viernes, 3 de septiembre de 2010

852.- EULER GRANDA


Biografía de Euler Granda:
Nació en Riobamba, Ecuador en el año 1935.
Poeta y médico. En 1961 obtuvo el Premio Nacional de Poesía "Ismael Pérez Pazmiño" de Diario El Universo de Guayaquil; en 1987, en Lima, le conceden el Premio Internacional "Jorge Luis Borges"; en 1988 el Municipio de Quito le otorga el Premio "Jorge Carrera Andrade". Según el escritor catalán, Julián Gustems, "Euler Granda es un ejemplo de lo que un poeta puede decir todavía, un poeta que sabe dónde ir y qué camino debe tomar para ser leído. Sus temas hablan de las cosas que nos preocupan, que están a nuestro alcance, que entendemos bien, que nos son comunes. Sus poemas y la forma clara con que hablan merecen nuestra atención."








Las cosas

son otra cosa debajo del pellejo.
Así;
la sed es agua amordazada;
el olvido
es el recuerdo con candado
la música es flor con alas;
los que nacen ahora
son los muertos mañana;
el hoy es el ayer;
la verdad
es la mentira más cerdosa;
el amor
no es más que el desamor
con piel de oveja.

("El amor")




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Eso es el tiempo

Ni la muralla china
ni el alambre con púas
ni los cordones de perros policías
o policías perros
que resguardan las nalgas sociales y cristianas
del hot dog presidente,
nada es capaz
que yo sepa,
nadie puede detenerte.
Ni las minidevaluaciones,
ni la maxi hambre,
ni todos los bostezos juntos de la burrocracia,
ni la inflación,
ni la desinflación,
ni la deuda externa:
ajena mortecina
que nos cargaron en la espalda;
ni el patriotismo a sueldo
de las fuerzas desarmadas de la patria,
ni las redes del miedo con que a río revuelto
pescan las religiones;
contigo no se puede:
a todos y a todo
nos pasas por encima; a todo matas;
todo lo pulverizas,
lo desmemorias todo;
a todos nos conviertes en morcillas
para las aves de rapiña;
todo no es más
que una decrépita palabra
escrita en la arena movediza del cerebro;
eso es el tiempo
y no huevadas de relojes.




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Poema sin llanto

Hoy mataron a Juan el Huasicama
lo mataron a palo en día claro,
lo mataron por indio,
porque trabajaba como tres
y nunca sació el hambre,
porque junto a los bueyes
arrastraba el arado,
porque dormía sobre el suelo
y con su mala suerte cobijábase,
porque amaba la tierra
como la aman los árboles;
lo mataron por bueno,
por animal de carga.
Se quedó
de los pies hasta el alma ensangrentado.
se quedó boca abajo
para que los trigales no le vieran
la cara destrozada,
quedó
como las hierbas
después que pasan los caballos
y nadie dice nada;
lo mataron sin que nadie lo notara,
sin que a nadie le importara nada.
El viento persistió en su erranza,
como siempre las aves revolaron,
siguió impasible el soledoso páramo.
No hubo más,
el patrón lo mató
Porque le dio la gana.




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Érase lo que se era

"Gringo:
El odio engendra odio.
Los monstruos paren monstruos." (Grafiti)


Entre latas doradas,
Mc Donals,
Soles de chicle,
Halloweens de plástico,
Entre telas de araña
Del FBI, la CIA,
Capuchas Ku Kux Klanes,
En un país que diluviaba Coca Cola,
Erase que se era
Una bestia bermeja
Un engendro hocicudo,
Una hidra genocida
Que destripaba flores,
Babeaba libertad y democracia
Y a punta de masacres
Se devoraba al mundo,
Hasta que un día vino un ángel
En forma de mosquito
Y le tumbó los cachos.
Era de ver
Cómo rodaron por la tierra
Esos sanguinolentos fetiches del abuso.
Era de ver cómo se desataron
Las furias del averno
Cómo sus coletazos y bramidos
Estremecían al planeta;
Pero nada había que hacer,
Con sus Supermanes, sus Mujeres maravilla,
Sus Batamans, sus Guasones,
La gran bestia quedó preñada de la muerte.





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Laguja y el camello

("Es más fácil que un camello pueda
atravesar el ojo de una aguja antes
que un rico entre en el reino
de los cielos").

Si se enterasen mis congéneres
que a mí sin ser camello
me es dado atravesar el ojo de una aguja
y que es un juego fácil.
Si comprendieran
lo que es trocar en hilo la grasa del abdomen,
los gordos pensamientos
y el tumor de los lunes.
Si tan sólo supieran en dónde está el ovillo.
En realidad
si fueran mis congéneres;
si tuvieran los ojos para ver
y no para patear;
si en lugar de espiar con el estómago
comieran simplemente,
llanamente comieran
y siguieran comiendo
y establecieran premios para los más glotones
e inofensivamente así,
sin meter los zapatos en los platos ajenos.
Si mis iguales,
mis diferentes semejantes,
los que funcionan como yo
y sin embargo
más que yo rebuznan.
Si supieran los nudos que me hago
y que buscarle
cinco patas al gato
es como sonreírse sin los dientes.
Si supieran
me digo:
que dos y dos son cinco,
que la línea más corta
no es la recta
y que no queda en pie de los axiomas
ni la aseveración rotunda,
ni Pitágoras.
Si supieran no más
que yo ya no soy
sino un primo lejano
que se quedó aplastado bajo un sueño
y desde entonces
algo como un violín
le está goteando adentro.
Si supieran las cosas que yo escribo
desde este barrio sin desagües
donde nos estancamos todos
y la luna se aborta empantanada.
Si supieran las cosas que no escribo
y las cosas que escondo en las rendijas;
si supieran no más,
os doy por descontado,
no pasaría nada.
Además
qué carajo,
qué reino de los cielos,
qué flor
ni qué camello;
los ricos
mientras más barrigones,
con más facilidad
entran a cualquier hora dondequiera.





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La droga

La más inofensiva,
la más sana,
la que nunca produjo salpullido a nadie;
la que hasta ahora que yo sepa
a nadie le ha pasmado la alegría;
la pájara,
la pajarita
que nos hizo volar sin ser aviones;
la que a mansalva nos hizo sudar miel,
quedar absortos
hasta sacar en conclusión
que el mundo lo teníamos cogido
como a una lagartija por el rabo.
Ese licor,
o si usted lo prefiere
esa licora
que nos hizo espumear sin ser cerveza,
que nos hizo calor en pleno frío.
La rica,
la pura gozadera
que no daba adicción
ni efecto de rebote
ni sueño dependencia
y así todo al respecto.
La bizca,
la bizcacha,
la tuerta,
la tuertacha
que nos hacía ver todo bonito y de colores
Esa descabellada primavera,
ese frescor sin nombre,
ese aroma sin cara,
esa borracha borrachera
que nos exacerbaba el apetito
para que devoráramos las fechas y las calles.
Esa droga, ese placebo
que no era cocaína,
ni peyote, ni crak, ni L.S.D. ni marihuana;
esa droga que en nada coincidía con un ave
y sin embargo era más ave
que las aves.
Esa destartalada,
esa chúcara fruta
que nos hacía sufrir delirios de grandeza,
alucinaciones, vahídos
y sin embargo teníamos
Más salud que los toros.
Esa recontramuerta,
esa enterrada viva droga de la juventud.




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