sábado, 11 de septiembre de 2010

997.- EDUARDO ESPINA


EDUARDO ESPINA nació en Montevideo, Uruguay, en 1950. Publicó los libros de poemas: Valores Personales, 1982; La caza nupcial, 1993; El oro y la liviandad del brillo, 1994; Coto de casa, 1995; Lee un poco más despacio, 1999; Mínimo de mundo visible, 2003 y El cutis patrio, 2006. También es autor de los libros de ensayo: El disfraz de la modernidad, 1992; Las ruinas de lo imaginario, 1996, y La condición Milli Vanilli. Ensayos de dos siglos, 2003. En Uruguay ganó dos veces el Premio Nacional de Ensayo por los libros Las ruinas de lo imaginario y Un plan de indicios. En 1998 obtuvo el Premio Municipal de Poesía por el libro aún inédito Deslenguaje. Sobre su obra poética se han escrito tesis doctorales, y extensos artículos de estudio fueron publicados en prestigiosas revistas académicas como Revista Iberoamericana y Revista de Estudios Hispánicos. En Chile, se publicó recientemente el libro Con/figuración sintáctica: poesía del deslenguaje, estudio comprensivo de la obra poética de Espina realizado por el lingüista español Enrique Mallén, autor también del libro de próxima publicación: Poesía del lenguaje. De T.S. Eliot a Eduardo Espina. La poesía de Espina se estudia en universidades de Estados Unidos, Europa y América Latina, y sus poemas fueron traducidos parcialmente al inglés, francés, italiano, portugués, alemán y croata. En Estados Unidos, donde está radicado desde 1980, Espina es co-editor de Hispanic Poetry Review, única revista en el mundo dedicada exclusivamente a la crítica y reseña de poesía escrita en español. En 2007, por El cutis patrio, obtuvo el Latino Literary Award al mejor libro publicado en lengua española en 2006.



POEMAS DE EDUARDO ESPINA



LA PATRIA, UN OBJETO RECIENTE

(Aquí la vida hace como que existe)

La mortalidad de su materia es lo que
da para empezar: a punto de quedarse
deseada encuentra la perla y el apodo.
Vida como dádiva duradera, como ha
sido la del aprendiz y detrás, hay otro.
De sí por decirlo sería huir a su ritmo
más allá del llano atravesando la verja
del paje que pregunta por el anfitrión.
A tiempo de poner lo que nunca nació,
la mañana derrama ramalajes de brillo,
el rubor que a la voz anuncia naciones,
nada más que la zancadilla de siempre.
Llega la lluvia, la costumbre del cobre
y el rocío que por cierto cae en desuso.
Todo cambia, nada viene a lo invisible,
la luna en el heno hace a la desazón, el
invierno al venado que alcanza a ceder.
Por su voz ha oído del sino disminuido,
en lados idealizado como adorno, o no.
Podría resumirse así: el margen de los
abejorros origina con el gerundio y la
canción llevada al grazno del susurro.
El cuerpo dispuesto por la posibilidad.
Árbol, revoleo, y va la brizna por libre
al abrir la brecha hasta que esté abierta.
La casa encuentra un coto encarnizado,
nácar de cardo para perder el recuerdo.
De toda su estatura hace decir al cielo.
Duerme la piel a pesar de lo que pasa.
Los ojos dan por verdad a las palabras,
las cosas buscan un lugar en la mirada.






EL NIHILO

(La nada no sabe por qué )

La lírica del campo une los indicios,
una manera de querencia a querer el
apero del cuerpo pero recién su raza.
Queda, como corolario haría un año,
el principio perteneciente al paisaje.
No faltará al final dificultad infinita:
la belleza vendrá con dragones, verá
antes que venga la garúa a la unidad.
Hacia la excesiva inmortalidad de la
salamandra rueda natural, en cenizas
sale y asola la raya lacia del enigma.
Qué podría darse sino nombre antes
de melampos, de muestra de afectos
con ínfima mano siguiendo de largo.
Y duran lo que un lirio aún reunido,
lo que el aura oiría para que fuera él.
Lleva una vida su duración al jardín,
al ojal en las lilas sale seguidamente,
salva la voz por el bosque la quietud
de quienes mal se atreven a seguirla.
Será esa la inmensidad ¿de lo izado,
el intervalo de lábaros y la bandera
donde tal viento iba también antes?
Claro el clima a un costado al cabo
alababa la vaca con lado inefable y
tú, tema de mater conversa vestida
a los misterios que la muerte teme
hasta donde pudo vivir por delante.
Un ojo que podría haber sido hace
las paces, siente al iris con erizarlo,
rozando erraba al Sur nunca sabido.
Pero no todo fue tanto ni por estar
al atardecer mientras la trilla venía
enviando al país apilado, a la moza
que mal se asoma a la invisibilidad.
Va la ocarina al castor en esta causa,
alcanza el comienzo del cielo donde
falte acaso la boda al bosque debida
y de ida debía venir la vida dormida.
Hace rato que Occidente está quieto,
hace más de un sábado hizo un mes.
Trayendo edades diferentes, el reloj
regaña la blanca arenga por la cama,
junto al frijol, juntos, el general y la
gema: nadie intrigado para tratarlos.
Celajes, comisuras, unos con horas:
no decir nada, dejar la lengua vacía.
Por aquí el apero pende del empeño.
El silencio hace al azar a lo lejos, la
inexistencia de todas las otras cosas.



Desvelos Al Pie Del Laberinto

Menos la mónada de los himnos al hado dando
holgada la verdad con edad de libro y ludibrios
al revés de las circunstancias en que otra lengua
toca tu bezo y yo me desmenuzo al lamer el mar
que moja el fundillo de la inoportuna vestimenta
con su vislumbre por el bidet, pero tras la puerta
anunciando la postración del dedo junto al apero
y en la rotación de las bragas el mecanismo del
monte que a su vigilia con tanta aspereza aturde
por más oda o empolvadura que acabe diciendo
sí, que era el barquero quien a flote mostraba el
furor de atar al glande sobre el forro disfrazable
que a duras desdeñaba una pérdida de palinodia
en cuya escasez iban los amantes la noche antes
refregando el óxido del sextante y en el escozor
del corzo polvos de lisonjero o un tacto total de
mínima musa que no pasa al posar para víctima
celestial vestida a veces de ceremoniosas sedas
y por eso de moda no pasas con el talle de falda
donde escrita dirás que la belleza tiene siempre
dieciocho años y si exagero que al pulso vuelva
el ampo de los ópalos como suelen los números
o un dozavo a la altura de soledumbre llenando
de felicidad a mi tercera mano que termina una
tregua cuando abreviada y distraída se enturbia
por quitarse el barro del comienzo y de la boca
la paja impostada de su divo delante del espejo
que no sé con qué sed de adoncelados juntando
en la alta lombriz a la luciérnaga que al tararear
de la miserable musiquilla por los patios rediga,
que vaya ella con cal llena como en las películas
a continuar la fuga final de su ficción hogareña
y si así lo haces toma en mí casa un alma nueva
la que pongo en la puerta para que rápida pases
pero hay otro y la sé y me quemo en los lienzos
que entrampan la razón del deseo al desvestirte
las enaguas y hacia el echarpe de leches para el
mando que a borrar mi baba viene cansado ante
lo telúrico de quien arrastrado del ojo al badajo
dejará en el cráter su mancha lamosa de aldabas
que por olas lamilan como miles que la hicieron
y por saberlo, en la rima de traspasar el pasmo
siguiendo los cercos que hueco y larva separan
he debido posponer el no al revés de la derrota
hasta que la indivisible desarrope los destellos
gorjeantes a conjugar al augur según los ajenos
y al gajo dejar la niebla por ser o el helado lago
halagando en el logos la fe del alfa y el omega:
la felicidad que refracta, del principio al delfín.






Enamorados Sólo Por Esparcimiento

De la escritura que a tu ostra todo atrae
retardando esta inmensidad de materias
aparecidas como clima a quien reparten
por la entera estima de tropas tristes que
dudan desovar el estreñimiento a través
de berenjenas en el perdurar del frutero
que al chirle destripa pelón por el diván
donde sierva mutua de mi verbo junto a
la jaula dormirás aliviada de la ligereza,
porque melodioso soy el desmemoriado
que no canta de la historieta lo pasado y
no sé si fue anoche o pasmado mañana
como aquel revés de mi resma entrando
por las comisuras de las lacas en tu caca
que salpicabas como cal por el gallinero
de igual manera hasta la perdigonada en
el pijamas cuando a dormir se acomoda
restregando el gamulán por los orificios
que a su beneplácito al belfo adormelan
o dime si es mía memoria la que miente
y esas cosas que pasaron dejaron de ser
la tamaña tropa de hetairas cuando eran
tan bien dos cuerpos del otro por detrás
del celofán donde melaza marrón arreas
en los resabios de la vejiga al aguardar
debajo de la pirámide la dudosa verdad
que al buche del entenado se le parezca,
porque causas encuentran a lo ocurrido
por ensimismar el órreo o la semejanza
entre los resquebrajos la penúltima vez
en que pegados del rabo al despeñadero
pues como cae la caspa caen los reinos
por la resolana mejorada donde silba la
belleza traída al momento de los demás
que a su cerco devuelvan aquella noche
en que los desaseados purgaban iguales
a la garcha hinchando el apocado plano
del castrapuercas por la frez enamorada
que mustia vaya, de la orilla a! corazón
y a su sazón las sílabas puestas a saltar
la soga en una lona de boda y metáfora.







Imágenes De Guernica En Un Cuarto De Hotel


I

De diadema incierta por quimera que mudara
lo que tanto antes y de día jadeante afeitando
al fileno que por encima sigiloso merodeaba
la alcoba y al cabo del día la inclinación veía
como las bragas rasgando con íntimo pánico
de oso hundido en un tarro de miel elemental
della que pasaba por mariposeante en pavura
de folganzas tan bien ululadas hacia el tálamo
donde dormido el destello con furor de humo
fofo, de sombroso obús en espejo de bofes y
de cifras que sumaban la espesura del monte
de quienes aliados a sus estrépitos hilaban la
res al himeneo entre cifras fusiladas que oían
la penúltima desaparición de la luz al secarse
y si por cuernos pusieron mote a los amantes
fue de ellos rondar la espesura y supieron de
pasos de pájaro en el tejado del enamoradizo
de un alud continuo y no duermen ni Picasso.
En noche nueva bajo el cielo vieron todo eso
y lo que está visto, ni la herradura lo borrará.
Dime si vimos la anguila ajada por su desove,
el hueco horizontal de tan húmedo amasío en
llamas o un beso de sospecha saliendo de los
labios y una rápida luciérnaga a ganar el lodo
y ningún bufón con que tiritando y sin saber
si por tiritar para limarse en el apeo el oropel
o tras la curvatura del cromosoma con el sol
iluminando al descubrir la velocidad de todo
y talado se escabulla en una broza de endejas
vencidas por espadachines, pero queda entre
la fe de las pudendas y el cortejo de los ojos
esa forma de ser, la continuación del poema
que merece en el polvo, el sisal del desastre.

II

De lo que folgara, augurio que corzas acicala
como ésta que ha durado tres meses y un año
feriado después del día donde yo perseguido
por la calenda capicúa de ser el cerdo tercero
de una pasmosa lista de apenas dos cochinos
que náufragos en la cerrazón de un camalote
quieren saber de dónde la duda que adoncela
si de boda robada a una novia o por lámpara
a punto de decir donde dormita el desdichado
que en la cópula del minotauro se desmaya y
no sabe si amazona será la que llena llega en
montura de místicas muselinas llegando a su
símil de azoramiento en aquel oscuro pistilo,
pero la noche debe ser si la negra garúa sale
con el sol caído, sin casmodia ni lorza feroz
y dime si habrá mañana después de ahora en
la rosa y en tanta la copia de buey escamado
que pregunta por la paz que no pasa puesto
que nada el mar en sus olas y en la natación
de lo respirable, de lo invencible que lo toca
algo carcome la mirada de los efímeros y en
la razón que despierta la membrana al abrir
la rugosa ranura de otro otoño que guardas
como desove donde acaba el huevo lavado
porque no hay eternidad que tenga tu edad
y como fatua tapioca que por avizorar pasa
a ser sorda en los aledaños del osco badajo
vendrán centellas parecidas a rabo de búho
que en ese festejo a la sazón del plenilunio
tapa con el zodíaco las sobras del puchero
que en su arrastre de aromarios ejercitan la
higiene de los mimos oyéndolos llegar a la
voz que llama en el llano ya tu ovillo halla
cuando la hora llega de abandonar la quilla
o apurar en lo caduco la plasta de impostor
que cambia el oro por el ojo que enamoras
con el brillo de abalorios elogiados al azar
por quien zarpan los barcos del zar un día
de tormenta en el lenguaje del que escribe
una imagen oral para nombrarla en el elán
que en la lengua pone orlas de habladurías
y hablo de aquella tan breve como una tos
en el atardecer al quitarse tal ficticia saliva
de los belfos frente a un espejo acharolado
donde vibra la blusa de ilusa al desvestirse,
ah de la mujer en su mudar de lenta caricia
la tan terca cuando se pone pies de tortuga
caminando para atrás en la orilla del tiempo
pero te apuras, pues la dicha sale a tu jardín
y ya sal de mi Botticelli, que te salgas veloz
y pon tu Venus a respirar en concha opalina
que obra el inmóvil mar con ceniza de agua
que mucho está lloviendo en los trigales de
Cádiz, que se abre otra ostra para los vivos
que allí dentro ni sueño, ni gitanos, ni cero.







Monólogo De Da Vinci Ante Lo Más Conocido Que Pintó

El beneficio de efigie no lo era
(ni detrás de las madréporas el
estruendo en su otero otra vez)
y tú, estados de ti por la tundra,
a traer sargazos con quien goza
(casi como del cielo saliéndote)
en esa la vez cuando un botón
si tocan la verdad y por boreal
hasta el último abeto que la ve.
En el tiempo detenido delante
la carnada daba al alma como
ejemplo, el silencio salva a la
sabiduría y deja de preguntar.
Mientras llueve en el jardín de
los rivales, la albahaca bañada
por la soledad de los símbolos
aguarda alegres ratos de estos,
el dividendo que vino primero.
A merced de la senda el deseo
más entre las mustias retamas
y yo ya uno en las horas tuyas
llamando a la luz un hallazgo.
(Los que estuvieron hablan de
la promesa de serlo y según la
ganancia, el higo fiel y al final:
la res que agradecida regresara)
Manera sería de filtrar las dotes,
de dar portento a los esparcidos.
Y en blando cetro con la madre
a emprender: sea trébol extraño
rastreando la respiración de los
muertos que aún no empezaron.
Todo eso que el sueño conocía:
la cuadratura de una taza de té,
el árbol de la índole, la orla de
largo pegamen, cuando sólo la
soledad cambiaba de posición.
En mitad del centro su ántropo
la hacía apariencia en persona:
algo la cuida, una historia, una
inercia incierta de saber que sí.
Lo que quedaba para un habla
era aquella llaga fría de follaje
llenando la noción de la lluvia,
el nacimiento de los samurais.
Pero la osa de satén al saberse
abotonada, en víspera todavía.
Toca por ver si Bizancio vino
a dar vuelta como el venteveo.
Ella para el resto del estambre
obra con la causa en desorden.
Aja el origen lo propio de las
cosas calmas, la belleza en la
cara contraria no se atraviesa.
(Y yo, para traerte cerca de ti.)
Eran de la aridez las limosnas,
la certeza de saquear un costo.
Preciosa filantropía: el cuerpo
da sombra y el suyo, Da Vinci.
En el siglo de los albaricoques,
un alud de óleos y lejanos ojos
que daban vuelta y dejaban ver.
Con ellos, el llanto a otro loto,
la carga, un caracol, cosas allí.
La espuma puesta en el puma,
ámbito que ninguno deshabita,
lapsos de seda como si dijeran
y en el lado de quien anhela lo
elemental, mejor definición de
Narciso: la nada en ti entenada.
A otra entonces con la sed y el
palo amplio aplicado al perdón.
Cumple el plan con lo espiable;
nadie por el hado entre adornos
entrega al braguero lo que sabrá,
agua dejada entre tantos agüeros.
A esa hora, el merecimiento y la
mitad, las zonas al azar soñando.
Toda ansia a saciar, y ya escrita
la cripta que por enero te venera.
Queda la edad, el entendimiento:
el sol en el brillo es lo más veloz,
la Luz se detiene entre nosotros.






Razón De Todas Las Cosas

De tal manera imaginaria, las cosas sucedían
para que todo fuera donosura en lo desusado:
la racha entrometida del dedo en el deshabillé,
la sevicia por la blusa azul al soltarla basta el
desacato de desabotonar de las polainas a las
bragas en remedo de ilusiones todo lo demás,
y así el pulso, la unción en marcha él y el final.
Aposento de nombre en la pradera soleosa y
mudo a moverse a dar desvelo de júbilo pero
igual, no. Nadie en la piel más de la cuenta.
En la ducha los afeites hermosean el enredo
y regresa el agua a la noche donde se bañan.
El amor es la única imposibilidad necesaria.






QUE PASE EL QUE SIGUE

(Causas sin un único regreso)

¿Fue el acontecimiento, causa de cuanto vino como en un
cuento entrando a la imaginación hasta tenerla muy cerca?
La vida, árbol del acontecimiento a cambio de la ignorancia.
No lo sabíamos (a esa noción no se llega en puntas de pie).
Papá moría junto a las definiciones, Mamá supo enseguida
que la voz al terminar de hablar podría decirlo en cualquier
idioma, quedarse inmóvil hasta que el tiempo dispusiera de
palabras para darles significado, si es lo primero a tener en
cuenta cuando los días con sus horas seguidas iban a verse
en el espejo de los demás manteniendo la única calma ante
imágenes cada una mejor que la otra mientras fueran todas.
En aquellos años el pasado empezaba un día antes a ser ya,
el bien iba a todo, a menos que las intenciones no lo dejaran.
Si Mamá lo hubiera sabido, habría muerto antes de quedarse
más semanas, aunque desde el principio supo a la perfección
cómo respirar despacio, acercarse a las ideas huidas al jardín
que por diciembre en la mente era otro mes aquel, respirando
de menos a esto, o al revés porque está bien que el viento vea
de vez en cuando, cierzo al que solo el olvido ha podido dividir.
Enterrar a los padres es como pasar por la infancia sin haber
estado, sin haber sabido a qué anónimo nombre se debe todo.
El misterio entiende a la semilla, mucho después de llamarla.
Mientras no sea lo contrario, habrá que darle un empujón a lo
que está cayendo, rodear a la caída para hacerla sentir entera.
Morir es hacer del acerbo una voluntad a la que la vida vuelve,
aunque bien no sé si deberíamos (vivir es haber tenido tiempo).
El resto va rápido, con una velocidad de boda robada a Zenón.
Claro está, el reporte médico deja la metafísica para ser joven,
raras veces vence al sentido común diciendo la verdad a solas.
¿Cuál, la de los hechos, la de los datos debidos a la duración?
Eso cualquiera puede decirlo, mirar al ojo para saber cómo fue.
De tarde fue, pues el verano tiene muchas, cuando un cadáver
de hombre entró al cuerpo de mi padre, con mi madre, aun ahí.
En el camino de vuelta vimos moscas, hasta limones y álamos
movidos por lo primero que pasara, pues hasta el pasado pasó
por la vereda de enfrente comparando a la fe con alguna forma.
Qué fácil es jugar a desenterrar tesoros, qué difícil enterrar las
razones por donde la niñez anduvo repartiendo arrepentimiento.
Anduvimos de voz en voz hasta que la tumba nos vio, fuimos y
huimos, de ida y de vuelta, como lar de alguna lágrima al altar.
Rumbo a la puerta de entrada o de salida, eso depende, la luz
pensó en seguirnos, aunque lo pensó muy poco: salimos solos,
como ha de salir el aire a los años al quedar abierta la ventana.
En un papel donde el alma no podría haber dicho todo, escribí:
“es muy raro dejar el cementerio a la velocidad que uno quiere”.
Sin saber la hora exacta volvimos a casa para conocer la nada.
Estaba, como jamás la volvimos a ver, maquillada para el llanto
que halló bajo la lluvia del rayo interpretado, nada sino la misma
nada aun de nadie ni por un día de ninguno. Por no saber abrirle,
encontramos a la muerte preguntando, ¿dónde estará la puerta?









OBJETOS SIN CONSECUENCIAS
(Una calma chicha en el vocabulario)
Las imágenes prestan sus rostros a las palabras.
Se hacen las distraídas por traer algunos ritmos,
una manera de ser para que los nombres sepan.
Las cosas rodean la intención del silencio, son
como cualquiera podría oírlo, el hoy por venir
a los meses hasta que sean, pero quién sabe.
Con la muerte entra un orden debido a la falta
de duración, sobre todo cuando hasta siempre
nada pasa llegando en puntas de pie al pasado,
a ese ayer que no debería confundir a la familia,
la que ahora falta, la de antes a ser en sí misma.
Ninguna idea aplaude, nada cuenta para el uso.
Es el misterio de no ir más allá de su diámetro.

Mientras tanto, el tiempo entiende cuanto tuvo.
La vida convertida en los objetos aproximados,
podría decir incluso aquellos todavía sin llegar,
los que fueron de mi madre por darles su latín.

Tenías razón cuando los escuchaste hablar el
día de tu casamiento desenvolviendo regalos.
Son, en ocasiones, un sinónimo anónimo, un
plan desconocido tal cual pudo ser deseado.
Las cosas, queriendo saber cómo se llaman.
Según el diccionario, primero dependen del
pensamiento, después de la penúltima vez.
En esos casos, poco sirve la causa, porque
Occidente no depende de un método infinito.
Nada no será más que una cifra para poner
en orden, que una forma anterior al tiempo.
En fin, una forma cuyo afán fue reconocer
la vida dada al ansia que le damos cabida.
La mesa es una palabra, la lámpara plana,
el jarrón roto al que le cantaron su arrorró,
hasta la silla donde el cansancio está solo.
Sillas, sofá, cenicero, portarretratos: ratos
de simetría buscándole alguna solución
al sitio donde las cosas son a sabiendas.
¿Valdrá la pena tenerlas en cuenta para
decirles de la ausencia infinita de dueña?
Y aquel florero que jamás pudiste saber
quién te lo habría regalado, ni cómo se
había puesto de acuerdo con el pasado
para empezar su ciclo entre los claveles:
el olvido amenazado por una flor de más.
En algunas fotografías, si las ves, el final
de la historia es la imagen mal entendida,
la extensión del sentido en el significado.
Así es esto, aunque también casi siempre.
De padre a hijos pasa el desconocimiento,
la mente por lo general existe un día más.
Por el momento está bien, son cláusulas
como rasgos desconocidos de antemano,
como penúltimo día del idioma queriendo
serlo al haberse quedado allí tan callado.
A fin de cuentas, el aire depende de todo,
la vida interpreta por no saber bien cómo.
El problema, Mamá, es la abstracción,
el vestigio de la voz convertida en
religión, un mal intento de ateismo
a cambio del primer autógrafo que
el tiempo encontrara al entenderlas.
Aun sin quererlo, la vida vino a huir.
¿Le daremos el mundo que no quiso,
las maneras de imaginar el más allá?
Pocos meses antes de que la muerte
fuera la verdad confirmada a tu lado,
preguntaste junto a mí si habría cielo
o algo a donde ir luego de ser ya no.
Ni el pensamiento en su estado ni la
voz al volver herida pudieron decirlo.
¿Habrá tal rito de ademán ordenado,
de hora débil contra la vil parsimonia?
Nada que tú no sepas como ha sido,
porque nada queda ni es olvido total,
acaso un plan igual al lugar siguiente.
Palabras y cosas al saber cómo será,
y la desazón del sentido, tan seguido:
un pensamiento apenas empezando.
Piensa, porque al pensar empiezas:
si algo habrá después será según sea,
un acto a solas, una inocencia similar,
una que luego alcanza el cenit en ella.
Tan simple, como traer a Dios al sino,
como decirle al silencio lo que sucede.
Al final, el año de la eternidad termina,
las horas son tan sabias que lo saben.
Es tan simple, que parece muy fácil:
por creer en la otra vida, esta llega.
Poco más necesita la resurrección
para darse cuenta de cuanto ocurre.
Alrededor de la superficie no hay fin,
la tierra del resto da la razón a la fe.
Si algo queda por ser desconocido,
en el cielo las cosas podrán decirlo,
las palabras, escribirse unas a otras.

© 2011, Eduardo Espina
From: Todo lo que ha sido para siempre una sola vez

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