viernes, 24 de agosto de 2012

7537.- FRANCIS THOMPSON





Francis Thompson
(Preston, 1859 - Londres, 1907) Poeta inglés. Fue hijo de un médico homeópata. De acuerdo con sus inclinaciones, bien vistas por la familia, que era católica, se le orientó hacia el sacerdocio, y, a causa de ello, se formó en el Ushaw College (Durham) en los estudios clásicos. Tras un cambio de criterio, aconsejado por los superiores, estudió luego Medicina, aun cuando sin obtener jamás título alguno, en el Owens College de Manchester y en Glasgow.

Fervoroso católico, enamorado de la literatura y de carácter independiente, abandonó a la familia y los estudios cuando advirtió no ser comprendido en sus aspiraciones, todavía poco claras, y marchó en 1885 a Londres, donde los fracasos de las diversas y humildes ocupaciones mediante las cuales procuró ganarse la vida por espacio de cuatro años (vendedor de fósforos, guardián de caballos, dependiente de librería) le arrojaron, a causa de la creciente y amarga tristeza de la soledad, al vicio del opio, contraído luego de una enfermedad.
En un pedazo de papel azul destinado a envolver azúcar escribió su primera poesía, Encuentro de sueño (Dream Tryst, 1888), publicada por los cónyuges Meynell, de los cuales el marido, Wilfrid, era editor-periodista y director del periódico Merry England, y la esposa, Alice, poetisa y madre de siete hijos. El matrimonio en cuestión acogió y cuidó a Francis Thompson, quien había llegado a ver impedido su ingreso en las bibliotecas públicas (circunstancia verdaderamente trágica para la víctima, que leía a Esquilo, Blake y De Quincey todas las horas del día).

La familia Meynell le mantuvo, no sin dificultades, alejado del opio; "durante los restantes diecinueve años de su vida -afirma el biógrafo Francis Meynell, hijo del célebre matrimonio- se ahorró por lo menos las tres cuartas partes de las penalidades propias de su juventud hambrienta y sin hogar". Con la publicación de tres pequeños volúmenes de versos, Poems (1893), dedicado a Alice Meynell; Sister Songs (1895), inspirado por dos niñas del matrimonio, y New Poems (1897), publicado nuevamente con algunas adiciones a la muerte del poeta, el éxito de éste fue afianzándose cada vez más.

El lebrel del Cielo, obra definida por Patmore como "una de las odas más ilustres de la lengua inglesa", es, indudablemente, la mejor de Francis Thompson; se trata de la poesía religiosa en la que más evidente aparece el catolicismo místico no sólo de nuestro autor sino incluso de todo el grupo poético de los místicos del siglo. La poesía de Thompson, intensamente influido por Crashaw y el conceptismo metafísico del siglo XVII, queda caracterizada por una inspiración cósmica, cuyo tema central es la concepción del mundo, y posee una policromía de vocablos, una abundancia de imágenes, unos tonos musicales y una maestría de versificación ya arcaica o moderna que compensan con creces su aparente oscuridad, sus ideas abstrusas o confusas y la persistencia en el empleo de analogías y símbolos.

El "poeta del retorno a Dios", dado a los neologismos excéntricos, escribió también poesías de una inspiración purísima, bellas en su íntima y reverente simplicidad, como Daisy, To a Snow-Flake, In no Strange Land (muchas de ellas aparecidas póstumas) y To a fallen Yew, cuya magnificencia formal -juzgada barroca por algunos- no se limita al concepto poético, sino que aun atiende a los menores detalles expresivos.

Ofrecen asimismo una belleza notable los dos ensayos sobre De Quincey y Shelley (póstumo, 1908) publicados en el curso de su tardía colaboración en revistas críticas. Su juicio sintético acerca de Shelley -"hasta el fin fue el muchacho encantado"- parece perfectamente aplicable al mismo Thompson, ingenuo y maduro a la vez. Las obras de prosa periodística como Salud y santidad (Health and Holiness, 1905), sobre la vida ascética, y las biografías de figuras católicas como Ignacio de Loyola (1909) y J. B. de la Salle (1911, aparecida ya en Merry England), ambas póstumas, revelan cómo el abstracto autor, infantil, tímido y afligido por su incapacidad práctica, encontró refugio en la fe, y no sólo como poeta, sino también en cuanto hombre.

Poco más o menos desde 1898 vivió una existencia casi eremítica en el convento de capuchinos de Pantasaph, en Gales; posteriormente pasó a Storrington. Víctima de la excitada tensión y de la desorganización de toda su vida, falleció a causa de la tuberculosis.




Todas las cosas por un poder inmortal
Cerca o lejos
Ocultamente
Están unidas entre si.
No puedes mover un flor
Sin hacer que se agite una estrella.





All things by immortal power, 
Near and Far 
Hiddenly 
To each other linked are, 
That thou canst not stir a flower 
Without troubling of a star.''

The Mistress of Vision, Poems (1913)







El Lebrel del Cielo (The Hound of Heaven)

Versión en español de Carlos A. Sáenz


Le huía noche y día
a través de los arcos de los años,
y le huía a porfía
por entre los tortuosos aledaños
de mi alma, y me cubría
con la niebla del llanto
o con la carcajada, como un manto.

He escalado esperanzas,
me he hundido en el abismo deleznable,
para huir de los Pasos que me alcanzan:
persecución sin prisa, imperturbable,
inminencia prevista y sin contraste.
Los oigo resonar... y aún más fuerte
una Voz que me advierte:
-"Todo te deja, porque me dejaste".

Golpeaba las ventanas
que ofrecen al proscrito sus encantos
y temblando de espanto
pensaba que el Amor que me persigue,
si al final me consigue,
no dejará brillar más que su llama;
y si alguna ventana se entreabría,
el soplo de su acceso la cerraba.
El miedo no alcanzaba
a huir cuanto el Amor me perseguía.

Me evadí de este mundo;
violé la puerta de oro de los cielos,
pidiendo amparo a sus sonoros velos,
y arranqué notas dulces y un profundo
rumor de plata al astro plateado.
Al alba dije "Ven”; "ven", a la tarde,
"escondedme de aqueste Enamorado
de miedo que me aguarde".
Tenté a sus servidores,
y sólo hallé traición en su constancia.
Para Él la fe; de mí perseguidores
con falsa rectitud y leal falacia.

Pedí volar a todo lo ligero,
asiéndome a las crines del pampero,
y aunque se deslizaba
por la azul lejanía,
y el trueno hacía resonar su carro,
y zapateaba el rayo,
el miedo no alcanzaba
a huir cuanto el Amor me perseguía.
Persecución sin prisa, imperturbable,
majestuosa inminencia. En las veredas
dejan los Pasos que la Voz me hable:
- "Nada te hospedará si no me hospedas"

Ya no busco mi sueño interrogando
un rostro de hombre o de mujer, mas quedan
los ojos de los niños esperando:
hay algo en ellos para mí de veras.
Y cuando mi ansiedad se prometía
el dulce despertar de una respuesta,
los ángeles venían
y los llevaban por la senda opuesta.
"Venid (clamaba), dadme la frescura
de la Naturaleza
que guardan vuestros labios de pureza;
dejadme juguetear en las alturas;
habitar el palacio
azul de vuestra Madre, cuyas trenzas
vagan por el espacio,
y beber como un llanto de ambrosía
el rocío del día."

Y al fin lo conseguí: fui recibido
En su dulce amistad, y abrí el sentido
de los matices de la faz del cielo,
de la nube naciente entre los velos
de la espuma del mar. Nací con ella
para morir con todo lo escondido.
Me conformé a sus huellas.
Supe caer cuando la tarde cae
al encender sus lámparas de duelo,
y reír con la aurora de ojos suaves,
y llorar con la lluvia de los cielos,
y hacer mi corazón del sol gemelo.

Pero ¡qué inútilmente!
Imposible entender lo que otro siente.
Las cosas hablan un lenguaje arcano,
incomprensible; es un silencio vano
para mi inteligencia. Aunque pudiera
prenderme de sus pechos como un niño,
seguiría mi sed de otro cariño.
Y noche a noche afuera
oigo los Pasos que me dan alcance
con medida carrera,
deliberado avance,
majestad inminente,
que deja oír la Voz de la otra parte:
- "Nada podrá llegar a contentarte
mientras no me contentes."

Espero el golpe de tu amor, inerme.
Pieza a pieza rompiste mi armadura.
De rodillas estoy, y dudo al verme
despierto y despojado.
La fuerza juvenil de mi locura
sacudió las columnas de las horas,
y mi vida es un templo desplomado;
montón de años, multitud de escombros
el ayer y el ahora.
Los sueños mismos se han evaporado,
y mis días son polvo.
Las fantasías con que ataba el mundo
me abandonan : son cuerdas muy delgadas
para alzar una tierra recargada
por el dolor profundo.
¡ Ay! que tu amor es hierba de dolores
que sólo deja florecer sus flores.
¡Oh imaginero eterno, es suficiente!
Tú quemas el carbón con que dibujas.
Mi juventud es fuga de burbujas;
mi corazón la fuente
quebrada,
donde no queda nada
del llanto de mi mente.

¡Sea! mas ¿qué amargura
si la pulpa es amarga, me deparan
las heces? Lo vislumbro en la fisura
del telón de las nubes que rasgara_
el sonar de las trompas celestiales.
Aun sin poder reconocer sus reales,
su púrpura, su cetro, su guarida,
le conozco y le entiendo. Se apresura;
quiere mi corazón, quiere mi vida,
quiere mi podredumbre,
quiere mi oscuridad para su lumbre.

Ya la persecución está lograda.
Y la Voz como un mar en torno fluye:
-¿Crees que la tierra gime destrozada?
Todo te huye, porque tú me huyes.

¡Extraña, fútil cosa, miserable!
dime, ¿cómo podrías ser amada?;
¿no he hecho ya demasiado de tu nada
para hacerte sin mérito, aceptable?
Pizca de barro, ¿acaso tú no sabes
cuán poco amor te cabe?
¿Quién hallarás que te ame? Solamente
yo, que cuanto te pido te he quitado,
para que me lo pidas de prestado
y lo dé misericordiosamente.

Lo que tú crees perdido está en mi casa
levántate, toma mi mano y pasa.
Los Pasos se han quedado junto al vano.
Acaso ¡oh tú, tiniebla que me ofusca
seas sólo la sombra de Su mano!
-"Oh loco, ciego, enfermo que te abrasas,
pues buscas el amor, a mí me buscas,
y lo rechazas cuando me rechazas."




I fled Him, down the nights and down the days;
I fled Him, down the arches of the years;
I fled Him, down the labyrinthine ways
Of my own mind; and in the mist of tears
I hid from Him, and under running laughter.

Up vistaed hopes I sped;
And shot, precipitated,
Adown Titanic glooms of chasmed fears,
From those strong Feet that followed, followed after.
But with unhurrying chase,
And unperturbed pace,
Deliberate speed, majestic instancy,
They beat--and a Voice beat
More instant than the Feet--
'All things betray thee, who betrayest Me.'

I pleaded, outlaw-wise,
By many a hearted casement, curtained red,
Trellised with intertwining charities;
(For, though I knew His love Who followed,
Yet was I sore adread
Lest, having Him, I must have naught beside).
But, if one little casement parted wide,
The gust of His approach would clash it to.
Fear wist not to evade, as Love wist to pursue.

Across the margent of the world I fled,
And troubled the gold gateways of the stars,
Smiting for shelter on their clanged bars;
Fretted to dulcet jars
And silvern chatter the pale ports o' the moon.
I said to Dawn: Be sudden--to Eve: Be soon;
With thy young skiey blossoms heap me over
From this tremendous Lover--
Float thy vague veil about me, lest He see!
I tempted all His servitors, but to find
My own betrayal in their constancy,
In faith to Him their fickleness to me,
Their traitorous trueness, and their loyal deceit.

To all swift things for swiftness did I sue;
Clung to the whistling mane of every wind.
But whether they swept, smoothly fleet,
The long savannahs of the blue;
Or whether, Thunder-driven,
They clanged his chariot 'thwart a heaven,
Plashy with flying lightnings round the spurn o' their feet:--
Fear wist not to evade as Love wist to pursue.
Still with unhurrying chase,
And unperturbed pace,
Deliberate speed, majestic instancy,
Came on the following Feet,
And a Voice above their beat--
'Naught shelters thee, who wilt not shelter Me.'

I sought no more that after which I strayed
In face of man or maid;
But still within the little children's eyes
Seems something, something that replies,
They at least are for me, surely for me!
I turned me to them very wistfully;
But just as their young eyes grew sudden fair
With dawning answers there,
Their angel plucked them from me by the hair.
`Come then, ye other children, Nature's--share
With me' (said I) `your delicate fellowship;
Let me greet you lip to lip,
Let me twine with you caresses,
Wantoning
With our Lady-Mother's vagrant tresses,
Banqueting
With her in her wind-walled palace,
Underneath her azured daïs,
Quaffing, as your taintless way is,
From a chalice
Lucent-weeping out of the dayspring.'

So it was done:
I in their delicate fellowship was one--
Drew the bolt of Nature's secrecies.
I knew all the swift importings
On the wilful face of skies;
I knew how the clouds arise
Spumed of the wild sea-snortings;
All that's born or dies
Rose and drooped with; made them shapers
Of mine own moods, or wailful or divine;
With them joyed and was bereaven.
I was heavy with the even,
When she lit her glimmering tapers
Round the day's dead sanctities.
I laughed in the morning's eyes.
I triumphed and I saddened with all weather,
Heaven and I wept together,
And its sweet tears were salt with mortal mine;
Against the red throb of its sunset-heart
I laid my own to beat,
And share commingling heat.

But not by that, by that, was eased my human smart.
In vain my tears were wet on Heaven's grey cheek.
For ah! we know not what each other says,
These things and I; in sound I speak--
Their sound is but their stir, they speak by silences.
Nature, poor stepdame, cannot slake my drouth;
Let her, if she would owe me,
Drop yon blue bosom-veil of sky, and show me
The breasts o' her tenderness:
Never did any milk of hers once bless
My thirsting mouth.
Nigh and nigh draws the chase,
With unperturbed pace,
Deliberate speed, majestic instancy;
And past those noised Feet
A voice comes yet more fleet--
'Lo! naught contents thee, who content'st not Me.'

Naked I wait Thy love's uplifted stroke!
My harness piece by piece Thou hast hewn from me,
And smitten me to my knee;
I am defenceless utterly.
I slept, methinks, and woke,
And, slowly gazing, find me stripped in sleep.
In the rash lustihead of my young powers,
I shook the pillaring hours
And pulled my life upon me; grimed with smears,
I stand amid the dust o' the mounded years--
My mangled youth lies dead beneath the heap.
My days have crackled and gone up in smoke,
Have puffed and burst as sun-starts on a stream.
Yea, faileth now even dream
The dreamer, and the lute the lutanist;
Even the linked fantasies, in whose blossomy twist
I swung the earth a trinket at my wrist,
Are yielding; cords of all too weak account
For earth with heavy griefs so overplussed.
Ah! is Thy love indeed
A weed, albeit an amaranthine weed,
Suffering no flowers except its own to mount?
Ah! must--
Designer infinite!--
Ah! must Thou char the wood ere Thou canst limn with it?
My freshness spent its wavering shower i' the dust;
And now my heart is as a broken fount,
Wherein tear-drippings stagnate, spilt down ever
From the dank thoughts that shiver
Upon the sighful branches of my mind.

Such is; what is to be?
The pulp so bitter, how shall taste the rind?
I dimly guess what Time in mists confounds;
Yet ever and anon a trumpet sounds
From the hid battlements of Eternity;
Those shaken mists a space unsettle, then
Round the half-glimpsed turrets slowly wash again.
But not ere him who summoneth
I first have seen, enwound
With glooming robes purpureal, cypress-crowned;
His name I know, and what his trumpet saith.
Whether man's heart or life it be which yields
Thee harvest, must Thy harvest-fields
Be dunged with rotten death?

Now of that long pursuit
Comes on at hand the bruit;
That Voice is round me like a bursting sea:
`And is thy earth so marred,
Shattered in shard on shard?
Lo, all things fly thee, for thou fliest Me!

Strange, piteous, futile thing!
Wherefore should any set thee love apart?
Seeing none but I makes much of naught' (He said),
`And human love needs human meriting:
How hast thou merited--
Of all man's clotted clay the dingiest clot?
Alack, thou knowest not
How little worthy of any love thou art!
Whom wilt thou find to love ignoble thee,
Save Me, save only Me?
All which I took from thee I did but take,
Not for thy harms,
But just that thou might'st seek it in My arms.

All which thy child's mistake
Fancies as lost, I have stored for thee at home:
Rise, clasp My hand, and come!'
Halts by me that footfall:
Is my gloom, after all,
Shade of His hand, outstretched caressingly?
"Ah, fondest, blindest, weakest,
I am He Whom thou seekest!
Thou dravest love from thee, who dravest Me."




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