Javier y del río Maule, en cuya descripción se completa su poesía con la otros líricos al estilo de Jorge González Bastías, de Raimundo Echeverría, de Carlos Acuña y de Armando Ulloa.

En ligeras pinceladas, ceñidas y felices, sabe el autor de “La pequeña lumbre” representar, con nítidas imágenes, estados de ánimo y asociarlos al paisaje chileno, con el tono adecuado a la naturaleza del asunto escogido:




“Cielos profundos que azulando el monte
por él descienden a bañarse al río.
Límpida luz de undívago horizonte.
Selvas, viñas, trigales. caserío”.




En “Cerro Mutrun”, en “Junto al río”, se percibe la nota criolla que en Lagos resulta uno de sus mejores perfiles en contraste con otras impresiones obtenidas del mal que ocupan parte del volumen y no consiguen idéntica frescura y relieve lírico.

Esta reaparición de Lagos Lisboa, después de un prolongado silencio literario, es un signo de la actividad que desarrolla la Sociedad de Escritores de Chile, que han lanzado este breve volumen de poemas en una excelente edición, de limpia tipografía y de correcta envoltura, en un momento de auge del libro nacional.

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