lunes, 5 de marzo de 2012

ALFONSO HERNÁNDEZ [6.023]


Alfonso Hernández

(EL SALVADOR 1948-1988). Nació en San Vicente en 1948 y cayó abatido el 11 de noviembre de 1988. Poeta social, testimonial, militante y combativo. Su obra: Poemas, 19744; Cartas a René, 1975; Del hombre al corazón del mundo, 1976; País, memoria de muerte, 1978; León de piedra (Collage), 1981.




Arte poética


En cualquier pedazo de papel escribimos el poema,
En él plasmamos vida, vísceras, sueños.
Una piedra puede ser el poema,
Un niño, una madre,
Un caído con sus agujeros inundados de pólvora,
Una tumba
O una calle con su caminante lanzando su
Corazón más allá del amor.



Maistro Rural


Los niños aprendían las últimas lecciones en el pentagrama de la tarde
Las casitas de campo las vacas subiendo las laderas
Y los arboles de fuego enrojecido el paisaje.
Oliverio Gómez el maistro de la escuela rural
Pintaba alamedas ríos pensamientos.
Viajaba en el tiempo de las blanquísimas casas con fondo de mar
Los niños con sus ojos de musgo recitaban flores…
El hombre nuevo abriéndose paso entre la sangre de los pobres.
Oliverio fue secuestrado y bárbaramente torturado
Por el simple hecho de amar a los niños y a los pájaros…



En la cárcel

Eso que la cal nos comió
No eran ya rostros
Bertold Bretch



Este muro tiene las mismas heridas de mi carne,
Sus huesos son los míos y de mis predecesores,
Un día le crecerán alas para soñar, preferiría
Mejor unas garras…
Muro, hermano mío,
En tus entrañas se desdibuja un jardincillo de
Mi infancia,
Correré como niño en tus pedregosas manos,
Son idénticas a las mías, tus arrugas, tu dolor
Veo en el fondo de tu pupila la noche con sus rejas,
El rostro de los asesinos,
Pero tu voz que es el silencio reconforta.
Buenas noches, hermano mío,
Mañana cantaremos junto al pueblo.



La república del poder


Todos los años el dictador dirige la palabra a las multitudes
Desde su trono pragmático “Paz Amor Justicia”.
(como si la historia fuera un expediente de sus bajas
Pasiones).
El dictador dirige la palabra,
La promesa de las nuevas escuelas; solución para exterminar
El hambre, el analfabetismo y muchas cosas;
Y también una reforma agraria para aquellos que tienen
Rosaditos los sueños, es decir, quienes piensan
En una vida benigna.
Todos los años, he dicho,
Con altos honores levanta su mano funeral haciendo
La señal de la cruz
Sobre cientos de cadáveres nauseabundos…



Vañi


Es doloroso creer que la poesía puede rescatarnos
En el momento oportuno,
Sobre todo cuando los años se alargan sin apartar la
Vejez de nuestras ropas.
Ayer escribí tu nombre en una cajetilla de cerillos
Bajo una noche expiatoria, interminable, según creo,
/en tus ojos…
Y sin embargo, pensé, eres tan misteriosa como esos
Raros personajes de Durrell…



Álbum


Esta es la ciudad a la que tanto amé como si reposara
Interminablemente en el ombligo de tu cuerpo.
Detrás de su pasado la sensación de las paredes
Torturando la infancia.
Los años cambiaron de lugar y con ellos iniciamos un
Modo de vivir junto a los que nos rodeaban. Después
Vino el invierno. La adoración sublime de tu sexo. Tus
Prepucios ilustraron los caseros piedra sobre piedra.
Ciudad que conoció tu orgasmo. Tu pubis impecablemente
Rodeado por mi cuerpo.
Aquellos años esencialmente destinados para amarte
Subsisten todavía.


No obstante seas la prostituta del barrio…




Pequeña Antígona


Ciertamente mi corazón late sobre tu piel abortada
/en la noche.
Nunca habría bajado hasta tus pies, sino por estas manos
/estrujadas en tu sexo.
Mi último poema suspendido entre tus muslos
/descubiertos al deseo.
Prueba esa ternura, mientras mis ojos desparraman
/el argumento donde culmina el poema…





CON LA CIUDAD EN EL CUERPO

Esta es la ciudad a la que tanto amé, ciudad que conoció tu orgasmo, como si reposara interminablemente en el ombligo de tu cuerpo. Detrás de su pasado, la sensación de las paredes torturando la inocencia.
Los años se mudaron, cambiaron de lugar, y con ellos iniciamos un modo de vivir junto a los que nos rodeaban. Después vino el invierno, la adoración sublime de tu sexo, tu pubis impecablemente rodeado por mi cuerpo.
Aquellos años esencialmente destinados para amarte subsisten todavía.
No obstante seas la prostituta del barrio…

Mis recuerdos de Alfonso Hernández

En abril de 1971 junto con los poetas Jaime Suárez Quemain (1950-1980) y Rigoberto Góngora (1950-1982), fundamos el grupo y la revista literaria, “La Cebolla Púrpura”, literatura corriente de rompimiento.

Alrededor de la misma se agruparon meses y años después poetas como Ulises Masís (1924-1989), Mauricio Vallejo (1956-1982), Nelsón Brizuela (1955-1985), así como el poeta Alfonso Hernández (1948-1988).

Mi relación con Alfonso Hernández en realidad era a través del poeta Rigoberto Góngora, ambos venían de San Vicente, donde habían formado parte del grupo literario “Brigadas La Masacuata”, que editaba una revista del mismo nombre y entre cuyos miembros estaban Roberto Monterrosa hijo, luisphelipe minhero, Emiliano Androvsky Flamenco y Eduardo Sancho.

Pronto la amistad con Alfonso Hernández se hizo más intensa y de más confianza, no sólo porque compartíamos la mismas lecturas, entre ellas las de Conde de Lautreamont, Konstantin Kavafis, Nikos Kazantzakis, Ernesto Sábato y toda la recién iniciada literatura del “Boom” latinoamericano, sino además por el compromiso ideológico del poeta con las causas populares de su pueblo, que Alfonso Hernández preconizaba.

Para ello, recalcaba Alfonso, había que dejar los supuestos privilegios que la ilusión de una vida pequeño burguesa, como tornillito adaptado a un sistema injusto y cruel, nos podría ofrecer como poetas del alpiste o como profesionales universitarios. 

En aquellos lejanos años 70 Alfonso me ponía como ejemplo al poeta Eduardo Sancho, de quien me afirmaba que a pesar de proceder de una familia acomodada, había tomado partido por los pobres y por la causa proletaria.

Con el correr de los años de aquella intensa década de los 70 se volvieron cada vez menos los contactos, aunque siempre frecuentes, sobre todo en un cafetín del centro de San Salvador, ubicado enfrente del Mercado de Artesanías Cuartel Quemado, llamado “El Porvenir”, cuya propietaria era la Niña Irene. Allí conocí también a su esposa, también histórica militante del movimiento armado salvadoreño.

Con el paso del tiempo la situación política se volvió más complicada, sobre todo luego del secuestro y asesinato, por parte del “Grupo”, futuro Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), del multimillonario salvadoreño Ernesto Regalado Dueñas, en el cual también estuvo implicado Alfonso Hernández.

Hoy se sabe que el poeta Alfonso Hernández fue uno de los que tomaron parte en la primera acción armada el 2 de marzo de 1972. Según narra Eduardo Sancho en “Historia del FMLN”, dicho operativo “consistía originalmente en dos acciones: recuperar los fusiles de los guardias nacionales que estaban en el Hospital de Niños "Benjamín Bloom" y en el Instituto Nacional "Francisco Morazán" (Central de Señoritas). Sólo la primera acción resultó exitosa porque se recuperaron dos fusiles marca G-3, un guardia resultó muerto y el otro huyo, arrojando el fusil. Es el primer acto de entrega y de "guinda"”.

En los años posteriores, ya con la fundación del ERP, la relación con Alfonso Hernández se volvió más compleja. A pesar de ello, recuerdo que todavía podíamos hablar de poesía, y de las ediciones de sus plaquettes de poemas que editaba en su natal San Vicente, con ilustraciones de un pintor joven, Augusto Crespín. Una de ellas, “Del hombre al corazón del mundo”, había quedado finalista en un certamen literario de la Universidad Católica Centroamericana, UCA, en 1975.

Para ese año, yo estudiaba profesorado de letras e inglés en la Escuela Superior de Educación, ubicada en la Ciudad Normal “Alberto Masferrer”. Recuerdo una tarde de de fines de mayo de 1975, cuando nos reunimos con Alfonso en “El Porvenir”. Había huelga de transportes y por ello, para ir a mi casa, ubicada en la Plazuela Ayala, tomamos un pick-up. Entonces me reveló algunos detalles del reciente asesinato de Roque Dalton, el 10 de mayo de 1975. Sobre todo de su autor intelectual, el “choco” Mira, y de la persecución asesina del cual eran víctimas los miembros de la recién fundada “Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional” (FARN), que habían salido a la luz con un periódico clandestino, “Por la causa proletaria”, y que se habían escindido del ERP, del cual eran parte como miembros de su “Dirección Política”.

Recuerdo que le dí un ejemplar del periódico de la Normal Superior, “Brecha”, donde se incluían “Poems in Law to Lisa” de Roque Dalton así como varios poemas de Eduardo Sancho, sacados de una separata que la revista “La Universidad” en 1969 le había publicado. Me recomendó mesura, y mucho tacto hasta con esos pequeños detalles de publicar poemas de Roque y de Sancho, sobre todo porque “esa gente no anda bromeando”, me dijo, en referencia a los miembros del Estado Mayor del ERP de esa época.

Una de las últimas veces que nos vimos fue para el velorio de Salvador Salazar Arrué, en una de las capillas ubicadas en la Alameda Roosevelt. Ya estaba convertido en el conspirador profesional que se cuida de todo y no confía ni hasta en su propia sombra. Sin embargo, recuerdo que esa memorable noche hablamos de literatura, de su pasión por los poetas surrealistas franceses, de la poesía que debe de saltar del pueblo llano para volverse expresión de vida y alma de su entorno, sea éste nación, aldea, pueblo o metrópoli.

Las pasiones de Alfonso Hernández eran dos: la poesía y la política. La palabra y la revolución. Allí cabía, o las había hecho caber, también su familia, su proyecto de vida y su praxis de militante armado.

Hombre metódico y disciplinado, su postura como militante histórico del movimiento revolucionario salvadoreño, es ejemplo que hoy queda para las actuales generaciones. Es un paradigma de escritor revolucionario, que llevo hasta las últimas consecuencias su praxis revolucionaria y su escritura innovadora. 

DAVID HERNANDEZ 

C.U., San Salvador, Junio 30 del 2012



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