domingo, 14 de noviembre de 2010

1869.- JUAN ANTONIO MASSONE


Juan Antonio Massone del Campo (Santiago de Chile,1950) es escritor, profesor, poeta y ensayista chileno. Es miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua y Curador de la Sociedad de Escritores de Chile.
Es académico titular de la cátedra de Literatura Chilena en la Universidad Católica de Chile y de la cátedra Literatura Contemporánea en la Universidad Santo Tomás.
[editar]Bibliografía escogida

Borges en su alma enamorada (ensayo)
Pedazos enteros (poemas)
Las siete palabras (poemas)
Poemas del amor joven (poemas)
En el centro de tu nombre (poemas)
En voz alta (poemas)
[editar]Bibliografía

Juntémenos Ahora. Multimedia.Ottawa: Cdpoesia; Editorial Poetas Antiimperialistas de América, 2004.
2000 Pedazos enteros. Santiago de Chile. Ediciones Rumbos.
1995 A raíz de estar despierto. Santiago de Chile. Ediciones Rumbos, pp. 89
1989 Poemas del amor joven.
1987 Las siete palabras. Santiago de Chile, Ediciones Aire Libre, pp. 47
1983 En voz alta 1979 Las horas en el tiempo. Santiago de Chile, Editorial Nascimento, pp. 103
1978 Alguien hablará por mi silencio
1976 Nos poblamos de muertos en el tiempo
[editar]Ensayos
2000 Rosa Cruchaga o el eco de la transparencia. Santiago de Chile.
Fernando Durán Villarreal. Santiago de Chile.
1996 De abismos y salvaciones. Santiago de Chile, Ediciones Rumbos, pp. 206
1988 Jorge Luis Borges en su alma enamorada
1980 Pepita Turina o la vida que nos duele.
Santiago de Chile. Editorial Nascimento, pp. 146








Puede que el tiempo dos veces no perdone

Tú has querido defender
a tantos muertos, aunque demoraste
indefinidamente con los vivos.
En el fondo, nadie pudo
persuadirte de que la vida
era enormemente más que tus rutinas
y estuviste inclinado en pensar
que el mundo cabía en tu ventana.
La obra del vivir no se escabulle
y aprovechando el llanto de los vivos
comprendes por qué ahora
los muertos reclaman su consuelo.
Es tu hora tal vez, quizás la única
que pueda salvarte de imposturas.
No te creas demasiado feliz.






A los pies de tu nombre

Acaso más bueno sea esperar
a que un poema salude al día
y añada gratitud a la esperanza.
Sin más aviso que una rama de ciruelo
se viene la mañana y el mundo crecerá
como dejar al tiempo correr,
pero sin uno.
Si algo faltara que decirse,
alguien desliza en un beso
su endeble eternidad.
De mi parte, saludo en ti
esa canción que a la amargura resiste.
Estoy aquí a punto de brindar
a los pies de tu nombre,
de coger del brazo al día
y darle un beso en la boca.






Consideraciones de un loco

Quizás no vencerá mi palabra
el chasquido pegajoso de la nada
en este lento horror que me confina.
Diciendo de esto a la calle de nadie,
unos pocos amigos complementan
la codiciosa obra de mi espectro.
Aún así seguiré velando aquí
y cuidando del semáforo.
Ya pueden cruzar la calle.







El Poema (I)

Una parte aún no dicha al camino,
el breve y delgado trecho de la página.
Sueñan las palabras un mejor sentir
que jamás termina por decirse.
Una a una las razones del mundo
esgrimen avaras razones de mundo.
¿En cuál borde o espesura comienza
el silencio a ser alma presentida,
alma entre dos bocas o ansiedad
de esquina? ¿En verdad cómo sentir
para decir: yo siento y adelante?
Un corazón semejante a mí
para que a ti se parezca podría ser
el poema. El blanco sueña palabras.
Puedes tú sentir sin restricciones.
Lo demás espera. Nos aguarda
el blando surco del silencio.







Paisaje

(Pablo Burchard)

Conjunción agreste de tierra silenciosa,
solaz y alivio que enamoran al verse
toman en prenda a los ojos, los agracia y traspone.
Pablo Burchard labró en esta muda apariencia
un silbo de ensueño en paisaje chileno.
Hacia el fondo del lienzo el camino se tuerce
y nadie sabe si llueve o si un día regrese
a sostener su luz la intemperie del tiempo.
Mientras elevan los árboles el alma de aquel sendero,
las más hermosas formas corren luego a perderse,
a dejar verdades sueltas bajo cielo inclemente.
Algo siempre está igual; algo queda por verse.







Tiempos del otro vivir

"Pero ¿existe algo humano sin imperfección?
Y después de todo, bueno, vamos adelante"
K.Kavafis
¿Qué hora de presagio o de recuerdo
anuncia lejano y enhiesto el reloj
de la iglesia parroquial de Casablanca?
Probablemente sean las cuatro de la tarde
y regrese mi abuelo para otra vez despedirse
o no dejar de hacerlo tal como lo hizo,
con el tranco de su bastón acallándose.
Pudiera ser que nadie hubiese muerto
y las cuatro del reloj fuesen sólo tarde
de presentir a un cuerpo entero dando señas
al musitar un dejo de gratitud y recado lento.
Pudiese ser que nadie hubiera muerto
y como siempre la mampara ofreciera su cariño
mientras se vienen síntomas de no olvidar,
de estar a pocos metros de la alta voz parroquial
y tantos comensales volvieran a esa orilla
a las cuatro de estas señas, a sus vísperas,
por las huellas que no besó la muerte.






Tiempos cumplidos

En frente de la ventana
se explaya el patio ya maduro.
Dormita mi hermana enferma.
Más allá de sus ojos platican
las ramas intermitencia de horas,
acaso las más suyas desde que la abandonan,
esperan y desesperan del día que ya vendrá.
Con lentitud la mira el soliloquio
sin sospechar lo que piensa,
con lentitud y con años que ya no son,
y con años que tampoco podrán ser.
A escasos metros de nosotros
maduras caen las ciruelas,
porque el tiempo de sus sazones
ha cumplido su trabajo de nodriza.
Es hora de que nos dejen
y en tanto ya caen, y siguen cayendo,
un aroma desprenden hacia lo alto,
un silente aroma que tampoco
corromperá la tierra.






Riberas del Mapocho

(Alberto Valenzuela Llanos)

Nunca seremos dos veces un río de doble tiempo.
Algo así dijo el griego y hoy lo cumple y expone
este rústico Mapocho con sus benignas riberas.
Quizás volvamos a verlo, tal vez no lo hunda el ocaso.
¿Se retaca la memoria, la vuelve espesa quien parte?
Mucho antes del mar se detiene aquí lo que pasa.
Ronqueras y silbidos las voces de estas riberas.
Por estar y no estar, de algo muy íntimo hablan.







Ritual de los andenes

A Teresa Calderón
No me siento a la puerta de calle
a decir a quienes saben vivir
mejor que yo, qué deberían hacer
para no ser mejores que yo.
El día se lo pasa preguntando
porqué está siempre de noche.
Dice llamarse lunes cuando es sábado,
dice ofenderle el peso del vacío.
Imposible saludar a la ventana
si el día no acepta sentirse aludido.
En todo momento escucho la voz cautiva
del recuerdo que por mucho, mucho tiempo,
ha oficiado el ritual de los andenes.
Nunca dará igual escribir de sueños
que disponerse al umbral rebelde
a toda huída del amor. De eso entienden
quienes miran sin habla la penumbra
y el espectro furtivo de las sombras.
Después, ya no sabe qué hacer
con tanta noche el día.







Desencuentro

Esta palabra mira a las estrellas
y cree escuchar de sus labios
las cuentas de nuestro origen.
Pocos antes fue la voz de girasoles
que regresaban de la tarde
y no por eso menos dispuestos
al repliegue de la noche
para dar vueltas al mundo
y encontrarse contigo.
Las estrellas no miran esta palabra,
creen escuchar de sus labios
las cuentas de nuestro olvido.






El adiós seguirá dando que hablar

Pareciera que sólo resta de los muertos
un mensaje no dicho en la espuma de la marea
y la pena aprende un habla de elogios a destiempo.
El anochecer dice algo de cuerpo replegado
y alma encinta y errante. Se disputa al silencio
ocasión de comprender los recelos del pecho.
Un arrebol lega el alma en la blanca noche del viajero.
El adiós seguirá dando que hablar. Alguna vez
terminará el tiempo de enamorarse de nosotros.
Dicen que al desprenderse una presencia
un ángel acude pronto a nuestra cabecera.
Muertos, entierren a sus muertos.






Eso nada más

a Gustavo Donoso

Si consideramos el rumbo de las cosas,
en poco tiempo nuevas ausencias habrá
y también otras palabras con qué recordarlas.
Acaso empiece el viento a demostrar que el vivir
no basta, digo vivir tiempo que pasa. Pero
hablar de quienes ya no están es un modo
de acostumbrarse a lo que desuella la mirada.
Mientras consideramos el rumbo y las cosas,
una leve futilidad enseñorea
en el fatigado imperio del azar,
pero no en Quien te espera.
Eso nada más.






Deseos

Esperar la voz que ha de nombrarme
como lo hace el árbol con la savia
y abandone luego el poderío amargo
de sofocar lo vivo cuando llegue la mañana
y alguien dé su espalda en vez de abrazo.
No me abandone el anhelo de acariciar
a un rostro de paz bajo las horas
para dejar más clara la extrañeza;
que, sin vacilar, alguien pueda decir
de mí que soy un hombre y en el paisaje
aprenda a ver lenguas de eternidad;
sea agrio el limón y más dulce la mora,
ningún sabor levante de mí un lamento,
ni siquiera tu nombre doblegado en la noche.
Una calle mantenga los regresos o la luna
y alguien en ella acepte esperarme
y ponga yo a descansar todas las penas.
Que el más largo camino no se abrevie
y el cielo lo acompañe hasta perderse
para cuando los árboles del patio
consagren otra vez su primavera,
y alguien se asome y espere junto a mí
aquella voz para cruzar la noche.
________________
(De "A raíz de estar despierto", 1995)







ESCUCHÉ UNA VEZ DECIR: del sol
en la ventana o de la emoción de
un hombre que regresa o de una
cruz torcida en la tierra de la pena,
no me interesa saber gran cosa. Eso
lo escuché de labios autorizados
por la terrible fama. ¿Qué pensar?,
me dije, acomodando mis ojos
a los regresos de alguien, sabiendo
que el día se lo pasa diciendo
su multitud de rosa y de cemento.
Algo debí pensar y no tuve palabras.
(Pido disculpas ahora a esos labios
que autorizara la terrible fama).
Hace falta más alma en la ventana
o aun si llueve y hay pena y una cruz
se tuerce en la ventisca. Hace falta,
hace falta, tres veces hace falta
cuidarse de palabras y desdenes
como si jamás hubieses existido
y nada tuyo dijera que respiras.
Hace falta, tantas veces hace falta,
mira que los plazos se lo llevan
cumpliendo sus prontitudes súbitas
y por eso mismo aúllan ausencia en ti
los pasos de alguien bajo el sol
y una ventana enternece la mirada.
Cuídate de ti no por mucho tiempo
pulsaré aquí nuevas disculpas.
A los cuatro corceles del Apocalipsis
terminarás por rendir eso que niegas.
________________
(De "A raíz de estar despierto", 1995)






Puertas

Hacia dentro la noche mira y enloquece.
Insiste el día en más calles que amor.
Hace tiempo se fueron mis ojos a la noche.
Tan inútiles como pacientes, las esperas
fervorosas espiaron en las esquinas
debido a que entonces quise decirte adiós
para luego dedicarte esto que sigue.
Como si fuera yo una voz y tú escucharas
marchan por ti todas las horas y cruzas
aquellas puertas que enloquecen a la noche.
________________
(De "A raíz de estar despierto", 1995)


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