martes, 12 de marzo de 2013

AYES TORTOSA [9431]




Ayes Tortosa
Ayes Tortosa es el pseudónimo de la escritora y periodista española María de los Ángeles García Tortosa (Granada), 1956. Por formación académica es médico, con especialidad en Puericultura.

Ayes Tortosa ha publicado principalmente obras de literatura infantil, caracterizadas por el humor y la ternura. Su obra en prosa exhibe un léxico rico, con gran creatividad en la antroponimia y personajes pacíficos y soñadores que recuerdan a los de Antoniorrobles.
Su poesía es singular en el panorama español, puesto que se aleja de las formas más tradicionales en el género, como son la rima y una métrica breve y regular, incluye numerosas citas de autores "para adultos" y trata asimismo temas de emociones y sentimientos que no suelen aparecer en la poesía para niños. Temáticamente destaca una concepción de la infancia como paraíso capaz de enseñar libertad a los adultos; formalmente, el uso de formas variadas, desde las tradicionales de Andalucía a las orientales u orientalizantes.


Ayes inaugura la biblioteca escolar que lleva su nombre.

El 23 de abril de 2009, Día del Libro, la biblioteca escolar del Colegio Infantil y Primaria "Cardenal Cisneros" de Villanueva Mesía, Granada, es bautizada en presencia de la escritora, con su nombre, en un gesto de reconocimiento de su profunda humanidad y del atractivo que su obra tiene para el mundo infantil.

Obra

Versos, canciones y nanas para Nana (1994)
Los cuentos de María del Charco (1995)
Aires para un minuto lento (1997)
La olla de San Antón. Un balcón de estrellas (1998)
Ciudad de tinta y papel (1999)
González y Cía: Una fábrica de relojes de cuco (2000)
De aquí, de allá, de Granada (2001)
María Umbeldini y el extraño caso del calcetín (2002)
Gran Jefe Cielo (2003)
Mi árbol Genialógico (2006)
Si yo fuera un pez (2009)
Una extraña historia en el Museo de la Memoria - Ilustraciones de Mar Delgado Tortosa
(2009)
Cuentos del Albaicín (2010)
Versos del Albaicín (2010)
María Umbeldini y el detestable caso de La Playa del Muerto (2011)
El Cuadernillo del Trotamundos (versos viajeros) (2011)
Versos Marineros (2012)

Retazos de su última obra "Versos Marineros"


* EL MAR QUERÍA...

El mar quería...
Ir más allá del mar.
Y un día...
Se perdió por las lagunas,
se escondió entre los romeros
y se enredó en el zarzal.
Y es que ese mar tenía...
¡Un corazón montañero!




* SI VIVIERA EN EL MAR.

Si viviera en el mar
no sería pintora,
ni escultora de sal,
que sería escritora
de los nombres de barcas.




* EL AGUA...

El agua es maestra nuestra
nuestra.
Por eso cuando llueve
me gusta ir sin paraguas,
y que la lluvia,
mi maestra,
mi abuela más anciana,
me acaricie la cara.




EL AGUA

El agua es maestra
nuestra.

Dibuja islas, tiburones,
pequeños peces, tempestades…
Y la estela en calma
de la luna,
en la pizarra abierta
de los mares.

Pinta el agua en los ríos
nenúfares y rocas,
caimanes, algas, troncos,
arenas traicioneras…
Y un brillo de diamantes
sobre las aguas trasparentes.

¡Qué gran maestra el agua!
Se hace lluvia en las nubes
y desciende hasta los ríos
y los mares,
para pintar después
nuevos paisajes
en el cuaderno inmenso
de los cielos.

Por eso cuando llueve
me gusta ir sin paraguas,
y que la lluvia,
mi maestra,
mi abuela más anciana,
me acaricie la cara.






NOCHE TROPICAL

(Festival de Jazz en el Parque del Majuelo)
Para ti, que no quieres que escriba sobre ti.

Hoy la noche
se ha puesto sensual.
(¿Por qué es tan seria a veces
y tan trascendental?)
Hoy la noche ha salido
con un ramo de palmeras en el pecho,
y ha pedido un Martini
con un limón de luna
a la orilla del mar.
Y tienen las constelaciones
en el cielo,
una suave forma de trompeta
que suena a viento terrenal,
a son cubano y a una fuga
de estrellas tropicales.

En esta noche,
ven,
improvísame tus manos,
como se improvisa el jazz,
como se encienden los focos
y se ilumina la escena,
poco a poco.
Improvísame tus labios,
que bailen sobre mi cuello
el más dulce de los blues,
sin hablar.
Ven,
improvísame tu piel,
pon tu mejilla en la mía.
Improvísame un abrazo,
sin saberlo, sin pactarlo.
tus brazos recién nacidos,
junto a mí.
Quiero escuchar en tu pecho
(corazón de percusión)
como laten los timbales,
tan cercanos.

                                               Ven,
                                               Improvísate conmigo,
                                               en la noche de los tiempos.






PRAÇA  DO COMERCIO

Para Antonio y Menchu, compañeros de vida y de viaje

Todos tenemos un espacio
como la Praça do Comercio.
Lugar abierto
a salidas y a retornos.

Con maletas de esperanza
desembarcamos los sueños
a la ribera del Tajo.
Y llegan
-llegamos todos-
a tocar la tierra firme.
Sueños mundanos y epicúreos,
atravesamos los arcos de la Plaza
entregados
al bullicio de los bares y comercios.

-¡Pastelitos de Belém,
dulce olvido
con azúcar y canela
sobre la Rua Augusta-

Pero nos atrae el misterio,
nuestros sueños más oscuros
se han subido en el tranvía
y se pierden
por las callejas del Chiado…

Todos tenemos un espacio
como la Praça do Comercio.
Lugar abierto
a salidas y a retornos.

[de Un Paréntesis desde Lisboa]


Aproximación a la poesía infantil

Por Juan Cervera Borrás




Ayes Tortosa
Versos, canciones y nanas para Nana


Tagahi, Granada, 1994


Ayes Tortosa es médica, puericultora, y es madre. Ha escrito un libro de versos para Nana. Y se mueve en su casa, en la prensa y en la radio.
El libro es una muestra de los muchos libros primerizos que publica un autor a sus expensas o a las de sus mecenas. En este caso, con excelente papel, ilustración rica de Miguel Ángel Monleón y maquetación sugestiva y generosa. Tratándose de libros de poesía infantil que surgen independientes, a causa de la resistencia editorial, características similares son frecuentes. Y, pese a lo arriesgado del sistema, a menudo es la única solución, casi heroica, para empezar.
Pese a incluir las nanas en el título, éstas no aparecen en el contenido. ¿Canciones? Depende del concepto que se tenga de canción. Dejémoslo en versos agrupados en poemas. En los poemas, eso sí, hay vida maternofilialmente compartida, como por ejemplo en El espejo


Una grande y otra chica.
¡Qué dilema en el espejo!
Cuando las dos nos miramos,
yo no sé cuál es mi imagen,
si la chica o la grande.
Cuando las dos nos reímos
yo no sé de cuál es la risa,
si la tuya o si la mía
Qué dilema en el espejo.

Y cuando nos abrazamos,
sólo un corazón muy grande
se refleja en el espejo.



Las cosquillas participa del mismo espíritu.


Cosquillas
arrugaditas de nuez.
Cascabelillo,
en el regazo.
Gorrioncillo,
en mis brazos.
Cosquillas, cosquillas...
Caracolillo en la falda,
Vuela, vuela,
mariquilla,

de la nariz,
al flequillo.
De la barbilla,
al ombligo.



Ciertamente, más que nana parece juego de regazo. Y así como otros poemas hay que incluirlo entre las lecturas -o recitaciones- de regazo. Con exigencia comunicativa de varias voces.
Pero una adivinanza, por cierto sin respuesta, que apunta al bebé, sí que recoge algunas de las molestias amables del niño, tradicionales en las nanas.

Adivina, adivinanza:
Por una cabeza calva,
por una risa pelona,
por un cabezón que no anda,
¡andamos de cabeza todos!



Hasta cierto punto, el comentarista se alegra por la ausencia de nanas, puesto que, como ha razonado en otra parte «las nanas son las menos infantiles de las rimas. En realidad son la expresión amable de un juego en el que el adulto deja aflorar su ternura hacia el niño. Es evidente que el niño, destinatario más que receptor de la nana, no entiende las palabras y expresiones que se le dirigen». O bien son creaciones nostálgicas muy distantes del niño. Valórese, en este sentido, el siguiente ejemplo de Carmen Conde, de gran belleza, pero discutiblemente infantil:



Cantando al hijo


Por las finas galerías
de tus venas voy cantando.
¡Ay amor, cómo te canto!

Si duermes o si vigilas,
por tu corazón resbalo.
¡Ay amor, cómo te amo!

Si corres o si te paras,
soy tu respiro delgado.
¡Ay amor, cómo te amo!

Arriba, sobre tu frente.
Abajo, cabe tu paso.
¡Ay amor, siempre a tu lado!



El abandono de las formas tradicionales -estrofas, versos, rima, ritmo- suele ser nota corriente de este tipo de poesía de autores noveles, entre los que se sitúa, sin duda, Ayes Tortosa. En cuanto a la poesía para niños, tal vez haya influido, en este aspecto, la ametricidad con que se ha pronunciado frecuentemente Gloria Fuertes. En cambio es grande la ilusión que ponen estos autores en la disposición tipográfica sui generis y hasta anárquica, con olvido quizá de que estos alardes caligramáticos quedaron prácticamente agotados con los creacionistas y ultraístas españoles. Lo cierto es que, desde el punto de vista infantil, esta exhibición gráfica queda más cerca del libro, en cuya contemplación el niño, que no lee todavía, podrá asociar la mancha tipográfica con ilustraciones, que del juego, más distante, ya que el atractivo lúdico, para el niño que no lee, repetimos, se vincula a lo fónico y a lo rítmico más que a lo visual. Y lo fónico y lo rítmico se lo tendrá que transmitir el mediador.
Ayes Tortosa parte de versos cortos, como los octosílabos, cuyo ritmo primitivo se recupera en la lectura mediante el encabalgamiento, tal como los reproducimos aquí:

Risas / por toda la casa,
risas de melocotón,
risas altas / de montaña.



Pero el sistema, habitual, sin duda, encierra sus riesgos. Ausente también la rima, si el ritmo flaquea, más que al verso libre se aproxima a la prosa, e incluso puede caer en el prosaísmo, como en La función de teatro, que termina:


...Un aplauso, señores:

Desde detrás
de los montes
acaba de salir:
La luna.



No hay que olvidar nunca que tanto la musicalidad del ritmo, como el sonsonete de la rima son indispensables para el niño, que, a través de ellos, detecta que la poesía tiene un lenguaje distinto.
Tanto el ritmo como la rima, y especialmente ésta, aparecen esporádicamente. La rima se presenta a veces casi como un accidente, como por sorpresa que deberá destacar el mediador para atraer la atención del niño oyente. Así sucede en el mismo poema:

Se abre una luz
poco a poco.
Y lentamente
en la noche
con los luceros
por focos,
aparece entre los chopos



Hasta aquí la lectura encabalgada de los versos, trisílabos, cuatrisílabos, pentasílabos, permite reconstruir una estrofa casi tradicional, sobre todo con la ayuda de la rima. Pero esta realidad se quiebra cuando continúa:

Pálida,
majestuosa
y oronda.



Esto se rematará con el final -petición del aplauso- que hemos anticipado.
Esta fragmentación de versos y su posterior escalonamiento tipográfico, suponemos que constituyen una llamada al adulto mediador, para que en su función comunicativa espacie las palabras o sintagmas, portadores, cada uno, de un significado destacable, pero no autónomo. Se consigue así el efecto de una recitación contenida, que no cortada, bastante teatral. Recurriendo a términos dramáticos, esta disposición implicaría acotaciones invisibles.
Con todo, el efecto puede fallar, y se justifica malamente, cuando los fragmentos no proceden de una unidad rítmica que los agrupe.
La intención implícita para la puesta en escena aparece patente en el poema



Las dos amigas y el libro de «Las maravillas del mundo»


De la mano,
las dos niñas:
«Padre, déjanos el libro,
el de los colores,
las estatuas, las montañas,
las iglesias y los mares.
Bajo la bombilla,

palpitar de corazones.
Cuatro ojos de abanico
miran las ilustraciones.
Sobre el Gran Cañón de Colorado.
Como
una
cascada.
¡Melena rubia y castaña!



Indudablemente las llamadas a la imaginación que lanza el poema para reconstruir la escena resultan un tanto crípticas, sobre todo para el niño que lo oye. Inteligibles serán para las dos personas implicadas en el que suponemos juego personal de comunicación entre la niña-niña y la madre-niña, que, a su vez, prestaría voz en todo el texto a la parte atribuible al narrador. Posiblemente esto suceda en los versos 1 y 2, que introducen la acción y en el 15 en el que la madre y la niña se distinguen por el color de las melenas.
El juego, interpersonal, se centra en el diálogo sembrado de miradas y sonrisas. Diálogo más de miradas, sonrisas y gestos, que de palabras. Los versos 1 y 2 introducen la acción. Los versos 3 a 6 formulan una petición al padre. ¿La formulan a coro? ¿Padre presente? Del 7 al 10 implica una reflexión. ¿Íntima? ¿De la madre? ¿De la hija? ¿De las dos en su interior? ¿Del padre presente, complaciente?
Los cinco últimos versos, del 11 al 15, tampoco sabemos a quién atribuírselos. ¿Al padre convertido en narrador? ¿A la madre sumergida en el cuadro familiar que ha provocado?
El juego de la ambigüedad está presente junto a la polifonía.
La búsqueda de interpretación es tanto más válida cuanto que el adulto prescinde de la ilustración, igual que el niño que no tenga el libro en las manos.
(La enumeración de los versos evidentemente es nuestra.)
En el poema A la moda en el campo el humor se junta a la evocación. Evocación que se realiza en su sentido científico de proceso y resultado de hacer presente algún material almacenado en la memoria. Aquí la evocación es provocada. No parece lógico que en la transmisión comunicativa la madre proceda descriptivamente sobre el terreno, ante una minúscula asamblea de animales. Ciertamente el conjunto constituye una evocación, fragmentaria como todas las evocaciones poéticas, del campo, que se contrapone a la algarabía de los grandes almacenes.



A la moda en el campo


Último Grito
de la moda en el campo.
      Levitas pardas
       para los tordos.

Vuelven los lunares.
Vaya suerte, mariquitas!
Escarabajos y cigarrones.
Etiqueta.

      A los grajos,
      luto negro, negro.

Nuevos colores esta temporada,
este Otoño: LOS AMARILLOS.
Grandes Rebajas
de
Primavera:
      ¡Gratis para todos,
      los olores de las flores



El humor se produce desde el momento en que a los animales se les atribuyen actitudes o expresiones humanas, según Bergson. Y aquí esta atribución se ve reforzada a partir de la moda, actividad que tanto satisface el deseo caprichoso de cambio de la condición humana, que aquí invade la fijeza y regularidad de la naturaleza.
La polifonía textual confiere al conjunto carácter de escena dramática.
La presencia de madre e hija está latente a lo largo del libro y aparece emboscada y sorpresiva a la vuelta de cualquier verso. Sin esta clave, algunos textos pueden resultar crípticos.




El abrazo


Veo, veo
un molino
de brazos al viento.
-Bajo su tejado,
una risa ancha-.

Un molino rubio
de andares de pato.

¡Dos aspas abiertas
corren hacia mí!

Ay, molino, gira.
¡Abrazo sin fin !




¿La metáfora continuada transforma este texto en una alegoría, o parábola, tal vez? En cualquier caso, no parece enigma. Ni siquiera para la niña, porque en el fondo del juego personal late la broma y el momento compartido.
La remembranza literaria les sirve a los poetas de punto de partida, de inspiración y hasta de justificación. Es un buen apoyo. Ayes Tortosa, en este libro, reclama la connotación a través de los nombres de Andersen, de Gandhi, de Hergé, autor de Tintín, de Mark Twain, del folclore. Estas llamadas resuenan más explícitas en la puerta del adulto que en la del niño. No obstante, las alusiones a Andersen, en esta comunicación personal que establece la autora con Nana, seguramente se justifican más gozosamente. El baile de las flores es un trasunto poético de Las flores de la pequeña Ida. Y El patito feo asoma curiosamente en La sequía y la espera:

Patitos feos del barro
Si lloviera:
¡Cisnes de Alas Abiertas!



Las incursiones en el mundo maravilloso del lenguaje no son muchas. Glubgrujear, de difícil pronunciación, es un verbo que busca la onomatopeya de la caída de la lluvia y del beso en la mejilla. La tataratortuga será así porque tiene tataranietos y, además, es torpilenta y tronquiparda.
Suponemos que todo ello hay que situarlo una vez más en el juego personal y en la lectura de regazo. Lo que justifica que se fije en las letras:

Grajos son
que se mueven en bandadas
entre las parras y el cielo.



Siempre desde la perspectiva visual, es decir, del libro y de la lectura.







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