lunes, 6 de febrero de 2012

5773.- RICARDO BOGRAND



Ricardo Bogrand. Nació en San Pedro Arenales, San Miguel, EL SALVADOR, el 21 de noviembre de 1930. Realizó estudios de Antropología en la Universidad Autónoma de México, donde ejerce. Se inició como poeta de la “Generación Comprometida”. Sus principales obras son: Perfil de la raíz, México, 1956; Poema de amor a San Miguel (1956-1957), Las manos en la calle (1964); La espuma nace sola, San Salvador, 1969; Alianza de mis manos (1970); Poemas en homenaje a Claudia Lars (1972); Indígenas Tarascos del Lago de Pátzcuato, 1972; Figuras en la arena , Editorial, Unidad Iztapalapa, Universidad Autónoma Metropolitana, 1988; La sangre desterrada, Instituto Mexicano de Cultura, 2002; Vía muerta, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Editorial: Gobierno del Estado, Instituto Chiapaneco de Cultura, Serie: Centroamericana, 1993. Sus poemas han sido recogidos en antologías en El Salvador, Centro y Sur América, así como también han sido traducidos al ruso.



María del Carmen


Es que la vida no había traído un dolor
tan perennemente extraño.
Y como la ceniza que se vierte
las manos arden
y arde la sonrisa
las uñas se rebelan
y el corazón se sale de su orbita.
Es que el dolor tiene un vestido en todo, y es invierno y es verano,
musgosa soledad
y piedra en sombra.
Hace dos años, María del Carmen,
estrella de mi voz y terrenal origen
cayó tu rostro de mujer agraria
al fondo de la tierra,
y tu cabello negro, siempre negro, fue a buscar nueva savia.


María del Carmen, resignación de pueblo en tu mirada,
lucha la de tus manos
por el pan de la aurora
y la esperanza.


Viajé desde tu barrio-corazón hasta el mundo
penetrado en anhelos.
Muerte la de tu sangre
de voz a voz el aire abría tu partida,
y en mi clara tragedia,
inconfundible,
tu adiós quemaba el surco donde sembró tu mano
este recurso mío de no mostrar la lágrima.


Hace dos años, María del Carmen,
y ahora estoy viviendo de tus constante esfuerzo campesino
de morir en sombra
mostrando al sol la cara.
Porque llevo en las venas este genuino estado de los hombres
que no lanzan un grito,
no obstante que la sed
envenena el cerebro.












Recado


Esto para un recuerdo que se quedó encendido
abriendo el mar, a veces, desde su misma tumba ,
y en donde el sol caía como un romero líquido
la tarde era una sola gaviota suspendida.


Esto es para una calle completamente absorta
que espera nuevos pasos para nombrar sus huellas,
el polvo es una copa de longitud desierta
cubriendo más de un árbol estacionado cerca.


Hay veces que las manos se me rompen de luces
entre un buscar las voces que se ocultaron pronto.
Entonces siento el viento estrujarse en mi pecho
cuando creo distancias en mi viajar intenso.


Esto es para una meta completamente ajena,
para ir sin sentido caminando en la ausencia
para un buscarse el nombre que se quedó sin letra,
extendido a lo largo de la palabra muerta.


Esto que en mis ojos son sus ojos unidos
como sobre mis labios sus besos acunados.
Esto que llevo triste entre mis manos grises
es la querida forma de su cintura leve.


Amé, crucé incendiado el ancho de mi vida,
conquisté nuevos cielos y germiné entero,
completamente nuevo ascendí hasta sus labios
y hoy desciendo a mi grave soledad sin sonido.


Esta es para un recuerdo que se quedó encendido,
que no ha muerto ni muere y siempre va conmigo.
Es para que yo sepa que aunque camine sólo
hay una novia inédita hasta el fin de mi vida.










Alianza de mis manos


Mío este cuadro,
este sueño,
esta verdad de polen.


Cruzas sobre mi abierta herida
en la trunca esperanza
en esta tarde de ostracismo.


He visto al mundo desde el plano del mundo,
desde un peldaño más abajo del mundo,
desde ninguna floración de trinos.


Le he visto con estos ojos turbios de pobreza,
con la raída ropa de mi sueño.


¿Cómo decirte?
¿Cómo absorber tu nombre marinero?
Mejor te digo, hermana, camarada.
Hoy ya no temo.
Hoy destrozo mi lámpara ilusoria
y me descubro.
Voy a iniciarte en este nuevo encuentro
de ver las cosas sin ningún paisaje.
A veces pienso que es difícil buscar en esta noche
y tropezar con lo que no se ha visto
y lo que está por descubrir sin tregua
y lo que no te han dicho las mañanas
cuando miras el mar de tu ventana.
A veces pienso que pocos nos quedamos en la sombra
para cantar con nuestros pobres dedos
eso que nadie mira
y nadie toca.


Un día yo te dije:
Ámame, marinera; con tu acuática fiesta de celajes.
Ámame con tu marca elástica de peces.


Ámame con tu puerto y tu escafandra,
con tu cuerpo de esponja y con tu golfo,
con tu piel de cristal y tu silueta.


Ahora yo te digo que me ames
como esa pleamar de los que ansiamos
bebernos las palabras del que muere
imaginando el pan que nunca tuvo.


Quiero que me ames, como yo a los pueblos
cuando abrazan
con los gritos fundidos en su lucha.
Ámame, como amo la libertad, la paz y la justicia,
la vida digna y el pan de todos.














Con ellos


El corazón era un pájaro…


¿Recuerdas, tú, Rosario?
¿Recuerdas mis harapos escondiendo mis sueños?
¿Recuerdas mi juguete de niño pobre,
mi estómago vacío
y mi rostro destruido?
¿Recuerdas aquel carro que me dio un presidiario?
¿Aquellos campesinos que morían
sin nombres,
sin cosechas
y sin lágrimas?
Yo estaba con ellos.
Salí de ellos
Con mis dedos descalzos.


¿Recuerdas cuando el polvo nos cerraba
Los ojos
Entre los jornaleros
Que mordían la tierra
Abriéndose camino a los finqueros?
Yo estaba con ellos.
Salí de ellos
Con mi cuerpo menudo
Y mis manos antiguas,
Traicionadas
Y hambrientas.


¿Recuerdas a mi abuelo con su carreta rota
Fletando café ajeno de la finca
Hasta el puerto?
¿Recuerdas a mi padre, leñador
Silencioso,
Arrastrado entre bueyes
Por un toldo de troncos?


Vine para contar la historia de los hombres
Que mueren
Con la risa desnuda,
Con la voz apagada,
Con las frentes desiertas.


¿Lo recuerdas, Rosario?
¿Y tú, Felipe?
¿Y tú, Pablo?
¿Lo recuerdan?


Nada ha cambiado, hermanos,
Nada, sino los nombres de los que ahora mueren.
Nada, sino los rostros ahumados
De los mismos verdugos.


¿Lo recuerdan…?












Canto final a la ciudad


Ciudad de vagas sombras coloniales,
Te siento en cada vuelco de mi nueva esperanza.


Estás en el más simple de mis actos,
En mi nativo sueño,
En mi constante fuego desatado.


Amo tus ventanales ojerosos, tu dura luz,
Tu rara geometría,
Tu abanico de sombras,
Tu silueta de alfombra musulmana.


He recorrido todos tus matices,
Tu definida historia, tu modesto atavío,
Tus reliquias.
He ido a cada paso de tu anhelo
Y viajas en mi sangre, inseparable.
Yo te encuentro en mis manos, San Miguel,
Y te muestro desnudo frente a cada latido
De los pueblos.


Eres noble y leal con tu silencio,
Con tu eterna mañana.
Eres noble y leal con tu gran pueblo,
Donde el hombre es palabra no apagada.


Ciudad del nuevo grito, ciudad-jardín,
Geranio indescifrable.


Ciudad de altiva voz,
Pájaro alerta.


Ciudad de alero inmenso,
Hospitalario suelo de agua quieta.


Legendaria ciudad, siembra morena,
Te ofrezco esta canción desde mi roja sangre:


Mañana un nuevo trigo habrá en tus mesa.












La noche esquimal


A Nina, en el recuerdo.
Todo lo abandoné:
Cavé las olas, arranqué los sueños,
Dije a la nada adiós,
A todos adiós,
No pronuncié tu nombre
Porque ya estaban lejos sus letras repetidas.


Todo lo abandoné:


Sigo mi viaje,
De nuevo estoy de paso.
Sobre París cae el calor de agosto.
Salgo a las calles,
Voy a las plazas,
Me detengo en los puentes
Y cual hombre común
Veo correr las aguas reverberantes del Sena.


Estuvimos en la noche más corta
Que hubo sobre la tierra:
La noche era una línea
Y la línea un reflejo
De la noche esquimal.


El norte se nos vino de pronto sobre la luz del río,
Río heroico plomizo
Que otra vez en septiembre cruzarás
Con el otoño que hará flamear
Las hojas amarillas
Junto a los muros de la vieja y callada fortaleza.


Todo lo abandoné:
En mis pupilas queda un poco del verde de tus ojos,
Y solo, aquí, junto a otra edad,
En otro meridiano
Quiero buscar en este nuevo río
Algo que me recuerde
Nuestras frecuentes marchas junto al tuyo.


Todo lo abandoné:
Dejé tus peces frescos alejarse hacia el alba.
Ya no pude quedarme a esperar tu regreso.


Cuando de nuevo vuelvas
Y preguntes mi nombre
Contestarán mis pasos
A lo largo de aquellos poblados corredores.


Te digo adiós,
Me voy,
Vuelve la noche
Y el viaje no termina.














Estampas


I
María del Carmen


Es que la vida no había traído un dolor
Tan perennemente extraño.
Y como la ceniza que se vierte
Las manos arden
Y arde la sonrisa,
Las uñas se rebelan
Y el corazón se sale de su órbita.


Es que el dolor tiene un vestido en todo,
Es invierno y verano,
Musgosa soledad
Y piedra en sombra.


Hace dos años, María del Carmen,
Estrella de mi voz y terrenal origen,
Cayó tu rostro de mujer agraria
Al fondo de la tierra, de su tierra,
Y tu cabello negro, siempre negro, fue a buscar
Nueva savia.


María del Carmen, resignación de pueblo
En tu mirada,
Lucha la de tus manos
Por el pan de la aurora
Y la esperanza.
Viajé desde tu barro-corazón hasta el mundo
Penetrado de anhelos.


Muerte la de tu sangre,
De voz a voz el aire abría tu partida,
Y en mi clara tragedia,
Inconfundible,
Tu adiós quemaba el surco donde sembró tu mano
Este recurso mío de ni mostrar la lágrima.


Hace dos años, María del Carmen,
Y ahora estoy viviendo
De tu constante esfuerzo campesino,
De tu morir en sombra
Mostrando al sol la cara.
Porque llevo en las venas
Ese genuino estado de los hombres
Que no lanzan un grito,
No obstante que la sed
Envenena el cerebro.


Yo que crecí entre el pueblo, entre tu pueblo, Madre,
Que recorro la ruta de los hombres que luchan,
Que presiento que a veces se me acerca la muerte
Y no termino nunca
Este retrato alegre de los granos distintos,
Vengo a buscar tu nombre
Y dentro de la tierra
Que te cubre y te quiere,
Hundo mi puño herido
Para que no se oculte la estrella que anhelaste
Ver en los rudos pechos de los hombres del mundo.


En nuestro barrio, Madre, nuevos niños
Se agitan en los morenos brazos de sus madres.
Y todos crecen, aman como nosotros y esperan.






II
Niños de la colonia Belén


¿Cómo quién de esos niños era yo?
¿Cómo quién?
A veces recuerdo algún momento feliz:
A veces recuerdo una rústica carretilla,
Unos bueyes de madera
Y un camino trazado con las uñas.


¿Cómo quién de esos niños era yo?
No como ese de la camisa roja
Y los zapatos polvorientos.


No como ese niño que juega y mira
La esperanza.


No como aquel que ríe
Y grita
Y se agiganta,
Y lo destruye todo
Y todo lo construye.


¿Cómo quién de esos niños era yo?
¿Yo era un terrón de sucia azúcar,
Una infancia de arena,
Una campana de sellado grito.


Ahora veo estos niños.
Todavía no saben de la futura aurora.
Alguien de ellos dijo: allí está el viejo,
Cuando mi barba se mostró a la luna.


Todavía no saben… y quizás saben
Que hoy estamos buscando la mañana
Para depositarla entre sus manos
Junto al pan
Y la vida.












Por el amor vivido


Vosotros estaréis aquí esperando mi muerte
Y yo os diré:
Recoged esta voz,
Lanzadla a cualquier sitio,
Escondedla en el último rincón,
Yo estaré libre nutriéndome de nuevo.


Quiero escribir para los dos días últimos,
Para cuando se empiece a formar dentro de mi piel
La fuente mineral de mi terrestre
Deformada materia.


Quiero escribir para los dos días en que la lengua
Se atará lentamente en el grito
Y las palabras, antes tan difícilmente pronunciadas
Frente a la primavera,
Serán un eco turbio
En el cercano otoño de mis pasos.


Vosotros estaréis aquí esperando mi derrumbe
De pobre arena abatida.
Y yo seré quien venga a decirme adiós
Definitivamente a mi mismo.
Había vivido en una diaria pregunta
Cuando perdí el derecho que traía
De establecer mi vida,
De construirla sobre la esperanza,
De recorrer las manos sobre las gastadas superficies,
De elevarme ante todo,
De esperarme en silencio mi llegada,
De estar en el instante en el sitio preciso
Pero sonó la hora de todas las respuestas
Y, yo tengo la mía:
Amo, es verdad, la vida,
La amo en una forma cotidiana,
Extendida, visible.


Y es porque amo sin preguntar ya nada
Que me duele el amor
Que va conmigo.
Es un destruirse siempre,
Un encenderse
Para apagarse siempre,
Para encontrarse siempre en lo que se ama.


No.
No es ningún egoísmo,
Es no saber de fijo si ya ha muerto todo
Y lo único que queda es sólo amor
Por el amor vivido.
















Primera lluvia


“¡Arriba! ¡A perforar los siete cielos
con vuestros brazos nudos o cubiertos!


¿Vais con amor? Pues elevad los brazos
verdes, frondosos, apacibles, mansos.”
J. Moreno Villa


Ven, vamos a caminar juntos esta vez,
Mañana volveré a estar solo
Y entonces de mi brazo
Irá sólo tu sonrisa


—Ven, pienso que mi camino
Puede aún ser muy corto,
O alargarse de pronto hasta el final encuentro
De tu sangre y la mía.


—Antes que tú llegaras,
¿Dónde estaba mi sueño?
¿Dónde, en qué regiones vegetales del ansia,
Sobre qué soledades se perdían mis manos?
Ya no ciudades grises,
Casas frías raídas—
Ya no


—Sepultureros devuelvan esa cara que era mía,
Quiero recuperar toda mi antigua forma
Que era mi propia vida.


He vuelto con la lluvia,
Con la primera lluvia deshojada
A encontrar la raíz
Que latía entre el barro
Voy al mañana
A recoger las horas que perdí cada día.
Voy a buscar mi rostro,
Mi antiguo rostro,
Y las dos manos firmes que llevaba.


Ahora, escucha,
Voy a iniciar la vida,
Vamos a caminar unidos esta vez
Porque mañana,
Si yo vuelvo a estar solo,
Habré aprendido a caminar contigo,
Y entonces, siguiendo el mismo ritmo
De tus pasos,
Apoyada en mis brazos me llevaré
Tu sombra.

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