jueves, 7 de marzo de 2013

VASYL SEMENOVYCH STUS [9366]




Vasyl Semenovych Stus (Ucrania, 1938-1985)
Fue un poeta ucraniano y publicista, uno de los miembros más activos del ucraniano movimiento disidente. Por sus convicciones políticas, sus obras fueron prohibidas por la Unión Soviética y pasó 23 años (cerca de la mitad de su vida) en detención. El 26 de noviembre de 2005 le fue concedido a título póstumo el título de Héroe de Ucrania por orden del Estado.

En 1985, un comité internacional de académicos, escritores y poetas lo nominó como candidato para el Premio Nobel de Literatura 1986, pero murió antes de que el nombramiento se materializara.




El alma de los oprimidos

El alma de los oprimidos permanece aterida
eternamente,
mientras el súbito hielo de sus lágrimas contenidas
imagina.
Delicado es el latido de los corazones robustos,
los rastros de sol entre la maleza
lastimeros.
Y la senda —una pendiente—
ha sido cortada,
destrozado —volaba, volaba—
luchando
contra las piedras, contra las murallas
negras.
El corazón puja por asomar su cabeza
y la casa vacía callaba,
callaba la tierra baldía.
Tan sólo el ciervo salvaje vaga hambriento,
demasiado frío, demasiada muerte
entrenada
y el sol no sale para ti;
ni para nadie.
El alma de los oprimidos permanece helada—
eternamente,
se eleva el temblor, la montaña;
resplandece,
el humo encanecido, quizás carbón, quizás
lamento,
oh, y la luna enfurecida —es una perra
indómita.
Sólo los alerces susurran,
sisean débilmente,
mientras el osezno extraviado entre estalactitas
prontamente
en medio de una tormenta sin la madre
perecerá.
Oh, relumbra el humo de las hogueras,
como si fuera
vegetación ambarina, clamorosa
refracción
y se desplomara encima nuestro
un montículo.
¿De nieve? ¿Noche? ¿Infinito? ¿Silencio?
Sólo Dios lo sabe.

en Palimpsestos (1986), incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).







Aquel edificio

Aquel edificio, a quien la pena despertó,
que en el límite del gemido se intoxicaba
con un terror secreto, y lánguidamente se inclinaba
hacia el deslumbrante sedimento inmaculado
manifestándose en el curso de la corriente,
se confió a su turbulento ondular.
Buscaba el orden en la debilidad
entreoyendo la verticalidad de la arboleda,
cuyo rastro furtivo en la colina se perdía,
la mano contraecha de un pino mutilado
dudaba si hacia él acercarse,
como si de un sifilítico se tratara. Con los penachos
de las nubes otoñales volaba una lluvia seca,
para unirse con estrépito a las articulaciones
de los bosques, cuyo escaso consuelo
podría rescatar de la amenaza.

en Palimpsestos (1986), incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).



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