viernes, 14 de enero de 2011

2827.- VOLKER BRAUN


Volker Braun, (Dresden, Alemania 1939), luego de estudiar el bachillerato trabajó en una imprenta, en una fábrica de pipas para gas y como maquinista de una mina. Luego estudió filosofía en Laipzig pero a partir de 1965 Helene Weigel le invitó a hacer parte del Berliner Emsamble. En 1973 fue elegido presidente del sindicato de escritores de Alemania Oriental. Autor de varias novelas, algunas de ellas prohibidas por la censura, en 1983 fue elegido miembro de la Academia de Artes de Berlin y ha recibido desde entonces numerosas distinciones, entre ellas el Premio Büchner. Su obra ha sido traducida a mas de cuarenta idiomas pero se conoce poco en la nuestra, con la excepción de una obra de teatro: La gran paz, publicada en España en 1990.






Prólogo para la apertura de la cuadragésima temporada del Berliner Ensemble

Qué oscuro el material
del mundo. A los huracanes, maremotos,
inevitables terremotos
se suman la conmoción de los pueblo y
el desmoronamiento de las ideas.

Se acababa creyendo los tiempos
inmutables. Los relojes llenos
de arena, de sangre y, estancado, el día
que ahora se levanta
de nuevo para el final imprevisto
de un mundo.

¿Adónde nos lleva esto? o, cuestión más modesta,
¿Cómo saber lo que está por delante, detrás?
Las estrategias enmohecen
como tiendas desmontadas en los charcos
detrás de los fugitivos.

¡Estados, futuro edificado! Derrumbados
en la hierba que les come. Inquebrantables
alianzas vacilan en el pantano sangriento y
la indefectible amistad
observa, desconfiada
sus aguas sucias.

Aquí, olvidando el hambre del comunismo se reclama
cocina burguesa; y en otra parte
haciendo tabla rasa con la historia
no se tiene más que un plato vacío.

Pero tened presente
que allí también el hambre que domina
con el mandato de las masas, es un hambre
de justicia.

Traducción de François-Michel Durazzo








Campamento del Amor

Era un cementerio donde fuimos a dar
y sus labios impetuosos enterraron los míos.
Todo alrededor yacía convertido en quietud
mientras nosotros, insaciables,
nos llamábamos por nuestros nombres: !Querida! !Querido!
Sobre las lápidas se leía: "El amor dura eternamente."
Y el deseo nos aventó de nuevo entre las tumbas.
Miguel, que tomaba su vino tinto,
supuestamente acababa de fumarse sus laureles.
Aquí quiero yacer, extendido tranquilamente.
Es un cementerio donde hemos venido a dar,
lo sabía, y mis labios se enterraron
en los de ella. Y como embriagados de la vida
me tomó con fuerza entre sus piernas para que viera
la tierra negra y la cercanía del cielo.

Traducción de Sergio Cárdenas.

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